Entrevista a Valeria Carbone, investigadora y docente argentina: “Se observa una alineación con la postura estadounidense de condenar al gobierno de Maduro”

Por Luca Guillén – Nodal.

La investigadora argentina Valeria Carbone se desempeña como docente en la cátedra de Historia de Estados Unidos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. En conversación con Nodal, analiza las particularidades de la gestión de Donald Trump en sus ocho meses de gobierno.

“Desde Miami están marcando la agenda, haciendo lobby y todo lo posible para que cambie el gobierno venezolano de Nicolás Maduro. Es una especie de revival de la oposición política cubana”, cuenta la historiadora.

Sobre el vínculo entre EEUU y la región, Carbone habla sobre los problemas migratorios, la construcción del muro en la frontera con México, las amenazas militares y la última gira del vicepresidente Mike Pence, entre otros temas.

¿Cuál es la posición de EEUU sobre la región desde que asumió Trump?

En estos primeros meses, la política exterior no fue necesariamente una prioridad para el gobierno de Trump. Se puede decir que en gran medida ha habido una continuidad con la administración anterior, e incluso Trump parece estar cumpliendo muchas políticas de la agenda de Hillary Clinton en Siria y Medio Oriente, por ejemplo.

A nivel regional, Trump establece relaciones con cada país en particular más que implementar una política regional. En la única cuestión en que Estados Unidos está buscando un enfoque regional y de alineación es sobre Venezuela, lo cual es absolutamente previsible porque responde a la posición incluso del gobierno anterior.

¿Qué objetivos persiguió el vicepresidente de EEUU Mike Pence durante su última visita?

No creo que el viaje de Pence se deba a que América Latina tenga una posición prioritaria dentro en la agenda de política exterior. Más bien se trata de avanzar sobre una agenda comercial de facilidades de inversión para empresas privadas, más que de intercambio comercial entre naciones. Eso quedó demostrado luego de los anuncios, específicamente para la Argentina, con acuerdos de exportación de biodiésel y limones. Es decir, como destacaron varios representantes de la comitiva, se buscan condiciones favorables para las empresas norteamericanas en el largo plazo.

¿Qué caracteriza la política migratoria de Donald Trump?

En 2015, en EEUU se registraban más de 43 millones de inmigrantes, que equivale al 13% de la población. Y se calcula que uno de cada cuatro de esos migrantes se encuentra en condición de irregularidad. Se trata ¿de cerca? de 11 millones de personas indocumentadas. Dado que México es el principal país de origen de la población migrante, que alcanza casi un 30%, Trump centra su política migratoria en México, aunque también en Centroamérica, para frenar la llegada de más personas.

Sin embargo, a pesar del muro y el exponencial aumento de la caza de inmigrantes ilegales desde enero a esta parte, Trump recién hace dos semanas comenzó a definir lo que va a presentar como nueva política inmigratoria concreta por parte de Estados Unidos. Comenzó a hablar de una la Ley de Reforma de la Inmigración estadounidense para el empleo fuerte, que supone presentará en el próximo periodo legislativo. Se conoció que planea reducir en un 50% la emisión de visas para restringir la inmigración legal.

¿Qué elementos de continuidad y ruptura representa la política hacia la región de Trump?

La política histórica de Estados Unidos hacia América Latina siempre fue, a grandes rasgos, de intervencionismo, de exclusión de los poderes de otras potencias, para mantener la hegemonía norteamericana. Siempre orientada a mantener la estabilidad regional, alejar a potencias extranjeras, evitar la posibilidad de que otros tipos de gobiernos no capitalistas de corte comunista o socialista se instalen en la región. Y, sobre todo, proteger los intereses fundamentales norteamericanos, los intereses de las empresas privadas en la región. Eso no ha cambiado desde fines del siglo XIX.

La política de deportación y detención de inmigrantes ilegales también es una continuidad. Sobre todo las deportaciones que ya habían aumentado con Obama, que confinó a unos 3 millones de inmigrantes entre 2009 y 2016. Un número significativamente mayor que los 2 millones de deportados por Bush entre 2001 y 2008.

Cuba fue otro de los grandes temas en estos meses. Durante la campaña, Trump proclamó que estaba de acuerdo con la política de Obama de apertura y normalización de las relaciones bilaterales después de 40 años de congelamiento y bloqueo.

Él creía que la política de Guerra Fría hacia Cuba no había logrado los resultados que el gobierno norteamericano deseaba y había que elegir otra estrategia. Sin embargo, desde su asunción, Cuba se convirtió en una pieza de intercambio de favores con el senador Marco Rubio, representante del Estado de La Florida. A cambio del voto de Rubio contra el Obamacare, Trump se comprometió a hablar sobre un cambio en las relaciones con La Habana. Eso fue lo que sucedió.

Con respecto a Venezuela, Obama también había condenado al gobierno de Maduro y tenían de por si una relación conflictiva con (el expresidente Hugo) Chávez, así que ahí se presenta otro proceso de continuidad.

¿Qué implicancias tiene que un presidente estadounidense manifieste una posible intervención a Venezuela?

Las implicancias son terribles porque nos remonta a las peores épocas de la relación entre Estados Unidos y la región. Pero al mismo tiempo oculta el hecho de que sigue interviniendo en la región de formas menos directas.

Las sanciones económicas que tanto Venezuela como Cuba padecen son formas de intervención que pareciera que se han normalizado. Lo mismo el apoyo abierto a grupos opositores, estén en Miami o en Caracas.

Si bien la histórica doctrina Drago, de principios de siglo XX, establece que ningún Estado extranjero puede utilizar la fuerza contra una nación americana, Estados Unidos ha apoyado militarmente intervenciones de sectores opositores militares en la región. Y sorprende la cantidad de sectores opositores en Venezuela que piden por la intervención de los marines estadounidenses para derrocar a un gobierno que parece que desde el plano regional está cada vez más aislado.

Y Marco Rubio se está convirtiendo en la cabeza más visible por la causa del derrocamiento del gobierno venezolano. Él sienta la pauta de para dónde irá el gobierno de Trump. Porque fue Rubio el que pidió al gobierno el endurecimiento de las sanciones a Maduro. Y el que está atrás del congelamiento de los activos personales de una decena de funcionarios venezolanos, entre ellos el presidente y 12 funcionarios más. Rubio logró magistralmente enlazar las cuestiones de Venezuela y Cuba convirtiendo a estos dos temas en su caballito de batalla de su carrera política actual.

En el contexto de las relaciones entre EEUU y Venezuela, ¿cómo analiza el rol de organismos como la OEA y Mercosur?

Se observa una alineación con la postura estadounidense de condenar al gobierno de Maduro, condenar a la Asamblea Constituyente. Podemos ver que los organismos internacionales y regionales están siguiendo la pauta norteamericana. Se instala que Venezuela representa un peligro para los países de la región y para Estados Unidos.

Lo mismo sucedió con los países más grandes de la región: Brasil, México y Argentina que se han apurado en seguir la bajada de línea de EEUU.

Es importante señalar que después de su viaje Pence se reunió con representantes de la comunidad venezolana de Miami. Y no es una cuestión menor ya que muchos representantes de la oposición se encuentran allí en condición de exiliados desde hace tiempo. Son la voz política de la oposición venezolana, y están marcando la agenda.