Tras firma de acuerdos con Panamá y la Alianza del Pacífico, Colombia cierra etapa de apertura económica

El gobierno colombiano aceleró el proceso de apertura comercial. Hace una semana firmó el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Panamá, uno de los acuerdos que más preocupación ha despertado en el sector privado nacional, por el ingreso de productos chinos –a precios muy bajos– a través de la Zon
a Libre de Colón. También presentó ante la comunidad internacional la Alianza del Pacífico (México, Colombia, Chile y Perú), el más ambicioso proceso de integración de los últimos años, y se alista para firmar un acuerdo con Israel, con lo cual abre las puertas para ingresar a Oriente Medio.

Colombia completa así 14 acuerdos entre comerciales, de alcance parcial y complementación económica con alrededor de 45 países. Aunque la cifra suena muy alta, la verdad es que esta no es ni mucho menos la economía más abierta en la región. El país ha firmado menos TLC que Perú, que lleva 18; que México, que completa 19 –entre TLC y acuerdos de alcance parcial– y está lejos de Chile, que tiene firmados 22 tratados de libre comercio y sobresale en América Latina como la nación que hizo la mayor apertura de los últimos años.

Aunque hay un amplio consenso en que la estrategia de abrirse más al comercio y a la inversión extranjera tiene un impacto significativo en el crecimiento económico de los países, la verdad es que este modelo suele ser muy criticado, especialmente por los sectores que se ven más expuestos al crecimiento de la competencia. Es el caso del agropecuario, considerado uno de los más frágiles. En el reciente paro de ese sector uno de los puntos centrales tuvo que ver, precisamente, con los temores por el impacto de los tratados de libre comercio, especialmente con Estados Unidos y la Unión Europea.

Sin embargo, todavía es prematuro hacer un balance definitivo de los efectos de estos acuerdos, pues el de Estados Unidos lleva año y medio de vigencia y el de la Unión Europea apenas arrancó hace un par de meses. Si bien entre enero y julio las exportaciones al mercado estadounidense cayeron un 12 por ciento, esto se debe básicamente al descenso en los precios del petróleo y el carbón y a las menores ventas de café.

Por el contrario, las importaciones desde ese país han crecido un 15 por ciento pero están más relacionadas con las compras del sector minero-energético que con una avalancha de productos agrícolas, ya que hasta ahora solo ha ingresado cerca del 3 por ciento de los contingentes previstos en los acuerdos.

Al mirar la balanza comercial de Colombia en los siete primeros meses del año el impacto no es dramático. Las exportaciones han caído un 4,3 por ciento y las importaciones han disminuido un 1 por ciento. Si bien este descenso coincide con la puesta en marcha de varios acuerdos comerciales, hay que anotar que se registra en un periodo de desplome en los precios de los productos básicos en momentos de una desaceleración en la economía mundial.

Por el momento, aunque el gobierno no va a cambiar su estrategia de libre mercado, sí quiere bajarle el ritmo a la firma de acuerdos. El presidente Juan Manuel Santos anunció recientemente que el país está llegando al final de la hoja de ruta que se trazó hace dos décadas en el proceso de internacionalización de la economía, lo que ratifica el ministro de Comercio, Industria y Turismo, Sergio Díaz-Granados, quien afirma que ya se alcanzó la meta de lograr una mayor integración con Estados Unidos y la Unión Europea, y de mirar más al Asia.

Este punto final de la integración coincide con dos acuerdos cruciales sellados en los últimos días: la Alianza del Pacífico y el TLC con Panamá. El primero es un bloque económico conformado por Colombia, Chile, Perú y México, que tiene un gran potencial de crecimiento. Son 210 millones de habitantes –el 35 por ciento de la población de América Latina–; y representan el 50 por ciento del comercio y el 36 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de la región.

Si sale adelante, esta integración podría convertirse en un ejemplo para América Latina, después de los fracasos y los problemas de otras uniones como la CAN y el Mercosur. Esta Alianza permitirá a los cuatro países tener un mayor poder de negocicación y llegar a otros mercados. Pero también implica riesgos. La Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) se marginó de las conversaciones por considerar que el agro se verá afectado porque Chile, Perú y México son muy competitivos en este sector. Este es un asunto al que el gobierno deberá ponerle mayor atención, porque el descontento agropecuario no ha terminado.

El otro acuerdo que despierta una gran expectativa es el TLC con Panamá, que también generaba gran oposición en los sectores textiles, de confecciones y de calzado, golpeados por el ingreso masivo de productos provenientes de la Zona Libre de Colón. Pero contra viento y marea el tratado salió adelante por varias razones. Panamá era uno de los pocos países de Centroamérica con los cuales Colombia no tenía un acuerdo.

Es el principal socio comercial en esa región –el país exportó a ese mercado el año pasado 2.800 millones de dólares, una cifra mayor que lo que le vendió a Venezuela–. Panamá es junto con Costa Rica uno de los países interesados en hacer parte de la Alianza del Pacífico. Y el TLC con Colombia lo acerca más en este proceso.

Esta semana también se firmará un TLC con Israel, un país con el que Colombia no tiene un gran intercambio comercial, pero es uno de los que sobresale en el contexto mundial por sus innovaciones tecnológicas, sus alianzas productivas y su cooperación técnica.

Tras el cierre de estos acuerdos queda pendiente solo un par de negociaciones, que podrá ver la luz el año entrante. Una es con República Dominicana y la otra es el Acuerdo de Asociación Económica con Japón. Este último hace parte de los tratados de segunda generación, que tienen un mayor alcance. Con este, Colombia podría acercarse más a las naciones asiáticas con las cuales no ha tenido una relación fuerte, al contrario de Perú y Chile, que tienen lazos muy estrechos con esas economías.

Japón sería el segundo país asiático con el cual Colombia cierra un acuerdo. El primero fue Corea del Sur, cuyas negociaciones levantaron ampolla en la industria automotriz y en el sector de electrodomésticos porque ese país es el quinto productor mundial de vehículos y uno de los mayores competidores en el sector de la tecnología y en la denominada línea blanca (neveras, lavadoras, etcétera). Pero hay grandes expectativas para el sector agropecuario, que podría resultar ganador porque Corea es un importador neto de alimentos. Un TLC con China está descartado en el corto plazo.

En síntesis, aunque se está cerrando una etapa en la internacionalización comercial, la tarea no está terminada y ahora sigue aprovechar los acuerdos firmados. Este es el gran reto del sector privado, que tiene que ser más innovador, y para el gobierno, que tendrá que reducir los costos. Empezando por acelerar el plan de infraestructura, que es el gran cuello de botella que le quita competitividad al país. Otro gran desafío será trabajar para que el agro también sea un ganador con esta apertura y no siga satanizando los TLC.

http://www.semana.com/economia/articulo/acuerdos-comerciales-se-cierra-un-ciclo/359157-3