Una nueva visión de la integración de Centroamérica – Por Richard Castillo

Las agendas nacionales siempre extensas y muy enfocadas a los temas de coyuntura, provocan con frecuencia la invisibilidad de temas de gran importancia y trascendencia. La integración centroamericana, uno de ellos. Esta sobrevive en su propia dinámica interna sin mayor atención permanente de los grupos políticos, sociales, económicos o cobertura especializada de los medios de comunicación.

A lo largo de la historia de la integración regional son claras tres etapas diversas: la primera, el nacimiento del proceso de integración económica dentro de una visión de sustitución de importaciones, que permitió el crecimiento de un sector industrial incipiente, y alcanzó un crecimiento del comercio intrarregional hasta alcanzar los mil millones de dólares a finales de los años setenta; la segunda etapa, las crisis políticas y las tensiones intrarregionales de los años ochenta, que provocó la disminución del comercio en la primera mitad de la década y orientó exitosamente, en la segunda mitad, sus esfuerzos al apoyo de soluciones pacíficas a los conflictos políticos a partir del esfuerzo de Esquipulas; y la tercera, el relanzamiento de la integración económica ampliando sus campos de acción hacia áreas ambientales, sociales y de seguridad, por ejemplo, a la vez que impulsando el comercio regional dentro de una estrategia de apertura internacional. El resultado, un nivel de US$7,000 millones de comercio intrarregional y una fuerte red institucional de entidades de enfoque regional.

Desde un ámbito económico, el avance de la integración se refleja en productos y servicios comunes en Centro América, de empresas regionales, algunas, y multinacionales, otras. Desde líneas aéreas, hoteles, centros comerciales, productos de consumo, restaurantes, ingenios, bancos y comercios propiedad de grandes empresas, hasta vegetales, frutas, vestuario, productos de nicho, franquicias, servicios profesionales y de informática, por parte de las Pymes.

En este proceso, la institucionalidad de la integración continúa su dinámica y es creciente el número de entidades regionales en funcionamiento. Desde la coordinación del SICA, pasando por la SIECA, el tratado de seguridad democrática, el control de vuelos, la interconexión eléctrica o la agenda social, son parte de decenas de entidades que integran el marco legal y regulatorio del sistema.

Se requiere, sin embargo, promover una nueva etapa, más ambiciosa e integral. La agenda a explorar podría incluir, como mínimo, estos temas: la necesidad de la supranacionalidad, en materia política; la consolidación de entidades regionales, en lo institucional; la logística aérea y terrestre, para la competitividad de las Pymes; la unificación de tributos, en lo fiscal; mayor competencia, en lo económico; metas nacionales de inclusión y eliminación de pobreza, en lo social, y certeza regional, en lo jurídico. Promover el cambio de agenda es una visión de la integración.

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