América Latina y el cambio climático: reflexiones y perspectivas para el 2015 – Por E. Guy y R. Timmons

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Las negociaciones sobre el cambio climático de las Naciones Unidas viven para luchar otro día, y los países latinoamericanos jugaron roles importantes en su progreso. El resultado de la conferencia climática de Lima, o “COP20”, el pasado Diciembre ha sido considerado un éxito por lo general, aunque uno muy limitado.

Perú, el país anfitrión, sorprendió en la conferencia: cuando un severo fracaso parecía inminente mientras el tiempo se agotaba, un acuerdo de último minuto se produjo dos días después de que la conferencia debía finalizar según lo programado.

Las negociaciones ahora entran a su último tramo, con la conferencia climática de París en Diciembre asomándose – esta es la fecha límite para producir un nuevo acuerdo que está programado para entrar en vigencia a partir del 2020. El Llamado de Lima para la Acción Climática es un paso en la dirección correcta, pero la mayoría de las decisiones difíciles todavía deben ser abordadas. Este será un año fascinante pero extremadamente duro para la política climática global.

A pesar de que el acuerdo de Lima es débil, como sugiere Michael Jacobs, pudo lograr sus dos objetivos principales, representando un avance fundamental para la respuesta global al cambio climático. La reunión tenía la responsabilidad de adoptar un borrador de texto para el nuevo acuerdo de París. Un documento extenso fue producido, con un abanico de opciones que las partes quieren ver en el acuerdo final. Sin embargo, ninguna decisión fue tomada; las decisiones difíciles sobre qué se mantendrá y qué será desechado comenzarán este año.

El segundo objetivo fue lograr un acuerdo sobre cómo los países elaborarán y presentarán sus compromisos nacionales este año (llamados “Contribuciones Nacionalmente Determinadas” o INDCs por sus siglas en inglés), los cuales incluyen información sobre cómo estos países reducirán sus emisiones de gases efecto invernadero.

El avance más importante fue que todos los países deben reducir sus emisiones basados en sus “responsabilidades comunes pero diferenciadas y respectivas capacidades (RCPD+RC) en vista de las diferentes circunstancias nacionales.” Este lenguaje es complicado, pero cada palabra resulta ser extremadamente importante, ya que la frase equilibra el acuerdo tradicional que los países desarrollados darían el primer paso para reducir emisiones (RCPD+RC), y una nueva universalidad, que todos los países tomarán acción (pero de acuerdo a circunstancias nacionales).

Esto representa un cambio significativo, ya que previamente solo los países desarrollados tenían responsabilidades obligatorias mientras que los países en vías de desarrollo solo debían hacer esfuerzos voluntarios.

Algunos países Latinoamericanos y otros países han estado presionando para lograr este cambio por algún tiempo, basados en la idea de que todos los países deben tomar acción tomando en cuenta las diferentes responsabilidades y capacidades. El hecho de que este avance sucedió en uno de los países que han estado colectivamente presionando por esta posición es apropiado.

La presidencia peruana de la COP, dirigida por el carismático Ministro del Ambiente Manuel Pulgar-Vidal, fue reconocida por su compromiso y esfuerzo para asegurar un resultado exitoso en Lima. La delegación peruana se mostró muy comprometida e involucrada durante las preparaciones y durante la conferencia. A pesar del modesto resultado y de la COP20 teniendo una de las huellas de carbono más grandes de cualquier conferencia climática de la ONU, la COP terminó siendo una victoria diplomática para Perú.

Un foco sobre Latinoamérica

La conferencia de Lima también fue notoria debido a que tuvo un número de eventos relacionados a Latinoamérica jamás antes visto, tanto dentro de la sede oficial y alrededor de la ciudad. Naturalmente, la ubicación de la COP explica el vasto número de eventos enfocados en Latinoamérica, pero su diversidad y caliber fueron impresionantes, indicando un nuevo y acrecentado nivel de actividad sobre este tema en la región. Algunos de los hechos particularmente resaltantes para la región que fueron anunciados durante la conferencia incluyen los siguientes:

* Ocho países latinoamericanos (México, Perú, Colombia, Guatemala, Ecuador, El Salvador, Chile y Costa Rica) anunciaron planes para replantar hasta 20 millones de hectáreas de bosques para el 2020.
* Chile lanzó su Plan Nacional de Adaptación
* El reporte de la Economía del Cambio Climático en Perú fue lanzado
* Costa Rica presentó su Tercera Comunicación Nacional a la CMNUCC
* Hasta ahora cuatro países latinoamericanos han prometido hacer donaciones para el Fondo Verde del Clima. Panamá prometió $1 millón antes de la COP, mientras que Perú ($6 millones) y México ($10 millones) anunciaron sus promesas en Lima.
* Perú recibió una donación de $11.14 millones para el componente de transporte urbano de sus Acciones Nacionales de Mitigación Apropiadas (NAMA) por parte del centro de NAMA Alemán y Británico.
* El Banco Interamericano de Desarrollo anunció que Perú recibirá un paquete de préstamos de $750 millones para el Metro de Lima.

Las siguientes secciones presentan reflexiones sobre las políticas climáticas de Latinoamérica en relación con lo ocurrido en Lima y lo que deberíamos estar esperando para el 2015. Se enfocan en la ralentización económica de la región, construyendo acciones climáticas fuera de las reuniones de la ONU, el significado de las INDCs, la participación de grupos de la sociedad civil en Lima, y por qué las discusiones sobre la cooperación regional por el cambio climático en Latinoamérica son importantes. Finalmente proporcionamos breves observaciones finales como conclusión.

A pesar de la ralentización, Políticas de Bajo Carbono son Esenciales

Las economías latinoamericanas crecieron impresionantemente la última década, con una tasa media anual de crecimiento de aproximadamente 5 por ciento. Los altos precios de materias primas de Latinoamérica – impulsados por la demanda China – fueron algunos de los principales factores. Ahora la luna de miel parece haber terminado. Los estimados y proyecciones económicas para el 2014 y 2015 dejan mucho que desear. Las economías de Latinoamérica crecieron en promedio solo alrededor de 1.3 por ciento en el 2014, y las perspectivas para el 2015 no se ven mucho mejor; el FMI y el Banco Mundial prevén un crecimiento de 2.2 por ciento. Según The Economist, mientras que el crecimiento de China se ralentiza, los precios de materias primas han regresado a sus niveles más bajos desde la recesión global del 2009. La caída de los precios de petróleo ha perjudicado a las economías Sudamericanas exportadoras de crudo, aunque por supuesto otros países de la región que lo importan se están beneficiando de los bajos precios.

La perspectiva modesta para el 2015 también presenta un desafío para los ministerios del ambiente que tienen recursos limitados, y más ampliamente para las agendas ambientales y climáticas. Hay preocupación por que el problema del cambio climático pierda prioridad en la agenda justo en un momento en el cual debe estar firmemente sobre las mesas de ministros y presidentes. Ahora hay leyes y políticas climáticas y ambientales innovadoras en la región, y es crucial asegurarse de que su implementación no sea sacrificada en pos de mejorar el crecimiento económico a corto plazo.

La problemática perspectiva para el 2015 de Latinoamérica sí presenta, de hecho, algunas oportunidades útiles, como promover políticas de bajo carbono para construir prosperidad, desafiando el discurso retrógrado que asume que enfrentar el cambio climático es un freno para el desarrollo. Opciones políticas inteligentes como reducir y eliminar los subsidios a combustibles fósiles potenciando la eficiencia energética, y el despliegue de energías renovables deben ser priorizados. Éstas pueden tener co-beneficios importantes, como por ejemplo reducir la contaminación del aire en zonas urbanas y reducir los riesgos y costos de salud promoviendo productividad e innovación.

Construyendo Acción Climática fuera de la CMNUCC

Para observadores de las negociaciones climáticas de la ONU, a veces parece que los glaciares andinos se derriten más rápido de la tasa de progreso que se observa en los corredores de las negociaciones. La CMNUCC es un proceso único y frustrante, el cual a veces actúa como si fuera insensible a lo que ocurre en el mundo real. Por ello, es esencial construir acción climática a través de otros foros para asegurar avances concretos que puedan a la vez tener un impacto positivo en las negociaciones.

A diferencia de los viejos tiempos en los que la región estaba cercanamente ligada a un poder colonial o neocolonial, los países latinoamericanos ahora tienen relaciones diversas y crecientes con una amplia gama de actores internacionales. En el 2015 la región participará en cumbres con China, Estados Unidos y la Unión Europea. A principios de enero, la primera reunión ministerial del Foro China-CELAC se desarrollará en Beijing. En abril, Panamá será anfitrión de la VII Cumbre de las Américas, y en junio Bruselas será anfitrión de la II Cumbre UE-CELAC.

Estas cumbres son importantes por dos motivos. Con la fecha límite de diciembre 2015 para crear un nuevo acuerdo climático, las cumbres son espacios importantes para la diplomacia climática y esfuerzos para generar confianza entre los países. En segundo lugar, tomando en cuenta los extensos lazos de comercio entre países latinoamericanos y los Estados Unidos, UE y China respectivamente, estas cumbres deben enfocarse en intentar minimizar las grandes (y crecientes) huellas de carbono de estas asociaciones provenientes de la extracción de combustibles fósiles y minería, maximizando oportunidades bajas en carbono que incluyan el aprovechamiento de las impresionantes reservas de energía renovable y priorizando transporte de bajas emisiones en la región.

Latinoamérica es la región más urbanizada en el mundo, con 80 por ciento de la población viviendo en ciudades. De acuerdo a un número de encuestas, los ciudadanos de la región están muy preocupados por el cambio climático. Con un gran número de ciudades de la región ubicadas a lo largo de la costa y amenazadas por el incremento del nivel del mar – o aquellas lidiando con escasez de agua debido al derretimiento de glaciares o sequías – estas ciudades son muy vulnerables a impactos climáticos. Las ciudades latinoamericanas también representan fuentes significativas de emisiones de gases invernadero, principalmente de transporte, energía, edificios y desechos.

La conexión entre las altas tasas de propiedad de vehículos privados, las crecientes emisiones de transporte, y la mala calidad de aire es un gran desafío. A lo largo de la región, las ciudades están intentando reducir emisiones y adaptarse a impactos climáticos mientras mejoran las vidas de los ciudadanos. Estos esfuerzos incluyen el Plan de Acción Climática de Quito y el Plan Verde de la Ciudad de México. Como indica el reporte de New Climate Economy, mejor planeamiento y redes extensivas de transporte público pueden crear ciudades que son económicamente dinámicas, más resilientes, y más sanas. Tal vez las ciudades no pueden negociar en la ONU, pero son áreas vitales para liderazgo e innovación y representan un área de acción climática que permanece en gran medida sin explotar.

La legislación sobre el cambio climático representa un medio vital para países latinoamericanos para construir una respuesta más democrática al cambio climático, asegurando la acción climática y mandando señales positivas al sector privado. Como el ex presidente chileno Ricardo Lagos señaló, una coordinada campaña legislativa debería ser vista como un pre-requisito esencial para el desarrollo sustentable de la región. Tras el ajetreado ciclo de elecciones del 2014, las nuevas administraciones en Colombia, Costa Rica, Uruguay, Brasil y Bolivia deberían trabajar con otros partidos políticos y la sociedad civil para generar avances en la legislación climática. Este proceso no debería ser sólo sobre simplemente crear legislación por crearla, sino para reforzar la arquitectura legal en las naciones para facilitar la transformación hacia economías prósperas, resilientes y de bajas emisiones.

La importancia de las INDCs

La conferencia de Lima aseguró un acuerdo importante sobre las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (INDCs por sus siglas en inglés) de los países, las cuales detallan los compromisos que éstos tomarán en relación a la reducción de emisiones, adaptación a impactos, y apoyo a las acciones de países en vías de desarrollo con financiamiento, asistencia y transferencia tecnológica. Las INDCs serán uno de los pilares centrales del nuevo acuerdo, y servirán como los planes nacionales de acción climática de los países que éstos están “invitados” a presentar a más tardar en marzo.

El World Resources Institute dice que las INDCs combinan un sistema de abajo hacia arriba (en el cual los países presentan sus contribuciones de acuerdo a sus prioridades nacionales, circunstancias y capacidades) con un sistema de arriba hacia abajo (en el cual los países buscan reducir las emisiones globales para limitar el aumento promedio de temperatura global a dos grados). Ya que las INDCs cubren una amplia gama de temas de reducción de emisiones y medidas de adaptación, podrían conducir a cambios significativos y transversales en las economías nacionales, especialmente en los sectores intensivos en carbono. Este tipo de contribuciones climáticas podrían estar integradas con metas para reducir la pobreza y desigualdad, mandando señales al sector privado para invertir en estos esfuerzos.

Desarrollar y evaluar las INDCs tiene el potencial de ser un proceso transformativo para aumentar la acción climática a partir del 2020 y asegurar progreso en el camino. Como Christiana Figueres, jefa de la CMNUCC, dijo en Lima, las INDCs son una gran oportunidad para planear el futuro bajo en carbono de un país. Muchos países latinoamericanos ya han declarado sus compromisos de reducciones voluntarias pre-2020, así que no están empezando desde cero.

La implementación exitosa de estas políticas desde ahora hasta el 2020 es crucial para generar las condiciones necesarias para objetivos ambiciosos en la próxima ronda, los cuales probablemente serán negociados cada cinco años. Por ese motivo, las INDCs pueden ser medios importantes para promover políticas coherentes entre ahora y después del 2020.

También son clave para conectar las aisladas y a veces abstractas negociaciones climáticas de la ONU con decisiones nacionales sobre el cambio climático. Además, en el caso de Latinoamérica, algunos países comparten características similares en términos de la proveniencia de sus emisiones y su vulnerabilidad frente a impactos climáticos, por lo cual las INDCs podrían ser una manera útil de incrementar la cooperación entre países.

Para que las INDCs sean exitosas, sin embargo, se necesitan consultas públicas cuidadosamente manejadas para democratizar el debate climático en Latinoamérica. La decisión de Chile de lanzar una consulta pública apoyando el diseño de su INDC el 17 de diciembre (llevándose a cabo hasta el 31 de marzo) es un paso elogiable. El objetivo principal es recibir aportes, observaciones y propuestas de todos los sectores de la sociedad, incluyendo a la sociedad civil, académicos y el sector privado, para mejorar la propuesta de INDC de Chile. Una vez completada, la contribución nacional será presentada al Consejo de Ministros para la Sustentabilidad y Cambio Climático con el propósito de llevarla a la CMNUCC para finales de junio 2015. Otros países latinoamericanos y otros alrededor del mundo deberían seguir este importante ejemplo.

La sociedad civil de América Latina deja su huella en Lima

El gran número de eventos y reuniones en Lima durante la COP20, tanto dentro como fuera de la sede oficial fue asombroso. En comparación con las COPs anteriores, incluyendo la COP16 en Cancún, México, el número y la calidad sin precedentes de los eventos con enfoque en América Latina reflejan el alto nivel de actividad en el tema de cambio climático en la región.

El 10 de diciembre, decenas de miles de personas salieron a las contaminadas calles de Lima a la marcha mundial en defensa de la Madre Tierra. La marcha fue la marcha climática más grande de América Latina, contando con 15,000 personas. Pueblos indígenas, sindicalistas, grupos de mujeres, estudiantes y activistas globales se unieron para llamar a la acción no solo en materia de cambio climático, sino también para la protección de activistas ambientales en la región que han sufrido de acoso y violencia.

Durante el transcurso de 12 días, el espacio organizado por el gobierno peruano denominado “Voces por el clima” vio alrededor de 80,000 visitantes pasar por sus puertas. El espacio fue dedicado a exhibir propuestas e iniciativas sobre el cambio climático relacionadas con las cinco áreas de la agenda climática del Perú: bosques, montañas y agua, océanos, energía y ciudades sostenibles.

Entre bastidores, el equipo de la Presidencia peruana de la COP20 se reunió activamente con la sociedad civil mientras se preparaba para ser el anfitrión de la COP. Esto quizás no es sorprendente ya que el Presidente de la COP20, Manuel Pulgar-Vidal, fue previamente el director de uno de las principales organizaciones ambientales de Perú, la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental. Sin embargo, es muestra importante de como actores no estatales están trabajando a un alto nivel con el gobierno, y de cómo algunos gobiernos están a su vez solicitando su aporte y apoyo. Durante la COP, la delegación mexicana invitó a grupos de la sociedad civil a una sesión informativa sobre las negociaciones y la participación de México. La sesión fue atendida por más de 30 representantes de la sociedad civil y la mayoría de la delegación mexicana, siendo así un ejercicio útil para fomentar el diálogo y la transparencia.

A pesar de estos ejemplos positivos, hubo varias instancias que nos recordamos acerca de los peligros y dificultades que enfrentan los grupos de la sociedad civil y los ciudadanos que trabajan en cuestiones de cambio climático y medio ambiente. Durante la COP20, algunas de las esposas de líderes indígenas del Amazonas del Perú que fueron asesinados tuvieron una demostración y una conferencia de prensa demandando justicia y que el gobierno hiciera más para proteger sus tierras. The Guardianhabía reportado que el activista contra la tala ilegal Edwin Chota y otros cuatro líderes indígenas Asháninka habían sido asesinados el pasado septiembre por tratar de asegurar un territorio para su comunidad.

Mientras tanto, autoridades en Ecuador detuvieron en varias ocasionas a un grupo de activistas que iban a la COP20 y eventualmente retuvieron su bus. Los activistas del grupo Yasunidos iban a Lima para protestar en contra de la decisión de extraer petróleo de las reservas en el Parque Nacional Yasuní en Ecuador. De acuerdo con los activistas, fueron detenidos porque el Presidente de Ecuador Rafael Correa “quería evitar protestas eventualmente embarazosas” en Lima. A su vez, oficiales del gobierno en Ecuador dijeron que pararon el bus debido a que el conductor tenía la documentación incorrecta. La ironía de esta situación lamentable fue que este incidente y otro en el que Ecuador decidió negarle a parlamentarios alemanes el permiso para visitar el Parque Nacional Yasuní dominaron las discusiones sobre la participación de Ecuador en la COP.

En un evento sobre centros de investigación de América Latina y el Caribe, un pequeño grupo de organizaciones discutieron sus perspectivas sobre Paris 2015. Lo que fue realmente sorprendente acerca del evento fue que solamente organizaciones especializadas en cuestiones ambientales o climáticas estuvieron presentes; ni un solo centro de investigación peruano que trabaje en cuestiones nacionales de economía o desarrollo participó en el evento.

La participación de centros de investigación de América Latina que trabajan en temas sobre economía y desarrollo es vital para el debate climático en la región, y esto es todavía un obstáculo para el 2015. Estas organizaciones tienen perspectivas vitales e ideas que contribuir, especialmente sobre el proceso político y debates nacionales sobre desarrollo.

Como demostró la COP20, estos centros de investigación en América Latina no están lo suficientemente involucrados en el proceso climático y de debate. Con el proceso de las INDCs ya en curso y la fecha límite de Paris acercándose rápidamente, estos centros de investigación pueden jugar un rol importante en desarrollar nuevas narrativas domésticas que combinen objetivos de clima y desarrollo.

En Lima tuvimos la oportunidad de conocer a la única representante de la sociedad civil venezolana que atendió la COP20. María Eugenia Rinaudo estaba trabajando como parte del grupo Adopt a Negotiator, el cual por primera vez tuvo un miembro de la sociedad civil de Venezuela haciéndole seguimiento a la delegación venezolana. El equipo apoyo a Rinaudo a atender la COP; ella no recibió ningún financiamiento del gobierno. Es lamentable que a pesar de que Venezuela hubiese gastado una suma considerable para organizar y ser anfitrión de la “Pre-COP Social” – la cual incluyó financiamiento para los gastos de viaje internacional ida y vuelta a Venezuela de representantes de ONGs globales – el país no puedo hacer nada para apoyar mayor participación de miembros de ONGs nacionales en la COP20. Mirando hacia delante una prioridad para Venezuela debe ser trabajar con grupos de la sociedad civil nacional para desarrollar una INDC que construya un plan nacional de acción climática con objetivos de reducción de emisiones comprensivos y planes de adaptación nacionales que complementen sus objetivos de reducir la pobreza y la desigualdad.

¿Una voz o muchas?

Todos los gobiernos de América Latina están de acuerdo que el cambio climático es un problema grave y están unidos en ver a la CMNUCC como el mecanismo principal para encontrar una solución global. Sin embargo, la región está tan fragmentada sobre los detalles de cómo manejar el asunto que sería un error llamar el evento como “la COP latinoamericana”.

América Latina no tiende a hablar con una sola voz sobre el cambio climático y tampoco adopta una posición en común de la forma como la Unión Europea lo hace durante las negociaciones climáticas. En cambio, los países en la región son parte de una increíble variedad de grupos y bloques como BASIC, ALBA, AILAC, SICA y AOSIS. La división en las negociaciones sobre el clima de la ONU es un reflejo de las diferencias más generales en las políticas externas y la integración regional de proyectos en la región. Grupos de integración comercial regional como el ALBA, MERCOSUR y la Alianza del Pacífico tienen distintos puntos de vista sobre el rol de los gobiernos y la forma en que el mercado y el comercio deberían funcionar. Estas diferencias se extienden hasta las negociaciones climáticas donde los países del ALBA como Venezuela y Bolivia han tomado fuertes posiciones en contra de los mercados de carbono, mientras que países en la Alianza del Pacífico (que coincide con AILAC) han estado a favor de ellos y han tratado de maximizar sus retornos.

En una intervención sin precedentes en la COP20, Costa Rica como el presidente pro tempore de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y Caribeños (CELAC) dio una declaración en nombre de su comunidad. El énfasis de la intervención fue en la necesidad de adaptarse a los impactos climáticos. Esta declaración fue alentadora dada la vulnerabilidad a los impactos del clima que tienen en común los países latinoamericanos. La declaración también resaltó el compromiso de CELAC con la CMNUCC y su apoyo a un acuerdo jurídicamente vinculante en Paris. Por último, la declaración reflejó el compromiso de la región a los esfuerzos globales de mantener el incremento de temperatura por debajo de 2 grados centígrados para el final de este siglo.

De acuerdo con Waldemar Coutts del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, la declaración de CELAC fue el resultado de un esfuerzo diplomático entre Brasil y Chile, con el apoyo de Perú como presidente de la COP20 y la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL). La iniciativa de Chile y Brasil se ha enfocado en establecer diálogos sobre cambio climático entre países latinoamericanos y caribeños para así fomentar confianza y entendimiento entre éstos en base a valores e identidades comunes y para fortalecer la contribución de la región a las negociaciones de la ONU sobre el clima.

Sin embargo, a pesar de la importancia de esta declaración política conjunta de CELAC, el nivel de fragmentación en la región se demostró en Lima. A medida de que el borrador del texto se circulaba durante las negociaciones, había una división clara entre aquellos países de América Latina a favor de los borradores – como Brasil, México y los miembros de AILAC – y aquellos que se oponían, como los miembros del ALBA, Paraguay y el Salvador.

En otra acción sin precedentes, los presidentes del bloque de comercio de la Alianza del Pacífico (México, Chile, Perú y Colombia) presentaron la Declaración de la Alianza del Pacífico sobre el cambio climático. La declaración subraya que el cambio climático es uno de los retos globales más grandes que requiere acciones concretas por parte de todos los países. Esto es importante ya que es la primera vez que los líderes de las naciones que conforman la Alianza del Pacífico han hecho una declaración como esta sobre el tema. Además, dado que los países de la Alianza del Pacífico pertenecen a diferentes grupos (el Grupo de Integridad Ambiental y AILAC) en las negociaciones sobre clima de la ONU, la declaración es una señal positiva que estos países continúan siendo aliados cercanos y que con suerte, harán más en materia de cambio climático dentro de su acuerdo comercial. El Presidente de Colombia Juan Manuel Santos declaró “… nos unimos porque tenemos unas visiones compartidas, tenemos unos objetivos similares. Uno de esos objetivos, la presencia nuestra es una manifestación clara de ese propósito, es poder hablar como una sola voz y actuar en este tema tan trascendental, como es qué hacemos con el cambio climático, qué acciones vamos a tomar”.

En la XIII Cumbre del ALBA, que tuvo lugar en la Habana en diciembre al mismo tiempo que la COP, líderes promovieron la propuesta de Bolivia de organizar una conferencia sobre cambio climático para los movimientos sociales. La reunión está programada en septiembre u octubre y tendría como objetivo establecer propuestas para llevar a la conferencia en Paris., “Aquí hay una responsabilidad muy importante para nosotros, frente a un fracaso en Lima sobre el cambio climático, como desde nuestros ministerios del medio ambiente gestar una propuesta, trabajar a este nivel y proponer a un encuentro mundial de los movimientos sociales y ésa que sea la propuesta para salvar la vida y la humanidad”, afirmó el presidente de Bolivia Evo Morales.

Con el comienzo de este nuevo año crítico para el cambio climático, es un momento importante para reflexionar sobre lo que la fragmentación de América Latina en este tema implica para asegurar acción climática robusta y colaboración en la región.

Teniendo en cuenta la diversidad de proyectos de integración regional, las iniciativas sobre el comercio latinoamericanas continuaran influyendo agendas climáticas nacionales y sub-regionales, tal y como lo hemos visto con la Alianza del Pacífico y ALBA. Con varias cumbres este año en China, Costa Rica y Europa, los intentos de continuar diálogos sobre el clima dentro de la CELAC probablemente continuaran. Estos proyectos regionales siguen su propia lógica, pero eso no significa que no puedan complementar y beneficiar la acción climática en general. Sin embargo, la CELAC se enfrenta a un reto en particular, asegurar que declaraciones políticas ambiciosas puedan en realidad lograr resultados para garantizar mayor convergencia de posiciones en las Naciones Unidas. CELAC tiene aún que crear una iniciativa específica sobre cambio climático, una que podría impulsar la acción climática y crear confianza entre sus miembros.

La diversidad de América Latina es vista por algunos como una fortaleza y no una debilidad dada la gama de respuestas al cambio climático. La falta de una voz en común permite que temas principales sigan siendo discutidos en la mesa de negociación. Al no adoptar una posición única, los países de América Latina han tenido la flexibilidad de acercarse a otros países más allá de la región con posiciones similares, lo cual les permite influenciar el debate internacional de manera importante.

Otros observadores sugieren que una región que habla con tan diferentes voces pierde atención a la expensa de aquellos que se unifican y amplifican un solo mensaje. Ciertamente, algunos de los riesgos que América Latina comparte en vulnerabilidad a impactos climáticos se podrían abordar con más eficacia en conjunto. Un lugar donde se podría empezar seria en mejorar la cooperación regional en planes de adaptación y en promover energía renovable. Esta cooperación podría tener beneficios reales para construir acción climática, mejorar la confianza entre países y tener un efecto positivo en la creación de posiciones comunes en las negociaciones del clima. Nuestro libro sobre la política de cambio climático en América Latina, que será publicado por MIT Press en este año, examina esta cuestión.

Hacia Paris y más allá

Mientras comienza este año de altibajos en materia de cambio climático y antes de las negociaciones en Paris, dos cosas claves tienen que pasar. Primero, los países latinoamericanos tienen que desarrollar una INDC robusta que puedan poner en marcha un cambio hacia economías bajas en carbono, prósperas y resilientes. La eficiencia energética y la inversión en renovables pueden estar ligadas a la mitigación de riesgo de desastres, planeación de resiliencia urbana y la construcción de sistemas masivos de transporte público. El aporte de la sociedad civil, en especial con relación al desarrollo de las INDCs es esencial. Segundo, para incrementar las posibilidades de que un acuerdo ambicioso, equitativo y justo salga de París, todos los países latinoamericanos (y otros alrededor del mundo) deben desempeñar un papel constructivo y proactivo en las múltiples sesiones de negociación a lo largo del año que culminarán en París.

La comunidad internacional necesita líderes detrás del cambio climático en el 2015. América Latina tiene algunos candidatos incluyendo los presidentes de Perú, Chile o Colombia. Sin embargo, a pesar del progreso que se ha logrado en la región, todavía existe una brecha grande entre la retórica climática de líderes y lo que realmente está pasando a nivel nacional. Cerrar esta brecha para asegurar que las políticas climáticas sean implementadas y avanzadas es un gran reto que marcará la diferencia en Paris.

La conferencia en Lima demostró cómo los países latinoamericanos están intentando ser parte de una solución global al cambio climático. En un mundo que sube de temperatura rápidamente, estos desempeños proactivos se necesitan con urgencia, pero solo si la retórica es correspondida con acción real. Ya que la región sólo contribuye aproximadamente el 9 por ciento de las emisiones globales, su habilidad de tener un mayor impacto en reducir las emisiones a nivel global es menor que la de grandes emisores como China o Estados Unidos. A pesar de ser actores medianos, las acciones de la región y la voluntad política para reducirlas siguen siendo importantes ya que todos los países deben presentar sus contribuciones nacionales.

Los países latinoamericanos tendrán un papel fundamental en determinar si el acuerdo en Paris es ambicioso o débil. Tras una COP exitosa en la región en el 2014, los países de América Latina no pueden dormirse en los laureles; pero deben seguir impulsando un acuerdo ambicioso en Paris mientras utilizan sus INDCs para crear economías bajas en carbono, resilientes y prósperas a nivel nacional.

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