Argentina-China: relaciones estratégicas – Por Paola Bianco

El convenio de cooperación económica firmado entre Argentina y China en julio pasado, que ya tiene media sanción del Senado y deberá aprobarse en Diputados para ser ratificado, significa la profundización de una relación que hoy es motivo de debate en la opinión pública.

Una de las posiciones, que expresan sectores del campo popular y también el gobierno, aunque la división que trazaremos no es taxativa, sostiene que el acuerdo es estratégico para el desarrollo y la reafirmación de autonomía nacional y que, además, se inscribe en la construcción de un orden multipolar más justo. Por el contrario, algunos sectores de la izquierda entienden que el vínculo puede terminar por reproducir el esquema de la dependencia, en el que la potencia asiática en ascenso podría sustituir el predominio regional de los imperios del siglo XIX y XX, Inglaterra y Estados Unidos respectivamente.

Sin embargo, trasladar el concepto de la dependencia, que explicó en los años 60’ el subdesarrollo de Argentina y de América Latina a partir de su inserción en el esquema de especialización del trabajo, sin hacer un análisis de los procesos de cambio regional y mundial que se desarrollan desde principios de siglo, conlleva el riesgo de un reduccionismo. Ahora bien, ¿cuáles son estos procesos que se desarrollan e involucran a los actores del presente vínculo? Y, ¿cuál es el carácter de la relación argentino-china? Por último, ¿en qué consiste el convenio de cooperación que condensa la relación bilateral? Trataremos de responder estos interrogantes.

El contexto de las relaciones argentino-chino-latinoamericanas

Desde fines de la década del 70′ China viene ascendiendo como potencia económica a partir de una serie de reformas que condujeron a la apertura y a un ciclo de crecimiento sostenido basado en la relocalización de la industria de los países desarrollados y en la exportación de manufacturas. El resultado de este proceso, que implicó el tránsito de la propiedad común a una economía capitalista, fue la consolidación de China como “factoría del mundo”, algo que logró a partir de la competitividad que adquirió con bajos costos laborales y reformas que condujeron a una retracción del Estado en áreas sociales. Paradójicamente, este proceso de relocalización fue el anverso de la instauración de un patrón de acumulación financiera en el cual la industria perdío rentabilidad y se trasladó del centro a la periferia, donde aún podía obtener utilidades a partir de mano de obra barata. El crecimiento de China se produjo así en el contexto del “consenso” neoliberal que se fue configurando desde la década del 80’ y que se consolidó con la Caída del Muro de Berlín.

Sobre la condición de China como “factoría del mundo” y la intensificación de las relaciones sino-latinoamericanas se fue edificando el interrogante acerca de una nueva dependencia. Desde esta perspectiva, este tipo de vínculo sería inevitable, ya que China demanda alimentos y exporta manufacturas.

Sin embargo, Latinoamérica viene transitando un camino alternativo al neoliberalismo, que sí mantuvo sometida a la región a partir de las políticas dictadas por los organismos económicos internacionales, que condujeron al desmantelamiento del Estado y a la destrucción del aparato productivo. La reversión de esta condición se produjo a partir de la reconstrucción del mercado interno y la recuperación de la función reguladora del Estado.

A la par de este proceso emancipatorio, el Partido Comunista Chino (PCCh) comprendió que el estatus ascendente de la República Popular no era sostenible con desocupación y magros salarios y, en los últimos años, fue virando su “economía de exportación de mano de obra barata” hacia el mercado interno. Por ello, el gobierno comenzó a promover la industrialización de zonas del interior y mejoras en los salarios que, según estimaciones de Morgan Stanley, se cuadruplicarán en los próximos 10 años. Este giro de la conducción del PCCh, de la cual emergieron los últimos gobiernos de Hu Jintao y Xi Jinping, aspira, a la par, a traducir el potencial económico en influencia internacional, lo que terminó de configurar una política exterior tendiente a la multipolaridad que desafía el orden unilateral al que pareció condenado el mundo desde la posguerra fría. China emprendió entonces una política más autónoma en los organismos internacionales, de fuerte cooperación con países emergentes como Rusia, y una política activa hacia lo que antes fuera el Tercer Mundo y, en este caso, hacia América Latina. La política contrahegemónica de China se configura además, en la influencia que sin duda adquiere la potencia asiática a partir de la relación estratégica con Latinoamérica, el hemisferio que los Estados Unidos considera su área de influencia, sólo disputada en el siglo pasado por la U.R.S.S.

El Convenio de Cooperación

En este contexto, la relación con uno de los actores que orienta la construcción del mundo multipolar, resulta estratégica por la autonomía potencial de los países involucrados en una nueva relación de fuerzas a escala global, de un modo similar a la autonomía adquirida de América Latina desde la integración regional. La autonomía nacional en el mundo actual está ligada entonces, a políticas contrarias al unilateralismo y al neoliberalismo, resultando ambas contrahegemónicas. Esta condición subyace al convenio de cooperación desde varios aspectos.

En primer lugar, el acuerdo contiene una parte relativa a la construcción del orden multipolar cuando sostiene que “es voluntad de las Partes continuar profundizando el creciente entendimiento y la coordinación mutuos en diversos ámbitos, en particular en las Naciones Unidas, donde ambos países comparten la defensa de ciertos valores y principios, como el multilateralismo…”

Pero el convenio presenta, ante todo, un sustrato productivo, orientado a la industrialización y ampliación del mercado interno. En efecto, todo el convenio se articula sobre una cooperación que tiene como eje la industria. El artículo 4 sostiene, por ejemplo, la finalidad de “incrementar la capacidad productiva de la industria argentina en sectores de gran potencial de exportación al mercado chino”. Las áreas prioritarias en materia de cooperación para la inversión industrial son energía, minerales, productos manufacturados, agricultura y sistemas de apoyo, tales como centros de investigación y desarrollo, y parques industriales.

La otra cuestión central del convenio es la relativa al financiamiento. Nuevamente, la inversión aparece orientada al desarrollo industrial y de la infraestructura y a mejorar los términos de intercambio. El artículo 3, por ejemplo, afirma los principios de complementariedad, de igualdad, beneficio mutuo y desarrollo común “a fin de lograr un mayor equilibrio en la relación económica bilateral y promover la cooperación en materia de inversión industrial entre ambos países de conformidad con sus leyes y reglamentaciones internas y los planes de desarrollo y las políticas económicas de ambos países”

Se trata, además, de un financiamiento para obras de envergadura como la construcción de represas y centrales nucleares, que promueven la autonomía energética. Otros ejemplos del tipo de inversión lo constituye aquélla que ya fue dirigida a la renovación de la flota ferroviaria de varias líneas urbanas e interurbanas y la modernización del Belgrano Cargas, que contribuyen a la conectividad y al desarrollo productivo. Los préstamos como el swap, mediante los cuales el país puede mantener un nivel de reservas que le permita sostener políticas productivas, es también un ejemplo del carácter de la relación estratégica con la potencia asiática.

Pareciera que el convenio con China se inscribe más en la recuperación de la autonomía antes que en la dependencia. El desafío -también del próximo gobierno- será desarrollar la cooperación en el marco de una política que tienda a la reindustrialización.. En segundo lugar, en el contexto del proceso de integración regional, el debate sobre la cooperación con China debería contemplarse en el seno de organismos como la UNASUR.

*Analista Internacional. Columnista de NODAL