Argentina: entrevista a Magalí Brosio, una de las autoras del sitio Economía Feminista

 Por María L. Cortez

“Las mujeres ganamos menos, somos discriminadas a la hora de una entrevista laboral por la posibilidad de quedar embarazadas, dedicamos mucho más tiempo al trabajo doméstico que los hombres”, fueron algunas de las hipótesis que las autoras del sitio web Economía Feminista se propusieron comprobar con datos y estadísticas. En Argentina, la brecha salarial de género es de un 27 por ciento entre las trabajadoras asalariadas (en blanco) y los trabajadores. En la siguiente entrevista con la economista Magalí Brosio, una de las integrantes del sitio, indagamos en algunas de estas dudas.

“En Argentina, como en todas partes del mundo, existe una brecha salarial por género, es decir una diferencia entre lo que ganan las mujeres y los varones en promedio. En el país se ubica en torno a un 27% pero para el caso de las trabajadoras asalariadas no registradas/informales la brecha es incluso más amplia: se encuentra en torno al 40%”.

Esto es gravísimo porque se trata de trabajadoras que en muchos casos no tienen ningún tipo de derecho o acceso a protección social y cuyos ingresos ya de por sí son bajos. A ello se suma que la brecha además fue creciendo entre 2003 y 2013; es decir que luego de la crisis de 2001 a pesar de que la economía Argentina se fue recuperando relativamente al igual que el mercado del trabajo, la situación de las mujeres informales no mejoró (como cabría esperar) sino que incluso empeoró”, detalla la especialista sobre las diferencias económicas entre mujeres y hombres.

Respecto del trabajo doméstico no remunerado, ¿sobre quién recae? Hay forma de cuantificar ese trabajo? ¿Qué sucede en caso de las jefas de hogar?

De acuerdo a la Encuesta Anual de Hogares Urbanos (EAHU) correspondiente al tercer trimestre de 2013 realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC)[1], efectivamente los asalariados varones destinaron al trabajo productivo (en el mercado) más horas que las mujeres (48 vs. 38 horas semanales); sin embargo, esto está altamente correlacionado con la cantidad de tiempo que estas últimas emplean en el hogar realizando tareas domésticas no remuneradas.

A pesar de que podría ser posible argumentar que el sentido de la relación causal es en realidad inverso (es decir, que las mujeres destinan más tiempo al trabajo en el hogar porque dedican menos horas al mercado), los datos sugieren lo opuesto: ejemplo de ello es que incluso las mujeres que trabajan más de 45 horas semanales en el mercado destinan una mayor cantidad de tiempo a las tareas domésticas que los varones desempleados.

De esta manera, la asimétrica distribución de las tareas del hogar no parecería estar vinculada principalmente con la cantidad de tiempo destinada al trabajo en el mercado, sino más bien con una pesada herencia cultural de la cual es difícil desligarse.

Esta tendencia, lejos de ser una particularidad local se replica a nivel mundial, donde el 75% del trabajo doméstico no remunerado queda a cargo de las mujeres (McKinsey Global Institute, 2015).

En Argentina, a su vez, esta asimetría se ve agravada aún más cuando se trata de cuestiones vinculadas a la maternidad y los trabajos de cuidado, factores que se vuelven determinantes clave de la inserción de las mujeres en el mercado laboral. Esto se debe a que la ya preexistente herencia sobre la división sexual del trabajo mencionada previamente resulta prácticamente alentada por las políticas públicas en esta materia. Ejemplo de ello es que la legislación actual establece una licencia maternal de tres meses (por debajo de las recomendaciones de la OIT), mientras que para los varones solamente están previstos dos días de ausencia. Simultáneamente, las políticas orientadas a la reinserción de las mujeres en el mercado laboral (como las guarderías en lugares de trabajo, esquemas con horarios flexibles para la lactancia, etc.) son escasas y a menudo poseen múltiples falencias en su implementación. Como consecuencia lógica de la interacción de estos factores, los datos muestran que la tasa de actividad de las mujeres cae conforme aumenta la cantidad de niños en el hogar (mientras que para los varones sucede lo opuesto) así como también sus salarios, dado a que a menudo están más dispuestas a aceptar empleos con menor carga horaria (D’Alessandro et al., 2015).

De acuerdo a la OIT (2015), la brecha salarial por maternidad (es decir, la diferencia entre las remuneraciones de las mujeres que son madres con respecto a aquellas que no lo son) es del 16,8%.

¿En tiempos de Ni Una Menos se podría decir que la precarización laboral también es violencia?

Claro que sí. En este sentido vale la pena pensar en que a nivel global los movimientos de mujeres este año tomaron en muchos casos forma de “paro” y se utilizó la consigna “Si mi vida no vale, produzcan sin mi”

¿Cuál sería la solución o soluciones para cambiar está desigualdad de género?

Hacen falta muchísimas cosas y desde muchos frentes. En concreto y de manera inmediata se pueden implementar medidas en los espacios que ocupamos (hogar, universidad, empresa, etc.), el siguiente paso serían las políticas públicas que apoyen cambios progresivos para la igualdad de género. Sin embargo, cabe preguntarse si dentro del capitalismo por cómo se configuran las relaciones económicas al interior de esto es posible efectivamente la igualdad, y ante esta pregunta muchas feministas nos respondemos que no.

¿Se puede trabajar está problemática de manera individual?

Se puede trabajar de manera individual pero hay que tener en cuenta que siempre lo importante es dar soluciones colectivas y no individuales, ya que no todas tenemos las mismas oportunidades y privilegios. Así, por ejemplo que uno conforme un hogar feminista donde el trabajo doméstico se reparte equitativamente es progresivo pero ¿es suficiente? yo creo que no.

SOBRE EL SITIO: www.economiafeminita.com

“El sitio surge un poco de encontrarnos siempre del mismo lado con Mercedes (D’Alessandro) en ciertas discusiones sobre género donde nosotras quizás teníamos una postura feminista basada más que nada en la intuición o la experiencia propia como estudiantes, docentes, profesionales y mujeres en general. En muchos de estos debates existía una porción de gente que no lograba -o ni siquiera intentaba- empatizar con nuestras vivencias ni con las de todas las mujeres que se nos sumaban a contar las de ellas, por lo que nos dimos cuenta que la única forma de interpelar a esta gente era con porcentajes y estadísticas. Así, un poco por necesidad y otro poco por curiosidad, fuimos reuniendo bibliografía, leyendo, aprendiendo, sorprendiéndonos incluso y recolectando todos esos datos duros que necesitábamos para poder avalar ante los ojos de los escépticos todo eso que nosotras ya sabíamos (que ganamos menos, que nos discriminan en las entrevistas laborales ante la posibilidad de que quedemos embarazadas, que dedicamos más tiempo al trabajo doméstico, etc.).

Luego de esta “primera ola de lecturas”, por llamarlo así, nos dimos cuenta de otra cosa: la mayoría de las cosas escritas es un lenguaje muy académico y en ocasiones poco amigable para el público general. Si bien entendemos que estos trabajos son centrales ya que son la base de la producción del conocimiento tanto teórico como empírico en materia de economía y género, sentimos que quizás había un eslabón faltante para que esa información llegue a los oídos de todos y especialmente de todas. Y es justamente ahí donde nosotras vimos un nicho, un lugar donde nos parecía que tenía mucha potencia intervenir: acercar estos datos, esta información a quienes no hubieran accedido a ella de otra manera, darle el espacio a toda esa gente de contar casos personales, de hacer preguntas, de dialogar, de no tener miedo de autollamarse feminista, etc”, recordó Brossio.

IMPULSAN EL PROYECTO MESTRUACCIÓN

La campaña #MenstruAccion se basó, en un primer momento, en la sororidad para juntar productos de gestión menstrual en la marcha del 8M y acercarlos a quienes no pueden comprarlos. Durante toda la tarde del 8 de marzo recibimos toallitas, tampones, toallitas reutilizables y copas menstruales, pero sobre todo apoyo de un montón de personas que nos dijeron que a partir de la campaña empezaron a pensar en qué pasaba si vivís en la calle y menstruás o en que ante catástrofes estos productos jamás figuran entre los que se piden. Durante la campaña, además, investigamos sobre cuánto cuesta menstruar y elaboramos el índice tampón. Hoy #MenstruAcción está creciendo y nuestros reclamos ya forman parte de la agenda política de la Provincia de Buenos Aires.

¿Por qué #MenstruAcción?

La menstruación es considerada todavía hoy un tema tabú.

El tabú sobre la mestruación y la dificultad de acceso a productos de gestión menstrual son factores de desigualdad social, causales de ausentismo escolar y tienen un impacto directo en la salud de las personas menstruantes.

Además, quienes menstruamos seguimos pagando en Argentina, y en todo el mundo, una multa por ello. El reclamo de la quita de impuestos a los productos de gestión menstrual y a la distribución gratuita en ámbitos educativos, carcelarios, de salud, refugios, entre otros, se está realizando en varios países del mundo. #MenstruAcción es la campaña que desde Economía Feminista venimos impulsando a diario para la Argentina y que esperamos logre alcanzar un impacto nacional.

Redacción Altagracia