Entrevista a Julio Calzada, impulsor de la legalización de la marihuana en Uruguay, que comienza a venderse hoy en farmacias: “Este proceso se va a profundizar en el país y en la región”

Por Nadia Luna – Nodal

Hoy comienza la venta de marihuana en las farmacias de Uruguay. Con este paso, el país culmina un proceso de cinco años desde que comenzó a debatirse la legalización de la marihuana. La ley se sancionó en diciembre de 2013 durante la presidencia de José “Pepe” Mujica y este 19 de julio, finalmente, Uruguay se convierte en el primer país del mundo en controlar el cultivo, distribución y venta de marihuana desde el Estado.

Hasta el momento, se registraron casi cinco mil personas para comprar marihuana en farmacias. Además, ya hay unos siete mil autocultivadores y 63 clubes cannábicos. El beneficio es solo para uruguayos y residentes en el país. Se podrá comprar un máximo de 40 gramos por mes, con un límite semanal de 10 gramos. Las farmacias que comienzan a vender marihuana este miércoles son 16 y los consumidores inscriptos podrán comprarla solo con la huella dactilar.

Nodal habló con Julio Calzada, ex secretario general de la Junta Nacional de Drogas, organismo dependiente de la Presidencia de la República encargado de llevar adelante las políticas públicas en este campo. Calzada, impulsor de la estrategia de producción y regulación de marihuana por parte el Estado, explica: “No legalizamos en el sentido de liberalizar el mercado de la marihuana. Es una experiencia atípica porque lo que se hace es regular un mercado. Entre las razones que llevaron a pensar esta estrategia, hubo motivos políticos, sociales y culturales. Partimos de una situación de violencia y aumento de la tasa de criminalidad que impactó mucho en el país. Decidimos actuar a partir de quitarle valor mercantil a la marihuana”.

¿Cuáles fueron las principales resistencias con que se encontraron cuando comenzaron a debatir la legalización de la marihuana y cómo las enfrentaron?

Hubo resistencias y dudas de todo tipo. También, al tratarse de un mercado regulado, hubo resistencia de ciertos grupos de activistas y de empresas, que no querían regulación, sino un mercado libre. Partimos de una oposición de más del 80% de la opinión pública. Eso fue cambiando con el tiempo. Una vez aprobada la ley, ante la pregunta ‘más allá de que esté a favor o en contra de la ley, si usted o su hijo tuviera que comprar marihuana, ¿dónde preferiría comprarla?’, el 70% respondía que prefería un mercado regulado. Ahí está la legitimidad de la ley. Con el mercado regulado, gracias a quienes están registrados como autocultivadores o clubes cannábicos, se ha logrado restar cerca de 7 millones de dólares a un mercado de narcotráfico que se estima en 40 millones de dólares en el país. En una experiencia que lleva dos años, creo que es un aspecto muy importante.

¿Qué medidas de seguridad han establecido para poder llevar a cabo la producción?

Estuvimos en Estados Unidos, recorriendo lugares donde se planta marihuana medicinal y recreativa, como Colorado, Washington y California. Allá se cultiva en medio de las ciudades, no hay lugares aislados. Yo no creo que haya problemas de que se produzca en un galpón de Montevideo pero lo cierto es que había mucha aprehensión social y miedo, así que tuvimos que encontrar una forma que al conjunto de la sociedad le diera tranquilidad. Entonces buscamos un lugar que tuviera mayor seguridad en el área metropolitana de Montevideo y había un predio cerca del penal de alta seguridad de Libertad, que es la zona que tiene mayores medidas de seguridad y posibilidad de una respuesta más rápida ante cualquier problema. Ese terreno se cedió a las dos empresas que comenzaron a cultivar, elegidas de una licitación de 25 compañías postulantes.

¿Cuáles fueron las principales dificultades para implementar la última etapa, de distribución y venta en farmacias?

Ha habido dificultades burocráticas y resistencias, muchas veces sin un elemento sustantivo que lo justifique, pero eso ha enlentecido significativamente el proceso. Diría que las dificultades tienen más que ver con la burocracia propia del Estado y la decisión de que esto tuviera la mayor seguridad posible. Creo que ahora recién vamos a estar en condiciones de dar un salto significativo porque se registraron unos 5 mil usuarios más y vamos a estar en torno a los 12 – 13 mil usuarios, de los 30 mil que se calcula son los usuarios más sistemáticos. En un par de años, podremos hacer una evaluación con mayor certeza desde el punto de vista científico.

En algunos países de América Latina recién se está legalizando el uso de marihuana medicinal, todavía con fuertes resistencias. ¿Por qué Uruguay le sacó ventaja al resto?

La experiencia que tuve con este proceso me dice que no se pueden replicar los modelos porque cada país es distinto. La experiencia uruguaya tiene mucho que ver con la historia y cultura de este país. Cerca del 70% de la población se declara atea o agnóstica. Eso es significativamente diferente a la situación de Brasil o Argentina. Uruguay es un país que reguló muy tempranamente el alcohol. Acá hubo regulación del alcohol y control por parte del Estado cuando en Estados Unidos se prohibió. Este año se cumplieron 100 años de que las mujeres pueden votar. Se ha regulado la prostitución y el juego. Hay una tradición de regulación y control del Estado sobre un conjunto de actividades que está arraigada en nuestra cultura. Acá es normal regular, en otros países, no. También tuvimos dificultades. Hay muchos intereses económicos de las grandes compañías farmacéuticas y hubo una fuerte oleada de puritanismo norteamericano en la primera mitad del siglo XX que desplazó otras corrientes más liberales. Ese conjunto de factores que demoró medio siglo para poder ir hacia la legalización y legitimación de la regulación como estrategia no se desarma de un día para el otro.

¿Considera que algún país de la región está cerca de seguir el ejemplo de Uruguay o todavía falta bastante?

Creo que todo lo que ha pasado en la región con los procesos de legalización de marihuana medicinal en algunos países como México, Argentina y Colombia, abren un horizonte para que en el mediano plazo tengamos una política de drogas diferente. Tiene que ser impulsada por Latinoamérica. En Europa, el tema del narcotráfico está reducido, el sistema sanitario respondió adecuadamente y no impacta tan abiertamente en el conjunto de la población como sí sucede en América Latina. A pesar de que Europa es uno de los principales consumidores de heroína o cocaína, no tiene la realidad de violencia y criminalidad asociada al narcotráfico que tiene México o América Central. Entonces la búsqueda de soluciones desde el campo político va a salir seguramente desde América Latina. Hay avances significativos en Bolivia en lo que es el control social del cultivo, que ha dado resultados mucho más positivos que la persecución militar. La propuesta boliviana de control social de cultivo parte de la base de desmilitarizar y nacionalizar el control.

¿Qué desafíos considera que todavía tiene Uruguay en materia de drogas?

Para Uruguay, avanzar en el campo de la marihuana lo pone en un punto de poder dar respuestas a otro tipo de situaciones. Queda ver qué respuesta le vamos a dar al tema de las drogas de diseño, que tienen una dirección norte-sur. Acá no se producen, vienen importadas de Europa. Creo que la experiencia de regulación de la marihuana puede demostrar que hay que poner en cuestión el prohibicionismo como sistema de control y adoptar un sistema de control con participación social.

Usted fue un gran impulsor de la ley que regula todo el proceso. ¿Qué sensación le produce ver el proyecto concretado?

Es una gran satisfacción. Siempre dije que una vez aprobada la ley, era irreversible, sin importar quién estuviera en el Gobierno. La podrán enlentecer, que creo que es lo que pasó de alguna manera, a pesar de ser el mismo partido el que está en el Gobierno, pero creo que se ha ido en la dirección correcta. La ley es irreversible y este proceso se va a profundizar en el país y en la región. Que eso pase en otros países también va a darle mayor legitimidad a nuestra experiencia.

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