¿Mentís o respiro? – Diario La Jornada de Guerrero, México

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

La información dada a conocer ayer por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) sin duda es tan impactante como lo fue la conferencia de prensa del titular de la Procuraduría General de la República, Jesús Murillo Karam, en la que anunció la muerte de los 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa, desaparecidos por la policía municipal de Iguala, de conformidad con la declaración de tres presuntos sicarios.

Dijo el procurador que los detenidos relataron haber matado y quemado a los estudiantes (sin saber que lo eran) en el basurero de Cocula, y luego habían triturado los huesos y arrojado finalmente las cenizas al río San Juan, de ese municipio. Aunque la versión era inverosímil en muchos sentidos, el procurador la dio por buena y la transmitió a la nación.

Si alguien pensó que sobrevendría el luto y el lloro por los muertos, se equivocó, porque lo que vino fue la indignación y una mayor movilización social.

Ayer los antropólogos argentinos desmintieron la versión y señalaron que después de haber revisado los tres lugares (el que señaló Murillo Karam como el de la muerte efectiva y los otros dos en Iguala donde también se encontraron restos), no hallaron identificación con los normalistas.

O sea, no son.

La declaración de los antropólogos es un desmentido a la versión de la Procuraduría. Sin embargo, Murillo Karam deberá agradecerles que lo hayan hecho, porque al menos eso reaviva la esperanza de encontrar con vida a los muchachos y, en cierto sentido, baja un poco la tensión social de los últimos días.

Hasta el propio presidente Enrique Peña Nieto debe sentirse aliviado por el resultado de la investigación de los antropólogos forenses. Más vale regresar al principio y ahora sí echarle todos los kilos para hacerlos volver con vida a casa.

A los padres de estos muchachos sin duda también les habrá alegrado más que a nadie el desmentido al procurador.

Sin embargo, ahora empieza otra vez la tan temida serie de interrogantes: ¿dónde están? ¿quién los tiene? ¿por qué?

La Jornada de Guerrero