64 parejas del mismo sexo celebraron en Puerto Rico una boda masiva

Bajo una incesante lluvia -que muchos recibieron como bendición del cielo- se efectuó este sábado la primera boda masiva de personas del mismo sexo en Puerto Rico, una histórica celebración donde triunfó el amor, la justicia, la dignidad y la equidad.

El ambiente era de festividad desde tempranas horas de la mañana cuando poco a poco comenzaron a llegar las 64 parejas – entre ellas seis que aprovecharon la ocasión para renovar sus votos matrimoniales-, que protagonizaron el evento magno, efectuado en el Paseo La Princesa, en el Viejo San Juan.

El color blanco -ese que representa la paz y la pureza- predominó en la decoración en el que abundaban hermosas flores como el lirio cala, las hortensias y las muy delicadas baby breath.

Como en toda boda, los nervios afloraban a medida que pasaban las horas y se acercaba el momento de decir: “sí, quiero”, dos palabras que representan un universo de emociones para las personas que contrajeron matrimonio.

“Este es el momento más esperado de nuestras vidas… el momento con el que siempre soñamos”, expresó a este medio Elizabeth Maza, horas antes de contraer matrimonio con María del Pilar Rodríguez su compañera por 17 años.

“Hoy es un día de mucha lección para todas esas personas que han pasado años con prejuicios, discrimen y bullying contra nosotros… pero no importa hoy también es un día de perdón y amor”, agregó la mujer con los ojos llorosos.

La historia de estas dos enamoradas -incluidas sus lágrimas de conmoción- se repitieron una y otra vez, entre los contrayentes, quienes no veían la hora de concretar legalmente su amor.

Dos horas más tarde de lo pautado- a eso de las 3:00 de la tarde- inició el desfile pre nupcial en el que las parejas caminaban por el altar simbólico hacia una nueva etapa en sus vidas.

Mientras los novios y novias marchaban, se transmitían en una pantalla gigante fotografías que evidenciaban la lucha de la comunidad Lésbica, Gay, Bisexual, Transexual y Transgénero ( LGBTT).

Y es que, como explicó la organizadora de la boda masiva, la presidenta de la Fundación de Derechos Humanos y activista por la igualdad de género Ada Conde, después de “muchos años de sufrimiento, el amor triunfó”.

Y triunfó también la posibilidad de que muchas de estas parejas gocen de los derechos que tienen los matrimonios heterosexuales en términos de seguros médicos y de vida, herencias, entre otros asuntos legales.

Poco antes de pronunciarse los casamientos, Conde y su esposa Ivonne Álvarez -con quien contrajo matrimonio hace 11 años en Massachusets- hicieron un breve compendio de los años de lucha que se suscitaron para que se legalizara la boda entre personas del mismo sexo en Puerto Rico.

También tuvo su turno al micrófono la hija de la pareja, Ada Álvarez Conde, quien recordó las veces que fue humillada públicamente -aún siendo niña- por el hecho de que sus mamás son lesbianas.

“Por ahí va la pata… y la hija de la pata”, rememoró que le gritaron un día durante una manifestación en el Capitolio.

Hoy, esas palabras son su aliciente para unirse a la lucha de sus madres, quienes nunca enmudecieron y fueron voces para las personas marginadas de la comunidad LGBTT.

Fue bajo esa consigna de que “todos somos iguales” y tras un largo mensaje de cada uno de los celebrantes – en los que se incluyeron representantes de diversas denominaciones, incluidos protestantes, musulmanes y budistas, así como seculares, paganos y humanistas-, que iniciaron las ceremonias individuales de cada pareja.

Cada líder ecuménico tenía asignado las parejas que casarían. La idea fue ubicar a las parejas y sus familiares en unas mesas y hasta allí se trasladaron los celebrantes a oficiar la boda.

A medida que se iban casando las parejas, se escuchaban aplausos y gritos que anunciaban las buenas nuevas.

La tradicional lluvia de arroz no pudo faltar en el evento, que se efectuó ante la mirada de decenas de espectadores que presenciaron desde lejos y en un área preliminarmente demarcada el gran momento histórico.

Los nuevos esposos y esposas celebraban a carcajadas su unión.

Otros, como la pareja compuesta por Eliseo Natal y Charlie Martínez, no pudieron evitar las lágrimas.

Según relataron a Primera Hora, la pareja se conoció en Nueva York, donde vivieron por muchos años.

Aún cuando en esa jurisdicción el matrimonio igualitario es legal, nunca contrajeron matrimonio pues preferían hacerlo en su país natal: Puerto Rico.

En la Isla, el matrimonio entre personas del mismo sexo es legal desde el pasado 26 de junio cuando el Tribunal Supremo de los Estados Unidos estableció que los estados no pueden impedir los matrimonios homosexuales porque es inconstitucional.

Para Eliseo y Charlie, además de un sueño cumplido, el matrimonio representa un nuevo renacer pues “escapamos del miedo” después de 41 años de relación.

Y es que, según Eliseo, su familia -de la religión pentecostal- nunca aceptó su orientación sexual. Hasta el sol de hoy, y muy a pesar de la pareja, aún no le hablan.

“Pero no importa mi amor, nos tenemos uno al otro… nosotros somos una familia”, le dijo Charlie a Eliseo, mientras acariciaba su rostro y sellaba con un tierno beso su eterno amor.

Otra historia hermosa se evidenció a través de Claribel Millán y Neira Mendoza, quienes tras 33 años juntas ayer “por fin” se casaron.

Neira estaba preciosa. Lucía un traje del diseñador Carlos Alberto y un tocado en su cabello que ella misma confeccionó “con mucho amor e ilusión”.

Otro que desgarró el corazón de muchos con su testimonio fue Saúl Flores, quien portaba en su mano la foto de su fenecido novio Hernán Ramírez, con el que siempre soñó casarse.

El hombre lloraba en silencio, mientras observaba las ceremonias matrimoniales y pensaba en lo que pudo ser.

La oposición

Mientras, opositores del matrimonio igualitario, entre ellos el activista Carlos Sánchez, dejaron sentir su malestar por la histórica boda masiva.

Sánchez describió el evento como una “actividad de sodomitas, fornicarios, promiscuos, borrachos, desobedientes y desleales a Dios”.

Mientras, el obispo de Arecibo, monseñor Daniel Fernández, dijo que, “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados. Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso”.

Primera Hora