Santos a las Farc: “La guerra es entre combatientes, no con la población civil”

El cambio de discurso de Santos

Al Gobierno se le rebosó la copa. En otras palabras, los recientes atentados de las Farc contra la infraestructura energética y petrolera del país, e incluso un acueducto en Granada (Meta), colmaron la paciencia del presidente Juan Manuel Santos, quien desde el martes pasado muestra un cambio radical en su discurso frente a la guerrilla y por primera vez desde que comenzaron las negociaciones de paz en La Habana ha abierto la posibilidad de acabar con los diálogos. Además de ello están los rumores sobre un supuesto malestar en algunos sectores de las Fuerzas Armadas cansados de que esas acciones continúen sin que haya una reacción contundente del Ejecutivo y, en cambio, en algunos aspectos se les quiera “igualar” con la subversión, como, por ejemplo, a la hora de reconocer a las víctimas.

El martes, en un discurso desde Palmira (Valle del Cauca), el primer mandatario calificó como “demenciales” los ataques y les advirtió a las Farc: “Se están cavando su propia fosa política (…) están jugando con candela y este proceso puede terminar porque no puede seguir indefinidamente esta situación”. Y ayer, al término de un consejo de seguridad en Buenaventura, le envió un mensaje directo a la delegación de la guerrilla en Cuba: “Vamos a advertir en La Habana a quienes están comandando estas organizaciones que esa actitud no es para nada aceptable ni consecuente con las conversaciones que hemos venido adelantando. Lo consecuente son gestos de paz, no acciones contra la población civil”, enfatizó.

Una postura que tiene diversas interpretaciones entre los partidos políticos con asiento en el Congreso de la República, aunque cabe decir que la mayoría respaldaría la eventual decisión de levantarse de la mesa. Por ejemplo, el senador liberal Juan Manuel Galán es de los que creen que el presidente tiene toda la información sobre cómo van los diálogos y por eso hizo las declaraciones que hizo: “Es que son protuberantes los hechos y el mensaje que envían las Farc a los colombianos, volando torres y atacando a la población civil. Si el presidente decide acabar con las negociaciones, todos lo vamos a respaldar. No podemos esperar una eternidad y que las Farc sigan jugando con los tiempos. El margen de paciencia del pueblo colombiano es muy estrecho”, señaló.

Una posición parecida a la del representante a la Cámara de Cambio Radical Luis Eduardo Díaz Granados, quien considera que hay que ponerles fechas concretas a las negociaciones, pues la historia muestra que la guerrilla siempre inicia diálogos generando una gran expectativa, para terminar en una gran frustración. “Si están interesadas en la paz, que procedan. Si no es así, deben levantarse las negociaciones y buscar su derrota por la vía militar. Esta negociación se adelanta en el marco del conflicto, pero ya llevan un tiempo suficientemente largo y lo que se ve es un aumento de las acciones armadas de las Farc. No podemos seguir con ambigüedades y deben ponerse fechas puntuales. El presidente cuenta con todo el respaldo político para dar por terminado el proceso”, dijo.

En cambio, el senador Horacio Serpa, liberal también, prefiere ser más cauteloso a la hora de analizar la posibilidad de acabar las negociaciones, y si bien se mostró solidario con las advertencias del primer mandatario, aseguró que hay que persistir en la búsqueda de la paz. “Aunque hay un pésimo comportamiento de las Farc con sus acciones y ataques, el presidente Santos no puede dejar perder lo que se ha avanzado. Hay que continuar porque lo que vamos a lograr con la paz permitirá solucionar todos estos problemas de violencia de por vida. Ahora vivimos una dificultad muy grande porque estamos negociando en medio del conflicto, pero vale recordar que no puede darse una tregua y debemos aguantar para seguir en la búsqueda de la paz”, enfatizó.

Por los lados del opositor Centro Democrático, según el senador Fernando Nicolás Araújo le dijo a El Espectador, la postura es que no se puede premiar al terrorismo y si las Farc no muestran voluntad de paz, hay que levantar la mesa de La Habana. “Creemos que el proceso de paz es necesario para alcanzar una paz estable y duradera, pero para que esto sea así y se logren los propósitos, se requiere el cese de actividades criminales”, indicó. A su vez, la representante María Fernanda Cabal, mucho más crítica, cree que el problema radica en que ni la ciudadanía ni la guerrilla le creen al presidente Santos. “Él tiene la facultad de actuar y desplegar todo el poder militar del Estado, pero no lo hace. Esto está cada vez peor, nos sentimos desprotegidos y las Farc están descansando y haciendo de las suyas”, declaró.

Hay quienes creen que la actual coyuntura es algo que se veía venir por negociar en medio del conflicto. Y hoy más que nunca se requiere tener cabeza fría. Lo claro, por ahora, es que el discurso del presidente Santos, además de advertirle a la guerrilla que el proceso se puede acabar, apunta también a algo que desde siempre se ha pedido pero no se ha cumplido: que la población civil esté por fuera del conflicto. De ahí sus palabras ayer en Buenaventura, que por cierto llevan implícito el mensaje de respaldo a la Fuerza Pública para reaccionar e ir a la ofensiva en medio de tanto ruido: “Estamos en guerra. Pero la guerra es entre combatientes, la guerra es entre los soldados y los policías de nuestras Fuerzas Militares, no es contra la población civil”.

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Santos cambia el discurso cuando la negociación entra en su etapa más compleja

El duro mensaje del presidente Juan Manuel Santos anoche, en el que advirtió a las Farc que “están jugando con candela y [que] este proceso puede terminar” y usó -por primera vez en un buen tiempo- el término “atentado terrorista” para describir sus acciones, representó un giro en su discurso sobre el proceso de paz.

Esa advertencia que Santos dejó en el aire de levantarse de la mesa -como ocurrió en gobiernos pasados en Tlaxcala y el Caguán- tiene pocas probabilidades de cumplirse y puede ser otro globo del Presidente sin ninguna incidencia en la mesa, como los que ha echado antes. Pero su viraje lingüístico sí es un reflejo del momento en que se encuentran las negociaciones de paz con esta guerrilla y, sobre todo, de la turbulencia que sacude los procesos de paz antes del aterrizaje final.

Tanto en Sudáfrica como en Irlanda del Norte sucedió algo similar: a medida en que se acercaban los temas más álgidos -como la discusión sobre penas judiciales o dejación de armas- el ambiente fuera de las mesas negociadoras se crispaba y la opinión pública se alborotaba con mucha mayor facilidad.

En Colombia habríamos llegado a ese punto, dado que se discute el punto sobre víctimas y al mismo tiempo una subcomisión de negociadores arrancó a discutir el tercer punto sobre el final del conflicto, que trata de las condiciones para dejar las armas. Y la zozobra se manifiesta en que tanto las Farc como el Gobierno tienen dilemas grandes en sus manos.

La escalada, más ruido que nueces
La reciente arremetida de las Farc puso contra las cuerdas a Santos, que se reeligió con la bandera del proceso de paz y amarró su segundo gobierno a la promesa de que un país sin conflicto armado tiene mayores posibilidades de crecer económicamente.

Las acciones de las Farc en julio dispararon la temperatura pública sobre el proceso de paz, tras una seguidilla de atentados que dejaron sin agua a 60 mil personas en el Meta, sin luz a Buenaventura, volados tramos del oleoducto transandino en Putumayo y que causaron la muerte de una niña de tres años -hija de un patrullero- durante un atentado contra un CAI en Arauca.

A esto se le suman las acciones del Eln, incluyendo los petardos en Bogotá, que alimentan aún más el rechazo contra las guerrillas y las negociaciones.

Ciertamente no es la primera arremetida de las Farc durante el proceso y de hecho ya habían perpetrado acciones de magnitud similar, como dejar a Tumaco sin luz durante dos semanas, pero un mes después de la reelección el costo político de sus acciones también cambió.

Pese al ruido que se ha generado, no es tan evidente que julio haya sido el mes con la mayor escalada militar de las Farc, aunque sí lo es al mirar el pasado más reciente.

Ha sido el mes del 2014 con mayor número de acciones unilaterales cometidas por las Farc (36), según Jorge Restrepo, el director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac) que monitorea este tema. La gran mayoría, alrededor de un 78 por ciento, han sido dirigidas contra la infraestructura, un incremento sustancial si se compara con junio -mes de la tregua por las elecciones- en el que el Cerac le contabilizó a esa guerrilla apenas 12 acciones.

Sin embargo, de acuerdo a Restrepo, el número de atentados atribuidos a las Farc en julio no es mayor al de muchos meses año pasado, cuando ya se estaba negociando en La Habana. De hecho, según cifras del Ministerio de Defensa, que no están discriminadas por grupo, en el primer semestre de 2014 se contaron 200 actos terroristas menos que los ocurridos durante el mismo periodo en 2013.

Lo que sí puede explicar la sensación es que las acciones de este mes han tenido mayor visibilidad. Como se han concentrado en la infraestructura, que -según Restrepo “genera un mayor impacto, menor costo político y es menos riesgoso”.

Al mismo tiempo, aunque ha pasado bajo el radar pública, en julio el Ejército también arremetió con fuerza contra la guerrilla.

Según el comandante del ejército, el general Juan Pablo Rodríguez, en declaraciones a los medios, en las primeras dos semanas del mes las fuerzas militares neutralizaron a 116 guerrilleros y fue abatido alias ‘Camilo Jaramillo’, el segundo cabecilla del frente 32 de las Farc.

El mismo general Rodríguez publicitó una ofensiva militar contra el bloque noroccidental en el Chocó y más exactamente contra alias ‘Pastor Alape’, miembro del Secretariado de las Farc, que dejó 13 guerrilleros muertos.

En suma, la escalada existe, pero es menos fuerte de lo que parece. Y es de los dos lados, lo que refleja sus dos dilemas-

Los dos dilemas encontrados
Con sus opositores amplificando cada acción militar de la guerrilla -a veces incluso inflando o inventando episodios- y la sociedad civil cuestionando su voluntad de paz, Santos salió a hacer contención de daños y enviar un mensaje a las Farc que podía tranquilizar a la opinión.

Como decía el ex senador Juan Lozano esta mañana en Blu, “llevamos meses reclamándole a Santos por su inexplicable silencio ante la perseverancia terrorista de las Farc”.

“Ellos mismos se están cavando su propia fosa política, porque eso es exactamente lo que hace que la gente los rechace cada vez más”, dijo Santos anoche durante una reunión, frente a cientos de empresarios del Valle, que celebraban los 150 años del ingenio Manuelita. “Por eso me parecía importante, ya que pasaron las elecciones, volver a reiterar: sabemos perfectamente para dónde vamos y sabemos perfectamente nuestras líneas rojas. Ningún agricultor y ningún colombiano debe sentirse amenazado por lo que allá se está conversando”.

Por el otro lado, las Farc se encuentran en un punto diferente al de hace algunos meses, ya que ahora se les vienen encima los dos temas más difíciles. Al final de cuentas, los dos puntos que se están discutiendo -el de víctimas y el de final del conflicto- implican un reconocimiento de sus responsabilidades, darle la cara a sus víctimas y abordar seriamente el tema de dejar las armas.

Teóricamente los tres primeros puntos discutidos -el del campo, el de participación política y el de drogas- iban a ser los más difíciles de negociar, pero en todos se construyó un consenso que -como dice una académica que ha seguido las negociaciones- “plasma el país que soñamos”. Acá, en cambio, abordan temas más sensibles, que tocan a las Farc de manera mucho más directa y son definitivos para transformarse en un actor político en la legalidad.

“Que ellos den ese paso tiene que ver con una serie de garantías concretas sobre lo que les pasará a ellos en lo personal, en términos judiciales, políticos y de seguridad. Esos son precisamente los temas que vienen y a uno le da la sensación de que falta un centavo para el peso, para que ellos de verdad sientan que eso se cumplirá”, dice María Victoria Llorente, la directora de la Fundación Ideas para la Paz que estudia las dinámicas del conflicto.

Esos puntos “siempre fueron una sombra, pero ahora una mucho más concreta y grande”, reconoce otra persona que conoce por dentro el proceso. “En estos últimos dos puntos la carga recae sobre las Farc y es dónde el país va a ver su talante real”, añade.

Por eso probablemente recrudecieron sus acciones, con el ánimo de llegar más fuertes a la discusión de los dos puntos pendientes, que más los afectan.

Para el senador polista Iván Cepeda, uno de los congresistas que ha seguido de cerca el proceso y que más ha exhortado al Gobierno a no ponerlo en riesgo, el escalamiento es natural en la etapa final de las conversaciones. Pero más que nada refleja una dinámica de presión militar que cobija a ambas partes, a las fuerzas militares y a la guerrilla, justo cuando se inicia la discusión sobre el fin del conflicto y el desarme.

“Hay que recordar que ya se creó una comisión para discutir el punto del fin del conflicto. Entonces se está definiendo la fotografía final, el fotofinish del conflicto, con cuántos comandantes vivos llega la guerrilla, sobre cuáles territorios tiene un control hegemónico, y lo mismo el Estado”, dice Cepeda.

Con muchas semanas por delante, antes de que las delegaciones de La Habana evacúen los temas sensibles que estarían alimentando la escalada del conflicto, lo más probable es que las noticias sobre actos de violencia sigan apareciendo. Y Santos seguirá con el reto de cuidar el proceso y, a la vez, atender a la indignación de la opinión.

Como dice una persona que ha seguido el proceso, “ahora reventaron las presiones al tiempo, como una varicela, pero a medida que se avance seguirá aumentando lo feo”. Hay que ver si ese aumento llega cuando haya un acuerdo o termina toteando el proceso.

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