Ayotzinapa: la fuerza de la sociedad civil – Diario SinEmbargo, México

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

La jornada de ayer en el Distrito Federal y en decenas de ciudades del país, además de otras tantas del extranjero, mostró que la sociedad civil, de manera pacífica, sí puede ser un contrapeso real del Estado mexicano y también de los poderes fácticos, llámense Iglesia, medios de comunicación, empresarios, etcétera.

La masacre ocurrida en Iguala, Guerrero, el 26 de septiembre pasado ha unido a los universitarios del país como no había sucedido en casi 46 años; es decir, desde el movimiento estudiantil de 1968.

Las protestas de los alumnos y maestros de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa, por el asesinato de tres de sus compañeros y la desaparición de otros 43 de los suyos, ha tenido un eco que incluso ha superado las fronteras del país.

Son universitarios y preparatorianos, de nuevo nuestros jóvenes, de nuevo nuestros estudiantes, los que han impulsado esta primera movilización social pacífica en reclamo de justicia para los normalistas y sus familias, la mayoría originarios de las comunidades más pobres de Guerrero, de la Montaña, y por si fuera poco de las más marginadas del país.

A esta ola de reclamos al gobierno federal por la lentitud en sus investigaciones y por la escasa capacidad de respuesta, a 27 días de la masacre en Iguala –cometida además por autoridades que son parte de la estructura del Estado–, se han unido ciudadanos de todas las clases sociales, grupos civiles defensores de derechos humanos nacionales y extranjeros, líderes de opinión e incluso el sector empresarial y la Iglesia católica, dos grupos que tradicionalmente han apoyado con todo al gobierno federal y estatal en turno.

Esta vez, sin embargo, la indignación causada por la tragedia de los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, nadie ha podido cerrar los ojos o voltear el rostro para dejar de ver la violencia que provocó la omisión, el abuso, la corrupción y la impunidad generada por la ineficiencia del gobierno de Guerrero, que aún preside el perredista Ángel Heladio Aguirre Rivero.

La indignación y el enojo de la ciudadanía de gran parte del país –bien canalizado, por cierto, en protestas pacíficas– ha provocado incluso que organizaciones sociales, sindicales, campesinas, culturales, defensoras de los derechos humanos así como miembros del ambiente artístico, anuncien la radicalización de sus acciones en demanda de que se castigue a los responsables de la desaparición de 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, por lo que el próximo 28 de octubre realizarán una megamarcha y promoverán un paro nacional también en el ramo laboral.

Es decir, se habla ya de paralizar al país, en demanda de que el Estado mexicano cumpla con su obligación de proporcionar justicia a los mexicanos, y aplique la ley, trátese de quien se trate, en el caso Ayotzinapa.

Los partidos políticos, mientras tanto, llámense PRI, PAN o PRD, ven esta masa exacerbada y ya harta de los atropellos de funcionarios y gobernantes, del nivel que sea, desde lejos, sin saber qué hacer ni qué decir, porque están ajenos, o simplemente les vale, al deterioro del país que esos mismos institutos políticos, y otros que sólo son rémoras, han ocasionado.

Los partidos políticos y sus integrantes, la mayoría vividores por décadas del presupuesto de todos los mexicanos, son hoy nada frente a la fuerza de una sociedad que, organizada y muy hasta la madre de ellos, puede darles vuelta imponiendo su agenda, la que hace muchos años se han encargado de evitar porque los obligaría a cumplir con sus responsabilidades legales e incluso morales.

La tragedia de Ayotzinapa le duele a todo México. Así se manifestó ayer en la mayoría de las calles, plazas, zócalos de decenas de ciudades en la República, y desde muchas urbes en el mundo.

Sin embargo, en el dolor y el pesar, deja una lección extraordinaria para la sociedad mexicana: sí se puede reclamar en paz, sí se puede ser escuchado si hay unión y no se radicalizan los argumentos, sí se puede obligar a los políticos a cumplir con sus tareas y ha responder por sus corruptelas.

Aún no hay resultados concretos, a pesar de las miles de voces, congregadas ayer. Pero seguro llegarán pronto. Porque el gobierno federal, encabezado por Enrique Peña Nieto, no puede ni debe obviar lo que es evidente: que México está unido hoy que él, entre otros, son el centro de la crítica de una sociedad que, como bien dice el poeta y activista Javier Sicilia Zardain, “está hasta la madre”.

Sin Embargo