El gesto de Rousseff – Periódico La Razón, Bolivia

El siguiente editorial responde exclusivamente a la visión de este medio

La Presidenta de Brasil canceló la visita oficial a Estados Unidos que tenía prevista para fines de octubre. La decisión devino tras la molestia por el espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) estadounidense que llegó a las mismas puertas del palacio presidencial brasileño, al ser espiado el correo personal de Dilma Rousseff y de sus más estrechos colaboradores.

Ante esta situación, la Mandataria brasileña exigió a su par estadounidense una explicación oficial sobre las denuncias de espionaje en un plazo de una semana. A su vez, la Casa Blanca indicó que una investigación para dar una respuesta satisfactoria a Brasil demoraría meses. Por lo tanto, el plazo fue incumplido, y la reacción de Brasil fue tajante e inédita, como contundente es el mensaje que Rousseff está enviando a sus conciudadanos y al resto de los países: Brasil no va a mantener alianzas incondicionales con EEUU.

Por lo pronto se pueden prever algunos efectos en EEUU, en América Latina y en el propio Brasil como consecuencia del desplante de Rousseff a Obama. En primer lugar, en EEUU, país que aún mantiene una posición de liderazgo en el orden mundial, este gesto puede leerse con calma y sin duda será minimizado (si no completamente invisibilizado) en el debate mediático. No obstante, esta señal no deja de ser importante, máxime tomando en cuenta que la recepción a Rousseff, con cena de honor incluida, era el único homenaje a un mandatario extranjero previsto en la Casa Blanca para 2013.

En segundo lugar, cabe recordar que Brasil, por su importancia económica y geopolítica en América Latina, es quizá el mejor intermediario que puede tener EEUU en su relación con los países de la región que (en términos diplomáticos) tienen regímenes contrapuestos a los intereses estadounidenses: Bolivia y Venezuela. Desde este punto de vista, no es conveniente deteriorar la relación con el gigante sudamericano.

En tercer lugar, el gesto de Rousseff marca (o remarca) una corriente que tiene el potencial de influir en toda América Latina. En efecto, es un precedente diplomático de lo que se puede lograr para equilibrar mínimamente las asimétricas relaciones entre los países de la región y la potencia del norte. Por último, esta decisión seguramente le traerá a la Mandataria brasileña beneficios políticos frente al electorado de su país, con el que salda un compromiso de preservación de la soberanía nacional, formulado desde que era candidata a la presidencia.

En resumen, hasta el momento, se ha reforzado la imagen de Rousseff tanto en el plano internacional como en el plano interno. Difícilmente Estados Unidos podrá ejercer alguna represalia en contra del desplante brasileño en el corto plazo. Por ahora, Brasil se ha anotado un inobjetable punto a su favor en el resbaladizo juego de la diplomacia.

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