Canal de Panamá: Una fecha imborrable – Por Samuel Lewis Navarro

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El 7 de septiembre de 1977 es una fecha imborrable en el calendario de la historia nacional. Ese día, con la firma de los Tratados Torrijos-Carter, se culmina una lucha generacional por la consolidación de nuestra independencia, así como nuestra nacionalidad, y se abre una nueva etapa de desarrollo con la esperanza puesta en nuestras propias capacidades y en una amplia visión nacional. Podemos decir que la historia nacional tiene un parteaguas con la fecha del 7 de septiembre. Un antes y un después.

En lo personal, esa fecha me trae no solo grandes recuerdos, sino que me mueve a reflexionar sobre todo lo que hubo que luchar durante varias generaciones de panameños por llegar a ese gran final, donde se logra el anhelo nacional de rescatar nuestro Canal, y con ello, nuestra soberanía y autodeterminación.

Tuve el privilegio de estar muy cerca de mi padre, Gabriel Lewis Galindo, en las etapas finales de esta lucha, especialmente en Washington, cuando como embajador de Panamá se propuso impulsar las negociaciones hasta su culminación con la firma de los Tratados Torrijos–Carter. Fue un trabajo arduo, de un amplio equipo negociador que dedicó día y noche todos sus esfuerzos hasta vencer los obstáculos de un tema tan complejo y que generaba tantas emociones en Panamá, en Estados Unidos, así como en muchas partes del mundo.

Uno de esos recuerdos imborrables fue el que me produjo acompañar a mi padre y a mi madre a la presentación de las credenciales diplomáticas ante el presidente Jimmy Carter, recién electo en Estados Unidos. Ese día, en lo que debía ser una corta visita de cortesía, mi padre, rompiendo todos los códigos de protocolo diplomático, le plantea al presidente Carter que su misión no es la de un embajador normal que vendría a pasar algunos años en la ciudad de Washington, sino que traía un mandato del general Omar Torrijos para impulsar la terminación, de una vez por todas, de esos procesos interminables de negociaciones del pasado.

Para sorpresa de todos, incluyendo los funcionarios de la Casa Blanca, la reacción del presidente Carter fue de compromiso inmediato en la búsqueda del mismo objetivo. En ese momento dictó instrucciones para buscar a su equipo estratégico tanto de política como de seguridad nacional para una reunión inmediata. Mientras mi madre y yo hacíamos un recorrido por los salones privados de la Casa Blanca, en la Oficina Oval se llevaba a cabo la primera reunión estratégica con el nuevo Gobierno de Estados Unidos para establecer tiempos y mecanismos para culminar las negociaciones. Ese día esperaban varios embajadores de otros países para la presentación de sus respectivas credenciales. El caos protocolar fue tal, que las delegaciones circularon en las calles internas del complejo por más de una hora y media, tiempo por el que se prolongó esta improvisada reunión. A su conclusión quedó establecido no solo el compromiso del presidente Carter y su equipo por terminar las negociaciones, sino también los tiempos para lograrla. Recuerdo que el término usado por el presidente Carter fue: “Debemos concluir todo antes de que caiga la primera nevada de 1977 en Washington”.

Tengo que resaltar que un asunto fundamental para el éxito de este proceso fue el compromiso de personas extraordinarias que coincidieron en un momento histórico.

Me refiero, por un lado, al presidente Jimmy Carter, político honesto, moral y con un sentido de justicia que no es usual en esas esferas del poder mundial, y por el otro, el general Omar Torrijos, un líder natural que con gran responsabilidad histórica logró unificar el sentir nacional frente a una lucha justa por la reivindicación de tantos panameños que aportaron sus sacrificios y sus vidas por el rescate de nuestros derechos soberanos. La confianza, la química y el compromiso de ambos líderes, con orígenes tan distintos, fue clave para que llegara a feliz término este proceso.

A partir del 7 de septiembre de 1977 se inicia una nueva etapa en la relación entre nuestro pequeño, pero orgulloso país, y la mayor potencia mundial. No fue para nada fácil el proceso de ratificación de estos acuerdos en las cámaras legislativas de Estados Unidos. Tenemos que recordar las expresiones antitratados que se propagaron en Estados Unidos como, a título de ejemplo: “nosotros lo construimos, nosotros lo pagamos, es nuestro”, que incluso llevaron a muchos senadores, congresistas y finalmente al propio presidente Carter a perder en las siguientes elecciones.

Hoy podemos todos los panameños decir con orgullo que no solo somos una nación con una sola bandera, sino que nuestro Canal impacta de manera extraordinaria en el desarrollo nacional. Y no es solo el aporte de los cientos de millones de dólares que ingresan al tesoro nacional todos los años para beneficio de los panameños, sino el carácter estratégico que le da a nuestro territorio frente al resto de las naciones. Esto se lo debemos a todas las generaciones que aportaron grandes esfuerzos y sacrificios para este fin.

Por eso esta fecha es y será por siempre, imborrable en el calendario histórico de nuestro país.

(*) Exvicepresidente de Panamá y exministro de Relaciones Exteriores.

La Prensa