Menos ciencia para Chile: investigadores en alerta por recorte de presupuesto

“A menos que se nombre al mago Merlín como Ministro de Ciencia y Tecnología, el ministerio per se no traerá ningún beneficio aparejado. Chile no invierte ni lo necesario ni lo suficiente; no es cosa de “reestructurar” la inversión. Hay que doblarla en los próximos cuatro años. No hay caminos alternativos”, dice un categórico José Maza, astrónomo y Premio Nacional de Ciencias Exactas que, al igual que el resto de la comunidad científica nacional, observa con preocupación el poco alentador escenario político para el desarrollo de la ciencia y la tecnología.

Investigadores de todo Chile han reaccionado con molestia frente a las decisiones anunciadas en las últimas semanas. Esto, no sólo porque se aprueba la creación de un ministerio del ramo sin recursos propios para su gestión (a lo que alude la idea de nombrar al mago Merlín), sino porque, además, se propone para el presupuesto 2018 reducir en 2,2%, unos $15 mil millones, los fondos para el sector.

La eventual rebaja se traduciría, por ejemplo, en una disminución cercana al 30% de los recursos para el Fondecyt, que representan cerca de un tercio del capital de todo el Conicyt (en 2016, Fondecyt adjudicó un presupuesto de $112 mil millones a nivel nacional), lo que redundaría en achicar el principal instrumento de financiamiento científico para las universidades, responsables del 90% de la investigación en el país.

La respuesta de los investigadores, en todo caso, no se ha hecho esperar y esta semana, por ejemplo, hicieron circular una carta en distintos medios de comunicación, manifestando su descontento. “Los científicos saben que la divulgación de la ciencia y su valoración es cada vez menos importante para los gobiernos”, manifiestan en el escrito titulado “Menos ciencia para Chile”.

Uno de los firmantes de esta carta es el director del Núcleo Milenio Musels e investigador del Instituto Milenio de Oceanografía y del centro Eula UdeC, Cristian Vargas, para quien este impacto en los recursos restringe seriamente las posibilidades de hacer investigación en Chile. La alta competencia existente por los Fondecyt ya significa, dice, una importante marginación de trabajos.

“Hace dos o tres años que hemos venido observando una disminución en los recursos de Conicyt, pero este año fue extremadamente escandalosa”, recalca el biólogo marino.

Es cosa de observar los indicadores al respecto. Por ejemplo, según las cifras publicadas por Conicyt, el concurso de iniciación en investigación 2017 recibió en la Región del Bío Bío un total de 125 proyectos a concurso, de los que sólo fueron aprobados 32, lo que en pesos se traduce que, de un total de 3 mil 759 millones solicitados para financiamiento por parte de los científicos, sólo se aprobaron 865 millones.

Además, agrega Vargas, parte importante de los fondos a distribuir se quedan en Santiago, lo que implica todavía mayores limitaciones para quienes hacen ciencia desde regiones.

Estancamiento

Los investigadores coinciden en que existe estancamiento en cuanto al desarrollo de la actividad que se basa no sólo en la falta de inversión sino, además, en una falta de proyección que permita una ampliación de la actividad y de los campos ocupacionales para quienes hoy están en proceso de formación.

“En los últimos años el financiamiento a la ciencia no ha crecido, por lo cual quizás sea correcto decir que está estancado. Al mismo tiempo ha regresado al país una serie de investigadores que hicieron su doctorado en el extranjero gracias a las becas Chile y hoy no pueden encontrar un puesto de trabajo. Se invirtió en capital humano y ahora no hay un modo de canalizarlo al sistema científiconacional. En total hay en el país más científicos que los que están siendo financiados”, dice Maza.

Un punto en el que coincide el también astrónomo, Ezequiel Treister, académico de la Pontificia Universidad de Chile, que por años desempeñó su trabajo en Concepción. “Estamos recorriendo un camino muy peligroso. De alguna manera se hizo un trabajo en hacer la ciencia más atractiva para los jóvenes, la cantidad de gente que está cursando programas de doctorado, que está realizando carreras en ciencias, es mucho más grande, el problema es qué futuro les estamos ofreciendo. En la práctica, esa gente termina sus estudios y no tiene opciones”, acusa.

Raimund Bürger, el académico de la Universidad de Concepción que en 2018 estará en la breve lista de los docentes chilenos que han sido invitados al Congreso Internacional de Matemáticos (el mismo que entrega las medallas Fields), pone también énfasis en el cuello de botella que generarán los avances en formación en contraste con la falta de desarrollo. “Creo que debe haber un sistema de incentivos que facilite la inserción de graduados en los sectores público y empresas”, observa.

Si bien, el también matemático y académico de la UdeC, el premio Atenea, Gabriel Gatica, asegura que es demasiado drástico hablar de estancamiento, coincide con la necesidad de ampliar la inversión. “Se necesita más no porque no se haya hecho o no se esté haciendo nada relevante en ciencia y tecnología, sino más bien porque los recursos humanos respectivos y las necesidades del país siguen aumentando, y hay que tratar de satisfacerlas. En particular, habría que cautelar que aquellos grupos que han demostrado fehacientemente su productividad e impacto permanente puedan seguir contando con financiamiento”, destaca.

Respecto de la pregunta en qué invertir, el director del Centro de Investigación en Biodiversidad y Ambientes Sustentables (Cibas) de la Ucsc, Antonio Brante, asegura que hay tres pilares claves: la creación de conocimiento, la formación de investigadores y la vinculación del conocimiento creado con la sociedad. “Para fortalecer el primer pilar, se deben fortalecer los fondos para investigación, tanto fundamental como aplicada, y favorecer la cooperación entre grupos de investigadores, de modo que permita generar mayor masa crítica y hacer más eficiente, por ejemplo, el uso de equipamiento mayor de alto costo”.

Descentralización

Otro punto importante de poner sobre el tapete, asegura la académica de la Facultad de Ciencias Exactas de la Unab sede Concepción, Jenny Cortés, es la descentralización. “Se necesita un Poder Legislativo y Ejecutivo más comprometido con la ayuda a centros de generación de conocimiento en Regiones”.

Agrega que la creación de un Ministerio es el primer avance en materia de canalizar los fondos y descentralizar los recursos destinados para el desarrollo de investigación y tecnología.

Para Maza, también es evidente que la generación de conocimiento debe estar esparcida por todo Chile y en este sentido destaca la iniciativa surgida desde la Universidad de Concepción para la creación de un parque científico tecnológico. “Hay que hacer ciencia en regiones. Esta iniciativa de la UdeC y el Gobierno Regional del Bío Bío es de aplaudir y ojalá esté adecuadamente financiada y logre el objetivo de impulsar el desarrollo y cree valor agregado. Eso hay que replicarlo en las 17 regiones del país”.

Políticos en la mira

Tras del debate realizado hace poco en que los candidatos discutieron acerca de las necesidades de la Ciencia y Tecnología, el resultado no fue tampoco alentador. Muchos percibieron desinterés y hasta desconocimiento del trabajo científico por parte de los políticos.

Para Treister, el problema radica en la escala de tiempos. “El tiempo en que tu ves resultados en ciencia y tecnología no es compatible con la de los políticos. Los resultados en ciencia los ves en 10 o 20 años y los políticos piensan en cuatro años”.

José Maza, en tanto, agrega que si bien los ritmos son distintos se puede llegar a tener una política de crecimiento acorde a la duración de un gobierno. “Chile invierte un 0,4% del PIB en ciencia y tecnología. Los países que se han desarrollado y que van delante nuestro invierten entre un 2,5 y un 4% del PIB. Chile debería incrementar su inversión en un 20% anual real (teniendo en cuenta la inflación y el crecimiento del PIB) por los próximos diez años. De ese modo pasaríamos de 0,4 a 2,5% del PIB, que sería una meta razonable para una primera etapa. Posteriormente, al empezar el crecimiento de Chile, “de verdad”, la industria podría sumarse a esa inversión para llegar a cifras entre el 3,5 y el 4% que son lo que invierte Suecia y Finlandia, entre muchos otros. A esa tasa, la inversión aumentaría al doble en cuatro años (un período presidencial). Los candidatos deberían comprometerse con ese nivel de crecimiento de la inversión”.

Diario Concepción