La controversial cuota femenina – Diario Prensa Libre, Guatemala

El siguiente editorial responde exclusivamente a la visión de este medio

Entre los cambios mencionados a la Ley de Partidos Políticos comienza a llamar la atención el referente al establecimiento de cuotas de mujeres en las candidaturas presentadas por las agrupaciones, con la intención de que de esa forma sea promovida la participación femenina en las actividades políticas del país, como ocurre donde existe ese tipo de indicadores.

El tema debe ser analizado desde la perspectiva de la realidad nacional, independientemente de la validez teórica del planteamiento. A nadie le debe molestar el aumento de la ahora muy escasa presencia de las mujeres en las actividades políticas del país y en las elecciones a puestos públicos. Esto tiene que ver con la organización interna de los partidos, donde no es fomentada la participación de las mujeres, en especial de las jóvenes, cuyas tareas demasiadas veces son relegadas a lugares de poca importancia.

Al analizar la participación de las mujeres en el escenario político actual, se pueden encontrar ejemplos de todo, desde algunas dedicadas con empeño a sus tareas, realizadas con responsabilidad, hasta aquellas que caen en actividades corruptas, en incumplimiento de deberes, irresponsabilidad en el ejercicio de los puestos públicos. En ese sentido, se puede decir que hay poca diferencia de género en la forma como se ejerce la política en el país.

La idea de las cuotas tiene el problema de la dificultad de encontrar la fórmula para establecer ese porcentaje mínimo de mujeres. Si es obligatorio, los partidos se verán obligados a escoger como candidatas o como funcionarias a señoras que aceptan la propuesta, aunque en realidad no se interesen en el ejercicio de la política, o sus características personales no permitan que se haga realidad uno de los motivos subyacentes: disminuir la corrupción, en cualquiera de sus formas, de quienes se involucran en política.

Los partidos no tienen capacidad de llenar sus candidaturas con personas cuya rectitud no tiene motivo de dudas. Al tener la obligación de llenar una cuota de mujeres, no podrán escapar a caer en el problema de tener que escoger casi a cualquiera para llenar una casilla faltante. Eso afianza la apertura de la actual puerta al amiguismo, al compadrazgo, al abuso y a todas las actitudes reprochables en los hombres actualmente dedicados a la política.

El porcentaje de la cuota es también controversial. En la actualidad, los funcionarios hombres electos o nombrados no son menos del noventa por ciento. Se debe decidir también acerca de la proporcionalidad de las mujeres según su etnia, su nivel educacional y su lugar de residencia. De lo contrario habría sobrerrepresentación de un grupo, en detrimento de los demás.

Por estas razones, es difícil hacer realidad la cuota femenina en la política. Convencer a las mujeres de participar pasa primero por lograr un sistema real de partidos, sin dueño, en el cual sea posible realizar una carrera. Las mujeres políticas más conocidas e importantes del mundo han llegado a donde están, comenzando desde abajo. Como están las cosas, eso no es posible en nuestro medio.

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