Bolivia: lágrimas de cocodrilo por el TIPNIS – Por Palmiro Soria Saucedo

Bolivia ya sabe la oscura historia de la postergación de la carretera asfaltada del TIPNIS, que las verdaderas razones de la oposición son políticas y de intereses económicos. Toda carretera causa impactos ambientales y en la amazonia seguro. Concuerdo con los que piensan que ese punto debe ser extremadamente cuidado.

Se sabe que los cocodrilos son despiadados depredadores en la cadena trófica. Los amazónicos sabemos que no lloran, solo segregan una sustancia acuosa para hidratar sus ojos cuando están cogiendo sol. Para significar un sentimiento fingido, con lágrimas simuladas, la sabiduría popular acuñó la expresión lágrimas de cocodrilo.

Escribir sobre el Territorio Indígena-Parque Nacional Isiboro-Secure (TIPNIS) en las circunstancias actuales de elevada crispación política no parece estimulante, las ideas son demandadas a tomar partido. El reduccionismo analítico de la confrontación quiere constreñir el debate a una carretera, a sus beneficios o a sus perjuicios. Es obvio que desde la perspectiva académica, no se puede caer en la trampa de un falso debate.

Antes de opinar resulta imprescindible evocar que Bolivia fue afirmándose como país de espaldas a su amazonia. En el primer mapa de la Republica de Bolivia, publicado en 1859, treinta y cuatro años después de su independencia, durante el gobierno del presidente José María Linares, el norte amazónico aparece como Regiones No Exploradas, Pobladas por Salvajes. El sur, como moxos, como yuracare y como el país de los mosetenes, la identidad indígena marcando la identidad del territorio.

En la amazonia, la patria registra la mayor perdida territorial, 688,830 mil km2,con Brasil y Perú. No existen evidencias de que el país se haya desgarrado por ello, nuestros hermanos andinos y cruceños, aceptaron con resignación, esa cuantiosa amputación de nuestra cualidad amazónica; las trazas, son de apresuramientos para poner en marcha proyectos financiados por la infamante compensación económica, de 2 millones de libras esterlinas. A la amazonia no llego ni una libra, ni siquiera la línea del tren que -según el tratado de Petropolis-, saliendo del Puerto de San Antonio en el rio Maderas, llegaría hasta Guayaramerin, con un ramal hacia Villa Bella. Nunca sucedió.

El abandono estatal de la región ha sido vergonzante en los siglos XIX y XX. Las responsabilidades del estado fueron ejercidas por, barraqueros, hacendados y latifundistas; Así se configuró el poder y la representación política de una oligarquía gomera, castañera, ganadera y maderera secante. La ausencia estatal también permitió, una salvaje acumulación originaria del capital durante el Boom del caucho, el cuasi exterminio de sus pueblos indígenas y la pobreza estructural, intensa y extensa persistente hasta nuestros días.

Cuando empezaba el proceso de cambio, publique el articulo: “Amazonia: 200 años de Soledad,” rescato un párrafo que ayuda a comprender, angustias de la región: “En 180 años de República no se pudo construir una sola carretera asfaltada, que integre Pando con Beni y La Paz. Los sucesivos gobiernos conservadores o liberales y del MNR, de poder compartido o alterno del ADN, MIR, ni siquiera pudieron asfaltar 86 km de la estratégica carretera entre Riberalta y Guayaramerín, que nos conectaría al corredor bioceánico que une el delta del amazonas con Ilo y Matarani, tampoco pudieron cambiar la carísima matriz energética que castiga al ciudadano a pagar el 300% más el kw/hora que en La Paz o Santa Cruz y un pasaje en avión, clase económica a Riberalta, Guayaramerín o Cobija es más caro que su similar a algunos países vecinos.

En Aerosur la Paz-Cobija específicamente cuesta 969 bolivianos otro tanto su retorno, una garrafa de gas 30 Bs y cuando escasea hasta 50 Bs, esto sucede hoy día, en la potencia gasífera del continente. Trece de los 15 municipios de Pando tiene niveles de pobreza superior al 94% y de los 19 municipios del Beni 16 tienen un rango de pobreza entre 80% y el 97.5%, según datos oficiales del INE”.

Eran tiempos en que a nadie le importaba la amazonia. La región ha prosperado, económica, social y políticamente con el gobierno actual, algunos datos que dan cuenta de ello: se asfaltó la carretera Guayaramerin-Riberalta y se han iniciado otras importantes carreteras, los indicadores de la pobreza han sido reducidos a 56.4 % en el Beni y 58.8% en Pando(INE 2012). Se han construido puentes vitales sobre los ríos Madre de Dios y Beni, centenares de proyectos de salud, educación, deporte.

Se alfabetizó la gente. El estado desplegó su presencia militarmente (en positivo). Ningún mandatario ha visitado tantas veces la amazonia como lo ha hecho el presidente Evo, para connotar su interés y dedicación. En la historia de la amazonia, nunca nos ha ido mejor que ahora, a pesar de los déficits, de incomprensiones y subestimaciones que aún persisten.

Algunas preguntas básicas para la reflexión: ¿estamos frente a un problema regional, ambiental, de necesidades básicas insatisfechas o de necesidades del desarrollo o de pueblos indígenas? Probablemente todo eso junto. ¿La carretera en sí, va a resolver todos esos problemas? Seguramente que no. ¿El problema es una carretera que debe o no construirse? Seguro que ese no es el problema.

Articular el Beni con Cochabamba, significa integrar físicamente lo andino con lo amazónico y fracturar la negativa dependencia económica y política con la conservadora elite ganadera de Santa Cruz.

La oposición, con mucho artificio político, ha intentado posicionar la perversa idea de que este proyecto tendría la calidad de prueba plena de que el gobierno no es consecuente con los pueblos indígenas ni con la madre tierra, dos pilares esenciales de la revolución democrática y cultural. La amenazante invectiva, debe ser desmentida por un proyecto impecable, modélico que reafirme los valores y principios que distinguen al proceso boliviano.

Bolivia ya sabe la oscura historia de la postergación de la carretera asfaltada del TIPNIS, que las verdaderas razones de la oposición son políticas y de intereses económicos. Toda carretera causa impactos ambientales y en la amazonia seguro. Concuerdo con los que piensan que ese punto debe ser extremadamente cuidado.

Más claro, la carretera San Ignacio- Villa Tunari protegiendo los derechos de los pueblos indígenas y de la madre selva, es una necesidad de la región y de la integración del país. Beniano que diga lo contrario está faltando a la verdad, o es víctima del seguidismo acrítico de la oposición destructiva.

Este conflicto ha colocado a la amazonia en la Agenda Política Nacional, y la oportunidad es propicia para recordar que nuestro país se ha autodefinido Andino- Amazónico, y que la nueva CPE, aprobada por la constituyente y promulgada por el presidente Evo, en su sección IV capitulo VIII, dedicado especialmente a la región, contiene los artículos 390, 391 y 392, por su pertinencia con el espíritu de estas apreciaciones, citamos el 391, en su primer inciso :

I.El estado priorizara el desarrollo integral sustentable de la amazonia boliviana, a través de una administración integral, participativa, compartida y equitativa de la selva amazónica. La administración estará orientada a la generación de empleo y a mejorar los ingresos para sus habitantes, en el marco de la protección y sustentabilidad del medio ambiente.

Ha llegado la hora de desempolvar los pendientes. El estado boliviano debe encarar el problema de la carretera del TIPNIS y otros proyectos desde la lógica superior de plantearse políticas de desarrollo integral sostenible con identidad amazónica, bajo el mandato del capitulo 8 de la CPE, que debe ser activado en plenitud.

No se trata de un proyecto específico, desconectado de otros , sin visión que articule, que trabaje el efecto sinérgico que puede generarse con la sumatoria de esfuerzos nacionales, regionales y locales que pueden y deben estar debidamente concertadas en políticas publicas, sean de estado o de gobierno. La clave del éxito radica en la integración holística.

No hay duda de que hay gente muy buena con preocupaciones auténticas sobre el medio ambiente, a ellos nuestros argumentos y respeto. A los otros, se los mira lagartos, como si estuvieran llorando, no hay que enternecerse, solo son lágrimas de cocodrilo.

(*) Economista, exembajador del Estado Plurinacional de Bolivia en Cuba.