Brasil y el mundial del fútbol – Por Adalberto Santana

El jueves 12 de junio de 2014 fue la fecha de la inauguración del mundial de fútbol en Brasil. Acontecimiento global en el que se espera que el equipo local se corone campeón. Esto sin embargo, no excluye que en el gran público latinoamericano anhele que sea un equipo de la región quien se lleve la copa del torneo mundial más destacado del orbe. Evidentemente, las mayores expectativas latinoamericanas se centran en las escuadras brasileña y argentina.

A su vez, esta justa del mundo del espectáculo-deportivo también ha servido como escaparate para que muchos grupos locales busquen llamar la atención sobre sus conflictos y demandas sociales, como ha ocurrido con la huelga de los trabajadores del metro de São Paulo o las manifestaciones de carácter social en Brasilia, como las realizadas por los indígenas que piden la demarcación de sus reservas. De esta manera, el escenario balompédico sirve para una serie de protestas sociales relacionadas con la realidad brasileña y, con frecuencia, con aspectos más locales que nacionales. Así, lo más probable es que esta situación y esas manifestaciones sean controladas durante el desarrollo de esa fiesta del fútbol.

La justa deportiva es un gran acontecimiento que llama la atención de casi todo el mundo, aunque para Brasil resulta un escenario de primer orden, es una oportunidad para mostrar los avances sociales y económicos que ha logrado el gigante sudamericano. Pero también el mundial del fútbol, como espectáculo, acapara diversos medios de comunicación, radio, televisión, prensa escrita e internet. En particular, para la televisión es uno de los espectáculos más atractivos e importantes. No se requieren grandes producciones televisivas, el espectáculo de hecho ya está bien organizado y su escenografía esta excelentemente montada, sólo se requiere transmitir y reseñar el desarrollo de las competencias.

Así, para las grandes cadenas y empresas televisoras es una enorme oportunidad para ofrecer a distintas entidades patrocinadoras que se beneficien e involucren a profundidad con ese evento. En el mundo hay diversidad de empresas transnacionales y locales ya sean las dedicadas al transporte, productoras de bebidas gaseosas o etílicas, de ropa deportiva, empresas bancarias o de seguros que transmitirán sus mensajes aprovechando la atención de millones de televidentes en el mundo. Negocio redondo que es regulado por la Federación Internacional del Fútbol Asociación (FIFA). Sin duda, ese organismo que aglutina a más representaciones (209) que la Organización de la Naciones Unidas (193), se ha convertido en el gran árbitro financiero de este acontecimiento económico que incluye las transmisiones y los productos ofertados.

El desarrollo de ese espectáculo deportivo y televisivo tiene como marco al Brasil. Una de las potencias emergentes en el ámbito latinoamericano y mundial. País que a su vez, pertenece al conjunto conocido como BRICS (formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que en días posteriores al Mundial sostendrá una reunión en la ciudad de Fortaleza. Es decir, se trata de la economía más fuerte de América Latina con una geo-estrategia espacial, única en la región. Además, es la nación más poblada de esa parte del continente, con cerca de 190 millones de habitantes. En el imaginario popular latinoamericano, Brasil debe triunfar, como anticipan muchos aficionados del continente. A nivel político, el hecho de que sea campeón un equipo latinoamericano representa reafirmar la identidad latinoamericana llevada al nivel del deporte-espectáculo. Así, Cuba en el deporte olímpico, es la mejor representación de la región al ubicarse desde hace muchos años como el más destacado equipo latinoamericano y uno de los mejores clasificados a nivel mundial.

Es necesario destacar que en algunos lugares donde se desarrollarán los partidos del mundial, no gobierna el Partido de los Trabajadores (el de la presidenta Dilma Rousseff). Varias de las protestas sociales que se desarrollan en el Brasil, no son contra el gobierno del PT. Por el contrario, las manifestaciones y protestas muchas veces violentas, se dirigen contra autoridades locales y gobiernos de la derecha brasileña. En estas protestas, los sectores populares son los que se hacen más presentes. Lo cual quiere decir que esos no son conflictos nacionales, se trata de desacuerdos locales, pues existe un consenso de apoyo a la presidenta, impugnada por los gobiernos estatales contrarios al gobierno federal. Pensemos que en este año, en el mes de octubre, los electores brasileños acudirán a las urnas para elegir a Dilma en un nuevo periodo presidencial o inclinarse por la oposición de derecha. Incluso posturas como el recién pronunciamiento de la alianza con el Partido Democrático del Trabajo (PDT)  y del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que manifestaron el 10 de junio en sus convención nacional, su apoyo a la reelección de Dilma Rousseff y al vicepresidente Michel Temer, fortalece las perspectivas del triunfo electoral para el 5 de octubre de 2014. Hasta finales de abril, la candidata del PT y sus aliados tenían una intención del voto de un 37 por ciento, en tanto sus contrincantes alcanzaban un 21,6 por ciento para el socialdemócrata Aecio Neves y 11,8 por ciento del socialista Eduardo Campos (encuesta de la Confederación Nacional del Transporte). De ahí que, en esa política de alianzas de Dilma Rousseff y del PT, sea estratégica para seguir reduciendo la pobreza en Brasil y hacer realidad lo que la misma mandataria brasileña ha mencionado en su programa“juntos somos invencibles y separados somos débiles”, así como lograr “la creación de unos cinco millones de empleos formales y el aumento del salario mínimo”.

También pensemos que hay intereses que tratan de desestabilizar a Brasil como potencia emergente y líder indiscutible de América Latina. Se trata de un país con una política exterior activa que ha sabido impactar en muchos procesos de pacificación —como hizo con Honduras y Paraguay— y dar apoyo solidario, como pasó con Haití, después del terremoto que destrozó al país caribeño. Políticamente, de resultar favorable este evento deportivo del mundial de futbol, se fortalecerá la imagen de la presidenta Rousseff, del Partido de los Trabajadores y del ex mandatario Luiz Inácio Lula da Silva, principales dirigentes de Brasil del siglo XXI y que muestran a su vez una vertiente de las izquierdas que hoy mayoritariamente gobiernan en los países latinoamericanos. En tal sentido, el presidente de Ecuador, Rafael Correa enfatizó: “Voy a estar en la inauguración y será una manera de respaldar a la presidenta Dilma, ante las protestas allí que son un poco injustas”.

De esta manera, podemos identificar que el mundial del fútbol a desarrollarse en el escenario brasileño, es también el escaparate de una confrontación político-ideológica en el escenario global, pues el fútbol representa una pugna simbólica que no llega a desatar guerras. Se trata de un acontecimiento histórico importante por su magnitud económica, cultural, deportiva y expresiones políticas y sociales donde los latinoamericanos deben y se encuentran obligados a triunfar frente a otros bloques de poder. En otras palabras, la presidenta de Argentina Cristina Fernández, expresó “que al menos una selección latinoamericana pueda obtener la Copa del Mundo”.

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