[Entrevista NodalCultura] Josías López, escritor chiapaneco: “Con mi trabajo literario muestro al mundo la riqueza lingüística del tzeltal”

Por Mixar López – Para NodalCultura

 Josías López representa la humildad del lenguaje Tzeltal, la literatura de los cerros, el campo y la honestidad. Una bucólica universal, a pesar de venir de un idioma hablado a voces, o en el peor de los casos, amordazado.

Su narrativa es la de las hortalizas, el zacate, el bejuco, del humo de la leña y el viento de las montañas, historias alborozadas que hablan de la vida misma en los pueblos de México, que nos dialogan de nuestros ancestros y nos recuerdan a los relatos de los abuelos, cuentos que nos narraban antes de dormir, transmitidos a ellos por los mismísimos dioses. La descriptiva de Josías López Gómez es la gramática verdadera, la de la tierra y el maíz, la retórica de la savia.

Nacido en 1959 en Paraje Cholol, municipio de Oxchuc; es licenciado en Etnolingüística y maestro en Lingüística Indoamericana por el Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) en la Ciudad de México, aunque se desempeñó como profesor bilingüe en áreas rurales de Chiapas de 1981 a 2013. Es autor de diversos libros de cuentos, entre los que destacan “Sakubel k’inal jachwinik/La aurora lacandona” (2005), “Spisil k’atbuj/Todo cambió” (2008) y “andSk’op ch’ulelal/Palabra del alma” (2010), así como la novela “Te’ltik ants/Mujer de la montaña” (2011).

Entrevisté a Josías López a través de una correspondencia, me escribió acerca de las lenguas mayenses, del Paraje Cholol, la etnolingüística, sus premios, sus libros y de los escritores mayas zoques.

Josías quiere mostrarle a su gente que es capaz de crear algo nuevo, y le apuesta a la creación literaria —no para ganar presencia, ni visibilidad en el mundo del arte, ni mucho menos para ganar más premios—, sino para algo importante: poner un poco más de fuerza en la lucha por preservar y desarrollar su lengua ancestral, a fin de que dentro de cincuenta años o más, haya un registro de ese empeño por defender y honrar el idioma y la cultural tseltal.

 ¿Por qué el Tzeltal es la forma preferida de los escritores indígenas y hablantes de las lenguas mayenses?

No es la única lengua preferida por los escritores mayas de Chiapas. Existen obras poéticas y narrativas en la lengua tsotsil, chol, zoque, tojolabal.  El libro palabra conjurada: cinco voces y cinco cantos, es una muestra ejemplar de las obras poéticas y narrativas de las letras tseltales, tsotsiles y choles, escritas por nuevos escritores batsil winiketik de Chiapas, jamás antes escuchada. Es una obra que recupera la voz retórica de los pueblos originarios.  

 ¿Qué recuerdas de haber crecido en Paraje Cholol, en el Municipio de Oxchuc?

Muchas cosas, sobre todo la pobreza de mi hogar. Mi casa era una choza embarrada con techo de zacate, amarrado con bejucos y ennegrecido por el humo de la leña, construida en medio de la montaña. De las vigas de madera colgaban mecapales y redes. En el piso de tierra habían canastas de diferentes tamaños, botellas de petróleo, ollas de barro, comales y un metate grande para moler el nixtamal. Mis padres no tenían gran cosa, sólo lo indispensable para sobrevivir. Recogía leña para cocer los alimentos y cazaba ratas de monte, tuzas, conejos para complementar nuestra dieta alimenticia. El uso del ocote para alumbrarse era común. Mis padres se abastecían de agua en pozo de piedra, que en tiempos de calor se secaba, caminaban varios kilómetros para conseguir el vital líquido. Cholol era una comunidad donde nadie leía. Para sobrevivir, todos trabajábamos todo el día en nuestra milpa. Mi madre, que en paz descanse, no perteneció al mundo de las letras y nunca tuvo el gusto de leer algún libro ni garabatear su nombre en una hoja de papel. No por falta de ganas, sino porque nunca tuvo oportunidad para aprender a leer y escribir. No había escuela en Cholol, nuestro gobierno nos tenía abandonado por completo. Jamás escuché de los labios de mi adorada madre la lectura de algún cuento antes de dormir, cuando yo era niño. Sin embargo, tuve la fortuna de oír a mis abuelos contar cuentos, a base de pura memoria, a base de la tradición oral, de la cual soy heredero. Son cuentos inventados por algún ancestro o por un espíritu creador tseltal, que expresan nuestra forma particular de vivir y de concebir el mundo. Las narraciones orales del mundo tseltal no se guardan, se cuentan en los momentos de descanso y trabajo.

 ¿Por qué decidir estudiar etnolingüística?

Nunca pensé estudiar etnolingüística. Anhelé estudiar la carrera de ingeniería civil, pero no tuve la oportunidad, porque mis padres eran mucho más pobres para ocuparse de mis estudios. Me marché a la ciudad de San Cristóbal de Las Casas, a la edad de doce años, cuando apenas había cursado la primaria. No hablaba el castellano, sólo había adquirido un vocabulario reducido, únicamente tenía conocimiento de mi lengua tseltal. Ahí terminé la secundaria y el bachillerato. En 1981 entré a trabajar como promotor cultural bilingüe en educación indígena, ya que en aquellos años no se necesitaba tener título de profesor para ingresar al servicio de educación indígena. Gracias al CIESAS e INI que pusieron en marcha el Programa de Formación profesional de etnolingüística para formar a nivel profesional indígenas procedentes de diversas comunidades indígenas. Me llamó la atención y participé en la segunda generación, comisionado como becario con mi plaza de promotor cultural bilingüe.

 ¿Cuál es el mayor aprendizaje que te ha dado la enseñanza lingüística indoamericana?

Tomar conciencia de la importancia de mi lengua tseltal. Ahora estoy convencido que mi lengua tseltal tiene el mismo valor que cualquier otro idioma en el mundo. No me avergüenzo hablarla, tampoco niego mi origen tseltal, como suele pasar en muchos jóvenes universitarios. En las escuelas donde estudié la primaria secundaria y preparatoria, ningún maestro hablaba el tzeltal, siempre explicaban y preguntaban en español, repetían una y otra vez  que mi lengua indígena no es idioma como el español, sino simplemente un dialecto. Que no se puede escribir, porque no tiene gramática. Estoy convencido que con mi trabajo literario muestro al mundo la riqueza lingüística del tseltal.

 ¿Y como profesor bilingüe en áreas rurales de Chiapas?

Durante 32 años trabajé en la educación indígena, desde maestro de grupo hasta supervisor escolar. Durante esos años recorrí a pie tantas comunidades tseltales, tsotsiles, choles, tojolabales y maya lacandón. Conozco de cerca los efectos de la pobreza que sufren cotidianamente mis hermanos indígenas. Algunos sin tierra para sobrevivir. Viven al día con estrechez.  Trabajar en la educación indígena es una experiencia grata, pero a la vez cruda, porque separa del hogar, de la familia, al pasar más tiempo en la comunidad, sobre todo en la más alejada e incomunicada. Se requería un verdadero espíritu de servicio. Pero se aprende muchas en las comunidades indígenas: de su cultura, de su lengua, de sus tristezas y alegrías. Escuchaba de la gente sus penosos días en los ranchos. Es el mismo testimonio, la misma historia, los mismos abusos,  que corren en las venas de los pueblos mayas.

 Háblame de ‘La Aurora Lacandona’, ese bellísimo libro de cuentos publicado en 2005.

Pues gracias a la amistad que tuve de manera muy particular con los jóvenes lacandones Pepe Chambor y Mario Chankayum, me enseñaron a comprender su mundo y su cultura. Y gracias doy también al maestro José Antonio Reyes Matamoros, que en paz descanse, por su exigencia, por su entusiasmo creativo y por su amor a la literatura maya de Chiapas. Estaré para siempre en deuda con ellos. Escuché en voz viva de los lacandones relatos de la existencia del universo, de la vida y la muerte, de los hombres y animales, de los ritos sagrados, que sólo se habían transmitido oralmente de generación a generación. Los registré y los fui embelleciendo con un lenguaje literario, llenando con los misteriosos aullidos, bramidos, crujidos, que brotaban desde la espesura de la selva. Tan pronto como salió de la imprenta a finales de 2005, lo sostuve amorosamente en mis manos, como me sostuvo mi abuela con sus manos callosas al nacer. Fue mi primer libro individual. Imagínense mi sorpresa al ver impreso.

  ¿Cómo fue ganar el ‘Premio de Narrativa Indígena’ en 2009?

El premio me otorgó el Centro Estatal de Lenguas, Arte y Literatura Indígenas, a través de un concurso, que salió beneficiado mi obra Sk’op ch’ulelal – Palabra del alma.

 ¿Qué trabajo presentaste en el Concurso Literario sobre la “Historia de mi Pueblo”?

Es un escrito de cinco cuartillas. Hablé de la fundación de mi pueblo de Oxchuc de acuerdo a la tradición oral, que aún se guardan en la memoria colectiva de los habitantes del pueblo de Oxchuc. Se dice que mis ancestros tseltales de Oxchuc vinieron del Mayab, guiados por un pájaro, conocido el tseltal como tsumut.  Cuando éste dijo en su melódica voz: Tiwit, tiwit, tiwit, fue la señal que habían llegado a la tierra prometida Yax nichil. Yax nichil es un manantial, donde actualmente está asentada la cabecera municipal.

 ¿Cuál es tu escritor favorito en lenguas indígenas?

Ningún favorito. Leo todas las obras que consigo de autores indígenas, desde luego, con traducciones al español.

 Háblame de la ‘Unidad de Escritores Mayas Zoques’. 

Gracias a la invitación del doctor Jacinto Arias, hombre tsotsil de Chenalhó, impulsor incansable de la escritura de lenguas mayas y zoque de Chiapas, pasé a formar parte de un equipo nuevo de escritores mayas – zoque.  Y fue así como en 1991 nació la Unidad de escritores Mayas Zoque (UNEMAZ), con el proyecto de revitalizar nuestras lenguas a través de la palabra escrita. Para el fortalecimiento de esta asociación civil, se organizaron encuentros estatales, con la participación de los diferentes grupos lingüísticos de la familia maya y zoque de Chiapas. Se programaron talleres de lectoescritura de cada lengua para la unificación del alfabeto, puesto que no todos utilizábamos el mismo abecedario y no todos reconocíamos con precisión los límites de algunas palabras. Una vez emprendida esa tarea, comenzamos a recoger la tradición oral que se guardaba en la memoria de los ancianos, con el propósito de conservarla y difundirla por escrito. Con el esfuerzo de todos se hizo realidad la primera revista multilingüe chiapaneca: Nuestra Sabiduría, en la que se registró el patrimonio cultural de nuestros pueblos en forma bilingüe: lengua indígena – español.  Se pretendía consolidar a esta revista multilingüe como un órgano propio y vehículo cultural, no solo de la Unidad de Escritores Mayas – zoque, sino de nuestros pueblos originarios. Lamentablemente, por falta de recursos económicos y apoyos, que tanto padecemos en México, se dejó de publicar.

Al correr el tiempo, varios de los miembros fundadores de la Unidad de Escritores Mayas Zoque se dispersaron, por múltiples actividades y compromisos individuales y sociales. Los que quedamos seguimos trabajando por nuestra propia cuenta, haciendo un gran esfuerzo para no desaparecer, como sucede con otras organizaciones.

 Céntame de tu trabajo como supervisor escolar de educación indígena en la zona 154, en El Bebedero, Sabanilla, Chiapas.

Fue mi primera experiencia como supervisor escolar de educación indígena. Estuvo bajo mi responsabilidad 80 maestros bilingües de educación primaria y preescolar, mayoritariamente hablantes de la lengua chol. Es la zona más retirada de la región de Tila, donde nadie quiere ir. Trabajé cuatro años en El Bebedero, marcado por la pobreza y  marginación. Caminaba a pie durante seis horas en tiempos de lluvia para llegar a la cabecera municipal, Sabanilla. No es fácil trabajar por ese rumbo, exige un gran esfuerzo y voluntad de servicio.     

 José Antonio Reyes Matamoros dice que usas el final abierto en tus cuentos como una forma de interactuar con los lectores, para completar esas historias y continuarlas, o para interesarse por esa parte de la humanidad llamada mayas tseltales de Oxchuc. ¿Tú qué opinas?

Creo que la historia de los pueblos originaros apenas se empieza a escribir en la propia lengua. Es cierto que existen muchas obras respecto a la cultura, a la vida, al idioma, de los pueblos originarios, pero están escritas en lenguas ajenas. Yo pienso que nuestras historias seguiremos complementando conforme avance nuestro esfuerzo por continuarlas.

¿Qué es lo que necesita la lengua Tzeltal para llegar a otros rincones y que el mensaje llegue más lejos?  

Gracias al trabajo de traducción que hago a la lengua castellana he tenido el privilegio de llegar a buenos lectores, ya que la lengua tseltal no llega tan lejos como es posible con la lengua española. Todos mis trabajos que he publicado son bilingües: tseltal – español.  Desgraciadamente no hablo inglés, si hablara, mis trabajos fueran trilingües. Pienso que sólo así se difundiría más allá mis obras creativas.

 ¿Qué representó para ti el ‘Premio de Literaturas Indígenas’ 2015?

Fue el día 29 de septiembre del 2015, cuando recibí una sorpresiva llamada por vía celular, en la que me dijeron que me otorgaron el Premio de Literaturas Indígenas de América, en su edición 2015. Difícilmente podría yo expresar la emoción que sentí en ese momento. Nunca pensé en un premio cuando empecé a escribir mi lengua materna, es una distinción que jamás había creído posible. Me siento muy estimulado por tal reconocimiento. Imagino que todos los que han recibido un premio comparten esa alegría. Por ello lo acepté con profunda gratitud, con la plena conciencia de lo que vale. Me siento convencido de seguir escribiendo literatura tseltal. Quiero mostrarle a mi gente que soy capaz de crear algo nuevo y le apuesto a la creación literaria, no para ganar presencia visibilidad en el mundo del arte, ni mucho menos para ganar más premios, sino para algo importante: poner un poco más de fuerza en la lucha por preservar y desarrollar mi lengua ancestral, a fin de que dentro de cincuenta años o más, haya un registro de este empeño por defender y honrar el idioma y la cultural tseltal.

 
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