Restauración en bosques andinos: evolución y retos en cuatro países de América del Sur

Por Milton López Tarabochia.

La restauración ecológica de los bosques andinos encaja en cada país como cuando se diseña un traje en el sastre: tiene que ser a la medida de la realidad. El desarrollo de esta técnica para recuperar el espacio boscoso debe respetar el ecosistema donde se desarrolla e ir en concordancia con el modo socioeconómico que la comunidad local decida. Esa es una de las conclusiones del estudio titulado “La restauración de bosques andinos tropicales: Avances, desafíos y perspectivas del futuro”, que analiza la historia, situación actual y desafíos de las estrategias relacionadas a la recuperación de los bosques en los Andes tropicales.

El estudio abarca los bosques andinos de Colombia, Bolivia, Ecuador y Perú. Los especialistas que participaron proceden de instituciones como el Centro de Investigación Forestal Internacional (CIFOR, por su sigla en inglés), y el Programa Bosques Andinos, que incluye al Consorcio para el Desarrollo Sostenible de la Ecorregión Andina (Condesan) y HELVETAS Swiss Intercooperation.

Mongabay Latam entrevistó a Manuel Peralvo, coautor de la investigación y especialista de Condesan, para entender la definición precisa de la restauración ecológica en bosques andinos. “La noción de restauración ecológica corresponde al proceso de ayuda a la recuperación de un ecosistema que ha sido degradado, afectado o destruido. Algo de confusión sucede cuando la definición se utiliza para prácticas que tienen otros objetivos de manejo: por ejemplo, recuperar la fertilidad del suelo, control de erosión, entre otros fines. Otras prácticas corresponden al concepto de rehabilitación, donde el objetivo de manejo se enfoca en cierta función o conjunto de funciones y no en recuperar todo el ecosistema”, detalló el también ingeniero geógrafo ecuatoriano.

Entre las causas que producen la degradación del ecosistema de los bosques andinos tropicales de Perú, Colombia, Bolivia y Ecuador están la deforestación, el uso no sostenible de recursos forestales maderables y no maderables, y el cambio climático, agregó Peralvo.

Las actividades que degradan los bosques andinos de América del Sur son un peligro para los numerosos beneficios que producen este tipo de bosques para el ambiente y la población humana dice a Mongabay Latam, Gabriel Quijandría, director regional para Colombia, Perú y Ecuador de Conservación Estratégica (CSF, por sus siglas en inglés).

“Con la restauración de los bosques se combate el proceso de desertificación, se ayuda a la adaptación de poblaciones frente al cambio climático, se asegura la diversidad biológica e incluso con la reforestación se disminuye la emisión de carbono. No hay pierde por ningún lado”, manifestó Quijandría.

Colombia: trayectoria destacada

La investigación resalta el desarrollo y la trayectoria de Colombia en la restauración ecológica. Esta práctica nació en el país a mitad del siglo XX y se centraba en la recuperación de ecosistemas boscosos para la protección de cuencas hidrográficas.

El valor que se da al ambiente tuvo como uno de sus puntos de apoyo su inclusión en la nueva Constitución Política de Colombia de 1991, lo que permitió que con esa base legal se emitieran posteriores políticas con el objetivo restaurar ecosistemas degradados y proteger a las especies amenazadas.

Uno de los documentos que nació de esas políticas ambientales fue el llamado Plan Verde, como parte del programa de Gobierno.

El Plan Verde era multisectorial porque no estaba exento del factor sociopolítico. Se tenía como objetivo la recuperación de microcuencas de zonas campesinas pobres relacionadas a los inicios del proceso de paz con grupos armados durante el período del presidente Andrés Pastrana entre 1998 y 2002.

Además de ello, el Plan Verde sentó bases para la posterior creación del Plan Nacional de Restauración y Asignación de Compensaciones por Pérdida de Biodiversidad, y el Plan Nacional de Desarrollo Forestal. También hubo otros programas nacionales y distritales que promovieron la restauración a partir del año 2000. Para el 2012 como mínimo se habían iniciado o ejecutado 185 proyectos de restauración de ecosistemas terrestres.

“De una muestra de 119 de estos proyectos, para los cuales se contaba con información suficiente, se estimó que el 77 % habían sido iniciados y financiados por entidades de Gobierno; la gran mayoría en bosques andinos, obedeciendo a un interés por la protección del recurso hídrico”, se cita en la investigación científica.

Otros aliados importantes en restauración ecológica en el caso colombiano son las organizaciones no gubernamentales (ONG) y la Academia, como el Instituto de Investigación en Recursos Biológicos Alexander von Humboldt.

Perú y Ecuador: situaciones similares

En el caso de Ecuador la restauración ecológica se remonta a la década de 1980, cuando comenzó un proceso de erradicación de especies exóticas que degradaban el ecosistema de las islas Galápagos, según el estudio. En 1990 cuando se hace un llamado a la preservación de los bosques andinos, pero considerando las necesidades productivas de los campesinos y las realidades de los paisajes andinos.

Es recién en la Codificación No. 17 del 2004 de la Ley Forestal y de Conservación de Áreas Naturales y Vida Silvestre que se menciona el término restauración en sentido ambiental. Un punto importante es que para la restauración de bosques andinos ecuatorianos, la “investigación ha sido propiciada primordialmente desde el sector académico norteamericano y europeo, con participación activa de investigadores ecuatorianos”, según el estudio.

Si bien algunas ONG han realizado ensayos de restauración, indica el artículo, no existe la práctica permanente de documentación y divulgación de las acciones realizadas o de los resultados a mediano o largo plazo en restauración ecológica, por lo que no se puede calcular cuánto hasta ahora se ha restaurado.

Uno de los programas más importantes en restauración de Ecuador fue el Programa Socio Bosque, el cual fue ampliado por el Ministerio del Ambiente en 2011, aunque nació años antes. Dicho programa consistía en la rehabilitación ecológica de la cobertura boscosa con la plantación de árboles en sistemas agroforestales.

El Plan Nacional de Forestación y Reforestación de 2013 ordenó una partida presupuestal de 9,2 millones de dólares para restauración para Socio Bosque. Ecuador reporta haber restaurado 42 205 hectáreas entre los años 2011 y 2013 con esta modalidad.

El proceso del Perú también inicia en la década de 1980 y las primeras nociones de restauración ecológica estuvieron relacionadas con la agricultura y el agua. En esa década se creó el Programa Nacional de Manejo de Cuencas Hidrográficas y Conservación de Suelos (Pronamachs) del Ministerio de Agricultura. El programa tenía como fin, mediante la reforestación, recuperar el ambiente ecológico y mejorar la producción agrícola.

Esa iniciativa tuvo resultados importantes como la reforestación de unas 300 000 hectáreas entre 1992 y 1996 con la meta de mejorar la infiltración del agua al suelo y el suministro de recursos maderables.

De acuerdo a la investigación, es recién en el inicio del siglo XXI que se usa el término restauración ecológica y la Ley Forestal y de Fauna Silvestre del año 2000 es el primer documento que lo menciona. Luego, vinieron otros documentos que continuaron la línea de la restauración ecológica, como el Plan Nacional de Reforestación, los Planes para la Prevención y Control de la Deforestación y la Prevención y Control de Incendios y Plagas Forestales. La nueva ley forestal del 2011 también incluyó el término restauración, que sigue vigente hasta ahora.

Las ONG son un agente importante en restauración ecológica en el caso peruano, según el estudio. Un ejemplo es el ensayo de técnicas de restauración a lo largo del gasoducto transandino de 408 km que conecta los campos de extracción de gas natural de Camisea con la planta de Pampa Melchorita en Perú. Aquí el Centro para la Educación para la Conservación y la Sostenibilidad del Instituto de Conservación Biológica del Instituto Smithsoniano intervino esta zona para reparar las intervenciones originadas durante la construcción del gasoducto.

Otro ejemplo emblemático en el Perú es el de la reforestación en zonas degradadas por la minería de oro en la región de Madre de Dios. Lo particular de esta iniciativa es que se usaron especies arbóreas nativas del lugar. Mongabay Latam conversó en una entrevista pasada con el director científico del Centro de Innovación Científica Amazónica (Cincia), Francisco Román, encargado del proyecto, quien señaló que si bien no se puede volver al bosque original, “lo que se puede es tratar de recuperar la estructura, el funcionamiento y la composición del bosques para que pueda sostenerse por sí solo con el tiempo”, afirmó.

Según Quijandría, hasta el momento “en Perú se ha restaurado 3,2 millones de hectáreas de bosques. Aunque parezca mucho, es muy poco. Los gobiernos regionales y autoridades locales no tienen capacitación en el tema y por eso el desarrollo de estas prácticas crece a ritmo lento”.

Un ejemplo en el cambio de estrategias del aprovechamiento de los bosques andinos de forma sostenible, dice Gabriel Quijandría —quien también fue viceministro de Desarrollo Estratégico de los Recursos Naturales del Ministerio del Ambiente peruano— es con el café.

“A diferencia de Colombia que hizo marca país con este producto por las grandes cantidades industriales que exportaba, el Perú escogió el tema de la calidad en vez de la cantidad. A Colombia le afectó mucho la deforestación de sus bosques por el café”, advirtió el experto.

Bolivia: un largo camino por recorrer

Bolivia es el país con la situación más modesta respecto al desarrollo de la restauración de bosques andinos, según la investigación. No existe el término de restauración ni recuperación en su Ley Forestal. Las iniciativas que existen son de los últimos 15 años y provienen del sector académico y las ONG.

Sin embargo, el vocablo “restauración” sí es considerado, pero para promover otro tipo de actividades como la agricultura y el manejo del agua. Así lo demuestra su Plan Nacional de Cuencas. Esa línea también la continuó la nueva Constitución Política del Estado del 2009.

Mongabay Latam entrevistó a Verónica Gálmez, coordinadora de incidencia del Programa de Bosques Andinos en Helvetas, quien señaló que la excepción de Bolivia se debe a un factor gubernamental. “En el caso boliviano, es desde el Estado que se restringe o se deja de promocionar la investigación para la restauración ecológica de los bosques andinos para favorecer otras actividades. Debe haber un cambio en ese sentido. Prestar más atención a los bosques como ecosistema”, respondió.

¿Por qué hay poco interés en los bosques andinos?

Para Gálmez hay poco interés en el ecosistema andino tropical por parte de los gobiernos porque se presta más atención a ecosistemas de tierras bajas, es decir, a las amazónicas. “Imagino que porque abarcan una mayor extensión y son más visibles. Por ese poco interés también se canaliza menos financiamiento desde la cooperación internacional. De esa forma se ignora que los bofedales altoandinos almacenan gran cantidad de carbono, además de que las cabeceras de cuenca son fuente de agua para los cultivos”, informó.

Gabriel Quijandría de CSF comentó que los gobiernos latinoamericanos deben empezar a ver a los bosques como ecosistema y no solo como espacios para la agricultura y la ganadería. “Se deben promover actividades de restauración ecológica. Además no se trata de una política solo ambiental, la restauración debe ir de la mano con iniciativas sostenibles que aseguren la calidad de vida de la población local. La restauración y conservación de bosques andinos son también una gran oportunidad de desarrollo social”, señaló.

Manuel Peralvo sostuvo que la restauración ecológica de los bosques andinos tropicales debe ser gestionada en una doble dinámica, tanto a nivel interno de cada país como a nivel regional, lo que se conoce como alianzas sur-sur. “La acción colectiva para intercambiar experiencias es una estrategia importante. La consolidación de redes subnacionales, nacionales y regionales que agrupen a investigadores e implementadores de acciones de restauración es parte de estas estrategias de acción colectiva. Otro componente importante es llenar vacíos de conocimiento sobre restauración. En su conjunto los países andinos son una región dinámica a tener en cuenta en el futuro próximo en el tema de restauración”, finalizó.

Mongabay