El suicidio Guaraní o La Rebelión trágica (Paraguay) – Por Chiqui Benítez

“En los últimos 30 años, más de 625 indígenas guaraníes se han quitado la vida. Esto hace que su tasa de suicidio sea 19 veces mayor que la tasa nacional de Brasil. El 85% de los suicidas son jóvenes menores de 30 años. Aún peor: el más joven tenía tan solo 9 años.” (Joanna Eede, Escritora y Consejera Editorial de Survival International)

“El ataque de un batallón de capangas a Y’apó es emblemático: los Avá son, entre los Guaraní, el pueblo más pacífico, el más manso. Días antes, centenares de policías -armados como para combatir peligrosos guerrilleros- quemaron sus ranchos y destruyeron sus cultivos. Con orden de la fiscalía, como siempre. Pero ellos volvieron allí, serenos y tristes, con sus mujeres y sus niños. Debían hacerlo, era el lugar de sus dioses, el sitio sagrado de sus ancestros. Y quizá sólo para morir en ellas, retornaron a su tierra. Como sus hermanos de Curuguaty, silenciosos y harapientos, simbolizan lo poco de coraje y dignidad que resta en ella.” (Milda Rivarola, Viento Fuerte, publicado el 25/06/2014)

Abordaje: Cómo hacerlo.

Para comenzar, acordemos, esto no es, precisamente, una novedad, aquello que dicen una noticia. Pero, es obvio, no puede ser considerado así nomás. Como que sigue lloviendo sobre mojado y no pasa nada. Digo…con la actitud fatalista del cínico que ha dimitido ante una realidad que exige ser transformada. Tampoco con la miserable alarma populista y sentimental con la que entienden y abordan su acción, respecto a las cíclicas inundaciones por ejemplo, los oportunistas de todos los pelajes.

No…decía, antes de decidirme a escribir. Esto es algo más grande, más denso, complejo y profundo. Tiene que ver con la historia, la cultura, los valores y principios, con la existencia, la vida, la ecología, las relaciones sociales, con las formas y modos de pensarnos a nosotros mismos y a los demás, a los otros, con la diferencia, con procesos instituidos como legales y legítimos para muchxs, con la economía, con la política.

Sí…con la Política. Y entonces, me preguntaba, cómo hacerlo sin caer en la gastada y lamentable retórica del sensible o del iluminado progresista de la vanguardia revolucionaria exponiendo programa político de que hacer porque que, supuestamente, sabe aquello que otrxs no alcanzan a percibir, a entender o a plantearse como algo que les compete y compromete. Cómo evitar que lo que fuera a escribir no pasase de ser un mero ejercicio periodístico carape adhonoren o un lamentable seudo-ensayo político-literario del cual avergonzarme mañana.

Tengo que asumir, nobleza obliga, tuve la tentación de mantenerme callado. De refugiarme en el silencio contemplativo, de aguantar lo que produjese en mí la conciencia de optar por la desidia, adormeciendo una vez más la rabia e indignación frente al horror y la catástrofe. Me dije muchas palabras, algunas en verdad muy duras, que me las guardo por una mezcla de auto-compasión y decencia.

Finalmente, como pueden ver, opte por conversar con ustedes. Pensé, tal vez ingenuamente, no sé, que si compartía aquello, que con mis limitados conocimientos y facultades, lograba reflexionar delante de mí mismo, en solitud, tal vez podría representar una pequeña contribución, que junto a otras, logre sumar aperturas en la estrecha esfera de lo posible. No encontré más que esa forma de tratar-decir-escribir sobre este verdadero acto de genocidio guaraní auto-infligido por la falta de alternativas, por la cerrazón criminal de la sociedad que los envuelve, oprime y somete. Espero haber reflejado con suficiente fidelidad las ideas y sentimientos que motivaron estas líneas, con la esperanza que, en alguna medida, nos reconozcamos en una comunión de sentido.

Conversación compartida.

Hay que imaginar… la siesta extensa, húmeda en sudores y sueños, la niebla de sus calores filtrándose en nuestra mirada, el cansancio feliz de la cosecha y el estremecimiento en el instante de muerte en la caza. Percibir, plenos y libres, la alegría en los amaneceres, en los diversos aromas del día, en los rojos fulgores del atardecer. Aprender los extraños lenguajes que mantienen viva a la selva, aquellos que hablan los cerros y arroyos, llanuras, ríos y pantanos. Llegar a descifrar el secreto mensaje de las luciérnagas cuando ayudan a la luna en las noches infinitas, pobladas de ñakûrutûs, ranas y grillos con sus cantos primordiales.

Tendríamos que ser capaces de sentir el vértigo de siglos surcándonos las venas, con el atronador eco del Parana como fondo, siempre presente y móvil, de nuestros sueños.

Deberíamos dolernos con la tierra, con la devastación sin freno de todos los territorios, de los sagrados y de los que no.

Sufrir, su dolor sin límite, por la tala de los bosques, de cada monte, de cada árbol, aspirar el toxico aire de los plaguicidas, saciar la sed con agua convertida en veneno. Tendríamos que soportar en carne propia el larguísimo y brutal abuso, la violencia asesina y el oprobio y el engaño sistemático, instituido como forma única y permanente de relación.

Padecer, resistiendo impotentes, la hostilidad sin tregua y la persecución criminal sobre nuestros cuerpos, sobre nuestra cultura.

Imaginar, mirar y ver, percibir, sentir y sufrir todo, todo esto y más, mucho más…envuelto en la densa nostalgia de una pérdida irreparable, del ya desaparecido marco de vida, de Urunde’y, Ygary y lapachos floridos, de selvas enteras, conversando sin apuro con el viento, con la lluvia, con el sol y la luna.

Tendríamos que estar en su piel, para intentar comprender, la inmensa y frágil belleza de las mariposas y las abejas, el poder de las plantas y las flores, la delicada y preciosa relación que nos une a ellas. Ser ellos para llegar a ver la sombra del azul yaguareté cruzar la espesura del matorral del tiempo y a los gemelos, hijos de Ñanderuguazu, bañándose en los arroyos.

Saber con ellos…escuchando para no olvidar nunca, el resonar de su muerte repetida justo en el punto más cruel de la agonía.

Para así, tal vez, alcanzar a entender la identidad que nos es común, que es tuya y mía, la nuestra. Aquella de hace mucho, esta de ahora, la de siempre, la que nos une y nos fortalece. Con ella podemos enfrentar juntos la agonía de una existencia expropiada por la fuerza, enajenada en instituciones de legalidad arbitraria, inventada a medida de los poderosos. Usurpada por adictos empedernidos al lucro privado, al poder y al dinero, secundados por ejércitos de esbirros, cómplices y aduladores. Siniestros personajes de extrema debilidad ética y moral por el acomodo y el consumo. Esas patéticas figuras, genuflexas y dóciles frente a la riqueza, feroces y violentas sin escrúpulos ni vergüenza frente a la pobreza. Sanguinarios de codicia ciega y demente, que pretenden ocultar con cínicas y falsas promesas, sus privilegios y beneficios, su crecimiento destructor, su desarrollo excluyente y genocida, su lógica capitalista maldita e hipócrita.

Pensar, al fin, que su partida, esa última salida, su sacrificio extremo, es la negación del negado, la decisión luminosa, conmovedora y fatal del ninguneado, que quiebra, marcando con su fin, la continuidad de una condena sin límites.

Que es la fuga, el rechazo definitivo y radical de esta tierra del mal.

Unirnos al sapucai incontenible por ese otro mundo generoso de ternura, paz y alegría, que hoy sigue siendo un sueño, el horizonte, la utopía.

Aquella, la misma, por la que caminaron su marcha interminable, la misma que ahora alumbran con su partida. Caminata de lucha y solidaridad a la que nos convocan y empujan con su rebelión trágica, desafiando nuestra moral, razón y sentimientos. Rasgan extrema, dolorosa y terriblemente, una brecha con sus propias vidas, abriendo oportunidades para juntos construir el poder de los de abajo, capaz de frenar esta sangría.

Hoy es aún el tiempo de crear una alianza fraterna, democrática e indestructible con los pueblos guaraníes. ¡¡¡Hagamos también nuestro su sueño invencible: la búsqueda de la Tierra sin Mal, la Tierra Emancipada!!!

http://www.vientofuerte.com/news/2014/07/23/el-suicidio-guarani-o-la-rebelion-tragica/