“Normalistas rurales, protagonistas de la historia educativa en México”. Análisis del profesor mexicano Enrique Ávilas Carrillo, que examina la desaparición de los 43 estudiantes en clave histórica, ahondando, además, en la historia particular del Normal de Ayotzinapa

Al inicio fueron llamados a ser la primera línea de batalla para implantar la educación cardenista y luchar contra terratenientes; después, los egresados de las escuelas Normales comenzaron a ser atacados por los personeros del poder, a los que habría que recordarles que si saben leer y razonar, es gracias a un profesor normalista.

Los maestros normalistas, que en esta etapa neoliberal son  vilipendiados de manera brutal, son los descendientes de aquellos que, en los años posteriores a la culminación del periodo armado de la Revolución Mexicana, se distinguieron por su tenaz y responsable lucha contra los intereses de los terratenientes nacionales y extranjeros y, desde luego, contra el oscurantismo de la Iglesia Católica.

El primer día del gobierno de Lázaro Cárdenas entró en vigor el nuevo texto del artículo tercero constitucional. Su orientación socialista creó urgentes necesidades; entre ellas destacó el requerimiento de grandes contingentes de profesores, decididos a llevar la nueva orientación ideológica del régimen a los más lejanos confines de la nación. En esa coyuntura favorable a la proliferación de escuelas de enseñanza básica, los normalistas desempeñaron un papel protagónico de primer orden.

La creación, durante el cardenismo, de las normales rurales y el mejoramiento cualitativo y cuantitativo de las ya existentes, llevó a experimentos educativos, sociales y -desde luego- identitarios entre los maestros y los alumnos, que impulsaron a no pocos egresados de esas instituciones a tener un objetivo bien definido en su vida profesional, que no era otro que el fundirse con las necesidades de los más humildes de México.

La implantación de la “educación socialista” incrementó sustantivamente el número de escuelas de educación básica, pues en 1934 existían 7 mil 963 y en 1939 eran 12 mil 208. Esta vocación por fundar centros escolares se reflejó también en la creación de plazas estatales y federales para maestros rurales, que ascendieron de 11 mil 432 en 1934 a 15 mil 616 en 1939.”[1] [1]

En esta etapa se creó la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM), que es la organización estudiantil más antigua de México, la cual nucleó a la casi totalidad de escuelas normales rurales, regionales campesinas y de las centrales agrícolas, y que sigue tenazmente defendiendo los principios del normalismo, en los terrenos políticos y académicos.

El arribo al poder de Manuel Ávila Camacho trajo un sustantivo cambio de orientación política e ideológica; además, se agudizaron las contradicciones internas por el estallido de la Segunda Guerra Mundial y el ingreso de México a esta contienda en 1942.

Octavio Vejar Vázquez, segundo Secretario de Educación Pública del gobierno Ávilacamachista, propuso implantar la “escuela del amor”, la cual eliminaría el conflicto de clases, se impondría sobre los obstáculos que surgieran y esta doctrina enseñaría a los mexicanos a tener amor los unos por los otros. Este arbitrario funcionario decidió que la equívoca situación de la enseñanza en México, tanto en la rural como en la urbana, era un problema moral y que el progreso sólo era posible con la liberación de la originalidad, y dado que la originalidad había surgido en la Conquista, no había nada de valor en la herencia prehispánica,[2] [2] en otras palabras, el indígena y -sobre todo- el profesor normalista rural debía aprender de la ciudad y adoptar los conceptos urbanos como modelo.

La sustitución del Partido de la Revolución Mexicana (PRM) por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) trajo consigo a un nuevo gobierno dirigido por Miguel Alemán, quien inició su administración en un contexto proclive al anticomunismo. La represión, la declaración de inexistencia contra huelgas, la ocupación por la fuerza pública de locales sindicales y sociales, el encarcelamiento de opositores a su régimen, así como la subordinación abyecta a las directrices políticas, económicas y sociales que dictaba la banca internacional con sede en Nueva York, fue la constante del sexenio alemanista.

En este ambiente de represión, los profesores normalistas de enseñanza primaria del Distrito Federal realizaron dos paros de 24 horas, los días 6 y 13 de octubre de 1948. También llevaron una nutrida manifestación el 7 del mismo mes, cuyas demandas fueron: aumento de un 30 por ciento a su salario y democracia sindical. La fuerza del movimiento, pero sobre todo el apoyo de la población, obligaron a las autoridades a otorgar un aumento sustantivo a los normalistas y, de esta manera, mediatizar la lucha de los profesores de la sección novena del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

La inconformidad de los normalistas se expresó de manera recurrente de 1956 a 1960, cuando los profesores encabezados por Othón Salazar Ramírez intentaron todo lo imaginable en la táctica sindical, para obtener el reconocimiento a su lucha. Sin embargo el gobierno priista de López Mateos los reprimió, cesó y encarceló, y con estas medidas coercitivas el movimiento normalista de los profesores capitalinos bajó de intensidad en los siguientes años.

El estallido del movimiento de 1968 representó para los normalistas una enorme posibilidad de realizar una intensa actividad a favor de la causa estudiantil. No es posible analizar el 68 en el interior de la República sin acudir a la labor propagandística y de organización que llevaron a cabo los estudiantes de las Normales Urbanas y los de las Normales Rurales. Esta intensa actividad se vió reflejada en sendas manifestaciones de rechazo a la política priista de Díaz Ordaz en lugares tan lejanos como Mérida, Ciudad Juárez, Durango, Oaxaca, Puebla, Cuernavaca y otras ciudades. El régimen diazordacista contestó de inmediato a la intensa actividad de los estudiantes normalistas y tomó una clara venganza, clausurando entre 1969 y 1970, 16 normales rurales que fueron convertidas en secundarias agropecuarias.

Las violentas acciones del 2 de octubre del 68 y el 10 de junio de 1971, perpetradas por el Estado mexicano, replegaron en cierta medida las luchas de los normalistas, las cuales se enfocaron con mayor énfasis a la creación de organizaciones disímbolas, que abarcaron desde la guerrilla urbana, hasta organizaciones campesinas, obreras y desde luego a la creación de tendencias sindicales al interior del SNTE.

Cabe destacar la inconformidad social reflejada en los surgimientos de agrupaciones guerrilleras, cuyos principales cuadros políticos tuvieron su origen en las escuelas normales. Tal fue el caso del asalto al cuartel Madera en Chihuahua (1965) por los integrantes del Grupo Popular Revolucionario, entre los que destacaba el maestro normalista Arturo Gámiz, así como los focos de resistencia en el estado de Guerrero, entre los que incidían la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria y el Ejército de los Pobres, dirigidos por los profesores Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas Barrientos, respectivamente. Genaro Vázquez cursó los primeros años de la carrera en Ayotzinapa, pero culminó sus estudios en la Benemérita Escuela Nacional de Maestros de la Ciudad de México, mientras que Lucio Cabañas sí egresó de la institución educativa rural que en la actualidad es agredida de manera brutal por los poderes municipal, estatal y federal y, supuestamente, además, por el crimen organizado.

A finales de la década de los setentas, el descontento en el magisterio era grande, sobre todo por demandas presupuestales, salariales y de democracia interna; por ejemplo en septiembre y octubre de 1979, los normalistas del Quinto, Sonora, Del Desierto, San Luis Potosí; del Real del Puente, Morelos, y Arteaga en Michoacán, solicitaron aumento de presupuesto; fueron reprimidos por los granaderos de la Ciudad de México y regresaron a sus escuelas con la idea de la existencia de un gobierno sordo y mudo ante sus demandas.

Las Normales hoy

De 1940 hasta 2014, los presupuestos destinados a las Normales Rurales ha tenido un descenso significativo, circunstancia que se refleja no sólo en los sueldos de los maestros, sino en el nivel de vida a que los alumnos son sometidos; la escasez de artículos de primera necesidad es una constante en la vida cotidiana de los estudiantes de las normales rurales que aún subsisten.

Esta absurda situación creada por las diversas burocracias de la Secretaría de Educación Pública (SEP) en los últimos 75 años, obliga en la práctica a que los estudiantes de Ayotzinapa, Tiripetío, Amilcingo, Arteaga, Cañada Honda y otras normales rurales, se vean obligados a movilizarse constantemente, con la finalidad de encontrar soluciones a sus demandas, que son fundamentalmente contra la represión (caso emblemático es la actitud mesiánica de las autoridades estatales y federales en contra de la normal Raúl Isidro Burgos) y de aumento presupuestal (para comida, agua, material didáctico, reparación de aulas, dormitorios, laboratorios, etcétera).

La política neoliberal no contempla la educación Normal como uno de sus ejes prioritarios, sino al contrario, la visualiza como un obstáculo que derribar con la finalidad de imponer sus planes privatizadores. Un ejemplo son las declaraciones emitidas el 3 de diciembre de 2013 por el “protohombre” –del que durante su gestión como gobernador del Estado de México, se vieron incrementados exponencialmente los feminicidios. Es el mismo burócrata que, fungiendo como secretario de Gobernación del régimen zedillista, desconoció su firma en los Acuerdos de San Andrés Sacam’chen de los Pobres, argumentando que los signó bajo el efecto de 16 chinchones (anís); este siniestro priista actuó omisamente en la masacre de Acteal y desoyó las urgentes recomendaciones sobre el huracán Paulina que devastó el puerto de Acapulco; en la actualidad, Emilio Chuayfett Chemor se desempeña como encargado de la educación en la administración peñanietista. Él afirmó que las normales deben ser reestructuradas y adecuarlas a los requerimientos de los nuevos retos, es decir, a las exigencias del neoliberalismo, en otras palabras, adaptarlas a las pretensiones de sus peones de brega, la organización empresarial “Mexicanos Primero”.

A partir de la entronización del modelo neoliberal en el sexenio delamadridista y, por consiguiente, la participación abierta de la iniciativa privada en la educación básica, México no ha mejorado. Existen millones de analfabetas y millones de niños sin escuela; un rezago de más de 30 millones de adultos sin culminar la instrucción básica; cerca de 14 millones de jóvenes sin acceso a la formación media y superior y, por consiguiente, con su futuro cancelado.[3][3] Es esta política a la que se enfrentan los normalistas en una gran cantidad de estados de la República. Los mítines, plantones, movilizaciones, tomas de casetas de cobro en autopistas y otras formas de presión, son en última instancia medidas que se han adoptado ante la actitud nefasta de gobiernos que no ven, ni oyen nada que no sea su concepción del mundo ideal globalizado.

La brutalidad desatada por las fuerzas represivas del Estado contra los integrantes de la comunidad normalista de Ayotzinapa en los últimos años, sólo demuestra que los sectores hegemónicos no están dispuestos a perder sus zonas de obtención de riqueza (minería a cielo abierto, maderas preciosas, sembradíos de amapola, marihuana y otros enervantes, secuestros, extorsiones y cobros de piso).

Es un secreto a voces entre los pobladores de las regiones azotadas por la violencia, que la colusión entre los presuntos integrantes del crimen organizado y las fuerzas armadas municipales, estatales y federales es una constante a la que deben enfrentar cotidianamente miles de habitantes de esas regiones rurales del país.

Ayotzinapa, historia de represión

El 26 de septiembre de 2014, en Iguala, un grupo de estudiantes de Ayotzinapa, que realizaba una labor de “boteo” con la finalidad de obtener recursos para su manutención, así como para su traslado a la marcha del 2 de octubre en la Ciudad de México, fueron atacados por fuerzas municipales, con el pretexto de que habían intentado boicotear un baile del DIF (Desarrollo Integral de la Familia) local, que se realizaba en la plaza de armas de esa ciudad. La brutalidad policiaca dejó una cifra preliminar de cuatro fallecidos, número que aumentó a seis. También dispararon contra un camión que transportaba a los futbolistas semi profesionales de Chilpancingo.

En esa acción estuvo presente un batallón del ejército mexicano, el cual, según versiones se mantuvo al margen. La realidad es que la historia de represión continua que se ha llevado a cabo durante decenios contra la población guerrerense, lleva a pensar que los estudiantes desaparecidos fueron entregados a fuerzas militares. Hay que recordar los “vuelos de la muerte” en el gobierno priista de Rubén Figueroa, lo cual nada tendría de extraño con el actual gobernador priista-perredista de larga secuela represiva (El Charco, 12 de diciembre de 2011 en Chilpancingo, y Aguas Blancas).

La actividad de búsqueda de una identidad colectiva, que la mayoría de los egresados de la Normal Raúl Isidro Burgos realiza en las comunidades campesinas e indígenas a que son enviados como profesores, los lleva constantemente a tener fricciones con el crimen organizado, que siente la acción de los maestros como algo contrario a su libre expansión “comercial”.

No es remoto pensar que con el apoyo de las fuerzas federales (policía y ejército) se esté tratando de ocultar un crimen de lesa humanidad en contra de los normalistas desaparecidos, y dar un “escarmiento” a todos aquellos grupos que se organizan al margen de las instancias gubernamentales. Las policías comunitarias surgidas en ese estado tienen como principal objetivo detener la ola de violencia contra los pobladores más humildes, pero que han dado un ejemplo de dignidad ante el embate de las fuerzas represivas estatales y no estatales.

En esta macabra política gubernamental está implicada de manera directa la cúpula del Partido de la Revolución Democrática (PRD), quienes con criterios pragmáticos y mercantilistas, ofrecen sus candidaturas al mejor postor, sin importar su ideología y mucho menos su concepción de la praxis política, lo único que les interesa es la ganancia como organización usurera medieval. Se piensa utópicamente que con poner en charola de plata la cabeza del presidente municipal y dejar al libre albedrio al gobernador para que este decida si renuncia o no, el problema se solucionará. Esta salida de Perogrullo es una tomada de pelo para los mexicanos, que debemos tener claridad sobre el problema que enfrenta México, el cual tiene su génesis en las entrañas del poder ejecutivo federal.

El culpable directo de toda la crisis de inseguridad que vive el país tiene nombre y apellido, se llama Enrique Peña Nieto, quien en los últimos años ha estado claramente coludido en la toma de decisiones represivas con la intención de resolver conflictos sociales (Atenco, Tlatlaya, 1 de diciembre de 2012 y otras).

La desaparición de poderes en Guerrero sólo retardará las investigaciones, si de verdad se están llevando a cabo. Esta lentitud y enredamiento burocrático de las medidas que lleven al hallazgo de los 43 normalistas desaparecidos, hace creer, cada vez con mayor intensidad, que la presencia del ejército en esa acción no fue solo de observador y que se deben abrir varias líneas de indagación en torno a los cuarteles de esa entidad federativa.

En esta etapa aciaga de brutalidad capitalista, en la cual se pretende culpar de la crisis educativa a los normalistas y en general a los profesores de educación básica, se debe contemplar con detenimiento la serie de medidas antipedagógicas aplicadas mecánicamente en el sistema educativo, por los diversos regímenes políticos pro empresariales en los últimos decenios. Es necesario recordarles a estos personeros del poder que todos ellos (los funcionarios) pueden leer y escribir gracias a las enseñanzas de un profesor normalista, que de manera meticulosa y con tenacidad les enseñó a razonar y  a discernir sobre la realidad que los rodea.

Considero, como profesor normalista, que los desaparecidos deben ser presentados vivos ante la sociedad de este país. Las prácticas fascistas no deben sentar carta de naturalidad en la confrontación de ideas y modos de organizarse que los mexicanos decidamos crear en nuestro diario bregar cotidiano.

 

 

Bibliografía

David L Raby, Educación y revolución social en México, Sepsetentas, México, 1974.

Ramón Eduardo Ruiz, México 1920-1958, El reto de la pobreza y del analfabetismo, FCE, México, 1977.

Hugo Aboites, “¿El interés superior de los niños y jóvenes en la educación?”, en; La Jornada, México, 26 de octubre de 2013.

[1] [4] David L Raby, Educación y revolución social en México, Sepsetentas, México, 1974, p. 43.

[2] [5] Ramón Eduardo Ruiz, México 1920-1958, El reto de la pobreza y del analfabetismo, FCE, México, 1977, . 94-95.

[3] [6] Hugo Aboites,“¿El interés superior de los niños y jóvenes en la educación?”, en; La Jornada, México, 26 de octubre de 2013, p. 14.

 

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