A un año del acuerdo entre Estados Unidos y Cuba – Diario La Tercera, Chile

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

En diciembre del año pasado los presidentes de Estados Unidos y de Cuba, Barack Obama y Raúl Castro, anunciaron sorpresivamente el fin del distanciamiento entre ambos países y el inicio de un paulatino proceso de normalización de las relaciones. Después de 18 meses de negociaciones secretas se concretó el mayor giro en los vínculos con la isla en más de cinco décadas. La apuesta, según el propio mandatario estadounidense, fue que no se podía seguir haciendo lo mismo por más de 50 años y esperar resultados diferentes. Por ello, aseguró “es necesario cambiar” y “estoy convencido que a través de una política de compromiso podemos defender más efectivamente nuestros valores y ayudar al pueblo cubano a avanzar mejor hacia el siglo XXI”. Sin embargo, a un año del deshielo, el balance está por debajo de las expectativas.

Como parte de la nueva estrategia el gobierno de Barack Obama no sólo reabrió su embajada en La Habana, sino que fue tomando medidas para relajar paulatinamente el embargo que pesa sobre la isla desde la década del 60 y que sólo puede ser derogado por el Congreso. En enero pasado disminuyó las restricciones para que los estadounidenses puedan viajar a la isla -generando un alza de 17,2% en el turismo a Cuba entre enero y agosto de este año- y luego eliminó el límite de 2.000 dólares trimestrales para las remesas y el monto máximo de efectivo que se puede llevar a la isla. A ello se sumó el acuerdo para favorecer las inversiones de empresas estadounidenses en Cuba. Todo lo anterior ayudó al régimen cubano a cumplir uno de sus principales objetivos con el acuerdo: elevar la llegada de divisas.

Las medidas adoptadas por Estados Unidos, sin embargo, no fueron acompañadas de las esperadas señales de cambio en la isla. Como aseguró a este diario el ex vicecanciller cubano, hoy exiliado en Estados Unidos, “hasta ahora no ha habido muchas diferencias, más allá de la renuncia al antiguo enemigo”. Incluso, pese a que como parte del acuerdo se acordó la liberación de 53 presos políticos, desde entonces el número de cubanos detenidos por ese motivo ha venido subiendo consistentemente. En octubre la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional denunció la detención de 1093 y en noviembre la cifra se elevó a 1.447. Incluso ayer el vocero de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU denunció una ola de detenciones arbitrarias, que “llegan a 1.500 sólo en lo que va de diciembre”.

Frente a ese panorama ha faltado en estos meses una actitud más decidida de parte de Washington para condenar esos hechos y denunciar las reiteradas violaciones de los derechos individuales en Cuba. Tampoco ha habido señales de parte de las autoridades cubanas de querer avanzar en un proceso de mayor democratización. Hasta ahora el único que saca cuentas alegres es Raúl Castro. Incluso los habitantes de la isla que habían recibido con esperanza el acuerdo, hoy muestran una evidente desconfianza. Sólo en lo que va del año el éxodo cubano a Estados Unidos creció un 80%. Y si bien, en esa alza influye el temor al fin de la Ley de Ajuste que permite a los cubanos que llegan a Estados Unidos obtener residencia permanente, lo cierto es que deja en evidencia las crecientes dudas de la población sobre los cambios reales que puede traer esta nueva etapa.

La Tercera