A medir el cajón – Periódico La Tribuna, Honduras

El siguiente editorial responde exclusivamente a la visión de este medio

 

LA misión del tata FMI y sus achacosas tías las zanatas, después de la visita de acompañamiento, para dar el pésame a los dolientes y, de paso, medir el ancho, el largo y el fondo del cajón que desde ahora ensamblan para el próximo gobierno, se despidieron, excusándose por no haberse quedado a las misas de fin de novenario. En su nota de despedida “agradecen a las autoridades y representantes del sector privado de Honduras por el diálogo abierto y fructífero que mantuvieron durante su visita, así como por su excelente cooperación y hospitalidad”. Y es que así es la forma de ser de mucha gente aquí.  Resignada, cooperadora y hospitalaria, pese al mal recibido.

Asombra el cinismo de haber venido al país -después que sufrió aquel cataclismo político, y los efectos del desmoronamiento de los mercados inmobiliarios en los mercados internacionales, mientras el pueblo se encontraba castigado, aislado por el mundo entero- a exigir cuantas medidas de ajuste fiscal y de contracción monetaria encontraron en su ruinoso recetario de pociones maléficas. Cuando la economía postrada más bien requería de estímulos para reactivarla y de incentivos a la inversión para crear fuentes de trabajo. Cuando lo apropiado era poner en marcha un plan urgente para reparar la economía y las finanzas dañadas, revitalizando el sector privado, potenciando la inversión pública y generando alicientes a la capacidad productiva y comercial del país que se encontraba sensiblemente lastimada.

Pues bien, como quienes contribuyeron a crear esta peor situación en la que estamos no van a admitir su culpa, atribuyeron el decrecimiento en el ritmo de la economía a la caída en los precios del café y en las exportaciones, a consecuencia de la roya. Sobre el disparado déficit fiscal, en el escueto comunicado emitido, apenas mencionaron que el país debe trabajar más en reducir el gasto y en incrementar los ingresos. Hasta allí la visita de cortesía. Los miembros de la misión se fueron complacidos de las atenciones que les brindaron los anfitriones. Platicaron con funcionarios gubernamentales quienes justificaron el pobre desempeño de las finanzas. Con empresarios preocupados por el poco crecimiento aunque proclives a aceptar, como pasajes de la Biblia, el menú indigesto que ofrecen estos personajes. Con otros que no entienden nada del tema pero, como nunca es tarde para aprender, y con los banqueros que manejan meticulosamente las cifras, pero son bastante prudentes en lo que dicen.

Así las cosas, en nada modificó nuestro entender de las cosas la llegada de esta misión. Más tristeza dan las visitas de esas aves agoreras que vienen aquí a imponer recetas fracasadas. Que lejos de estimular la economía e incentivar la inversión para crear las fuentes de trabajo que el país implora, la estrangulan: “Soquen más -exigen a las obedientes autoridades nacionales-, el fisco ocupa más ingresos para sufragar su insaciable gasto”. “Saquen hasta la última gota de sudor que quede al paciente agonizante. Deprímanlo. Que cuando el país no produce y la oferta, hasta de lo esencial, es poca, lo recomendable es contraer la demanda, o acabar del todo con los que consumen. Los desamparados, los desocupados, que emigren, que se vayan los pobres diablos, que allá en México les espera la Bestia Negra”.

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