Las sanciones contra Maduro – La Prensa, Nicaragua

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

En vísperas de la “elección” de la asamblea constituyente en Venezuela, mediante la cual el dictador Nicolás Maduro pretende mantenerse en el poder, abolir la Asamblea Nacional, terminar de liquidar el sistema político y económico democrático y sentar las bases de un Estado totalitario comunista, el gobierno de Estados Unidos (EE.UU.) dictó más sanciones contra altos funcionarios y esbirros de la dictadura chavista.

Al menos otros 12 funcionarios civiles, policiales y militares, fueron sancionados el miércoles de esta semana con la prohibición de entrar a EE.UU. y el bloqueo de sus cuentas y bienes (si los tienen) en este país. Y advirtió el gobierno estadounidense, que si Maduro sigue adelante con su plan constituyente se le aplicarán fuertes sanciones económicas. “Todas las opciones están sobre la mesa”, advirtió un portavoz de la Casa Blanca.

La principal de esas opciones tendría que ser la suspensión de la compra de petróleo venezolano. EE.UU. es el tercer comprador del crudo de Venezuela y el único que paga sus facturas al 100 por ciento en efectivo, con solo 50 días de plazo. Pero Maduro no compra con los dólares de los EE.UU. los alimentos y medicinas que necesita la población de manera apremiante, y que la economía venezolana no puede producir porque ha sido devastada por el socialismo bolivariano. Lo que compra Maduro con ese dinero es armas y otros artefactos represivos para sofocar las protestas de la población. De manera que EE.UU. está financiando indirectamente a la dictadura de Venezuela y la represión contra el pueblo venezolano, que en los últimos meses de protestas cívicas ha dejado un saldo de más de cien muertos.

Quienes se oponen a la sanción petrolera de EE.UU. contra el régimen chavista sostienen que el pueblo venezolano resultaría más perjudicado que la dictadura; que los chavistas tendrían argumentos para culpar por la crisis a las sanciones estadounidenses; y que Maduro, en vez de aflojar se fortalecería en el poder.

Pero la verdad es que el pueblo venezolano ya no podría estar peor que como se encuentra ahora, y no por causas externas sino por la desastrosa revolución bolivariana y el “socialismo del siglo XXI”. Además, es obvio que si a Maduro no se le pone una presión tan efectiva como sería la sanción petrolera, seguiría detentando el poder y terminaría de destruir la democracia, avanzando hacia la instauración de un sistema totalitario como el de Cuba.

Por el contrario, la sanción petrolera dejaría a Maduro sin los únicos fondos líquidos que su régimen recibe actualmente y lo más probable es que no pueda resistir, que se derrumbe o se vea obligado a negociar con la oposición una salida democrática de la crisis, pasando por la revocación de la constituyente espuria y la convocatoria a elecciones libres para elegir un nuevo gobierno.

El hecho de que la empresa petrolera venezolana radicada en EE.UU., Citgo, haya contribuido con medio millón de dólares a financiar la toma de posesión del presidente Donald Trump, según informó la Comisión Federal Electoral, no debe impedir que se aplique la sanción que podría poner fin al martirio de los venezolanos. No aplicarla sería una inmoralidad política del presidente estadounidense.

La Prensa