Comparaciones fallidas – Página Siete, Bolivia

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Los deseos de convencer o justificar el pedido al Tribunal Constitucional para que declare la inaplicabilidad de cuatro artículos de la Constitución para permitir una nueva candidatura del presidente Evo Morales llegan hasta lo insólito. Como no es posible sostener una argumentación jurídica razonable, y habiendo, incluso, un resultado electoral en contra (21F), las autoridades, incluido el propio presidente Evo Morales, ensayan argumentaciones diversas.

“Sinceras felicitaciones a la canciller alemana, Angela Merkel, reelecta democráticamente por cuarta vez consecutiva por su pueblo soberano”, y “Pueblos son sabios, reelección garantiza continuidad de proyectos a mediano y largo plazo, Alemania, referencia de desarrollo en el mundo”.

Ambos son tuits de Morales, que al parecer quiso comparar el resultado de la elección parlamentaria alemana con su intento reeleccionista presidencial; algo que inmediatamente causó reacciones críticas.

“Es como comparar peras con manzanas”, dijeron algunos analistas en alusión a las diferencias que existen entre el sistema de elección legislativa como la recientemente registrada en Alemania, y una presidencial como la que corresponde a Bolivia.

Esta instancia (la elección de un primer ministro/a o canciller) no es la misma que se usa para la elección del presidente de Alemania, cuya Constitución permite una sola reelección. Por otro lado, Angela Merkel -cuya victoria personal contrasta con un inusitado crecimiento de la ultraderecha en el Parlamento de su país- no realizó ningún cambio ni enmienda en la Carta Magna para impulsar su candidatura ni realizó un referendo popular para preguntar a sus conciudadanos si le permitían una cuarta reelección, pues quienes la eligen son sus colegas legisladores. Más aún, Alemania es un ejemplo en el mundo de cómo incluso un partido hegemónico impulsa a diferentes candidatos (como sucedió con la Unión Demócrata Cristiana -CDU, que es el partido de Merkel y de cancilleres como Helmut Kohl y Konrad Adenauer). Es decir, se respeta la alternancia, principio fundamental de la democracia.

Pero, el tuit del Presidente en vez de llevar a la mesura, provocó efectos multiplicadores. Su ministro de la Presidencia, René Martínez, declaró que la alternancia democrática en los gobiernos es “un invento teórico de la derecha”, y en otro mensaje por Twitter, señaló que la reelección no puede ser considerada como dictadura.

Son interpretaciones cuestionables; el argumento preparado por el oficialismo para mostrar estas decisiones continuistas como indispensables para el país y para la democracia, no pueden obviar la vigencia de principios democráticos que son universales, están por encima de las ideologías y han sido consensuados y conquistados con esfuerzo.

Alemania es uno de los mejores ejemplos de ello, con una democracia parlamentarista, evita concentrar el poder en una sola persona y aunque un Primer Ministro puede ser reelegido por varios periodos, puede ser asimismo removido si pierde la confianza de los legisladores.

Justamente lo contrario de lo que se pretende instituir en Bolivia. Usar arbitrariamente este ejemplo sin sustento razonable es manipulación.

Finalmente, no hay que perder de vista el talante de ambos líderes políticos. Mientras Merkel muestra un apego absoluto a la ley, Morales se jacta de pedir a sus abogados (y en este caso a los magistrados del Tribunal del TCP) que acomoden la ley y la Constitución a sus intereses particulares.

La comparación desde el punto de vista ideológico también resulta antinatural. El presidente Morales se autoproclama socialista, aunque la categorización sea discutible, mientras que Merkel, como líder de la Unión Demócrata Cristiana, representa los valores democráticos occidentales, aquellos que tanto desprecia el gobierno de Morales, como la independencia de poderes, la libertad de expresión y la vigencia del Estado de derecho.

Una comparación más acertada sería con Daniel Ortega de Nicaragua o Nicolás Maduro de Venezuela, pero con Angela Merkel, no.

Página Siete