Petrobras, las reservas del Presal… y EE.UU.

Petrobras, las reservas del Presal… y EE.UU.

Los escándalos actuales que involucran a políticos y empresas brasileñas en casos de corrupción en Petrobras. Un proyecto de ley en Brasil derriba la exclusividad que la petrolera estatal Petrobras tenía sobre el presal, los gigantescos yacimientos de crudo descubiertos por Brasil en aguas muy profundas del Atlántico. Los grandes beneficiarios de la ley 4567 que derriba la exclusividad que la petrolera estatal Petrobras tenía sobre la explotación de crudo en Brasil son las transnacionales como Chevron y Royal Dutch Shell.

Pedro Otoni

Petrobras es la más grande empresa brasileña, responsable por la investigación, explotación, transformación y distribución del principal recurso energético de la actualidad, el petróleo. Pero su importancia va más allá de los hidrocarburos: la compañia estatal gestiona también la mayoría de las patentes brasileñas registradas, y tiene un rol significativo en la construcción naval y en desarrollo y fabricación de maquinaría pesada. Petrobras no es una empresa común, es un instrumento estratégico para la economía y el desarrollo brasileño.
Las aguas marinas ultraprofundas del litoral sudeste brasileño guardan reservas de hidrocarburos en rocas calcáreas situadas bajo un estrato de sal de gran espesor, llamado “capa presal”.

En el polígono de explotación del presal, han descubierto reservas de petróleo y gás de aproximadamente 40,000 millones de barriles y se estima que hay 176,000 millones no descubiertas, según cifras del Instituto Nacional de Aceite y Gás de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro. Esta reserva equivale a cinco años del consumo mundial del recurso, con una ventaja extra: su costo de extracción es de 8 dólares, muy por debajo del costo medio de la producción mundial. No hay dudas de que el presal es un recurso abundante y estratégico; y, por ello, codiciado.

La reserva del presal podrá financiar el desarrollo económico y social brasileño, para la superación de problemas sociales estructurales. En este sentido, fue creado en 2010 el Fondo Social del Presal para constituir recursos de las reservas del presal y garantizar inversiones a la educación y a la salud en Brasil.

En la mira de los intereses de las multinacionales

En la disputa de poder internacional, la dimensión energética se destaca. Al fin y al cabo, el acceso a las fuentes de energía como el petróleo es determinante para el proceso de industrialización y desarrollo de cualquier nación. El condomínio imperialista (Euro-Estadunidense), liderado por Estados Unidos y materializado en la OTAN, sabe del rol estratégico de las reservas energéticas – como el presal brasileño – en la correlación mundial de fuerzas.

Hay una variable importante en este juego geopolítico: los BRICS. La articulación entre Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, potencialmente se ha configurado como condicionante mundial de la OTAN, una importante preocupación para Washington. Se trata de países que no forman parte de la OTAN, poseen factores estratégicos importantes, como reservas de petróleo (Brasil, Rúsia), armas atómicas (Rusia, China e Índia), población y fuerza de trabajo abundantes (China, India, Brasil y Rusia); son industrializados y tienen gran potencial para el consumo interno.

Así que los BRICS son una alianza potencialmente fuerte y pueden condicionar seriamente el poder político mundial concentrado en las naciones del Atlántico Norte.

El gobierno brasileño, frente a la actual crisis política, no prioriza las relaciones con sus socios internacionales, sean los BRICS o la Unasur (Unión de las Naciones Sudamericanas), lo cual lo expone a las presiones de los países centrales, en especial de los Estados Unidos.

La postura brasileña no solo pone en riesgo el patrimonio y los intereses nacionales; también contribuye al debilitamiento de los gobiernos progresistas en Latinoamérica. Basta ver la omisión o el desprecio por la situación sensible en Venezuela, Bolivia y Argentina.

En resumen, el control estatal y nacional del presal va en contra a los intereses geopolíticos del Atlántico Norte. El monopolio operativo que Petrobras mantiene sobre las reservas del presal, aún que permita la inversión privada y la privatización de parte importante de los lucros, es una herramienta importante de desarrollo nacional y ejercicio del poder real en la geopolítica.

Aliado a la enorme ventaja en términos energéticos, una posible relación estrecha de cooperación internacional con los otros BRICS – en especial Rusia, antagonista declarada, y China, principal concorrente económica de Estados Unidos – ofrece buenas condiciones para que Brasil y Latinoamérica tengan posibilidades de asumir una postura independiente en las relaciones internacionales.

Estos intereses internacionales en el presal se materializan en el proyecto de ley en que tramita en el Congreso Nacional y propone retirar el monopolio de Petrobras para explotar las reservas de ese tipo de hidrocarburos. Más aún, las denuncias de corrupción involucrando los recursos de Petrobras, empresas y políticos, no tienen como objetivo defender la moral y la legalidad, sino principalmente crear un contexto favorable a la privatización de la estatal petrolera y poner fin a la soberanía energética brasileña.

*Politólogo brasileño


Estados Unidos y Brasil: lo que oculta el Lava Jato

Silvina M. Romano – Celag

Brasil transita hoy por una de las crisis institucionales y políticas más contundentes de las últimas décadas. Lo que transmiten los medios hegemónicos es que la corrupción constituye el meollo de esta crisis. Sin embargo, considerando la dimensión que está adquiriendo el Lava Jato, parecería ser que la judicialización de la política tiene un claro propósito (no siempre evidente a la opinión pública): condenar la “ineficiencia” de “lo público”, la incapacidad del Estado y la corrupción (inevitable) de los políticos, para así justificar el retorno a la senda neoliberal, retorno que ya se está experimentando y a gran velocidad. (…)

La judicialización de la política tiene objetivos materiales claros. Sin necesidad de escudriñar demasiado, puede verse que el “árbol” de la corrupción, parecería estar tapando un bosque: el desguace de la estructura económica brasileña. Tal como lo apuntan algunos especialistas, los sectores clave de esta disputa (que están siendo vulnerados) como el petróleo, construcción y producción de carne, son la columna vertebral de la economía nacional.

Un hecho que lo demuestra es que, en el momento de pico de la crisis institucional, a inicios de 2016, la oposición al PT presentó proyectos de ley para retirar el monopolio operativo de Petrobras sobre reservas de hidrocarburos de gran envergadura (objetivo que lograron luego del golpe a Rousseff), vinculando de modo directo e indirecto al Lava Jato con intereses de negocios y geopolíticos del sector privado y el gobierno de Estados Unidos.

Estados Unidos y el rumbo de Brasil.

En el 2013, Edward Snowden publicó documentos filtrados de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA) que muestran la vigilancia permanente al gobierno brasileño. Brasil aparece en estos documentos como una suerte de “enemigo” no solo de EEUU sino a los ojos de la OTAN (debido, entre otras cosas, a la cercanía con China).

A partir de lo enunciado en los documentos, parece claro que una de las motivaciones del espionaje fue Petrobrás y el rol de Brasil en el mercado mundial de hidrocarburos. Esto no es un secreto, pues en 2012, la Agencia de Información sobre Energía de EEUU destacaba el crucial descubrimiento de reservas de petróleo en Brasil, los depósitos en plataforma submarina Presal, que podían transformar a ese país en uno de los mayores productores de petróleo a nivel mundial.

En efecto, cuando el gobierno brasileño se enteró del operativo de espionaje, adujo que estaban seguros de que el motivo era “comercial” debido particularmente al descubrimiento de Presal. Lo interesante es que, además de las mencionadas agencias del gobierno de EEUU, también participó en estos operativos el Departamento de Estado (dejando rastro a través de los cables con sus diplomáticos en Brasil). En uno de estos cables de 2009, José Serra, del Partido de la Social Democracia Brasileña (en ese tiempo candidato a elecciones y luego del golpe canciller de Michel Temer) aseguraba que de llegar a la presidencia cambiaría las leyes que regulaban el sector petrolero.

En los documentos también se percibe el lobby ejercido por las petroleras estadounidenses, que en sus comunicados al Departamento de Estado advertían sobre el difícil clima para la inversión y los negocios en Brasil: “Mientras hacer negocios en Brasil es más fácil que operar en Bolivia, nos han comentado, que en muchos aspectos las condiciones para invertir son peores que en Venezuela” –detallaba un cable de 2006.

Retomando nombres concretos, se lee la disconformidad de Chevron, empresa que a pesar de estar operando como partner de Petrobras, consideraba que la estatal “abusaba” de sus privilegios en el sector. En otro cable se da cuenta de la reunión entre el entonces embajador de Estados Unidos en Brasil, Clifford Sobel (2006-2009), y CEOs de las principales transnacionales de hidrocarburos, incluidas Chevron, Exxon Mobil, Devon Energy, Anadarko, etc. dando cuenta del involucramiento del gobierno estadounidense en la “cuestión” del petróleo brasileño. En los cables sobre la situación en Brasil se puede leer: “La estrategia ahora es reclutar nuevos compañeros para trabajar en el Senado, para aprobar enmiendas esenciales a la ley…”.

La profecía auto cumplida: el cambio de rumbo de Petrobras

Petrobras es la empresa brasileña de mayores dimensiones, responsable por la investigación, explotación, transformación y distribución de un recurso estratégico por excelencia, el petróleo. Además, gestiona la mayoría de las patentes brasileñas registradas, y tiene un rol protagónico en la construcción naval y en desarrollo y fabricación de maquinaria pesada. Por lo tanto, se trata de un instrumento estratégico para la economía y el desarrollo brasileño.

En el año 2010, en el denominado Presal ubicado en aguas profundas del Atlántico, descubrieron reservas de petróleo y gas que para 2013 se estimaron en 40 mil millones de barriles (aprox.) y de probables reservas por 176 mil millones no descubiertas. Además, según lo calculado, su costo de extracción estaría muy por debajo del costo medio de la producción mundial. Luego del descubrimiento, el monopolio de Petrobras comenzó a ser cada vez más molesto para las transnacionales petroleras.

En un reporte sobre negocios de hidrocarburos de septiembre 2016, se advierte que Petrobras, la “empresa estatal más endeudada del mundo”, está reorientando sus energías a explotar el área del Presal, a pesar de haber recortado el ámbito de acción a un mínimo de exploración. El problema –para las grandes petroleras– es que tales limitaciones no pueden ser superadas, pues Petrobras tiene el monopolio de estos espacios, al actuar como operador, situación que –advertían con alivio– sería revertida en el Senado, para quitar esta restricción de acción a otros operadores y quitar tanta “presión” a la estatal brasileña.

Lo cierto es que Petrobras nunca entró en quiebra y aún con dificultades, siguió explotando los yacimientos de Presal.

Con el golpe parlamentario a Dilma Rousseff (proceso en el que el gobierno de Estados Unidos mostró un sospechoso “perfil bajo”), las compañías lograron acelerar la disputa por las tan preciadas reservas de hidrocarburos. Pasados dos meses del golpe, la Cámara de Diputados aprobó una reforma a ley que exonera a Petrobras de la obligación de mantener una participación mínima del 30% en la explotación del Presal, permitiendo acceso directo a las transnacionales de hidrocarburos para explotar las reservas de petróleo de Brasil. Uno de sus impulsores fue nada menos que José Serra, siguiendo con un compromiso previamente adquirido, tal como se percibe en los Wikileaks mencionados anteriormente.

Así, Petrobras ya no detenta el monopolio sobre los hidrocarburos brasileños. El primer negocio de apertura se dio con la empresa francesa Total SA para vender activos por 2.2 mil millones de dólares. Incluye participación en campos petroleros y en dos estaciones de energía térmica. A cambio, Petrobras recibió en un primer momento 1.6 mil millones de dólares, además de poder optar participar en la producción campos de petróleo del Golfo de México, actualmente bajo la propiedad de Total y ExxonMobil.

Precisamente, un dato a destacar es que el cambio en la legislación ha generado expectativas en Exxon Mobil, la única transnacional estadounidense que no tenía presencia en Brasil, y que ya está planeando sus próximos pasos para acceder a las reservas off-shore de ese país. Otra de las empresas que primero se benefició fue la estatal de petróleo noruega, que adquirió Carcará por 2.5 mil millones de dólares.

Desde el mundo de los negocios (léase, los sectores interesados en la apertura del mercado de los hidrocarburos), como resultado del Lava Jato, Petrobras perdió inversiones en 2015 y será “difícil” salir de esa situación. Aseguran que con la nueva ley Petrobras “comenzará a repuntar”, aunque auguran tiempos delicados debido a posibles cambios de rumbo en la decisión de la OPEP de recortar la producción de crudo –sospecha infundada porque Arabia Saudita (líder de la OPEP) parece acordar no solo en mantener sino en ampliar los recortes a la producción de crudo en los próximos meses. Pero lo que más preocupa a los empresarios brasileños son las elecciones del próximo año: “esperemos que Lula no gane”, exclaman.

Desde la perspectiva de los trabajadores vinculados al sector de hidrocarburos, se aclara que la modificación de la ley (junto con el Lava Jato) es una estrategia muy bien elaborada con el objetivo de privatizar (cosa que ya se ha hecho) el sector para que las multinacionales accedan a reservas de petróleo de Brasil en un momento de rapiña por recursos estratégicos a nivel mundial. Para legitimar esta venta (de hidrocarburos y soberanía) es fundamental mostrar la ineficiencia e incapacidad de Petrobras, como empresa estatal, para asumir la explotación de los recursos .

De los negocios a la geopolítica

En el 2015, a pesar de las críticas al gobierno de Dilma Rousseff, el Departamento de Comercio de EEUU aseguraba que “Brasil continua siendo muy atractivo para las empresas estadounidenses”. Se aclaraba que Brasil era el principal socio comercial de Estados Unidos, siendo que en 2014 el intercambio entre ambos países alcanzó los 37 mil millones de dólares, además de ser la séptima economía del mundo y que por eso (a pesar de la crisis) sigue siendo un “mercado fantástico”.

En el mismo documento se enuncia que ambos gobiernos firmaron en 2010 un Acuerdo de Cooperación en Defensa, que Rousseff envió al Congreso para su ratificación. Esto es sugerente, pues en el mismo texto se aclara a los empresarios que uno de los ámbitos preferentes para hacer negocioso es el de la defensa .

Con la asunción de Temer, se estrecharon los lazos con las FFAA de Estados Unidos en virtud de este rol privilegiado del sector defensa (como “nicho de mercado” y por supuesto, en términos geopolíticos).

En marzo 2017, el Ejército de los EEUU inauguró un centro de tecnología en São Paulo para “asociarse con Brasil en proyectos de investigación enfocados en la innovación” –similar a las bases militares que EEUU plantea instalar en Argentina para “investigación científica” y el Ministerio de Defensa de Brasil y el Departamento de Defensa de los EEUU firmaron el Convenio para Intercambio de Informaciones en Investigación y Desarrollo, el MIEA (Master Information Exchange Agreement).

Ante lo dicho y considerando la importancia geoestratégica y geopolítica de Brasil, preocupa una información que trascendió sobre invitación de las Fuerzas Armadas brasileñas a tropas de los EEUU para participar de un ejercicio militar “inédito” en la triple frontera entre Brasil, Perú y Colombia. El ejercicio se denomina “Operación América Unida”, inspirado en una actividad similar que fue realizada por la OTAN en Hungría, en 2015 (ocasión en la que Brasil participó como observador). Luego de ese ejercicio, la OTAN abrió una base en Hungría.

Además, vale recordar que en 2013, Colombia firmó un acuerdo de cooperación con la OTAN . Esto no debe pasar desapercibido en las actuales circunstancias de escalada del conflicto en Venezuela (cuyo principal e inocultable motivo son las reservas de petróleo), que se inserta en un esquema de provocación y/o mantención de “situaciones bélicas” por parte de EEUU en un escenario de rapiña por la apropiación de recursos estratégicos.


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