Papa Francisco ante víctimas del conflicto armado: “Queridos colombianos: no tengan temor a pedir y a ofrecer el perdón”

‘Colombia, abre tu corazón de pueblo de Dios y déjate reconciliar’

Desde el Parque las Malocas, en Villavicencio, el papa Francisco dio uno de los discursos más esperados durante su visita a Colombia.

En medio del encuentro con quienes han sufrido el conflicto armado en el país, el sumo pontífice unió a las víctimas, a los victimarios y a los colombianos en torno a la sanación y la reconciliación.

“Ustedes llevan en su corazón y en su carne las huellas de la historia viva y reciente de su pueblo, marcada por eventos trágicos pero también llena de gestos heroicos, de gran humanidad y de alto valor espiritual de fe y esperanza”, les dijo Francisco a las víctimas.

El Papa aseguró que el motivo de su visita a quienes han sufrido las consecuencias de la guerra es poder escucharlos y tomar su testimonio de vida, para contar estas historias que aunque están cargadas de sufrimiento y dolor “nos hablan de vida y esperanza; de no dejar que el odio, la venganza y el dolor se apoderen de nuestro corazón”.

A los pies del Crucificado de Bojayá, imagen que el 2 de mayo del 2002 presenció la masacre de decenas de personas que se refugiaban en la iglesia de ese pueblo, en medio de un ataque de las Farc, el Papa continuó con su discurso.

El sumo pontífice aseguró que esa figura, destruida por el ataque de hace 16 años, tiene un fuerte valor simbólico y espiritual. “Al mirarla contemplamos no sólo lo que ocurrió aquel día, sino también tanto dolor, tanta muerte, tantas vidas rotas y tanta sangre derramada en la Colombia de los últimos decenios”, dijo.

La imagen salió el pasado 4 de septiembre desde la Parroquia San Pablo Apóstol de Bellavista, en Bojayá (Chocó) para ser trasladada hasta Villavicencio y recibir la bendición del Papa.

Sobre este crucifijo aseguró que aunque ya no tenga manos, ni su cuerpo, y esté mutilado por los horrores de la guerra, ahora es mucho más importante. “Para nosotros es más Cristo aún, porque nos muestra una vez más que Él vino para sufrir por su pueblo y con su pueblo, y para enseñarnos también que el odio no tiene la última palabra, que el amor es más fuerte que la muerte y la violencia”.

Por eso Francisco hizo un llamado a los colombianos para transformar “el dolor en fuente de vida y resurrección” y aprender “la fuerza del perdón, la grandeza del amor”.

El Papa asegura que escuchar las historias de reconciliación y perdón de las víctimas, le ha llevado a ver que Cristo quiere “Restaurar la paz y la concordancia en esta tierra colombiana”.

El máximo jerarca de la Iglesia Católica continuó con sus palabras, claves para el momento histórico que vive el país ante el fin del conflicto con la guerrilla de las Farc.

Refiriéndose a las palabras de Pastora Mira, una de las víctimas de la violencia en el país, el Papa señaló que con el perdón se logrará romper el ciclo de violencia “que ha imperado en Colombia”.

“La violencia engendra más violencia, el odio más odio, y la muerte más muerte. Tenemos que romper esa cadena que se presenta como ineludible, y eso sólo es posible con el perdón y la reconciliación”, señaló el Santo Padre.

Francisco también aseguró que se siente conmovido por las palabras que dio Luz Dary, también afectada por la violencia, quien dijo que “las heridas del corazón son más profundas y difíciles de curar que las del cuerpo”.

Según el Papa, Luz Dary se ha dado cuenta que “no se puede vivir del rencor, que sólo el amor libera y construye”, transformación que le ha permitido ayudar a otras víctimas en el proceso de reconstruir sus vidas.

El máximo jerarca también les habló a los victimarios, de quienes dijo que –inocentes o culpables- también son víctimas. “Todos unidos en esa pérdida de humanidad que supone la violencia y la muerte (…) También hay esperanza para quien hizo el mal; no todo está perdido. Es cierto que en esa regeneración moral y espiritual del victimario la justicia tiene que cumplirse”, señaló.

Señaló que puede resultar difícil aceptar el cambio de quienes apelaron a la violencia para promover sus fines o proteger negocios ilícitos y enriquecerse, por lo que dijo que “Es un reto para cada uno de nosotros confiar en que se pueda dar un paso adelante por parte de aquellos que infligieron sufrimiento a comunidades y a un país entero”.

El Santo Padre aseguró que en Colombia todavía “hay espacio para la cizaña”, por lo que invitó a los colombianos a estar atentos a los frutos, cuidar el trigo y no perder “la paz por la cizaña”.

“Aun cuando perduren conflictos, violencia o sentimientos de venganza, no impidamos que la justicia y la misericordia se encuentren en un abrazo que asuma la historia de dolor de Colombia. Sanemos aquel dolor y acojamos a todo ser humano que cometió delitos, los reconoce, se arrepiente y se compromete a reparar, contribuyendo a la construcción del orden nuevo donde brille la justicia y la paz”, fue la invitación del Sumo Pontífice.

Finalmente, Francisco invitó a los colombianos a que en el camino de la reconciliación asuman la verdad. “Verdad es contar a las familias desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido con sus parientes desaparecidos. Verdad es confesar qué pasó con los menores de edad reclutados por los actores violentos. Verdad es reconocer el dolor de las mujeres víctimas de violencia y de abusos”.

El Papa terminó su sentida intervención orando por el perdón en el país. “Colombia, abre tu corazón de pueblo de Dios y déjate reconciliar. No temas a la verdad ni a la justicia. Queridos colombianos: No tengan temor a pedir y a ofrecer el perdón”, aseguró.

El Tiempo


Cuatro testimonios de una guerra fratricida

Deisy Sánchez Rey, una mujer que fue reclutada por las Autodefensas a los 16 años. Juan Carlos Murcia Perdomo, quien permaneció por 12 años en la guerrilla. Pastora Mira García, viuda y en varias ocasiones víctima de la violencia. Y Luz Dary Landazury, víctima de la explosión de un artefacto en Tumaco. Ellos fueron los escogidos para contar sus conmovedoras historias al Papa Francisco, durante el Gran Encuentro de Oración por la Reconciliación Nacional, que se realizó este viernes en el Parque Las Malocas de Villavicencio. Estos son sus testimonios previos.

• ‘Pido al Señor, y a usted, Santo Padre, que rece para que los victimarios se dignifiquen a sí mismos, y a las víctimas’

Deisy Sánchez Rey, reclutada para las Autodefensas Unidas de Colombia, procedente de Barrancabermeja (Santander):

“A los 16 años fui reclutada por mi hermano para las Autodefensas Unidas de Colombia. Por tres años abracé las armas, desempeñándome sobre todo en las comunicaciones, hasta cuando fui arrestada.

“Después de más de dos años de cárcel, quería cambiar de vida, pero las AUC me obligaron a entrar nuevamente en sus filas, donde permanecí hasta cuando se desmovilizó el Bloque Puerto Boyacá, del cual era integrante.

“En mi familia no todos son católicos, pero personalmente permanecí cercana a la Iglesia, y en la Eucaristía dominical encuentro ahora consuelo y una orientación para el futuro. He comprendido, por ejemplo, aquello que ya sentía desde hacía tiempo, o sea que yo misma había sido una víctima y tenía necesidad de que me fuese concedida una oportunidad.

He aceptado también que era justo que aportase a la sociedad, a la cual había hecho daño gravemente en el pasado. Así, decidí estudiar sicología y ahora aporto al trabajo con población víctima de la violencia y ayudo profesionalmente a jóvenes vulnerables y personas adultas en rehabilitación por consumo de sustancias sicoactivas.

Pido al Señor, y a usted, Santo Padre, que rece para que los victimarios se dignifiquen a sí mismos, y a las víctimas, dándoles la cara, mostrándose disponibles a saldar sus deudas con la justicia y a contribuir positivamente a la sociedad que han lacerado”.

• ‘Puedo pedir así una vez más perdón, mi corazón se desahoga y me siento más libre’

Juan Carlos Murcia Perdomo, quien permaneció por 12 años en las Farc, procedente del Caquetá:

“Cuando me reclutaron tenía dieciséis años. Después de poco tiempo, perdí la mano izquierda, manipulando explosivos. Al inicio colaboré con convicción en la causa de la revolución. Así, fui promovido a comandante de escuadra, con la tarea de acercarme a la población para ilustrarla sobre la doctrina de nuestro grupo alzado en armas.

Con el tiempo, sin embargo, me sentí frustrado y utilizado. Al mismo tiempo, sentía una ansiosa nostalgia por mis padres, de los cuales me habían obligado a perder cualquier rastro.

A pesar de que me enseñaron que el único verdadero Dios son las armas y el dinero, no perdí del todo la fe, y Dios me hizo comprender que la violencia no es verdad y que debía salir de la selva más profunda, la de mi corazón esclavizado por el mal, si quería vivir feliz.

Percibía que la verdadera revolución traía consigo, ante todo, que asumiera la verdad sobre mí mismo, como también la aceptación de las obligaciones de la justicia respecto a mí y la demostración de que definitivamente he cambiado.

De este modo nació Funddrras, una fundación para el desarrollo del deporte: al inicio doce, y ahora setenta jóvenes, a quienes, a través del deporte, ayudo a no ser reclutados ni por las armas ni por las drogas.

Ellos me han enseñado muchas cosas y yo he buscado trasmitirles a ellos la pasión por la verdad y la libertad. Con esta misma pasión, he aceptado dar hoy mi testimonio. Puedo pedir así una vez más perdón, mi corazón se desahoga y me siento más libre”.

• ‘Pongo este dolor y el sufrimiento de las miles de víctimas de Colombia a los pies de Jesús Crucificado’

Pastora Mira García, católica, viuda y, en varias ocasiones, víctima de la violencia:

“Cuando tenía seis años, la guerrilla y los paramilitares no habían llegado todavía a mi pueblo: San Carlos, Antioquia. Mi padre fue matado. Años más tarde, pude cuidar a su asesino, quien, en ese momento, se había enfermado, era ya anciano y estaba abandonado.

Cuando mi hija tenía solo dos meses, mataron a mi primer marido. En seguida, entré a trabajar en la inspección de policía, pero tuve que renunciar por las amenazas de la guerrilla y los paramilitares, que se habían instalado en la zona.

Con muchos esfuerzos logré montar una juguetería, pero la guerrilla empezó a cobrarme vacunas, por lo cual terminé regalando las mercancías.

En 2001, los paramilitares desaparecieron a mi hija Sandra Paola; emprendí su búsqueda, pero encontré el cadáver solo después de haberla llorado por siete años.
Todo este sufrimiento me ha hecho más sensible al dolor ajeno y, a partir de 2004, trabajo con las familias de las víctimas de desaparición forzada y con los desplazados.

¡Pero no todo estaba aún cumplido! En 2005, el Bloque Héroes de Granada, de los paramilitares, asesinó a Jorge Aníbal, mi hijo menor. Tres días después de haberlo sepultado, atendí, herido, a un jovencito y lo puse a descansar en la misma cama que había pertenecido a Jorge Aníbal.

Al salir de la casa, el joven vio sus fotos y reaccionó contándome que era uno de sus asesinos y cómo lo habían torturado antes de matarlo. Doy gracias a Dios que, con la ayuda de Mamita María, me dio la fuerza de servirle sin causarle daño, a pesar de mi indecible dolor.

Ahora coloco este dolor y el sufrimiento de las miles de víctimas de Colombia a los pies de Jesús Crucificado, para que se una al suyo y, a través de la plegaria de Su Santidad, sea transformado en bendición y capacidad de perdón para romper el ciclo de violencia de las últimas 5 décadas en Colombia.

Como signo de esta ofrenda de dolor, depongo a los pies de la cruz de Bojayá la camisa que Sandra Paola, mi hija desaparecida, había regalado a Jorge Aníbal, el hijo que me mataron los paramilitares. La conservamos en familia como auspicio de que todo esto nunca más vaya a ocurrir y la paz triunfe en Colombia.

Dios transforme el corazón de quienes se niegan a creer que con Cristo todo puede cambiar y no tienen la esperanza de un país en paz y más solidario”.

• ‘Doy gracias a Dios por haber comprendido que ayudar a los demás no es tiempo perdido’

Luz Dary Landazury, víctima de la explosión de un artefacto en Tumaco:

“El 18 de octubre del 2012, la explosión de un artefacto puesto por la guerrilla en los alrededores de Tumaco, en el Pacífico colombiano, acabó irremediablemente con mi talón de Aquiles, fracturó mi tibia y el peroné y puso en riesgo de amputación mi pierna izquierda. Las esquirlas provocaron decenas de heridas en mi cuerpo.

De aquel día recuerdo solo los gritos de la gente y que había sangre por todas partes. Lo que más me aterrorizaba era la suerte de Luz Ariana, mi niña de siete meses: ella estaba cubierta de sangre y en su rostro se le habían incrustado innumerables pedazos de vidrio. Ahora Luz Ariana está bien y yo me he recuperado lentamente, gracias a Dios, a través de la Diócesis de Tumaco.

Hoy deseo ofrecer a Cristo crucificado la única muleta que me queda después del atentado y que he usado para la recuperación. La segunda la he regalado a otra víctima, que la necesitaba urgentemente.

Aquella bomba es como si hubiera estallado también dentro de mi corazón, para permitirme curar las heridas mucho más profundas que aquellas de la piel. Al inicio sentía rabia y rencor, pero después he descubierto que, si me limitaba a transmitir este odio, creaba más violencia todavía.

He entendido que muchas víctimas tenían necesidad de descubrir, por medio de mi experiencia, que tampoco para ellas había terminado todo y que no se puede vivir del rencor.

Así he comenzado a visitarles y a ayudarlas, me he preparado para enseñar a prevenir el riesgo de accidentes por los millones de minas sembradas en nuestro territorio, y ahora me siento mejor. Doy gracias a Dios por haber comprendido que ayudar a los demás no es tiempo perdido, sino que me enriquece”.

Presidencia de Colombia


“La sociedad no sólo se hace con los ‘purasangres’”: papa Francisco

Cinco minutos antes de la hora prevista inicialmente para su llegada, el papa Francisco ya se encontraba descendiendo de su papamóvil para disponerse a pisar, por primera vez, la residencia presidencial. A las 8:55 de la mañana, el jefe de Estado, Juan Manuel Santos, acompañado de la primera dama, María Clemencia Rodríguez de Santos, recibió al máximo jerarca de la Iglesia católica en su segundo día como visitante insigne en el país. Se trataba de un momento protocolario entre el santo padre y las autoridades políticas y religiosas que, sin embargo, se fue desdibujando con el paso del tiempo. Mientras Francisco se acercaba a la puerta principal del Palacio presidencial, varios testigos espontáneos se lanzaron, literalmente, a sus pies y brazos para recibir la bendición del más importante representante de Dios en la tierra.

Fiel a los valores propios del catolicismo, el papa se detuvo para acoger las súplicas de las personas que, desesperadas, buscaban una bendición y, por qué no, un milagro para buscar la sanación de las más graves enfermedades. Fue el caso de Jaqueline, madre de Santiago, un menor de 15 años que padece de epidermólisis ampollar, conocida también como piel de cristal o piel de mariposa. “Me abrazó y me dio un beso en la frente”, contó Santiago a El Espectador, tras confesarse afortunado al tenerlo tan cerca. “Y sé que nos trae el mensaje de paz, de amor y de estar tranquilos bajo la protección de Dios”, relató.

Es el mismo caso de Paola Quiñones, otra de las madres que se acercaron al máximo jerarca del catolicismo. Ella le pidió por la salud de su hijo Juan Manuel, quien desde que nació sufre de una parálisis cerebral. “Todas las mamás estábamos buscando ese milagro: acercarnos al santo padre para conseguir la bendición y la sanidad”, dice Paola. Y así se cuentan alrededor de una decena de casos similares recogidos por el papa durante el trayecto hacia el atril donde, minutos más tarde, pronunciaría su primer discurso desde su arribo a Colombia. “Este encuentro me ofrece la oportunidad para expresar el aprecio por los esfuerzos que se hacen, a lo largo de las últimas décadas, para poner fin a la violencia armada. En el último año, ciertamente, se ha avanzado de modo particular. Los pasos dados hacen crecer la esperanza, en la convicción de que la búsqueda de la paz es un trabajo siempre abierto, una tarea que no da tregua y que exige el compromiso de todos”, dijo el papa Francisco.

Y la paz, cómo no, era el eje central de su visita. Esa había sido su condición para visitar el país: con un Acuerdo Final pactado con la guerrilla más grande del continente, el papa Francisco se aprestaría a visitar Colombia para “enseñar sobre paz”, según sus palabras. Por eso, esta vez autodefinió su discurso como una voz de aliento para avanzar en los pactos políticos que permitirán la inclusión de los grupos que han anunciado su intención de reinsertarse a la vida civil, pero, además, de superar las diferencias que tienen sumido al país en un mar de polarización. “A pesar de los distintos enfoques sobre la manera de lograr la convivencia pacífica, se debe persistir en la lucha para favorecer la cultura del encuentro”, dijo Francisco, y advirtió que los avances en torno a la paz de Colombia no deben derivar en un “deseo de venganza y búsqueda de intereses sólo particulares”, sino, por el contrario, tender puentes de reconciliación.

Bajo esa perspectiva, recordó que una sociedad no se gobierna únicamente con los de “purasangre”, sino también con aquellos que son excluidos y marginados por la propia sociedad. “Todos somos necesarios”, dijo el papa, tras memorar y reflexionar sobre algunas palabras del Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, en su libro Cien años de soledad. “Es mucho el tiempo pasado en el odio y la venganza. La soledad de estar siempre enfrentados ya se cuenta por décadas y huele a cien años. Y quise venir hasta aquí para decirles que no están solos, que somos muchos los que queremos acompañarlos en este paso; este viaje quiere ser un aliciente para ustedes, un aporte que en algo allane el camino hacia la reconciliación y la paz”.

El anfitrión de la visita, el presidente Santos, acogió con regocijo la presencia del sumo pontífice, pidiéndole la bendición de los colombianos ante el reconocimiento tácito de que al papa, en efecto, lo recibió un país dividido. “Nos falta dar ese paso renovador, el más importante de todos: el de la reconciliación. De nada vale silenciar los fusiles si seguimos armados en nuestros corazones”, fueron las palabras del primer mandatario quien, poco tiempo después, sostuvo un encuentro privado con Francisco. Allí le entregó los cuatro regalos con los que se irá el papa el próximo domingo (un rosario, una mochila arhuaca, una escultura en forma de paloma y la representación de una niña de barro). En respuesta, y antes de salir hacia la Plaza de Bolívar, el papa le entregó a Santos una escultura de plata con escenas del Vía Crucis.

Directo a la juventud
En la Plaza de Bolívar lo esperaban desde mucho más temprano. Delegaciones y jóvenes de todo el país caminaban las calles del barrio La Candelaria y alrededor de las 6:30 a.m. iniciaron su ingreso. Francisco llegó en el papamóvil, proveniente de la Casa de Nariño, en medio de la algarabía de unos 22.000 jóvenes congregados en un escenario tan histórico en las peores épocas del conflicto como en los nacientes tiempos de la paz.

Dio una vuelta completa al recinto, muy de cerca a los feligreses, hasta llegar a la puerta de la Catedral Primada de Bogotá para sostener, en su interior, una reunión con las autoridades de la religión católica en el país. Después de una media hora, Francisco se asomó por la ventana central del Palacio Cardenalicio y desde allí les habló directamente a ellos, a los jóvenes. “Para mí siempre es motivo de gozo encontrarme con los jóvenes (…) Tienen una sensibilidad especial para reconocer el sufrimiento de otros, pero también puede suceder que hayan nacido en ambientes donde la muerte, el dolor, la división han calado tan hondo que los hayan dejado medio mareados, como anestesiados: dejen que el sufrimiento de sus hermanos colombianos los abofetee y los movilice”, dijo Francisco.

La plaza, de cuando en cuando, rompía en aplausos que apagaban la suave voz del papa. Por eso él esperaba paciente a que la eufórica juventud cesara sus gritos y aplausos para seguir con su discurso dialogado. Y continuó: “También vuestra juventud los hace capaces de algo muy difícil en la vida: perdonar. Perdonar a quienes nos han herido; es notable ver cómo no se dejan enredar por historias viejas, cómo miran con extrañeza cuando los adultos repetimos acontecimientos de división simplemente por estar atados a rencores”.

Los aplausos lo despidieron cuando dio la espalda al terminar su discurso en una plaza repleta y la lluvia lo recibió al momento de su llegada al parque Simón Bolívar, donde estuvieron unas 700.000 almas para celebrar lo que una gran mayoría puede hacer pocas veces en la vida: una misa con el papa. Durante la homilía, Francisco les dijo a los feligreses que en Colombia había “multitudes anhelantes de una palabra de vida, que ilumine con su luz todos los esfuerzos y muestre el sentido y la belleza de la existencia humana”.

Pero también que permanecen las tinieblas de la injusticia y la inequidad social, corruptoras de los intereses personales o grupales, que consumen de manera egoísta y desaforada lo que está destinado para el bienestar de todos (…) del irrespeto por la vida humana que siega a diario la existencia de tantos inocentes, cuya sangre clama al cielo; las tinieblas de la sed de venganza y del odio que mancha con sangre humana las manos de quienes se toman la justicia por su cuenta; las tinieblas de quienes se vuelven insensibles ante el dolor de tantas víctimas”.

El papa deja su agenda en Bogotá para continuar su visita en Colombia, este viernes, en Villavicencio. En esa ciudad se encontrará con unas 7.000 víctimas y, a la luz de la realidad del país, es el evento más importante al que asistirá el máximo jerarca de la Iglesia católica a repartir su mensaje de reconciliación, de movilización y perdón.

El Espectador

‘El Papa fue clave para no tirar la toalla en búsqueda de la paz’

El papa Francisco llega este miércoles a Colombia con el mensaje de dar el “primer paso” en el camino de la “reconciliación” tras la firma del acuerdo de paz con las Farc, momento en que el presidente Juan Manuel Santos le confesó a EL TIEMPO que el pontífice fue clave “para no tirar la toalla” durante muchos momentos difíciles de la negociaciones con esa guerrilla.

El Papa llega este miércoles y su visita está enmarcada en el tema de paz. ¿Qué significa eso?

El Papa ha sido una persona que nos ha alentado y estimulado para perseverar en la búsqueda de la paz, él es un convencido, como lo debemos ser todos los seres humanos, de que la paz es el objetivo más noble de cualquier sociedad. Él siempre estuvo estimulándonos y a mí en las visitas que le hice siempre me decía: ‘siga para adelante, no vaya a desfallecer’.

Ahora comienza una fase para la construcción misma de la paz, eso no se hace de la noche a la mañana, eso requiere de mucho trabajo, mucha voluntad y que estemos todos unidos y, sobre todo, reconciliados. La construcción de la paz es como la construcción de una catedral: hay que hacerla ladrillo por ladrillo y se va a demorar, tiene que tener unos cimientos sólidos y uno de esos cimientos es la reconciliación y el Papa viene –el nombre no lo puso el Gobierno colombiano, lo puso el Vaticano– a dar el primer paso, así se llama su visita: el primer paso hacia la reconciliación. Que esta sociedad aproveche lo que se nos está abriendo como oportunidades y una condición fundamental para poder aprovechar es que nos reconciliemos, que dejemos atrás los odios, los prejuicios, y que podamos perdonar y respetar las diferencias y trabajar juntos.

El Papa confesó en una ocasión que oraba por usted para que lograra la paz. ¿Siente que él fue definitivo para conseguirlo?

Sí, lo que me dijo –cuando lo fui a visitar la segunda vez– fue: ‘Por pocas personas he orado más que por usted últimamente’, y yo dije: ‘Debo estar en problemas serios’, pero fue un gran estímulo.

Sentía que era una fortaleza…

Sí, y cada vez que yo lo escuchaba en sus diferentes intervenciones haciendo mención al proceso de paz yo sentía como una señal de ¡siga para adelante, persevere!, y eso, por supuesto, fue muy importante para no tirar la toalla en tantos momentos difíciles.

La Conferencia Episcopal dijo que aspiraba a que la visita del Papa sirviera para eliminar la polarización… ¿Se logrará?

Pues ojalá podamos reflexionar sobre los efectos tan negativos de esta polarización. La polarización paraliza, estanca, no deja ver las cosas en sus debidas proporciones, por eso yo aspiraría a que ese llamado del santo padre a la reconciliación incluya esa polarización política, que nos hace tanto daño y que no conduce a nada.

¿Están lejos de reconciliarse usted y Uribe?

Pues por mi lado no, yo lo he dicho muchas veces y le he enviado muchas señales: para usted y para mí, en nuestra vejez, esta pelea no tiene ningún sentido. Lo que más le convendría al país es que usted y yo, que trabajamos juntos, que pensamos en muchas cosas igual y en otras diferentes, pero que esas diferencias las podemos respetar; demos un ejemplo de poder reconciliarnos y lo he ensayado en muchas oportunidades, le he enviado muchos mensajes y ojalá eso se pueda dar. Por mi lado estoy más que dispuesto.
¿Está previsto un encuentro suyo con Uribe con motivo de la venida del Papa?

No, no hay nada planeado en ese sentido. Desde mi lado no creo que el Papa esté dispuesto a eso en este momento. No está en la agenda.

¿El Gobierno ha hecho alguna gestión para eso?

Si no encuentro respuesta positiva a los mensajes que he enviado en muchas formas y en muchas ocasiones, entonces qué propósito habría de tratar de buscar eso que no funcionó, infortunadamente, cuando el propio Papa nos reunió.

En Medellín, en una de las misas con el Papa usted va a ir y también el expresidente Uribe, de pronto se van a ver…

Si nos vemos tenga la seguridad de que yo le estrecho la mano y lo saludo con cordialidad.

¿El tema de Venezuela está en la agenda con el Papa?

No está en la agenda. La BBC me preguntó si íbamos a hablar de Venezuela y les dije que posiblemente, porque ese tema se ha vuelto asunto obligado para cualquier encuentro de cualquier mandatario.

¿La visita del Papa podrá ser la oportunidad para lograr una salida negociada en Venezuela?

Lo hemos dicho muchas veces: Colombia está más que dispuesta en servir en la condición que se requiera, pero para eso se necesita que las dos partes lo soliciten. Hemos hecho muchos esfuerzos, muchas reuniones, promovido grupos, pero infortunadamente esto no ha funcionado. Seguimos dispuestos, porque una solución a la crisis venezolana nos interesa.

Si usted le pudiera decir al Papa que envíe un mensaje que ayude a Colombia, ¿qué mensaje sería?

Yo creo que el mensaje que nos va a dar de sembrar la semilla de la reconciliación es lo más importante para que esta paz realmente pueda florecer y crecer en una forma sana. Un país reconciliado. Si lográramos esa reconciliación y aprovechamos esa oportunidad, este país no lo detiene nadie. Tenemos que ver con ojos más positivos, no ser tan críticos, tan negativos en lo que está sucediendo en el país; por supuesto que tenemos muchos problemas y desafíos, yo me he equivocado como Presidente muchas veces, pero hemos avanzado y estamos avanzando en la dirección correcta.

Se logró un acuerdo para el cese del fuego con el Eln, ¿está hoy creyendo más en la decisión de paz de esa guerrilla?

El Eln nunca había firmado un cese del fuego. Este paso me parece muy importante. El cese del fuego nos genera unas obligaciones, nos estimula a seguir construyendo dentro del proceso, ya hay un camino despejado sobre lo que se ha hecho con las Farc. Soy optimista en el sentido de que en este primer paso, si lo aprovechamos bien, las dos partes podemos seguir avanzando y eso sería lo mejor para Colombia.

Hay quienes dicen que es el primer milagro del Papa…

Pues podríamos interpretarlo así, creo que es una gran noticia para el Papa también.

¿Influyó la venida del Papa para que el Eln se dispusiera a firmar un acuerdo?

Creo que sí, el hecho de que el Papa viniera y poderle dar esa noticia creo que influyó.

Estamos entrando en un año electoral complejo, ¿hay tiempo para avanzar con el Eln?

Yo no veo por qué se van a confundir las campañas presidenciales con el avance del proceso con el Eln, yo trataría de separar eso en dos carriles. Inclusive, le confieso una cosa: no me voy a meter en la campaña, tomé la decisión de estar por encima de esas controversias políticas y dedicarme a terminar mucho de lo que nos falta por hacer y a tratar de empujar la paz. Por un lado cumplir con los acuerdos de las Farc y por otro lado avanzar con el Eln.

Usted firmó el acuerdo con las Farc, se ganó el Premio Nobel de Paz y acaba de convenir un cese bilateral del fuego con el Eln. ¿Qué más va a hacer el año que le queda?

Voy a trabajar para seguir dando resultados, tenemos muchas necesidades, nos falta mucho camino por recorrer, hay que consolidar la paz, cumplir con los acuerdos. Hay que seguir luchando para reducir la pobreza, hay que seguir desarrollando la infraestructura, la educación, la salud.

El Tiempo


Discurso completo del papa Francisco ante las víctimas del conflicto armado