El vicepresidente se despidió del gobierno y se prevee que se postule a la presidencia

Así fue que Vargas Lleras colgó el casco

En un evento al que asistieron más de tres mil personas, que más parecía un cumbre política que un balance de gestión del sector infraestructura, el vicepresidente Germán Vargas Lleras se despidió del Gobierno del mandatario Juan Manuel Santos y, aunque asegura que no ha definido si será candidato a suceder a quien fue su jefe hasta hoy en la Casa de Nariño, los hechos dicen lo contrario.

Ministros, alcaldes de todo el país, gobernadores, altos funcionarios, simpatizantes y uno que otro lagarto, como suele ocurrir en los encuentros políticos, se reunieron en el pabellón 19 de Corferias. Vargas Lleras fue al grano, recordó que “cuando asumí el cargo de vicepresidente no existía ninguna inhabilidad para ser candidato, fueron sobrevinientes, no estaban en la Constitución. No he tomado una decisión definitiva sobre mi futuro político, pero no quisiera estar incurso en ninguna inhabilidad, de manera que le pido al Senado darle trámite rápidamente a mi decisión de renunciar”.

Todos en el lugar lo veían como el primer funcionario del Gobierno Santos que se le mide a la campaña por la presidencia. Sin embargo, Vargas Lleras se encargó de amainar la expectativa. Al terminar el evento dejó claro que aún es vicepresidente, pero hizo una advertencia premonitoria del debate electoral que ya está despertando. “En próximos días estaré liberad de esta responsabilidad y habrá oportunidad de referirme acerca de mi futuro en el próximo debate electoral, me retiro con la satisfacción del deber cumplido y muy bien cumplido”, afirmó.

A buen entendedor pocas palabras. Vargas Lleras quiere la presidencia, no hizo el anuncio, pero su renuncia y un discurso de casi dos horas en las que explicó lo hecho en vivienda, infraestructura y agua potable son una carta de presentación para un exvicepresidente que se empieza a vestir de presidenciable.

En esta ocasión Vargas Lleras no hizo gala de oratoria por la que fue reconocido como senador durante cuatro periodos. Tampoco, tuvo la vocería de un candidato, fue un discurso sobrio, tan largo que adormeció a algunos de los asistentes que no controlaban el vaivén de sus cabezas desgonzadas por el sueño. Pero lo que dejó sí claro es que su gestión fue un éxito y la resumió con el slogan “lo hicimos posible” con el que adornaron las paredes del pabellón de Corferias.

Un casco blanco de constructor, que lo acompañó durante estos años iniciando obras, contratando otras y entregando otras más, se convirtió en el símbolo de su salida. Se lo dio a quien hasta hoy fue su jefe, el presidente Juan Manuel Santos. “Le entrego el casco y es para dos cosas, uno porque en el gobierno hay gente que hace pilatunas y usted sabe a lo que me refiero. La segunda razón es que va a tener que entregar muchas obras. Este casco se lo regreso porque muchas satisfacciones le va a dar en lo que queda del gobierno”.

Las mentadas diferencias entre Santos y Vargas Lleras, de las que se viene hablando, no afloraron. Por el contrario, el simbólico casco fue respondido con un homenaje de parte del presidente quien lo llamó a la tarima, y le recordó tal vez la peor embarrada de Vargas Lleras en su gestión: “venga que no le voy a dar un coscorrón”, para luego darle el máximo reconocimiento que puede recibir un colombiano: la Cruz de Boyacá.

Vinieron las palabras del presidente Santos, quien luego del generoso homenaje se dedicó a hacer su propio balance, habló de Odebrecht, criticó a la oposición, y se refirió ampliamente a lo que viene haciendo su Gobierno. A Vargas Lleras solo lo citó tres veces en su discurso. Esa fue la despedida pública.

Pero venía una sorpresa, su hija Clemencia subió por sorpresa a la tarima y recordó que el asunto no se trata del frio pavimento de las autopistas de cuarta generación o de los muros de las casas gratis. Se refirió a la construcción del tejido social y presentó a tres de las beneficiadas con las viviendas. Subió Osiris, una mujer humilde, menuda, de piel oscura que se palideció por el susto que puede ser normal para una persona que por primera vez se para ante un escenario con más de 3000 mil personas.

Con las pocas palabras que pudo modular por el pánico que le generó subir al escenario con micrófono en mano, afirmó que ya no vive en una porqueriza, ni la están desalojando, dio las gracias y ser reunió con otros tres beneficiados que llegaron al evento para ser testigos de la salida del vicepresidente que construyó sus casas.

La segunda sorpresa de su hija fue con baile. No bailo Clemencia, no por falta de ganas. Reconoció que se había caído y tenía una fractura en el coxis. Empezó la fiesta, se apagaron las luces y el grupo empezó a bailar. Con oscurecimiento del lugar también se fue desocupando el pabellón, sobre las 9 y 30 de la noche la gente salía. Clemencia aplaudía en la tarima y el evento terminó.

Unos pocos se quedaron tomando whisky, todos hablaban como si tuvieran una relación cercana con Vargas Lleras, otros criticaban el largo balance de gestión, pero muy pocos se atrevían a poner en duda que las aspiración presidencial. Finalmente entregó el casco en ese pomposo evento, dejó atrás las obras públicas y ahora, como bien lo señaló, llegó el momento de empezar el debate electoral.

El Espectador