“A 40 años del golpe cívico-militar”, un análsis de Ernesto Carmona

Los 40 años del golpe cívico militar encuentran a Chile gobernado por una parte de los civiles que lo promovieron y en vísperas de elecciones presidenciales y parlamentarias a efectuarse el 17 de noviembre.
Sorprendentemente, hay un clima muy distinto al que se vivió en los aniversarios 30º y 20º. Una suerte de destape nacional de la verdad, acicateado por el creciente interés de la gente en debatir quiénes fueron los civiles que lo promovieron, mientras crece el afán por conocer pormenores de la represión terrible a los más pobres y las políticas económicas a favor del segmento de los más ricos.
Presionada por el nuevo estado de ánimo de la sociedad, y también porque lo pide el rating, la televisión entró de lleno a un tema evadido por décadas, pero que ahora vende sintonía y publicidad. Hay diversos enfoques, desde el conservador –sustentado principalmente por la televisión pública (TVN) y el canal 13, del grupo Luksic con la iglesia católica (Canal 13)– que repite las viejas monsergas sobre el caos y el desabastecimiento “por culpa de Salvador Allende”, oculta el desabastecimiento provocado por los empresarios y comerciantes financiados por EEUU, el rol desestabilizador de El Mercurio y los grandes medios, el boicot económico y financiero estadounidense y criollo, la actividad terrorista contra el gobierno (voladura de trenes, torres de alta tensión, gasoductos, etc., algunos planificados por la Marina ejecutados por la mano de obra barata del grupo extremista Patria y Libertad, mucho antes del golpe), el financiamiento de EEUU de la huelgas de los camioneros, etc, etc.
La óptica más novedosa la aplican los canales de propiedad extranjera, como Chilevisión (del grupo Turner-CNN-Times) con una serie muy bien titulada Las Imágenes Prohibidas. Muestra todo lo que algunos sabíamos pero que el grueso de los chilenos nunca conoció por la censura mediática y los “cuentos chinos” de los montajes periodísticos, con víctimas de lesa humanidad que figuraban asesinados en hechos variados de crónica roja, falsos suicidios por amor de mujeres lazadas al mar, gente caída en enfrentamientos que nunca existieron, etc. Muchos periodistas que lograron credibilidad bajo la dictadura, se prestaron para mostrar en TV estos escenarios ficticios, de falsos enfrentamientos, sin muertos, sin sangre. Sólo vegetación, casquillos vacíos y el relato oral de un guión inventado por los esbirros de la DINA/CNI.
Hoy pocos dudan que los detenidos desaparecidos realmente existen, que en Chile no hubo ninguna “guerra”, que la dictadura fue cívico-militar (no sólo castrense), que los uniformados fueron llamados por los civiles que tocaron la puerta de sus cuarteles, que sin el apoyo del Partido Demócrata Cristiano (PDC) –y por supuesto, del entonces esmirriado Partido Nacional, de extrema derecha– el golpe no hubiera sido viable, que el Poder Judicial no cumplió su rol institucional y que los medios tampoco informaron la verdad.
La Corte Suprema se hizo una severa autocrítica el viernes, después de una petición de perdón, por sus «acciones y omisiones», formulada el miércoles por los jueces (Asociación de Magistrados del Poder Judicial de Chile), y de un cuestionamiento del Presidente Piñera. Un distinguido senador de la Unión Demócrata Independiente (UDI), Hernán Larraín, también pidió disculpas, a título personal, por “omitir lo que debía hacer”. La senadora Evelyn Matthei, candidata presidencial de la derecha, dijo el sábado que “todos los chilenos pedían el golpe”, pero el lunes llegó tarde a una curiosa “conmemoración” convocada por el Presidente Piñera frente a La Moneda, para entregar una declaración escrita diciendo “nunca se debe usar la violencia para alcanzar el poder” y “no son aceptables las violaciones a los derechos humanos”.
El 31 de agosto Piñera dijo: “El Poder Judicial no cumplió su rol de proteger el estado de derecho y proteger la vida. Sistemáticamente negaba los recursos de amparo que pudieron haber salvado muchas vidas (…) O por ejemplo la misma prensa, que muchas veces no informó con la debida veracidad de los hechos que estaban ocurriendo, y en cierta forma también contribuyó a que estos hechos no fueran conocidos como debieron haber sido conocidos” (1). Esta última frase la omitieron en la versión oficial (2), pero millones alcanzaron a oírla en vivo.
Evidentemente, se vive una época en que los políticos de todos los colores se inclinan a desdecirse y a pedir perdón, además de elucubrar nuevas frases, más gratas a los oídos de los electores. Y éstos son un enigma, con cerca de 10 millones de nuevos votantes por efecto de la nueva ley de “inscripción automática (a los 18 años) y voto voluntario” que incluye a gente de más de 40 años habilitada para sufragar con sólo presentarse e identificarse ante la urna que le corresponda.
La mayor curiosidad por el pasado reciente proviene de la gente más joven. Según datos de 2010 (pues el censo 2013 fracasó y se discute cuándo se hará de nuevo), el 65% de la población actual tenía menos de 19 años cuando ocurrió el golpe, o nació después. Y hoy éstas son personas tienen 15 a 59 años y un renovado interés por reconstruir su propio pasado.
También se desmoronan todas las grandes mentiras que por 17 años fueron la armazón ideológica y mediática de una dictadura que intervino los textos escolares, eliminó para siempre la educación cívica como ramo de enseñanza obligatoria, redujo y censuró la enseñanza de la historia y tuvo siempre la complicidad de la gran prensa, radio y televisión en la difusión y fabricación de historias falsas.
Por ejemplo, ya nadie cree la historia falsa de que hubo una “guerra” y que en Chile había de 10.000 a 20.000 hombres armados hasta los dientes, llegados de Cuba, Checoslovaquia, Bulgaria, no importaba mucho de dónde y exactamente cuántos eran: vinieron a poner al país tras la cortina de hierro comunista y había que buscarlos y matarlos. Por xenofobia anticomunista asesinaron también muchos extranjeros de los llamados “países tropicales”, incluso brasileños, mexicanos y argentinos. Los militares que hacían hogueras con libros no distinguían a un guatemalteco de un dominicano: todos los que hablaban con otra tonada eran “cubanos”.
Lo mismo ocurrió con el Plan Z, inventado por la CIA para exacerbar la venganza contra los izquierdistas por supuestas listas de ciudadanos que serían eliminados cuando el gobierno de Allende, con la fuerza que no tenía, impusiera un gobierno marxista. Este plan de guerra psicológica, divulgado por los militares tras el golpe, jamás existió, según los archivos desclasificados de la CIA desde el gobierno de Bill Clinton. Hasta lo descartó como una «falsedad» el periodista Federico Willoughby-MacDonald, que fue una suerte de “ministro de información” del dictador y, después, de Patricio Aylwin, el primer presidente en “democracia”.
La huella de Allende
 
A 40 años de su partida, adquiere más fuerza la profunda huella que dejó Salvador Allende en la sociedad chilena. Su pensamiento de reformador social sigue plenamente vigente agrandado por la imagen del Presidente que dio la vida en su intento de profundos cambios, demasiado parecidos a las actuales demandas de distintos sectores del pueblo, en una sociedad remecida de cuajo por los estudiantes y los movimientos sociales, no así por los partidos políticos cuya aceptación bordea el 20%.
Resulta evidente que en los últimos años la sociedad chilena se ha desplazado hacia la izquierda. El entendimiento de la gente joven se sacudió bozales, tabúes y “cortinas de humo” impuestas sucesivamente por la dictadura cívico-militar y los gobiernos civiles interesados sólo en expandir la libertad del gran capital, nacional y extranjero.
Allende murió justamente porque esos sectores no toleraron su acción de gobierno ni sus reformas sociales, legales y pacificas. ¿Hubo, o no, una “santa alianza” del gran capital, EEUU y la clase política reaccionaria de la época, tristemente bajo el liderazgo del Partido Demócrata Cristiano (PDC) de Eduardo Frei Montalva y Patricio Aylwin Azócar, la cúpula de la fallida “Revolución en Libertad” alentada en los ’60 por la “Alianza para el Progreso” de Kennedy? ¿Llamaron, o no, al partido militar para el trabajo sucio, y luego lo abandonaron a su suerte en cualquier esquina del basurero de la historia? El debate sobre estos temas recién comienza.
El factor PDC
 
El PDC fue el factor clave del golpe en Chile. Convencido de que el poder terminaría finalmente en sus manos, la cúpula de ese partido mayoritario (29,1%) activó a sus generales del ejército Sergio Arellano Stark y Oscar Bonilla Bradánovich, ex edecanes de Frei, más Augusto Lutz, jefe del Servicio de Inteligencia Militar, entre otros gestores precoces del golpe.
Después del gobierno de Jorge Alessandri Rodríguez (1958-1964), el segundo y último elegido por la derecha en el siglo 20 –el tercero en 52 años fue el de Piñera–, el PDC se convirtió en una nueva cara de la derecha, honrando su origen de desprendimiento del Partido Conservador llamado Falange Nacional en 1938 y transformado en PDC en 1957.
La alianza encabezada por el Partido Conservador Unido (PCU) y el Partido Liberal (PL) en 1964 retiró a su candidato presidencial Julio Durán, del entonces derechista Partido Radical (PR), para cerrarle el paso a la tercera postulación del Dr. Salvador Allende, y asegurar el triunfo de Eduardo Frei Montalva (1964-1970), pero los dos partidos de la derecha fueron prácticamente barridos del mapa en las elecciones parlamentarias de marzo de 1965. El PL obtuvo 7,31% de los votos, con 6 diputados de un total de 147, mientras el PCU alcanzó 5,18%, con 3 legisladores, en tanto el PR sobrevivió con 13,29% y 20 parlamentarios. Conservadores y liberales se fusionaron en el Partido Nacional (PN) en 1966.
En las elecciones parlamentarias de marzo de 1969, previas a la presidencial que el 4 de septiembre de 1970 ganaría Allende con el 36,6%, el Frente de Acción Popular (Frap) –antecesor de la Unidad Popular (UP)– sacó 29,89% y eligió 37 diputados. El PDC eligió a 57, con el 30,72%. El PN alcanzó al 20,6% con 33 diputados.
En las elecciones municipales del 4 de abril de 1971, la UP de Allende alcanzó el 50% y eligió al senador reemplazante de Salvador Allende, el socialista Adonis Sepúlveda. Pero en las elecciones de marzo de 1973, la UP redujo su votación al 44,11% y eligió a 63 diputados de 150 (PS 28, PC 25, PR 5, IC 1, API 2, Mapu 2). La Confederación de la Democracia, que aglutinó a la vieja y nueva derecha, alcanzó el 55,6% y eligió 87 parlamentarios (PDC 50, PN 34, Democracia Radical, DR 2; Partido Izquierda Radical, PRI, 1).
La derecha unida alcanzó mayoría en el Congreso, pero los resultados no alcanzaron los 2/3 del Senado para destituir al Presidente. Sólo pudo allanar el camino al golpe militar con diversas iniciativas parlamentarias, como la Ley de Control de Armas y declarar “inconstitucional” el gobierno de Allende semanas antes del golpe.
La cúpula del PDC, como principal partido de oposición, promovió múltiples iniciativas para desestabilizar y, por último derribar, al gobierno de Salvador Allende. A través de su senador Juan de Dios Carmona, impuso la Ley N° 17.798, que a partir del 20 de octubre de 1972 dio atribuciones propias de las policías a las 4 ramas de las Fuerzas Armadas (FA). Así, los militares golpistas pudieron amedrentar a los trabajadores y allanar fábricas bajo el pretexto de buscar armas.
Esta ley del PDC también le sirvió a los militares para sopesar psicológicamente la actitud de los obreros al cometer allanamientos sangrientos y premonitorios de lo que vendría muy pronto, como el de la industria Lanera Austral de Punta Arenas, el 4 de agosto de 1973, donde las tropas dirigidas por el general Manuel Torres de la Cruz asesinaron al obrero Manuel González Bustamante.
El 22 de agosto de 1973, la Cámara de Diputados declaró “inconstitucional” el gobierno de Allende, por 81 votos (63.3%) contra 47. Allende fue acusado de instaurar “un sistema totalitario”, una dictadura comunista. Al día siguiente, bajo el título a 8 columnas: Declaró Acuerdo de la Cámara de DiputadosEl gobierno ha quebrantado gravemente la Constitución, El Mercurio publicó el texto íntegro. La sesión fue presidida por el PDC Luis Pareto. El PN Gustavo Lorca era vicepresidente de la Cámara.
El mismo partido mayoritario que apoyó en masa este acuerdo, con el ex presidente Eduardo Frei Montalva como su líder indiscutido, apenas tres años antes, el 24 de octubre de 1970, contribuyó con todos sus votos a elegir Presidente a Salvador Allende en el Congreso Pleno.
Sólo 13 dirigentes del PDC se opusieron públicamente al golpe cívico-militar el 13 de septiembre de 1973, recordados como “los 13 del 13”: 1) Bernardo Leighton Guzmán, diputado, ex ministro, ex vicepresidente de la República; 2) José Ignacio Palma, ex diputado, ex ministro, ex presidente del Senado; 3) Renán Fuentealba Moena, senador, ex diputado, ex delegado de Chile ante la ONU; 4) Sergio Saavedra, diputado, ex intendente de Santiago; 5) Claudio Huepe G., diputado, ex intendente de Arauco; 6) Andrés Aylwin Azócar, diputado; 7) Mariano Ruiz-Esquide, diputado; 8) Jorge Cash M., profesor, periodista; 9) Jorge Donoso, abogado, periodista; 10) Belisario Velasco, economista, ex gerente de la Empresa de Comercio Agrícola, ECA); 11) Ignacio Balbontín, sociólogo, profesor universitario; 12) Florencio Ceballos, abogado, asesor sindical; y 13) Fernando Sanhueza Herbage, arquitecto, presidente de la Cámara de Diputados desde el 15 al 29 de mayo de 1973.
“Condenamos categóricamente el derrocamiento del Presidente Constitucional de Chile, señor Salvador Allende, de cuyo Gobierno, por decisión de la voluntad popular y de nuestro partido, fuimos invariables opositores. Nos inclinamos respetuosos ante el sacrificio que él hizo de su vida en defensa de la Autoridad Constitucional”, reza esta declaración que hoy algunos PDC pretenden atribuírsela a todo el partido.
El rol de los medios
 
El PDC tuvo también un activo rol en la desestabilización mediática del gobierno de Allende a través de sus medios periodísticos, como el diario La Prensa (ex Diario Ilustrado) y la radioemisora Presidente Balmaceda.
En 1970 la televisión era universitaria y estatal, mientras la prensa escrita y la radio estaban controladas por diez grupos hegemónicos:
1)       El Mercurio/Lord Cochrane, 2) Empresa Editora Zig Zag, 3) Radio Minería, 4) Radio Portales, 5) Consorcio Periodístico de Chile, COPESA, 6) Compañía Chilena de Comunicaciones, 7) Emisora Presidente Balmaceda, 8) Sociedad Periodística del Sur, SOPESUR, 9) Sociedad Nacional de Agricultura) y 10) Radioemisoras Unidas.
Durante la preparación del golpe hubo irrestricta libertad de prensa y de expresión. La supuesta opresión del periodismo fue una ficción proclamada como “verdad” por El Mercurio y sus otros dos diarios de la capital, Las Ultimas Noticias y La Segunda, así como La Tercera, Tribuna (creada con fondos CIA) y La Prensa. Los diarios de oposición sumaban 541.000 ejemplares diarios, más el efecto multiplicador de 3 lectores por ejemplar, según un reporte de Chile Hoy Nº 14, 1972, distribuidos de la siguiente forma:
La Tercera 220.000, El Mercurio 126.000, Las Últimas Noticias 81.000, La Segunda 55.000, Tribuna 40.000 y La Prensa 29.000. Los diarios favorables al gobierno año totalizaban 312.000 ejemplares al día: Clarín 220.000, El Siglo 29.000, Puro Chile 25.000, La Nación 21.000 y Última Hora 17.000.
El informe “Covert Action in Chile, 1963-1973” (3), emitido en 1975 por el comité senatorial estadounidense presidido por Frank Church e integrado por otros diez senadores, señala que la CIA sobornó a ejecutivos y periodistas de El Mercurio; fundó publicaciones como el diario Tribuna y revista Sepa, entre otras; e infiltró a lo menos la mitad del mundo periodístico entre 1970-1973. En su investigación de documentos secretos estadounidenses desclasificados, Soberanos e Intervenidos, Joan E. Garcés concluyó que en junio de 1964 la CIA producía 24 informativos radiales diarios en Santiago y provincias, 26 programas de “debate” por semana y subsidiaba a “medios de información afines”.
El “Covert Action in Chile”, conocido también como “Informe Church”, apunta que en 1970-73 la CIA:
● “Incluía un grupo de apoyo periodístico que suministraba artículos sobre política, editoriales y noticias para colocar en la prensa y en la radio”.
●”Otro de los proyectos proporcionaba fondos para fichas (nombre eufemístico de agentes) individuales en la prensa”.
● “Otras fichas, empleados todos de El Mercurio, permitían que la Estación CIA publicara más de un editorial al día basado en sus orientaciones”.
● “La campaña de propaganda tenía varios componentes. Las pre dicciones del colapso económico con Allende eran reproducidas por periódicos europeos y latinoamericanos en artículos originales de la CIA”.
● “El Mercurio fue uno de los principales canales de propaganda en 1970-73, como lo había sido en las elecciones de 1970 y en el período anterior a la posesión de Allende” (4/ 11/70).
El Mercurio recibió financiamiento de Estados Unidos para su campaña contra Allende, aprobado por el Comité de los 40, integrado por el Asistente del Presidente para Seguridad; el Subsecretario de Estado, el Secretario Adjunto de Defensa, el Director del Estado Mayor Conjunto y el Director de la CIA. El 25 de marzo de 1970, el Comité aprobó 125.000 dólares para “operación de descrédito de la Unidad Popular”; el 27 de junio se acordaron 300.000 dólares adicionales; el 9 de septiembre se aprobaron 700.000 dólares para El Mercurio.
El 11 de abril de 1972 se aprobaron otros 965.00 dólares para El Mercurio. Según el “Informe Church”, entre 1965 y 1973 se gastaron en Chile 12,3 millones de dólares solamente en el “rubro prensa”.
El rol de Eduardo Frei Montalva
 
El ex presidente dejó un escrito de 7.000 palabras que justifican la adhesión del PDC al golpe. Cualquiera puede consultar hoy en Internet (4) su carta al italiano Mariano Rumor, presidente de la Unión Mundial de la Democracia Cristiana, fechada el 8 de noviembre de 1973 y publicada oportuna y extensamente por El Mercurio.
Eduardo Frei Montalva intentó convencer a Rumor de que la “terrible catástrofe económica y política, haya producido tal desesperación en las Fuerzas Armadas y en el pueblo chileno -pues éstas jamás podrían haber actuado sin la aquiescencia de la mayoría- hayan quebrado una tradición tan larga y tan honrosa que constituía nuestro orgullo”.
Consideró ridícula la afirmación de que Neruda fue asesinado y trató de venderle a Rumor la idea de una presencia militar extranjera en largos párrafos dedicados a supuestos arsenales de variada marca y procedencia que tendría la UP, incluidos “cañones antitanques”:
“Se trata de armas de todo tipo, no sólo automáticas, sino que pesadas, ametralladoras, bombas de alto poder explosivo, morteros, cañones antitanques de avanzados modelos y todo un aparato logístico de comunicaciones, de telefonía, clínicas médicas, etc., para poder concretar esta acción. Se había establecido así un verdadero ejército paralelo. Nos preguntamos, una vez más, y preguntamos a los dirigentes de la Unión Mundial de la Democracia Cristiana: ¿Qué democracia puede resistir esta situación? ¿Acaso la Democracia Cristiana, sin armas y en consecuencia inerme frente a esta embestida, debía quedar silenciosa? ¿Merece el calificativo de fascista o golpista por el hecho de haber denunciado esta realidad? ¿Pretenden acaso que lo democrático era permanecer mudos, amparando la preparación desembozada de una dictadura impuesta por la fuerza de las armas?”
Otros párrafos explican cómo el golpe libró a Chile –con “la aquiescencia de la mayoría”– de la fagocitosis geopolítica del comunismo: “¿Por qué la reacción de la Unión Soviética ha sido de tal manera violenta y extremada? ¿Por qué el comunismo mundial ha lanzado esta campaña para juzgar lo ocurrido en Chile y para atacar a la Democracia Cristiana? La razón es muy clara. Su caída ha significado un golpe grave para el comunismo en el mundo. La combinación de Cuba con Chile, con sus 4.500 kms de costa en el Pacífico y con su influencia intelectual y política en América Latina era un paso decisivo en el control de este hemisferio. Por eso su reacción ha sido tan violenta y desproporcionada. Este país les servía de base de operación para todo el continente. Pero no es sólo esto. Esta gigantesca campaña publicitaria tiende a esconder un hecho básico: El fracaso de una política que habían presentado como modelo en el mundo. ¿Cómo explicar que esta experiencia que mostraban como camino a otros partidos democráticos y al socialismo europeo haya conducido a un país organizado y libre a tan terrible catástrofe económica y política, haya producido tal desesperación en las Fuerzas Armadas y en el pueblo chileno – pues éstas jamás podrían haber actuado sin la aquiescencia de la mayoría – hayan quebrado una tradición tan larga y tan honrosa que constituía nuestro orgullo?”
Frei Montalva expresó a Rumor su deseo de que “el gobierno actual tenga éxito” y para eso, muchos cuadros del PDC se convirtieron en asesores, funcionarios y ministros. El economista Juan Villarzú Rohde fue director de Presupuestos del ministerio de Hacienda hasta enero de 1975 (después, en “democracia”, fue ministro Secretario General de la Presidencia de Eduardo Frei Ruiz-Tagle y presidente ejecutivo de Codelco, con Frei y Ricardo Lagos). El ingeniero y economista Jorge Cauas fue ministro de Hacienda (1974-1976). William Thayer, ex ministro de Trabajo, Justicia y Educación de Frei Montalva fue colaborador en el sector público, asesor del ministerio de Relaciones Exteriores y “legislador” de la dictadura en la Comisión Legislativa II (1976-1978). El general Bonilla fue ministro del Interior (1973-1974) y de Defensa (1974-1975. El ex senador Juan de Dios Carmona integró el Consejo de Estado de la dictadura y fue embajador en España.
En su carta a Rumor, Frei Montalva también dijo:
“Las Fuerzas Armadas -estamos convencidos- no actuaron por ambición. Más aún, se resistieron largamente a hacerlo. Su fracaso ahora sería el fracaso del país y nos precipitaría en un callejón sin salida. Por eso los chilenos, en su inmensa mayoría, más allá de toda consideración partidista, quieren ayudar, porque creen que ésta es la condición para que se restablezca la paz y la libertad en Chile. Cuanto más pronto se destierre el odio y se recupere económicamente el país, más rápida será la salida.
“La Democracia Cristiana está haciendo, a mi juicio, lo que está en su mano en esta perspectiva, sin renunciar a ninguno de sus valores y principios, siendo en este instante sus objetivos más fundamentales:
“-Pleno respecto a los derechos humanos
-Pleno respeto a las legítimas conquistas de los trabajadores y campesinos
.
“-Vuelta a la plenitud democrática.
“Sabemos que esto no es fácil. La situación entera no es fácil. Y por eso mismo debemos actuar con la mayor responsabilidad”.
El epílogo
 
La Unión Soviética no mostró mayor interés en sostener el gobierno de Allende. En diciembre de 1972, el líder chileno fue a pedir un crédito a Moscú para apuntalar la economía y abastecer los mercados con bienes de consumo de primera necesidad, pero regresó con el 10% de sus aspiraciones, unos 30 millones de dólares en ayuda alimentaria, y una reprogramación de la deuda con la Unión Soviética. No fue real la amenaza hegemónica y geopolítica de traer tan al sur la llamada cortina de hierro del comunismo soviético.
Los PDCs utilizaron a los militares para regresar al poder con el pretexto de salvar a la patria del comunismo, pero resultó al revés. La Marina promovió su propio plan, los generales adictos al PDC no alcanzaron influencia real en el poder y el control terminó tomándolo el último general que se plegó a la conspiración, Pinochet, quien terminó por levantar el proyecto propio de psicópata y asesino loco que todos conocemos. Al poco andar, se agudizaron las discrepancias políticas entre estos civiles (PDC/PN y derechistas sueltos), y también de los generales Bonilla y Lutz con el jefe real de la dictadura, hasta que en 1975 el PDC resolvió retirarse, y quienes se quedaron fueron expulsados del partido, entre otros, Juan de Dios Carmona, William Thayer y Jorge Cauas.
Eduardo Frei Montalva se convirtió en un brillante líder opositor a la dictadura de proyección internacional y hoy existe la convicción judicial de que fue asesinado en la Clínica Santa María (privada) por envenenadores expertos de la CNI en enero de 1982, igual que Neruda y en el mismo hospital privado. El general Augusto Lutz tuvo un final parecido en el Hospital Militar, en noviembre de 1974, mientras el general Oscar Bonilla pereció en marzo de 1975 en un sospechoso accidente de helicóptero y también murieron de manera extraña los expertos franceses que vinieron a investigar por cuenta del fabricante. El general Sergio Arellano sobrevive en su casa hasta hoy, en solemne impunidad, después de haber mostrado buena conducta y sumisión al dictador desde que en octubre de 1973 recorrió el país matando gente en un helicóptero que nunca se cayó: el de la Caravana de la Muerte.
 Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno
Referencias y citas:
3) 1) Covert Action in Chile, 1963-1973, ver http://www.fas.org/irp/ops/policy/church-chile.htm
4) Carta de Eduardo Frei Montalva a Mariano Rumor, ver