Rodrigo Vergara, presidente del Banco Central de Chile: “Habrá una nueva revisión a la baja de nuestro crecimiento proyectado para el año”

Por Marta Sánchez Leiva

Da muy pocas entrevistas, pero cuando decide hacerlo es porque un mensaje quiere enviar y, particularmente, en esta oportunidad son dos: el Banco Central recortará la estimación de crecimiento de la economía para este año y descarta recortes a la tasa de interés en el futuro previsible.

Así de claro es el presidente del instituto emisor, Rodrigo Vergara, quien está preocupado por la prolongación de la desaceleración y por los efectos en la economía de un concepto recientemente inaugurado: shock autónomo de confianza.

¿Cómo surgió? La autoridad lo explica: “El término ‘shock autónomo’ se refiere al movimiento de una variable que no puede asociarse al de otros factores que comúnmente la explican y, por lo tanto, se atribuye a un movimiento propio, o interno. En la literatura, este es un concepto estándar, aunque por lo general es referido por otros nombres -shocks exógenos o estructurales-. En el caso de la confianza, nuestro análisis sugiere que parte importante de su deterioro no es atribuible a los cambios en las condiciones macro internas ni externas, sino que a otros elementos“. Y ¿quién lo propuso? “Surgió de nuestros economistas”.

Es que desde lo externo tampoco hay razones que, a su juicio, justifiquen completamente la importante “fragilidad que presenta la economía”. Ni siquiera China, sostiene…, al menos por ahora.

“Hace ya un tiempo que problemas en China forman parte de nuestros escenarios de riesgo, tanto en el Informe de Política Monetaria (IPoM) como en el de Estabilidad Financiera. China es nuestro principal socio comercial, un cuarto de nuestras exportaciones se van allí y más de un 40% del cobre mundial lo consumen ellos. Por lo tanto, tenemos que estar monitoreando lo que sucede allá, porque existen riesgos relevantes, principalmente con el mercado financiero chino”, señala.

En su último IPoM dado a conocer a principios de junio sostuvo que el repunte económico en la segunda parte de 2015 iría a una velocidad menor a la esperada, ¿hay evidencia de que esta tendencia esté cambiando?

Es claro que el dinamismo económico ha ido por abajo de lo proyectado en el último IPoM. De hecho, si uno hace un poco de historia se encuentra con que la economía tocó un punto mínimo el tercer trimestre del año pasado, con un crecimiento de 1%; después, en el cuarto trimestre, llegó a 1,8%, y en los primeros tres meses de este año alcanzó un 2,4%, lo que evidencia que de alguna forma venía marcando cierta aceleración, pero, y aunque todavía no tenemos todos los datos del segundo trimestre recién pasado, todo indica que será más bajo que el primero, lo que va a implicar que habrá una nueva revisión a la baja de nuestro crecimiento proyectado para el año.

¿En cuánto?

No lo sabemos todavía, necesitamos más información, pero lo que sí está claro es que no debiera sorprender que en el próximo IPoM de septiembre se produzca una nueva revisión a la baja en nuestra proyección de crecimiento. Básicamente, porque es claro que el segundo trimestre fue inferior a lo que se esperaba en el IPoM de junio y porque en los datos en el margen no se observa un mayor dinamismo.

¿Está preocupado por esta persistente desaceleración?

Obviamente, eso me preocupa, porque en el fondo vemos que el dinamismo de la economía ha sido menor a lo que nosotros calculábamos, y nótese que tampoco esperábamos un gran dinamismo. Por tanto, sí me preocupa esta debilidad que sigue mostrando la economía y que se siga postergando la recuperación.

¿Hay alguna señal de que vendrán meses mejores?

Ya tenemos dos meses del segundo trimestre, abril y mayo, con crecimientos de 1,7% y 0,8%, respectivamente. Probablemente, los meses que siguen serán mayores que eso, pero aun así es menos de lo que nosotros habíamos proyectado. Los datos que tenemos en el margen y nuestros informes de percepciones de negocios indican que la economía sigue mostrando bastante debilidad y que si bien uno puede esperar algo más en la segunda parte del año sería sólo marginalmente mayor. Por eso, quiero insistir en el punto principal: no debiera sorprender que en nuestro próximo IPoM hiciéramos una revisión hacia abajo de nuestra proyección de crecimiento.

Si la última estimación de crecimiento que entregó el Banco Central fue con un Producto creciendo entre 2,25% y 3,25% para este año, ¿es probable que en su nueva proyección el techo se ubique por debajo del 3%?

Recordemos que en el IPoM de septiembre se reduce el ancho de la proyección de uno a medio punto porcentual, lo que junto con lo antes mencionado lleva a eso.

¿Qué razones siguen provocando la fragilidad de la economía?

La demanda interna sigue relativamente débil y, en particular, la inversión. Hemos visto que las exportaciones han tardado más de lo que se esperaba en repuntar y el resto de las variables tampoco ha ayudado en forma significativa. Por otra parte, se mantiene lo que dijimos en el IPoM pasado respecto de que hay dos factores, uno externo y otro interno, que están debilitando la economía. En el externo tenemos una economía mundial que muestra proyecciones de crecimiento hacia la baja, han surgido algunas dudas en relación a China, y América Latina está muy debilitada, y, por supuesto, una caída muy importante del precio del cobre que se ha agudizado en este último tiempo. Junto con eso, en lo interno, la confianza tanto de consumidores como empresarial se mantiene en niveles que son bastantes bajos y eso tiene un impacto en esta recuperación económica.

O sea, los shocks autónomos planteados en el IPoM pasado se mantienen.

Hablamos en el IPoM de estos shocks autónomos, de factores distintos a los que tradicionalmente afectan a la inversión y que identificamos como una caída en la confianza. En esto me sumo a lo que ha dicho el ministro de Hacienda, que la política afecta a la economía.

¿Usted lo comparte?

Sí, nosotros siempre hemos sabido que la economía afecta a la política, pero también la política afecta a la economía y hay, en muchos sentidos, una crisis que está afectando la confianza. Si uno piensa en la economía chilena hoy, efectivamente está enfrentando un escenario externo más complejo, pero por otra parte, es una economía que tiene tasa de interés baja, que ha tenido un ajuste importante en el tipo de cambio, que tiene un déficit en cuenta corriente que será en torno a cero este año, un sistema financiero sólido y que tiene bajos niveles de deuda pública. En resumen, una economía que en lo macroeconómico está bastante sana, pero que aun así no muestra señales de mayor dinamismo.

¿Y este menor dinamismo encontraría una explicación en los shocks autónomos?

Entre otros elementos. Una parte importante de eso tiene que ver con esta menor confianza que existe y creo que un desafío fundamental de todos es mejorar los niveles de confianza que hoy tiene la economía chilena, que están, sin ninguna duda, afectando la recuperación.

Que el ministro Rodrigo Valdés desde su llegada se haya preocupado de reunirse con todos los sectores dando cuenta del menor crecimiento ¿va en la línea de retomar las confianzas?

Sí, lo que ha hecho el ministro Valdés es un reconocimiento de ciertos aspectos, ha abierto líneas de comunicación importantes, por lo tanto, va en esa dirección. En todo caso, quiero ser claro que no hacemos comparaciones entre ministros, porque nuestro rol institucional es relacionarnos con el ministro de Hacienda independientemente de quién sea el ministro y tanto con el ministro Arenas como con el ministro Valdés ha habido buena coordinación.

¿Esperaría que del próximo cónclave del oficialismo salga una señal concreta respecto de lo que el gobierno hará o no en materia de reformas?

Uno siempre espera que haya cosas concretas, porque la verdad es que de repente hay conceptos que cuesta aterrizarlos, pero eso del cónclave está en el ámbito político y comentarlo va más allá de nuestro rol.

¿Cuál reforma cree usted que más incertidumbre ha causado? ¿La constitucional?

Es difícil saber cuál de todas ha causado más incertidumbre, pero siempre es bueno delimitar los ámbitos de acción, porque cuando uno tiene todo demasiado abierto es natural que se produzcan inquietudes, incertezas, temores, como lo ha dicho el propio gobierno. Tres cosas importantes son: que las reformas sean lo más consensuadas posibles para darle un paraguas más amplio, que se consideren los efectos en productividad y crecimiento, y despejar incertezas.

Usted ha planteado que la incertidumbre sobre el derecho a propiedad puede postergar inversiones…

Por supuesto, la teoría económica es bien clara al respecto: cuando se tiene incertidumbre se produce lo que se llama la opción de esperar; si yo tengo la opción de esperar para saber exactamente qué es lo que va a suceder, cómo van a ser los cambios, espero antes de invertir, y esa postergación genera una menor inversión y, con ello, un menor dinamismo. Por eso, creo que en la medida en que esas incertidumbres se vayan despejando, se vayan logrando acuerdos amplios, es posible que se retomen las confianzas. Por cierto, la mera reducción de la incertidumbre no es suficiente. Se requiere que el resultado del trabajo que se haga apoye el crecimiento. Yo, desde el punto de vista doméstico, no veo grandes desequilibrios, pero veo un problema de confianza fundamental.

En el programa de gobierno en el capítulo “Nueva Constitución” dice que al Banco Central como a otras instituciones se les reconoce su autonomía y la ley establecerá la medida de la autonomía y de la configuración de sus competencias… ¿Cree usted que queda en entredicho la autonomía?

Eso es bastante general, por tanto, es difícil saber qué implica, pero nosotros hemos tenido claros indicios de que no habría cambios en relación a la ley de autonomía del Banco Central. En todo caso, como lo hemos mencionado en numerosas oportunidades, la autonomía del Banco Central ha sido pieza clave de la estabilidad macroeconómica del país.

En su escenario de riesgo, ¿existe la posibilidad de que en algún momento el PIB registre una caída?

No está en nuestro escenario base. En los próximos trimestres no está contemplado que alguno sea negativo. Lo que estamos viendo hoy es un crecimiento bajo, pero positivo, y este año probablemente será algo superior al 1,9% del año pasado.

¿Y el próximo?

Crecimientos negativos tampoco están en el escenario base para el próximo año.

¿Qué espera el Banco Central de la discusión fiscal que se aproxima producto de la elaboración de la ley de presupuestos 2016?

Chile tiene una larga historia de seriedad en política fiscal y es clave mantenerla. El ministro Valdés ya ha dicho que para cumplir con el compromiso de lograr un equilibrio fiscal al término de este gobierno, el crecimiento del gasto público no podrá ser lo que fue este año. Y eso no es muy sorpresivo, porque era más o menos evidente que no se podía seguir manteniendo un gasto público creciendo a 9%, con una economía que crece mucho menos que eso, porque aumentaría el déficit fiscal tanto efectivo como estructural.

Una segunda preocupación

¿Están preocupados por la inflación, considerando que se ha mantenido alrededor del 4%?

Llevamos un tiempo significativo en o sobre el 4%, lo que, por supuesto, no nos tiene conformes.

¿Qué explica este aumento?

Básicamente, el aumento importante del tipo de cambio. Mal que mal, la depreciación en los últimos dos años ha sido en torno a 40%, mayor a lo que esperábamos hace un tiempo, por lo que es natural esperar un aumento transitorio de la inflación, que ha sido más persistente, porque la depreciación también se ha mantenido. Esto era un poco inevitable, porque la economía necesitaba un cambio en los precios relativos debido a un precio del cobre más bajo y a menos flujos de capitales. Por tanto, el tipo de cambio tenía que subir y eso se ha producido en forma importante y temprana.

¿Cuánto estiman durará este período transitorio?

En nuestro esquema de política monetaria lo más relevante es la evolución de la inflación a dos años, por lo que las expectativas de inflación a ese horizonte son claves. Ahora, es cierto que llevamos más de un año con inflación de 4% o algo por arriba de eso, porque la depreciación ha sido más fuerte y más persistente también. Pero las expectativas de mercado se mantienen ancladas en el horizonte de política en 3%. El mercado está convencido de que la inflación volverá gradualmente a ese 3% y eso es lo mismo que estamos esperando nosotros, que la inflación vuelva al 3%. Ahora, si en algún momento se viera un riesgo de que esas expectativas no se mantuvieran ancladas, evidentemente que el Banco Central actuaría con decisión. No lo vemos probable, pero hay que tener claro que el Banco Central actuará con mucha fuerza para defender su objetivo que es la inflación.

Algunos dicen que por la desaceleración, el Banco Central debiera bajar la tasa; y otros, que hacia fines de año tendría que subirla por la inflación, ¿dónde está el Banco Central?

La persistencia de la inflación arriba del 4% en sí es un riesgo, porque si se mantiene por mucho tiempo podría desanclar las expectativas, por lo tanto, no nos gusta. Respecto de la política monetaria con las actuales cifras de inflación y las perspectivas de corto plazo está completamente fuera de la mesa la posibilidad de que la tasa de interés baje en un futuro predecible. En resumen, creemos que la actual tasa es la correcta y nosotros hemos hablado que en la medida en que la economía se recupere, evidentemente que la política monetaria se va a ir normalizando, pero manteniendo un estímulo monetario importante.

¿Y si las expectativas se mueven por arriba del 3%?

Asumiendo que se refiere a las expectativas a dos años, el Banco Central actuaría con firmeza, porque eso pondría en riesgo nuestro propio mandato.

¿El tipo de cambio cercano a los $ 670 estaba dentro de su escenario?

Nos ha sorprendido, pero nosotros tenemos una política cambiaria flexible y estamos comprometidos con eso.

¿Posibilidades de intervenir el mercado cambiario ahora?

En el pasado hemos intervenido y siempre hemos dicho que las intervenciones son bajo circunstancias extraordinarias, excepcionales. Estas tienen como fin evitar volatilidades extremas o si el tipo de cambio va más allá de los fundamentos, pero por ahora estamos lejos de considerar que el actual nivel, dado el nuevo contexto, es excepcional, por lo tanto, la intervención, por lo menos en las actuales condiciones, está fuera de la vista.

La Tercera