Colombia: Bogotá celebra los 100 años de su fiesta más antigua

Desde el púlpito temporal del diablo se desata una breve batalla entre el bien y el mal, que termina con un cuerpo rojo convertido en polvo y en cenizas. Se trata de una imagen que se repite todos los años, en la que una figura de trapo, como el jinete rojo del Apocalipsis, baja amarrada a una polea desde la parte más alta de la parroquia de Nuestra Señora de Egipto, parecida a una bomba ardiente repleta de pólvora, que se les viene encima a unos fieles que prefieren la fiesta a los sermones.

Muere el diablo y con él se restaura el orden de las cosas: mueren la venganza y la pobreza, la corrupción y el caos. El pueblo se purifica.

La imagen simbólica de su ejecución, la famosa quema del diablo, cierra este lunes a las 7:30 de la noche la celebración de Reyes Magos en el barrio Egipto, un carnaval religioso de tierra fría que durante estos tres días (10, 11 y 12 de enero) cumple 100 años demostrando que, como en la historia bíblica de Job, uno de los barrios más golpeados por el olvido y la delincuencia puede ser también el más piadoso.

En el 2005, el Concejo de Bogotá declaró la celebración de los Reyes Magos como patrimonio cultural. Era un reconocimiento innecesario para la fiesta más antigua de la ciudad, tal vez un poco más antigua de lo que todos creen, pues ya en 1893 el cronista José María Cordovez Moure recordaba, en su libro Reminiscencias de Santafé y Bogotá, que “desde la fundación de la ermita de Egipto data la costumbre de celebrar la fiesta de la Epifanía o la Adoración de los Reyes Magos”.

“Por las noches iluminábase la ermita y se quemaban fuegos artificiales, más o menos abundantes, según los alcances y generosidad del alférez de cada noche. Todo pasaba con bastante orden y regularidad hasta que aquellos humildes vecinos recibieron el ósculo de la civilización moderna, llevada a aquellas alturas en alas del vapor del brandy y demás congéneres”, relata.

Hoy, la celebración vive gracias a los vapores fermentados de la chicha y se oficia en los alrededores del osario de la iglesia de Nuestra Señora de Egipto, que se empezó a levantar el 6 de agosto de 1915 en el mismo lugar de la ermita. Esta todavía conserva algunos rasgos menores de su estructura original, que se pueden ver en el costado norte del actual templo.

Desde ese año, 1915, se viene conmemorando la fiesta de Reyes sin interrupción. Aunque eso no significa que no haya sufrido variaciones: ahora la celebración se ha convertido en una suerte de festividad, en la que el sincretismo de las costumbres ha forjado una tradición con identidad propia, que, aunque conserva toda la liturgia, las misas campales y la obra teatral de orígenes medievales que representa la Epifanía del Señor frente a los Sabios de Oriente, se ha ido mezclado con una tradición viva que supera su ritual de origen: el concurso de la Vara de Premios (hombres que tratan de ascender por un poste engrasado), la rana y el trompo, el cucunubá y el lazo, la música popular y los juegos de bazar.

La que sí parece permanecer intacto hasta hoy es “la decisión constante por el negocio de carne y manteca de cerdo, en todos sus componentes y derivados, hasta producir los famosos chicharrones”, mercancía que “produjo serios conflictos, porque dieron en llamar chicharroneros a los vecinos del barrio”, como cuenta Moure.

La actividad gastronómica es tan fuerte durante estos tres días que las familias tradicionales del barrio se preparan con dos meses de antelación para lograr atender la demanda de las más de 30.000 personas que asisten a la romería en busca de las recetas ancestrales de los sabores típicos del altiplano cundiboyacense.

“Llevamos dos meses fermentando la chicha. En esos tres días vendemos hasta 8.000 litros. Y nos va bien porque nuestra receta viene pura de los chibchas, de abuelo en abuelo. Este es un arte de toda una vida. Además, lo hacemos todo con miel de caña, que es la que da el sabor de la chicha. Con panela pierde todo”, dice Serafín Contreras, un hombre de 75 años que desde hace 40 prepara la bebida a la que adjudica su salud férrea.

“Todo es natural, sin elementos químicos que la dañen. Por eso no da guayabo”, termina.

Muchos de los habitantes del sector aprovechan la fecha para conseguir recursos extras, pues en un solo día pueden llegar a ganar hasta tres millones de pesos.

El barrio Egipto será historia en las páginas del libro de Moure, y su fiesta podrá ser la más antigua y las más tradicional de la ciudad, pero allí, en sus calles empinadas, por las que bajan burros cargados de alimentos, y en sus casas de adobe a punto de desplomarse, la realidad parece burlarse del futuro.

En un país como Colombia, en el que existen 908 personas bautizadas con el nombre Gaspar, 286 que se llaman Melchor y 140 a quienes denominaron Baltasar, según datos de la Registraduría, el barrio Egipto se ha ganado el galardón del pueblo más devoto, el lugar navideño por excelencia.

Sin embargo, ese rótulo preocupa a varios de sus habitantes, pues después del fervor de la fiesta de los Reyes Magos (que es la conclusión de las celebraciones navideñas que se llevan a cabo en la localidad y que comienzan el 16 de diciembre con las tradicionales novenas de Navidad y los pesebres en vivo), a la que asisten personas de todo el mundo, el barrio vuelve a caer en el olvido y tiene que enfrentarse de nuevo a unas plagas que llevan varios años azotando al sector.

Por eso, los vecinos quieren aprovechar el centenario para hacer un llamado de urgencia a las autoridades locales para que pongan su atención sobre una comunidad que, debido a su largo historial de delincuencia, no tiene posibilidades de recibir el mismo turismo que la zona baja de La Candelaria.

“Los turistas que se atreven a venir acá tienen que venir con policía y se les advierte que no saquen la cámara en algunos sectores”, cuenta uno de los vigilantes que trabajan a diario en el sector bajo, al lado de la iglesia.

Una visita corta a Egipto basta para llevarse la sensación de haber viajado en el tiempo, cuando la ciudad estaba atravesada por calles empedradas pintadas de blanco y verde, que no facilitan el acceso a los discapacitados. Y sus pocas vías pavimentadas apenas soportan el tránsito de pequeños vehículos.

Además, se presentan constantes inundaciones debido al mal uso que se les da a las basuras.

Por último, el abandono de sus construcciones más antiguas es la demostración indiscutible de que con el nacimiento de la nueva frontera que significó la construcción de la avenida de Circunvalación, el sector quedó condenado, de una vez por todas, a su condición de barrio marginal para las celebraciones navideñas.

La quema de diablo y los juegos pirotécnicos, broche de oro del festejo

Durante el sábado y el domingo, la fiesta de Reyes Magos contó con las intervenciones musicales de Los Corraleros de Colombia, Iván y sus Bam Band y la agrupación musical La Mecha Carranguera.

También se presentaron las habituales actividades deportivas (la carrera de ciclismo y la de atletismo), que se tomaron la avenida de Circunvalación desde la calle 11 hasta la avenida presidencial o calle 6.ª.

Así mismo, la alcaldía de La Candelaria lanzó un periódico para conmemorar los 100 años del evento. Sin embargo, este lunes, para el día de cierre, el barrio tiene preparada una despedida por todo lo alto.

Después de los juegos tradicionales de las 9 de la mañana, la agrupación musical Sofá de Colombia hará su presentación en la tarima principal.

De 12 a 1 p. m. se oficiará la tradicional eucaristía en la iglesia de Nuestra Señora de Egipto. Luego vendrán el concurso de la vara de premios y el auto sacramental, en donde se representa la llegada de los Reyes Magos para hacer la entrega de los regalos simbólicos.

Por último, se presentarán los festivales de bandas municipales y, para rematar el evento con el momento más esperado por todos, se dará inicio, a las 7:30 de la noche, a la quema del diablo y los habituales juegos pirotécnicos.

Recuerde que la Circunvalación estará cerrada en este punto.

El Tiempo