Mesié Tabaré y el EI – Por Aram Aharonian

Tabaré Vázquez, quien fue electo presidente uruguayo por el izquierdista Frente Amplio, no para de sorprender a sus compatriotas y al resto de América latina. En su reciente visita a París, el mandatario uruguayo se comprometió desde el Elíseo a que Uruguay actuará con “seriedad” en el Consejo de Seguridad de la ONU, al que se integrará en breve, y que “apoyará a Francia en la búsqueda de la paz internacional”. A nadie se le había ocurrido que Francia buscaba eso en sus devaneos neocoloniales.

El presidente francés, François Hollande, apenas sonrió, y reconoció a su contraparte su contribución a las llamadas misiones de paz de la ONU, que son en realidad disfraces de la intervención militar de tropas estadounidenses, europeas y mercenarias en terceros países, para apropiarse de sus recursos e imponer sus intereses y políticas.

La otra fulgurante figurita del nuevo gobierno uruguayo, el canciller Nin Novoa, ya había anunciado, tras su reunión con su par galo, que su país apoya la conformación de una “brigada de confrontación” con el Estado Islámico (EI).

En Montevideo, la información causó entre sorpresa e indignación. La posibilidad de que Uruguay apoye la conformación de una coalición internacional de países contra el EI encabezada por Estados Unidos causó conmoción en la ciudadanía y un gran impacto en los ministerios de Defensa e Interior y en el Parlamento también.

Este giro en la política exterior pone a Uruguay de espaldas a sus vecinos y más cerca de países como Francia, Estados Unidos e Israel, en una jugada donde, según la prensa uruguaya, tiene mucho que ver el número tres del Palacio Santos (sede del ministerio de Relaciones Exteriores en Montevideo), Bernardo Greiver. La designación de este último fue calificada por Nin como “una señal” hacia Israel.

“Parece un disparate mayúsculo”, escribió el diputado del Movimiento de Participación Popular Daniel Caggiani en su cuenta de Twitter. Tradicionalmente, al igual que todas las naciones latinoamericana, Uruguay suele sostener en los foros internacionales el principio de “solución pacífica de las controversias”.

Ésta es una violación flagrante de este principio por parte de dos figuras que, contra el mandato expreso del Frente Amplio, quisieron negociar el acuerdo TISA –más allá de un TLC– con EE.UU., maniobra que fue abortada por la fuerte oposición de los movimientos sociales, entre ellos, la central unitaria de trabajadores PIT-CNT y el mismo Plenario del Frente Amplio.

La preocupación está vinculada a la propia seguridad interna del país, señala La diara. En momentos en que la política exterior pasará a ocupar un lugar de enorme exposición internacional, varios actores del gobierno entienden que declaraciones como las de Nin ubican al país (en términos militares, el más débil de todos los que integrarán a partir de enero el Consejo de Seguridad) a la cabeza de las naciones enemigas de EI.

Y recuerdan, de paso, los efectos desastrosos que este tipo de gestualidades produjeron del otro lado del charco, en Argentina, cuando en 1991 el entonces presidente Carlos Menem se embanderó con Estados Unidos en la Guerra del Golfo. Menem, que envió dos naves a la guerra, como si fuera un paseo que devengaría réditos económicos y políticos al país, terminó trasladando a Buenos Aires el teatro de operaciones entre árabes e israelíes.

Nombre de indio, corazón colonizado.

*Magister en Integración, periodista y docente uruguayo, fundador de Telesur, director del Observatorio en Comunicación y Democracia, presidente de la Fundación para la Integración Latinoamericana.