Freddy Guevara, dirigente opositor venezolano: “Un adelanto de las elecciones presidenciales sería lo más sensato”

Por Francisco de Zárate.

Renovación de los poderes públicos y conformación de un gobierno de unidad nacional. La última pregunta del referéndum contra la Asamblea Constituyente de Venezuela tenía el nivel justo de ambigüedad. ¿Qué poderes públicos se renovarían? ¿Qué es un gobierno de unidad nacional? Y sobre todo, ¿quién sería el responsable de nombrarlo?

Con 7,6 millones de votos en la consulta no vinculante del domingo, la mayoría opositora de la Asamblea Nacional (Parlamento) se cuidó mucho de despilfarrar uno de sus momentos de mayor legitimidad mostrando disenso. Tras versiones de fuertes diferencias entre los que pedían al Parlamento que nombrara a un gobierno de transición y los que preferían esperar a las urnas, Clarín habló con el diputado Freddy Guevara. Diputado de Voluntad Popular y vicepresidente del parlamento, Guevara las desmintió. “Hay gente que lo ha propuesto a nivel de calle pero ningún partido lo ha propuesto. Nosotros creemos que tiene que ser producto de una elección del pueblo”.

Donde no hubo ni rumores de disenso fue en la parte de la pregunta referida a la “renovación de poderes”. El parlamento opositor completó ayer el nombramiento de 33 jueces para su Tribunal Supremo de Justicia. Funcionará, dicen, en paralelo a la actual máxima corte, cuyos jueces han demostrado dependencia absoluta con Nicolás Maduro.

¿Pero cuánto poder tendrán los 33 jueces nombrados por una Asamblea Nacional que no controla las fuerzas de seguridad? Según Guevara, mucho. “El poder no depende de un edificio. El poder depende de quiénes estén dispuestos a reconocerlo. Todo el mundo va a tener que decidir de qué lado está. Si del de los magistrados inconstitucionales o si del de los magistrados reconocidos por el pueblo. No es fácil pero si fuera fácil, no sería una lucha”.

– ¿Es una lucha de carácter simbólico?

– No, no es simbólico. Es una lucha del poder. Es una lucha de la soberanía. Se trata de conseguir que la comunidad internacional y los distintos sectores del país reconozcan a estos tribunales y no a los otros. Un proceso de desobediencia civil masivo en el que a partir de ahora ninguna decisión del otro tribunal espurio debería ser acatada por nadie. Es una de las medidas pero esto es un conjunto de cosas. Viene acompañado de las presiones internacionales y de la del pueblo en la calle.

– ¿Se puede tener un tribunal sin la ayuda de las fuerzas del orden?

– La fuerza es algo que sirve para ganar legitimidad y obediencia. Si tú logras la obediencia sin necesitar la fuerza tienes la mitad del terreno ganado. Obviamente, para la solución de este conflicto necesitamos poner de nuestro lado a las Fuerzas Armadas nacionales y a la policía, si es que el régimen no está dispuesto a llegar a una salida acordada de la crisis. Pero bueno, la situación implica que cada uno de nosotros en la Asamblea Nacional va a entrar en una lucha adicional. El país se pondrá en el dilema de a cuál tribunal obedecer.

– ¿Cómo se concreta eso?

– Imaginen que el Tribunal Supremo de Justicia legítimo, el que nombramos en la Asamblea Nacional, falla algo relacionado con el transporte público y los choferes lo acatan. Detrás está el otro tribunal diciendo ‘no acaten eso’, pero los choferes acatan al tribunal legítimo, ¿Quién ganó? ¿Quién tiene el poder? El poder deviene de la obediencia; la obediencia parte del reconocimiento de los magistrados; y nuestros magistrados van a tener la legitimidad y el reconocimiento del pueblo, que es al fin sobre el que se ejerce la justicia.

– ¿No cree que el gobierno va a impedir que sus jueces lleguen a tomar decisiones?

– Sí, es probable que eso ocurra. Ahora, si ocurre, sólo aumentará la presión. Aquí quien pierde en gobernabilidad es el gobierno, no nosotros.

– ¿Cuentan con que los aliados tradicionales de Maduro le retiren su apoyo?

– Ya ha ocurrido. Por ejemplo, la fiscal general de la República, diputados del Polo Patriótico, la ex defensora del Pueblo, ex ministros… Muchas personas que eran del régimen y ahora se han puesto de nuestro lado.

– ¿Y los aliados internacionales?

– China y Rusia deberían asumir que en Venezuela están mucho más ligados a nosotros que a este régimen. De alguna manera, creo que Ecuador va a poder dar pronto nuevas visiones.

– ¿Hay algún signo de que eso va a ocurrir?

– Sí, hemos visto aperturas, cosas que antes no habíamos visto.

– ¿Qué cosas?

– Bueno, señales. No puedo desarrollar mucho, pero hemos visto señales y mensajes que evidencian que el régimen no tiene el 100% de sus aliados con ellos.

– ¿El anuncio de sanciones por parte de Donald Trump ayuda o perjudica a Maduro?

– Cualquier cosa que ocurra es responsabilidad del régimen. Nosotros estamos siempre a favor de que se sancione a los violadores de Derechos Humanos y a los corruptos. Si algún corrupto y violador de DD.HH. quiere usar EE.UU. como santuario, estamos absolutamente de acuerdo en que los sancionen.

– ¿Cuál esperan que sea el papel de Cuba?

– Cuba tiene un rol fundamental. Este es un régimen que se llena la boca hablando de soberanía y ha sido el más entregador de todos. Ha entregado temas clave al régimen cubano como el uso de la inteligencia militar. Sin lugar a duda tienen una incidencia muy grande.

– ¿Podría Cuba ayudar a una solución?

– Uno no confía mucho en su calidad democrática pero ojalá que se den cuenta de que, si quieren velar por sus propios intereses, tienen mucha más posibilidades de tener beneficios con Venezuela si no atentan contra el pueblo. La inestabilidad política tampoco le conviene a Cuba porque le puede afectar también a ellos allá.

– ¿Tiene espacio Maduro para ceder?

– Nosotros estamos dispuestos al entendimiento para buscar una salida del gobierno. Si eso no ocurre, también estamos dispuestos a profundizar el conflicto. Preocupados, obviamente, porque nadie quiere pasar por ese camino. Pero si nos toca, nos toca.

– ¿Cuál creen que sería una solución aceptable para el gobierno?

– Un adelanto de las elecciones presidenciales sería lo más sensato. Eso ha pasado en cientos de países. Otra podría ser la propia (Asamblea) Constituyente, pero una aprobada por el pueblo y con legitimidad real. Mecanismos hay, lo que hace falta es la decisión política de estar dispuestos a salir del poder.

– Dicen que muchos dirigentes actuales tienen miedo de terminar en la cárcel…

– Bueno, eso es porque muchos han cometido delitos. Si bien jamás vamos a dejar de hacer justicia, nosotros también entendemos que en procesos de transiciones de dictaduras a democracias hay que pasar a elementos de justicia transicional.

– ¿Eso quiere decir perdón?

– Hay cosas que ni en justicia transicional se pueden perdonar. Todo lo que son temas de torturadores y asesinos. Eso es un tema muy delicado y nosotros vamos a hacer justicia por nuestros caídos. Pero bueno, no todo el mundo está involucrado en eso.

– ¿Por qué la oposición nunca consideró participar de la Asamblea Constituyente?

– Por una razón constitucional y otra de realismo político. La de realismo político, primero. Se plantean dos modalidades de elección, territorial y sectorial. En la territorial, cada municipio del país elige a un constituyentista, con situaciones tan absurdas como la de un municipio con 100 mil habitantes que elige a un constituyentista, igual que el de 4 millones. En la elección sectorial, se plantea que sean nombrados estudiantes, campesinos… Pero el que decide quién puede ser candidato es el Estado. No hay un registro electoral de estudiantes. El gobierno filtra a los que le interesa. Es un proceso absolutamente viciado.

– ¿Y la objeción constitucional?

– Nuestra Constitución deja claro que un proceso constituyente es convocado por el pueblo. La iniciativa la puede tener el 15% de la población, la Asamblea Nacional o el presidente, pero la convocatoria la tiene que hacer el pueblo. En la última Constituyente de Venezuela hubo antes un referéndum para aprobar si había o no que comenzar ese proceso.

– Desde la oposición dicen que la Constituyente funcionará como ‘un suprapoder’ con capacidad de anular las instituciones… – Es que es así. Van a usarla para formalizar y constitucionalizar la dictadura. Van a usarla para hacer todo lo que sienten que no han podido hacer aún. Es un intento de formalizar un Estado comunista en Venezuela.

– ¿Qué probabilidades de éxito tiene?

– Ninguno. No se puede doblegar a todo un pueblo. Quisiera adaptar una frase de Martin Luther King a la situación venezolana: nadie duda de que el gobierno de Maduro y la revolución están en su lecho de muerte; lo que está en discusión es cuán costoso va a ser el funeral para los venezolanos. ¿Nosotros vamos a acceder al gobierno? Sí. ¿A qué costo? No lo sabemos. Nosotros queremos que sea al menor posible.

Crisis económica

Se habla mucho del fin de Nicolás Maduro y muy poco de lo que pasará después. Según el vicepresidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Freddy Guevara, eso cambió esta semana con el acuerdo de gobernabilidad firmado el miércoles por los opositores, donde acordaron, entre otros temas, “la no reelección, la ley de emergencia económica y el mantenimiento de los programas sociales para los sectores populares”.

La otra gran pregunta en el país con mayores reservas petroleras del mundo es cómo hacer para desarrollar sus hidrocarburos sin alimentar una oligarquía parasitaria ni frenar el desarrollo del resto de industrias por la apreciación de su moneda. ¿Hay una posición común sobre el crudo entre los miembros de la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD)? “Todo un debate de fondo”, dice Guevara. Según el diputado de Voluntad Popular, entre los principales partidos de la MUD hay coincidencia en la necesidad de aumentar la producción petrolera; de pasar del monocultivo de crudo,y de “iniciar el proceso fundamental de despolitizar a la petrolera estatal”.

– ¿Van a permitir más inversión extranjera para aumentar la producción?

– Incluso con (Hugo) Chávez, que se las daba de anti inversiones extranjeras, toda la mitad de la franja petrolífera del Orinocose explotó con puras empresas mixtas. Nuestra Constitución permite perfectamente conseguir inversión extranjera para hacer crecer a la industria petrolera.

– ¿Despolitizar es privatizar PDVSA (Petróleos de Venezuela)?

– Nosotros no estamos planteando privatizar a la empresa petrolera. Lo que queremos es despolitizar y despartidizar, pero no privatizar. Así era Venezuela antes del 2002. Los cargos directivos eran profesionales que se preparaban y no llegaban por ser miembros del partido. PDVSA se dedicaba a producir petróleo y no a hacer heladeras o repartir pollos. Cuando a PDVSA la sacaron de su especialización destruyeron la economía. Además de la corrupción. El año pasado yo presidí la Comisión de Contraloría y tengo pruebas en documentos por más de US$ 3.000 millones robados de PDVSA.

– Para que el crudo no sea la única industria hay que enfrentarse a los grupos económicos que se benefician de que así sea…

– Por eso yo estoy convencido de que un cambio político está ligado a un cambio económico y social. Hay tanta resistencia al cambio político precisamente porque hay mafias económicas detrás de eso.

– ¿Cómo piensan neutralizar el poder de esa oligarquía petrolera?

– Con transparencia, diversificando, y abriendo el mercado. Dando más oportunidades para venga más gente y también abriendo las investigaciones que haya que abrir. El que haya robado y tenga su dinero mal habido va a tener que responder ante la Justicia.

– ¿Qué cosas hizo bien el chavismo?

– Nos enseñó cómo no tratar a la oposición cuando seamos gobierno. Lo hizo tan mal que despertó un sentimiento de patriotismo para despertar al país y no permitir que esto ocurra nunca más. En beneficios concretos en sí mismos, y si olvidamos la forma en que lo hicieron -porque al final todo tiene que ver con la corrupción-, fue positiva la política de integración regional y el desarrollo de programas sociales… Creo que fue importante plantear que Venezuela volviera a centrar la discusión política en torno a los pobres. Chávez no lo hizo la primera vez, ya había pasado con Rómulo Betancourt y con Raúl Leoni, pero es cierto que en los últimos dos gobiernos antes de Chávez parecía que la discusión ya no era cómo salir de la pobreza. El tema de la inclusión es importante y él lo volvió a poner en el tapete.

– ¿No salió bien?

– Lo respondo con el chiste del escorpión que quiere cruzar el río y pide ayuda al sapo. El sapo le dice que no porque el escorpión lo va a picar y se va a morir. Pero si yo voy a cruzar el río contigo, le dice el escorpión, ¿cómo te voy a picar?Así que el sapo accede y se monta el escorpión. Cuando están a mitad del río, el escorpión lo pica. ¿Por qué haces esto? Ahora nos vamos a morir los dos, dice el sapo. Lo lamento, dice el escorpión, pero es mi naturaleza. Con el chavismo pasó lo mismo. Su naturaleza es corrupta, dictatorial, violenta, excluyente y, por supuesto, autoritaria. Tú puedes tener las mejores intenciones pero esa semilla del autoritarismo, la violencia, la exclusión y la corrupción está ahí.

– ¿Por qué dice que esa era su naturaleza?

– El chavismo surge con el golpe de Hugo Chávez de febrero de 1992, por la vía de las armas. Matan a venezolanos, intentan tomar el poder por la fuerza. Eso te habla de la naturaleza. En segundo lugar, en todo el comportamiento de este gobierno chavista, que lo digo siempre para referirme a la cúpula y no al pueblo chavista, se hizo evidente cómo usaron a los pobres para volverse los hombres más ricos del planeta.

– Desde el chavismo dicen que en la naturaleza de los opositores están las políticas neoliberales de derecha…

– Esto no es un problema ideológico. Ojalá lo fuera. Si fuera un problema ideológico y a la gente le da la gana elegir un gobierno de derecha, ¿cuál es el problema? El tema está en que estos tipos no pueden pretender decidir por la gente qué es lo que la gente quiere. Yojo, la oposición ideológicamente tiene muchos tipos de partidos. Mi partido (Voluntad Popular) es progresista. En la MUD hay demócratas cristianos, centro humanistas, hasta comunistas… La oposición tiene de todo. Obviamente, en referencia al chavismo, vamos a ser más de derecha. Pero esto no es una discusión ideológica. Es una discusión de democracia o dictadura.

Clarín