Crisis migratoria infantil en Centroamérica: efecto de un modelo de exclusión

Por Bertha Zúniga* desde Honduras. En el último tiempo se instaló en Centroamérica la llamada crisis migratoria infantil tras revelarse que este año casi se triplicó el número de menores que intentaron ingresar solos a Estados Unidos. Análisis de las causas coyunturales y las estructurales.

La migración es un fenómeno social natural en los seres humanos, pero esta situación llama la atención por ser miles de niñas, niños y adolescentes sin compañía los que salen de sus lugares de origen para llegar, en este caso, a Estados Unidos. En todo el 2013 fueron unos 24 mil, y en lo que va de este año ya superaron los 57 mil. El motivo es escapar de un sistema que no ampara a su niñez y que la expone a la violencia más brutal y a una vida sin derecho a la salud, la educación y al juego. Esto es lo que pasa en la región centroamericana y, sobre todo, en los llamados países del Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador), situación que muchos vienen calificando como una crisis humanitaria.

Estos niños y niñas salen de sus países por la falta de protección del Estado, padecen abusos, todo tipo de violencias, pobreza, abandono, la falta de oportunidades educativas y la trata de personas y, en algunos casos, lo hacen para reencontrarse con sus familias que viven en EEUU. Cruzan las fronteras sin autorización, en condiciones de precariedad, sin documentación y exponiéndose a un sinfín de riesgos. Como los adultos, contratan a traficantes de personas, los denominados “coyotes”, algunos de los cuales tienen vínculos con el crimen organizado y se aprovechan de su vulnerabilidad.

Analizando esta situación de manera integral, las razones de la migración las podemos encontrar en un modelo económico excluyente, preocupado por beneficiar a las transnacionales y a las oligarquías de nuestros países, y que sirve cumpliendo esta función. Su impacto repercute en diversos ámbitos y sectores y, ahora, también se evidencia cómo afecta a la niñez.

Para nadie es nuevo que por el subdesarrollo económico padecido históricamente en la región, producto del neoliberalismo, a gran parte de nuestra infancia le ha tocado trabajar en condiciones de explotación sin tener oportunidades de estudio y una simple vida infantil, pero escarbar en las causas de este éxodo masivo requiere de nuevos análisis.

En Centroamérica, vivimos la implementación de un capitalismo salvaje, en su fase más agresiva, que genera un ambiente de ingobernabilidad y crisis en todos los sentidos. Para figurarnos la situación hay que decir que la distribución de la riqueza es cada vez más desigual, con tendencias a la concentración: el 65% de la población maneja un 25% de ésta, mientras que un 10% concentra el 40% del total. El 59% de nuestra población vive en condiciones de pobreza y un 15% vive en la indigencia.

A pesar de que, en la zona, tenemos gobiernos con políticas sociales que varían, el progresismo cortoplacista sigue sin ser una respuesta a las necesidades de democracia para nuestros pueblos. Estos gobiernos, legitimados por políticas compensatorias y la generación de empleo, no frenan la concentración de la riqueza ni la producción basada en la explotación irracional y no acaba con los ciclos de empobrecimiento. Ni hablar de la situación específica de Honduras, donde las consecuencias del golpe de Estado de junio de 2009 siguen vigentes y la crisis estructural llena nuestros cotidianos de violencia y desesperanza.

Crisis estructural en Honduras: un ejemplo del caso

A cinco años de golpe de Estado, según diversos informes Honduras es, actualmente, uno de los países más violentos del mundo debido a numerosos factores incluyendo la alta tasa de homicidios y los niveles alarmantes de lesiones, atracos, extorsiones, la proliferación de armas pequeñas y ligeras, el narcotráfico y las acciones de las maras (pandillas).

La violencia se ha convertido en un slogan de país para justificar la implementación de la militarización: la creación de la Policía Militar, fuerzas especializadas de seguridad y el creciente y lucrativo negocio de la seguridad privada, de la que son dueños los grandes oligarcas y terratenientes del país. Gran parte de la violencia militar y policial es dirigida a las y los jóvenes organizados en cualquiera de sus variantes.

El Observatorio de la Violencia de la Universidad Autónoma de Honduras (UNAH) registró, durante los primeros meses del año, un promedio de 90 muertes mensuales de jóvenes, mismo que aumentó a 102 en el mes de mayo. También se han registrado 40 masacres en las que, la mayoría de las víctimas, son jóvenes.

En 2013, dos mil niños y niñas de 12 años abandonaron los estudios por amenazas de muerte y 17 mil familias tuvieron que abandonar sus domicilios por la misma razón. Un millón de niñas y niños no asisten a la escuela, 500 mil están siendo explotados laboralmente y unos ocho mil viven en las calles.

La implementación del modelo neoliberal y su concreción, complementados con Tratados de Libre Comercio, ha dado sus resultados: crisis económica, crisis institucional, ingobernabilidad, crisis alimentaria, concentración de la riqueza, saqueo de los territorios, privatización de los bienes comunes de la naturaleza, desplazamientos, alto índice de desempleo, proliferación de narcotráfico, tráfico de personas, corrupción, entre otros.

Soluciones: una mirada desde Honduras

El modelo de dominación avanza convirtiendo a Honduras en un Estado fallido para servir a sus pobladores, entre ellos a las niñas y niños, y un Estado eficiente para servir a las transnacionales y la oligarquía.

El gobierno le ofrece a la infancia, como una salida a la violencia, proyectos como el nombrado “Guardianes de la Patria”, un programa de adoctrinamiento militar y religioso que claramente no es una solución, como tampoco lo serán los millones de dólares que se destinen en disimular el problema.

La crisis seguirá golpeando a nuestro país y, por supuesto, de ella no escapan las víctimas más inocentes, las niñas y los niños. Los muros y las detenciones no serán una contención real, la búsqueda de una vida mejor es una respuesta instintiva para escapar del peligro y la muerte.

La solución para que la migración de niñas y niños centroamericanos no continúe debe ser una respuesta de la misma forma que el problema: estructural.

* Hondureña Licenciada en Humanidades y militante del Colectivo Latino-Africano

http://www.marcha.org.ar/index.php/elmundo/america-latina-caribe/5560-crisis-migratoria-infantil-en-centroamerica-efecto-de-un-modelo-de-exclusion