La producción indígena en México, el intercambio o trueque

La producción indígena en México, el intercambio o trueque

Luis Langarica Arreola

En la etapa prehispánica, los pueblos originarios construían sus casas, hacían sus vestimentas y producían sus alimentos; los metates, molcajetes, petates, las artesanías, entre otros objetos necesarios en el hogar eran intercambiados en los mercados indígenas; estas áreas de la economía indígena no llamaron la atención del colonizador español. Las casas eran hechas con materiales como la piedra, cal, adobe, paja, madera, etc.; en cambio, los caciques y principales copiaron los estilos españoles en la hechura de sus viviendas. Los maceguales vivían en cabañas de una sola habitación rectangular; las paredes eran de adobe, piedra o madera, los techos de tejamanil o paja, colados sobre vigas (madera) horizontales.

Los adobes eran hechos con paja y tierra (barro o arcilla), los lugareños que no tenían estos materiales de construcción, los adquirían de otras comunidades, los habitantes de las riberas de los lagos que carecían de piedra, como Mexicalcingo que la trasportaba de otras partes en canoas; para las construcciones de piedra era necesario la cal, que no era fácil adquirirla. Una piedra caliza fue localizada en Xochimilco (1550), la cal seguía siendo escasa en la parte meridional del Valle, en Coatepec, Chimalhuacan, Chicoloapa y Culhuacan no había este material, se conseguía en los pueblos septentrionales, Zumpango, Citlaltepec, Xaltocan, Hueypoxtla y Tequisquiac. Su venta redituaba buena utilidad comercial. La industria de la cal, seguía agotándose, el mercado principal de la ciudad se surtía, trayéndola de Tula, de la región del norte.

Las casas de los maceguales eran para comer y dormir, durante el período colonial no dormían en camas, ni hamacas, no tenían sillas ni mesas; dormían en petates hechos en Xaltocan, Zumpango o Citlaltepetl, donde había árboles de tule, para hacer de comer requerían del metate, comal, molcajete, ollas y cazuelas de barro, canastos, etc.; en la noche se iluminaban tradicionalmente con antorchas de ocote y después con velas de sebo, (aportación española) del siglo XVI. Para avivar el fuego lo hacían con pequeños palos, tallos de maíz, zacate o cactus secos.

La nueva vestimenta fue posterior a la conquista: camisas, pantalones y sombreros, antes que esto eran el maxtlatl o taparrabo, el ayatl, tilmatl-tilma (capa o manto); estos atuendos fueron cambiados por el ropaje español, excepto la capa. Las mujeres usaban la capa, (huipilli, huipil) hasta la rodilla. Algunos usaban el sombrero y las sandalias, (cactli) o huarache; poco a poco se alterando la forma de vestir, así como iba avanzando el coloniaje español.

La industria del vestido para la ropa indígena, era por el uso de la fibra del maguey, el algodón o lana, de la cual la lana fue aportación española y, el algodón no se producía en el Valle de México, pero se traía de lugares lejanos como pago de tributo, usaban el henequén, (palabra taína), textil traído por los españoles de las islas del Caribe; también usaban el tochmitl o tela de piel de conejo.

La alimentación de las familias indígenas, continuó siendo variada y no sólo agrícola, la recolecta de sal, la caza, la pesca y la cría de animales servía para que la alimentación fuera balanceada. La sal la extraían de la salmuera natural y del lago de Texcoco, que tenía sal común (cloruro de sodio y bicarbonato de sodio). Los tres principales productos en la ración alimenticia fueron el maíz, chile y sal; utilizaban el tequisquitl para la fabricación de jabón, aunque ellos preferían usar el temazcal, como baño, el amoli y otros productos naturales.

La pesca y la recolección de sal sólo estaba en las regiones lacustres del valle; en algunos lagos había peces, xohuilin (juili) y otras especies como el iztacmichin (pescado blanco), el cual medía 8 ó 9 pulgadas de largo; el amilotl era más grande todavía; otros eran pequeños como el charal. Estos peces de agua dulce, se les encontraba en los lagos de agua clara, y donde no había mucha sal. Texcoco y Xochimilco bastaban para la pesca, sus aguas poseían cantidades grandes de peces.

Los lagos de agua dulce y salada estaban bajo jurisdicción de las autoridades indígenas; median las áreas donde se podía pescar. Los españoles empezaron a obligar a la autoridad a que les rentaran abiertamente espacios grandes para pescar; después, empezaron a obtener el control sobre las aguas de los lagos y sus riquezas, así como lo habían hecho con la propiedad de la tierra. Estos lagos guardaban variedad de animales y plantas; cangrejos, camarones, culebras, ranas, larvas de libélula, el axolotl blanco o negro, salamandra larval y otros animales acuáticos, que algunos servían como alimento para los indígenas; en cuanto a las plantas, estaban las tecuitlatl (planta de lago, color verde o púrpura), que se podía comer una vez estando seca.

Algunos frailes llegaron a conocer las costumbres y tradiciones de los pueblos originarios mexicanos; a fines del siglo XVI, fray Bernardino de Sahagún comentaba que habían más de 40 variedades y tipos de cazas, la más común era la de los patos y gansos y, muchas otras aves que servían desde tiempos ancestrales, al alimento indígena. Ellos cazaban las aves, al igual como a los peces, con redes; extendían la red en el agua, sujetada por postes; temprano hacían mucho ruido, las aves de los árboles huían al agua y algunas quedaban atrapadas en la red. La dieta en la alimentación indígena, rica en proteína la obtenían de las aves, que posaban en los lagos de agua dulce o salada, en Zumpango, Citlaltepetl, Xaltocan, Chiconautla, Mexicalzingo, Coatepec y otros más.

En el período colonial, poco a poco se fue presentando la escasez progresiva de aves y peces, (S. XVII), el tecuitlatl, alga lacustre, alimento parecido en sabor al queso, dejó de ser comercial, el axolotl escaseó, aunque no la salamandra adulta, también había una la variedad de animales de diferente tamaño, comestibles o no, como el coyote (coyotl), lobos, venados, liebres, armadillos, tuza, comadrejas y muchos más, iban disminuyendo.

Las familias indígenas empezaron a practicar la crianza, de animales que trajeron los españoles (pollos, cerdos y corderos), algunos servían como alimento y al mismo tiempo en el desarrollo de la industria, tales como las ovejas. Los indígenas y españoles no acostumbraban tomar leche, ni café ni el té; en cambio en Europa del siglo XVII y XVIII era costumbre el consumo de éstas bebidas. Los españoles trataron de promover el consumo de la cerveza, entre la población indígena, pero al igual que las demás bebidas embriagantes españolas, no eran del agrado de la sociedad indígena; en cambio, el gusto indígena por el pulque y otras bebidas de antes y después de la conquista, fueron el (chinguirito, mezcal, sangre de conejo y otras más).

Dentro de las bebidas no embriagantes, había una de buen sabor, el chocolate (chocolatl), la materia prima no era originaria del valle de México, se traía de las regiones un poco alejadas; la importación de la semilla del cacao fue al principio, del Soconusco, Colima y otras regiones del sur de México; esta bebida aumentó su consumo, antes y después de la invasión de los españoles; en el año 1540 bajó el cultivo de la planta en México, y se tuvo que traer desde Guatemala y Sonsonate, El Salvador. La importación del cacao tardó muchos años, el que se traía de Centroamérica (S. XVII), e incluso los exportadores de este producto estaban más al sur del continente, Maracaibo, Caracas, Guayaquil, Cartagena, etc.

En principio, el transporte del cacao, que se producía en el sur de México, se realizaba gracias a los fuertes cargadores indígenas, de igual forma lo hicieron cuando la semilla fue un producto que se pagaba como tributo y usado como moneda también, en tiempos de los aztecas. Después, el comercio del cacao se realizaba en los barcos españoles, llegando por mar a los puertos mexicanos de Huatulco y Acapulco. A finales de la colonia, barcos de Campeche y Tabasco traían el cacao hasta Veracruz, procedente de Maracaibo; el procedente de Guayaquil, llegaba a Acapulco y de allí se transportaba a la ciudad de México en carretas o mulas.

El chocolate, antes y después de la Colonia, aumentó en el gusto de las personas, a eso se debe la travesía por mar y tierra del cacao, en el siglo XVII y XVIII, el precio de la semilla variaba de acuerdo con la cosecha, si esta era buena o según la avaricia de los intermediarios.

Tres condiciones marcaron el intercambio comercial y la producción de los pueblos originarios, la vivienda, el vestido y los alimentos, para ello se crearon regiones especializadas según lo que producían. Algunas regiones se dedicaban a la extracción de sal, la pesca, la lana, la cal, los petates y los productos alimenticios agrícolas; esta estructura social estaba desde el período azteca, enseñado por los gobernantes. Según las fuentes, Nezahualcoyotl tenía cerca de 30 organizaciones en Texcoco, las divisiones de la comunidad tenían sus propias funciones económicas: orfebrería, pintores, trabajadores de plumas y muchas más, así en cada barrio. En Texcoco y Xochimilco, los oficios se mantuvieron en casi todo el período colonial: carpinteros, albañiles, herreros, barnizadores, sastres, joyeros, fabricantes de carretas, dedales, rosarios, sombreros de todo tipo. El pago del tributo se hacía por medio del grupo al que se pertenecía.

El intercambio se realizaba en los tianguis, (mercados indígenas), los mercados de antes de la conquista eran tan vastos en productos, cultivados y elaborados por los propios pochtecas, es decir los comerciantes, que aparte de la agricultura hacían ornamentos de oro, plata y piedras preciosas, ropa y animales comestibles. Durante la colonización, los productos aumentaron en cantidad, incluyendo los materiales para la construcción, cal, madera y piedra; textiles, (camisas, lana) tochomitl, izquitl, o granos de maíz tostado, tamales, chía, chile, pescado, cacao; leña, cerámica, canastos, comales, molcajetes, petates, velas, pino para antorchas, cuchillos, etc.

Un material de manufactura indígena fue la cochinilla, de donde se extraía los tintes, estos eran insectos secos, criados en el cactus de la tuna o el nopal, inclusive el tinte llegó a exportarse a España. La producción del tinte de la cochinilla era escaso en el Valle de México, la mayor producción la estaba en Tlaxcala y Puebla, después la industria fue decayendo en estos pueblos y se trasladó a Oaxaca.

Desde luego que los cambios introducidos por los colonizadores, deformaron las formas tradicionales del mercado indígena en Tenochtitlán y Tlatelolco; el gobierno virreinal, la audiencia y el cabildo, aplicaron nuevos reglamentos en los mercados y, gradualmente dejaron fuera el control indígena (s. XVII-XVIII). Las medidas y pesas españolas fueron usadas en los mercados indígenas (fanega, media fanega, almud y cuartillo), lo mismo pasó después con el sistema monetario español, el cacao dejó de ser moneda de cambio y se usó en su lugar, el real español y poco después el peso mexicano.

Hubo un tiempo en que el comercio indígena y español estuvieron separados, es decir, aparte, después de manera gradual fue integrándose. La rutas comerciales dentro del Valle se fueron ampliando, modificándose; los primeros caminos fueron de Zacatecas a Pachuca; de Toluca a Michoacán; Cuernavaca y Cuautla; Acapulco y Huatulco; Puebla y Veracruz; Atlixco-Izúcar y Oaxaca; Otumba y Apan, Capulalpan y Toluca, etc.

Sólo se mantuvo una sola ruta, en que los indígenas mantuvieron el control, y este era el de los lagos, es decir las canoas de Chalco y Xochimilco que llegaban al centro de la ciudad por la acequia real y terminaba cerca de la plaza principal, el Zócalo. La llamada ruta de canoas, antes de la conquista comunicaba los lagos de Zumpango y Xaltocan, con la ciudad de Tenochtitlán y esta quedó bloqueada en el año 1540.

A través de esta ruta, a la ciudad de México y a los mercados españoles, llegaban productos frescos, desde Huitzilopochco los comerciantes indígenas compraban fruta verde del sur, la maduraban y la vendían en la ciudad. En el verano, los productos de las chinampas del lago de Xochimilco y los Jardines de Tlaxpana, al oeste de la ciudad, vendían en los mercados de la ciudad sólo cuando los mercaderes habían recogido sus productos. Los puertos de embarque se localizaban en el sur, Huitzilopochco, Mexicalzingo, Chalco Atenco, Xochimilco, Ayotzingo y Tetelco. Las canoas, de diferente tamaño y capacidad, salían de noche y llegaban de madrugada con el cargamento. Muchos preferían este transporte, por ser más barato que el terrestre. Cuando se requería la limpieza o el mantenimiento de los canales, se dividían el trabajo entre los pueblos indígenas, pues la hierba cuando crecía en los lagos, obstruían la navegación de las canoas.

La situación económica cambió en el siglo XVIII, una depresión se presentó; sólo algunos conservaron condiciones más o menos favorables; para muchos significó la decadencia. Para algunos pueblos indígenas, que todavía contaban con suficiente agua, la depresión o crisis fue leve, pero en otros pueblos la situación era de pobreza, por la disminución del comercio y la escasez de agua era otro factor que empeoró la crisis económica.


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