Argentina: desplome petrolero, crisis fabricada y el ordeñe de Vaca Muerta

Argentina: desplome petrolero, crisis fabricada y el ordeñe de Vaca Muerta

Federico Bernal-EPPA

La producción de crudo en la República Argentina comenzó a recuperarse desde la renacionalización de YPF: se desaceleró la caída de la producción de crudo y mejoró ostensiblemente su performance. En 2015, se logró revertir la producción a la baja, es decir, se registró una producción en 2015 mayor a la de 2014.

No obstante, desde la asunción de Mauricio Macri, la producción de crudo venía en picada. Culmina 2016 y de la fortísima desaceleración verificada durante los primeros meses se cierra el año con una producción menor a la de 2015 (7% menos, la peor en 25 años): La producción alcanzó los 29,7 millones de metros cúbicos y se ubicó en un nivel similar al de 1991, antes de la privatización de YPF.

2016 fue testigo del mayor desplome de la producción de petróleo desde 2011 (-5,89% fue la variación de 2011 sobre 2010). A propósito, conviene ajustar la lupa sobre lo que fue la histórica recuperación hidrocarburífera nacida de la renacionalización de YPF y la Ley 26.741, porque a desmantelar esta política y sus resultados se dirigen las maquinaciones del cartel de empresas presididas por el Grupo Shell en poder del Ministerio de Energía:

Convertir el “relato” en realidad (la fabricación de la “crisis”)

La “Emergencia Energética” fue decretada en diciembre de 2015, apenas asumido Mauricio Macri. Se plasmó en el Decreto 134 (16 de diciembre), refutado hasta el hartazgo por este Observatorio en más de una docena de informes. Dicha normativa se fundamentaba en la zoncera de la heredada “crisis energética”, lo cual había provocado una supuesta progresiva escasez del suministro de gas y petróleo, nulas o insuficientes inversiones e infraestructura, desabastecimiento de usuarios, etc.

Con el primer año de gestión Cambiemos en el poder, no solamente se confirma que todos aquellos argumentos fueron parte de un relato falaz, destinado a justificar el “cambio”, esto es, la implementación de políticas de ajuste antipopulares y que sus voceros y ejecutores sabrían de antemano traerían aparejadas consecuencias negativas, sino que confirma también que dicho “relato” ahora es parte de la realidad.

El macrismo debió fabricar una “crisis” para que “la gente acepte el cambio”, por cierto, “cambio” que la “gente” no acepta. Como sea, el neoliberalismo avanza con sus planes para sumir a la República Argentina en una crisis de tal magnitud que le permita justificar la barbarie ajustadora. En doscientos y pico de años desde Mayo, el neoliberalismo del siglo XXI nada nuevo viene a ofrecernos a la hora de destruir el país.

Volviendo a la cuestión petrolera -lo sucedido con el gas natural es similar, aunque con ribetes más que interesantes que analizaremos próximamente-, la “crisis” ha sido fabricada: la producción de petróleo se desplomó como nunca desde 2010-2011, por supuesto, deliberadamente. Y el panorama es más que preocupante.

Conclusiones

¿Cómo se explica que desde el gobierno se tomen una a una las políticas que, entre 1989 y 2002, desembocaron en un país sin energía, librado a los designios del mercado en detrimento de la seguridad jurídica ciudadana?

Reapertura de las exportaciones de gas y petróleo, eliminación de retenciones a las exportaciones, flexibilización laboral en el sector, tarifazo, desregulación, mercantilización de la energía y de los recursos naturales, subsidios a las empresas sin compromisos de reinversión, rentabilidades secretas, indexación al dólar, alineación a los precios internacionales, desmantelamiento de YPF, quita de precios sostenes, congelamiento de los planes nuclear y de grandes represas hidroeléctricas, agudización de la dependencia hidrocarburífera pero con una producción destinada al mercado externo, etc., aquí las consabidas y viejas prácticas del mercado energético, con el condimento de una masiva diversificación de la matriz con renovables intermitentes.

Para concluir, una síntesis de lo injustificable en el gráfico que sigue. El petróleo es un insumo clave de la matriz energética nacional, participando con un 33,4% de la oferta de energía primaria:

La administración macrista logró en apenas un año de gestión destruir la recuperación petrolera iniciada en 2012, tirando abajo de forma inédita -para el último lustro- al segundo insumo en importancia de nuestra matriz energética primaria: -3,84% en relación a 2015 o 1.228.995 metros cúbicos menos de crudo extraídos. Para tomar real dimensión del desplome, ese volumen equivale al 91% de la caída en la producción sumada de 2012, 2013 y 2014.

La política de flexibilización laboral para el sector, inversiones estancadas (las anunciadas como “nuevas” en Vaca Muerta estaban comprometidas con anterioridad a Macri), eliminación del precio sostén para el mercado interno, eliminación de las retenciones, destrucción de YPF como empresa testigo y protagónica a nivel nacional, desregulación y apertura re-exportadora, entre otras, agudizarán la inseguridad energética del país y acentuarán la “crisis” fabricada. El modelo agroexportador no necesita de energía abundante y barata; todo lo contrario.


Enfocarse en Vaca Muerta

YPF, la empresa de energía controlada por el Estado, prevé enfocarse solamente en Vaca Muerta en los próximos años y abandonar progresivamente el resto de los yacimientos convencionales maduros que explota en el país. Al menos eso se desprende de las declaraciones del CEO de la compañía, Ricardo Darré.

“Tenemos que priorizar nuestras inversiones mediante una hoja de ruta de la compañía en el no convencional y con un horizonte de desembolsos, propios y de los actuales socios, de entre los u$s 2500 millones y los u$s 4000 millones por año en 2019 o 2020”, explicó el ejecutivo a la prensa. Darré comentó que YPF definirá un plan quinquenal de inversiones basado en bajar costos y mejorar la productividad en torno a un 20%.

Al tiempo que la empresa alcanzó un break even (punto muerto o de equilibrio, por debajo del cual da pérdidas un proyecto) en torno a los u$s 40 por barril en las operaciones de no convencional, los costos son más elevados en los pozos convencionales ya maduros (con un punto muerto cercano a los u$s 60 por barril). El precio actual del petróleo, que ronda los u$s 50 por barril y tiende a quedarse -según las proyecciones de especialistas- entre los u$s 55 y u$s 60 por barril, es el acta de defunción para la producción convencional de hidrocarburos en las provincias del sur del país, Santa Cruz, Chubut y Neuquén.

Como viene diciendo desde hace unos meses el presidente de la compañía, Miguel Gutiérrez, Darré -ex ejecutivo de Total y Schlumberger- aseguró que YPF en Vaca Muerta ya alcanzó costos similares a los que tiene la industria del shale en Estados Unidos. En la actualidad, perforar un pozo en los yacimientos neuquinos de shale y tight cuesta alrededor de u$s 8,1 millones, una cifra que se ubicaba en los u$s 13 millones dos años atrás y que esperan bajar hasta menos de u$s 7 millones en los próximos meses.

La idea de Darré es “‘acelerar el desarrollo de Vaca Muerta a un punto que le permita al yacimiento proveer el 50% del gas a 2021 y el 60% del petróleo que el país necesitará en el 2020”.

Para lograr que Vaca Muerta sea la estrella productiva del país en los próximos años y convierta a Argentina en un exportador neto de hidrocarburos, según coinciden diversas fuentes del sector, hará falta que el Estado concrete junto a los privados millonarias inversiones en infraestructura: rutas, vías férreas, ductos, hospitales y hasta conectividad en un área semi-desértica.

Por ejemplo, Darré aseveró que tiempo atrás le pidió al presidente Mauricio Macri apoyo estatal para mejorar el transporte ferroviario desde el puerto bonaerense de Bahía Blanca hasta la refinería de la empresa en la localidad de Plaza Huincul, en Neuquén.

Frente a este panorama, la asociación con los gigantes internacionales (Exxon, Chevron, Total, Shell) se dificulta, ya que las compañías extranjeras conocen el potencial de Vaca Muerta pero también la historia argentina de idas y vueltas, con el cepo al dólar en la memoria. En reserva, algunos ejecutivos plantearon que las próximas elecciones resultarán importantes y consultores afirman que todavía falta seguridad jurídica y garantías de que podrán llevarse al exterior el dinero cuando lo requieran.

Entre este año y el siguiente, la petrolera prevé tener 13 proyectos de exploración en etapa piloto y 6 en desarrollo, y en 2019 cambiará la ecuación: 17 áreas en desarrollo y 5 en piloto.

En la producción consolidada de petróleo y gas, YPF provee el 44,7% del total, mientras que Pan American Energy (PAE) participa con el 19,3% y Pluspetrol con el 6,2%. Por otro lado, las reservas comprobadas –sin contar los descubrimientos recientes de recursos no convencionales– subieron en 2014 y 2015 (no hay datos aún de 2016), por lo que el potencial productivo de crudo en Argentina está y las condiciones también.


El pillaje en Las Malvinas, en marcha

OETEC-ID

A fines de 2012, las empresas que operaban ilegal e ilegítimamente en Mar Argentino frente a las Islas Malvinas auguraban iniciar la fase de explotación de crudo en 2017. La caída de los precios internacionales y la profundización de medidas nacionales por parte del segundo gobierno de Cristina Kirchner demoraron el pillaje colonialista.

Con la administración pro-británica de Mauricio Macri, las campañas exploratorias retoman el ímpetu de la segunda mitad de los noventa. Los últimos reportes técnicos aseguran que la explotación comercial comenzará en 2020 en el prospecto conocido como Sea Lion, uno de los muchos existentes con alta potencialidad hidrocarburífera, ubicado en la Cuenca Malvinas Norte.

Se espera extraer de allí un total de 1.000 millones de barriles, esto es, el equivalente a 5 años de producción nacional (tomando la producción registrada en 2015). El pico máximo de extracción se alcanzaría en 2025, con aproximadamente 120.000 barriles diarios.

A modo de comparación, Loma Campana, la concesión más importante en Vaca Muerta -propiedad de YPF- extrajo en 2016 (enero a noviembre) un promedio de 27.644 barriles por día, es decir y comparativamente, un 23% de Sea Lion en su mejor momento. Los precios del crudo podrán determinar la eficiencia y velocidad de las campañas exploratorias; pero la política determinará si el pillaje petrolero es una realidad para 2020.

La extracción de crudo en cantidades comerciales comenzará en 2020, tres años después del plazo original. El horizonte de explotación llega al 2049, con una producción acumulada de 520 millones de barriles. Veamos a cuánto equivale dicho volumen en función de los niveles de producción del upstream argentino. La producción total de crudo en 2015 totalizó unos 201 millones de barriles.

Es decir, las petroleras británico-kelpers y sus socios pretenden extraer de una sola área de las innumerables existentes con altísima potencialidad alrededor de las Islas Malvinas el equivalente a 2 años y medio de producción nacional. Cabe recordar que el potencial para todo Sea Lion se estima en 1.000 millones de barriles comercialmente explotables, es decir, lo que nuestro país extrae en 5 años.

Asimismo, en 5 años (2022), la producción en Malvinas alcanzará los 75.000 barriles diarios, para llegar al máximo de 120.000 en 2025. En otras palabras, durante toda la próxima década el promedio será de 80.000 barriles por día, esto es, un 6% de la producción diaria nacional. (3)

Claro que, para efectivizar todos estos planes, las petroleras y sus fondos de inversión (en su mayoría buitres) que operan ilegal e ilegítimamente en el Departamento Islas del Atlántico Sur, provincia de Tierra del Fuego, deberán contar en la Casa Rosada con la permanencia de un gobierno probritánico más allá de 2019, igualito al de ahora y que respaldan y celebran.

Los precios del crudo podrán determinar la eficiencia y velocidad de las campañas exploratorias; pero la política determinará si el pillaje petrolero es una realidad para 2020.


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