Cambios observados y proyectados, impactos, vulnerabilidad

El informe sostiene que la atmósfera y el océano se han calentado, los volúmenes de nieve y hielo han disminuido, el nivel del mar se ha elevado y las concentraciones de dióxido de carbono han aumentado hasta niveles sin precedentes desde hace, por lo menos, 800.000 años. En la región de América Latina y el Caribe se registró un aumento de 0,5ºC a 3ºC de la temperatura media entre 1901 y 2012, con los mayores incrementos observados en la zona tropical de América del Sur.

También se observó un aumento gradual de las lluvias en el sur este de América del sur, en el norte de América del Sur, y en las zonas costeras de Perú y Ecuador. Por el contrario, se observaron reducciones de las precipitaciones en gran parte de Chile, el norte de Argentina, el sur de México y parte de Centroamérica. En Centroamérica también se observó un progresivo retraso en la época de lluvias, un aumento en la variabilidad espacio-temporal de las precipitaciones, y un aumento de las lluvias intensas al comienzo de la estación.

Desde mediados del siglo XX, especialmente a partir de la década de 1970, se observó un derretimiento acelerado de los glaciares, especialmente los intertropicales que perdieron entre el 20 y el 50% de su masa de hielo. También existe amplia evidencia sobre un aumento significativo en la ocurrencia e intensidad de eventos climáticos extremos que generaron pérdidas humanas y económicas de gran envergadura.

En varios países aumentó notablemente la frecuencia de ocurrencia de lluvias torrenciales que desembocan en inundaciones y deslizamientos de tierra. En la mayor parte de la región las temperaturas nocturnas (mínimas) registraron la mayor tasa de calentamiento, mientras que el aumento de las temperaturas diurnas (máximas) ha sido más moderado.

En los últimos años se observaron eventos record de episodios de sequías e inundaciones, con grandes impactos sobre el sector agropecuario y las economías locales. En un trabajo reciente se indica que las áreas propensas a sequías crónicas (ubicadas en América del Sur, el sur de Europa, y el este de Asia) se han incrementado notablemente, pasando de 16,2% en 1902-1949 a 41,1% en 1950-2000. En la región del Caribe el número de huracanes pasó de 15 y 9 en las décadas de 1980 y 1990 a 39 huracanes en el período 2000-2009, aumentando especialmente la ocurrencia de huracanes de mayor intensidad

Las proyecciones climáticas

Para fin del siglo XXI estiman para Centroamérica un calentamiento medio de 2,5ºC (rango 1,5ºC a 5,0ºC), reducción del 10% en las precipitaciones medias anuales (rango -25% a +10%) y disminución de la lluvia durante el verano. En América del Sur se proyecta un calentamiento medio de 4ºC (rango 2ºC a 5ºC) con reducciones del 15% en las precipitaciones en la región tropical al este de los Andes, y aumentos del 15% al 20% en SESA y otras regiones Además, es muy probable que ocurra un aumento en el número de noches y días cálidos en toda la región. Por último, se espera un aumento de las precipitaciones intensas en SESA y un aumento de los períodos secos en el noreste de América del Sur.

Sector agropecuario: El impacto del cambio climático será considerable para los países de América Latina y el Caribe debido a su dependencia económica de la agricultura y los recursos naturales, la baja capacidad adaptativa de grandes segmentos de la población, y la ubicación geográfica de varios de los países. Las evaluaciones de los impactos del cambio climático sobre la producción agrícola y la seguridad alimentaria muestran gran variabilidad espacial y elevado nivel de incertidumbre, sin embargo se han identificado algunas regiones con comportamientos consistentes:

El sudeste de América del Sur que podría incrementar o sostener la productividad hasta mediados de este siglo; la región central de Chile y el centro oeste de Argentina donde se esperan reducciones de productividad; y el NE de Brasil, parte de la Región Andina y Centroamérica donde el cambio climático afectaría el rendimiento de los cultivos, las economías locales y la seguridad alimentaria

En el sud este de América del Sur (parte de Argentina, Uruguay, sur de Brasil y parte de Paraguay) la productividad media de los cultivos de verano, especialmente la soja, y de algunas pasturas podría sostenerse o incrementarse levemente hasta mediados de siglo, aunque la intensificación en la ocurrencia de eventos extremos (especialmente sequías e inundaciones) provocaría gran variabilidad interanual de la producción.

El calentamiento y el aumento de las lluvias favorecería el desplazamiento de algunos cultivos hacia el sur y el oeste de la región, como el cultivo de café que podría llegar hasta Uruguay y el norte de Argentina, y los cultivos de granos y oleaginosas que se extenderían hacia la Patagonia y el centro de Argentina. Chile y centro oeste de Argentina: el aumento de la temperatura, la reducción de las horas de frío y la reducción de la disponibilidad de agua (menor precipitaciones y reducción de los glaciares andinos) afectaría la producción de los cultivos de invierno, los frutales, la vid y algunas especies forestales.

En Chile se prevé que los cultivos se desplacen hacia el sur donde las condiciones climáticas serían más favorables. Noreste de Brasil: se prevén reducciones en los rendimientos de los cultivos de maíz, frijol, arroz, trigo, y yuca que comprometerían la seguridad alimentaria de los productores de subsistencia de la región. Además, el aumento de temperatura reduciría las áreas aptas para el cultivo de caupí frijol.

En Centroamérica, el cambio climático afectaría severamente a la población más pobre y a la seguridad alimentaria. Las condiciones más cálidas, junto a la mayor variabilidad de las lluvias y el acortamiento de la estación lluviosa afectarían los rendimientos de los cultivos de maíz, poroto y arroz que constituyen el 90% de la producción agrícola destinada al consumo interno.

Otro problema serio en la región es la variabilidad climática. Recientemente, las condiciones del clima generaron un serio problema con la roya en el sector cafetero, que afectó el 55% del área de cultivo y redujo en cerca de 40% el empleo durante la cosecha. Cabe aclarar que en Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua, cerca de 1,4 millones de personas dependen del sector cafetero que es muy susceptible al clima.

El cultivo de café se encuentra ampliamente difundido en los países tropicales y subtropicales de América Latina y el Caribe (Brasil, México, Perú, República Dominicana, Colombia, Costa Rica, Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua). Brasil concentra cerca de un tercio de la producción mundial de café, y en Guatemala, El Salvador, Honduras, y Nicaragua cerca de 1,4 millones de personas dependen del sector cafetalero que es sumamente sensible a las variaciones climáticas.

La Andina es otra de las regiones muy vulnerables al cambio climático. Se esperan reducciones en los rendimientos de cultivos básicos para la alimentación como maíz, papa, trigo y cebada. Otro problema es el desplazamiento de las producciones hacia zonas de mayor altura y mayor pendiente que favorece la degradación acelerada de los suelos.

En Colombia, Ecuador y Perú se esperan importantes reducciones en la productividad de los cultivos asociados a la seguridad alimentaria (maíz, frijol, papa, quinua, plátano, yuca) y en los cultivos de importancia en la generación de ingresos para los pequeños productores (café, cacao y plátano). La aptitud climática de los cultivos tenderá, paulatinamente, a desplazarse a zonas de mayor altura poniendo en riesgo las áreas protegidas y las zonas de páramos.

Los cultivos de zonas más frías (papa, frijol) pierden aptitud climática en las zonas actuales de cultivo y la ganan en zonas contiguas más altas, mientras que los cultivos de clima cálido (yuca, cacao, caña y plátano) ganan aptitud en las zonas más bajas de la región Andina. El cultivo del café tenderá a desplazarse hacia zonas de mayor altitud constituyéndose en una alternativa potable para los productores ubicados por encima de los 1.500 metros sobre el nivel del mar, mientras que a menores alturas será preciso explorar otras alternativas. Además, se debe tener en cuenta la posible incidencia de plagas (por ejemplo la roya) que podrían propagarse más fácilmente con el aumento de las lluvias y la temperatura.

En Perú, se vislumbran algunos frutales (como palta y naranja) como alternativas productivas para las zonas de la sierra que en la actualidad producen frijol y maíz. El cambio del clima también alterará el patrón actual de distribución e incidencia de enfermedades afectando la productividad. Varios trabajos reportan incrementos en las enfermedades de fin de ciclo en soja, mal de río cuarto en maíz, fusarium en trigo, roya de la soja y roya del café, y phytophtora en papa.

Habrán cambios en los caudales de los ríos y la disponibilidad de agua: aumento en los caudales de los ríos de la Cuenca del Plata debido al aumento de las lluvias y la reducción de la evapotranspiración por el cambio del uso del suelo en la Lagoa dos Patos (Brasil); en la Laguna de Mar Chiquita y en la provincia de Santa Fe (Argentina) con consecuencias ecológicas y erosivas.

También reducciones en los caudales de los ríos en los Andes centrales (Chile y Argentina), en Centroamérica, y en los ríos Magdalena y Cauca (Colombia). En la mayor parte de México, a excepción de la zona tropical del sur, se proyecta menor disponibilidad de agua y aumento de las condiciones de sequía, esta situación sumada al aumento de la población incrementará la sobreexplotación del agua superficial y subterránea.

Además, la reducción del nivel de los lagos afectaría la producción hidroeléctrica en las zonas áridas y semiáridas. En la zona tropical del sur de México, el aumento de las lluvias del invierno y las probables inundaciones perjudicaría la generación hidroeléctrica, el agua almacenada en las represas, y la producción agropecuaria a partir de mediados de siglo, generando alta vulnerabilidad ya que se esperan reducciones del 35-40% en la lluvias de verano.

Reducción de glaciares: retroceso y derretimiento acelerado de los glaciares de los Andes tropicales en Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, y Bolivia, con pérdidas de 20 a 50% de área durante la segunda mitad del siglo XX y especialmente desde fines de la década de 1970 asociado al aumento de la temperatura. Del mismo modo, los glaciares y campos de hielo en los andes extratropicales ubicados en el centro-sur de Chile y Argentina se enfrentan a reducciones significativas y cambios en la estacionalidad con reducciones de los flujos en la estación seca y aumentos en la estación húmeda.

Calidad del agua: el aumento de la temperatura del agua y de la intensidad de precipitación, sumado a periodos de caudal bajo más prolongados, potenciarían muchas fuentes de polución del agua, en particular sedimentos, nutrientes, carbono orgánico disuelto, patógenos, plaguicidas, sal y temperatura. En México, entre el 10% y el 30% de los sitios monitoreados contiene agua contaminada .

En el futuro se espera un aumento de la vulnerabilidad actual en términos de abastecimiento de agua en las zonas semiáridas y los andes tropicales. Este hecho se vería exacerbado por el retroceso de los glaciares, la reducción de la precipitación y el aumento en la evapotranspiración en las zonas semiáridas. Este escenario afectaría sensiblemente la disponibilidad de agua para la producción de alimentos y demás usos.

Se vislumbra una necesidad urgente de evaluar las prácticas actuales de manejo del agua para reducir el desfasaje entre la oferta y la demanda y disminuir la vulnerabilidad a futuro. También se cree necesario implementar reformas constitucionales y legales para lograr una gestión más eficiente y eficaz de los recursos hídricos

*Trabajo elaborado por el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico sobre datos del repositorio Cepal