¿América Latina requiere de más desarrollo del capitalismo? – Por Eduardo Camin (Especial para Nodal)

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

¿América Latina requiere de más desarrollo del capitalismo?: Los camaleones del progresismo

Los presidentes “progresistas”, se han transformado en los verdaderos camaleones que abundan en la región, han comenzado sus mandatos con una orientación de perspectiva hacia la superación de la sociedad capitalista o como se dice en algunos de sus programas hacia “una estructura social, en la cual los intereses del capital son subordinados a los intereses de la humanidad” en la cual la predominancia del lucro esta refrenada es decir un capitalismo con” rostro humano” De esta manera, la izquierda, se ha convertido en la “cara alternativa” de dominio del Imperio en América Latina, pero en realidad ejecutan los programas económicos y la estrategia regional del Consenso de Washington. Así nació el distintivo axiomático que guía a los gobiernos “progresistas” en la región: hacer discursos con la izquierda y gobernar para los intereses de la derecha.

Sin dudas, tiempos de malestar e indiferencia, pero aún no formulados de manera que permitan el trabajo de la razón. En lugar de inquietudes definidas en términos de valores y amenazas hay un malestar vago, una inquietud, un desalentado sentimiento que nada marcha bien.Esta izquierda con años de carrera electoralista lleva la marca de la sofistería política, usada para que los trabajadores abandonen la revolución. Sus discursos pastorales y demagógicos (“socialismo democrático”, “poder alternativo”, “distribución justa de las riquezas”, “refundar la sociedad”, etc.), le sirve de taparrabo de su conducta mercenaria y de colaboración con la burguesía y el imperialismo. Aquellos “marxistas” de la doctrina científica del socialismo , han devenido vulgares repetidores de ideas y tesis políticas de la burguesía más reaccionaria. Esta izquierda hace años que ha desertado del campo de los oprimidos y todo su accionar político se aplica en función de las finanzas. Basta mirar la experiencia de la lucha social actual en cualquier país latinoamericano, para comprender que la diferencia programática y estratégica que alguna vez existió entre los partidos burgueses y aquellos que se llaman de izquierda ha desaparecido completamente. Sus diferencias, son de forma, pero no de fondo y de contenido. Sus coincidencias son de tipo estratégico, que en lo fundamental se refiere a sostener los viejos Estados opresores hundidos en una aguda crisis y creciente descomposición.

Sin lugar a dudas estamos viviendo en una época de profundo cambio histórico, después de un periodo de crecimiento económico, el sistema capitalista está llegando a sus límites. En lugar de crecimiento nosenfrentamos alestancamiento económico, la recesión y una grave crisis de las fuerzas productivas. Pero la crisis del capitalismo se manifiesta entodos los niveles de la vida. Se refleja en la especulación y la corrupción, el consumo y el tráfico de drogas, la violencia, el egoísmo, y la indiferencia hacia los sufrimientos de los demás, el colapso de la familia burguesa, la crisisde la moralidad, la cultura, el derroche y la irracionalidad. ¿Cómo podría ser de otra manera?

El mundo vive una gravísima situación que va mucho más allá del marco teórico. Las crecientes injusticias sociales aunadas a las guerras que proliferan y que hunden naciones enteras en una atmosfera de confusión, desolación e incredulidad.En efecto el clima de violencia generado en los últimos tiempos va en aumento. El tráfico ligado a los diferentes tipos de droga nos ha sumido en una guerra sin precedentes en muchos países de la región, en algunos de ellos con una violencia e implicancia hasta ahora desconocida. Ante la actual coyuntura parece pertinente tomar alguna distancia para reflexionar sobre el aquí y el ahora. Para ello comenzaremos jalando el hilo que propicia en América Latina la urgencia de explicar la originalidad de la región.

En contra de la idea acuñada de que América Latina requiere de más desarrollo del capitalismo, bajo el supuesto que ello le permitiría acercarse a las formas del capitalismo del mundo central, además de aproximarla a las posibilidades de un bienestar infinito, creemos que no. En realidad, la intensificación del capitalismo en la región tiende no a acercarla sino, por el contrario, a consagrar luchas intestinales que cada día se agudizan por los mercados y por los escasos recursos que hacen improbable integrarse a los pretendidos modelos del mundo desarrollado y a acentuar las contradicciones del capital.
No obstante, los procesos de la región no son expresión o resultado de un insuficiente desarrollo capitalista. Por el contrario, lo que tenemos aquí es un “exceso” en dicho desarrollo, en tanto espacio particular de condensación de contradicciones del sistema, las que operan en la lógica del modo de ser del capitalismo local. De allí la original forma dependiente y su derivación política: formamos parte del sistema que establece el capital en una región en donde el conflicto social en general y su potencialidad de ruptura es mayor.

Siempre se ha establecido una relación de causación entre modernidad y desarrollo económico, dichas variables se han vinculado a una mejor integración de las estructuras productivas de América Latina al comercio mundial. Es decir, se ha interpretado el desarrollo como un aumento en la capacidad de competencia del sector exportador en aquellas ramas productivas que se muestren con capacidad de incorporar innovaciones tecnológicas. Innovaciones que permitirían a medio y largo plazo participar con éxito en la división internacional de la producción, el consumo, los mercados el trabajo.Independientemente de sus variables y al margen de los momentos históricos en que se ha planteado, prevalecen argumentos que ponen énfasis en transformaciones que modernicen el sector exterior con el fin de mejorar su posición en el mercado mundial, y por ende los efectos de esa política se beneficiara en el conjunto de la sociedad. Los beneficios así obtenidos servirán para incentivar la capacidad de inventiva y transformación de las estructuras industriales destinadas a la producción interna, a fin de no rezagarse o desaparecer. En una palabra, nos instalan plantas de celulosas y le compramos los trenes y la infraestructura adecuada.

Este relato de la modernización e integración termina por establecer una relación entre el mayor grado de competencia internacional y ritmos de crecimiento El resultado es un excelente ardid para promover la integración que se torna viable por el nivel de homogeneidad que lograron tener los sectores exteriores de los países latinoamericanos que han seguido la recomendación previa, fondo monetarista, banca mundial etc.… De esta forma América latina quedaría integrada a partir de su capacidad de adecuar sus exportaciones a las demandas que establece el mercado mundial.

Es decir, un proceso de internacionalización por vía de las multinacionales o de la mano de la globalización mundial por la transnacionalización productiva. La explicación del fracaso en el proyecto de integración se haría recaer en la falta de talento empresarial y político o por la falta de reformas, para hacer de América Latina una región franca para la inversión, romper con proteccionismos y acelerar la marcha del progreso.La historia nos enseña que ya en el año 1876, se realizaban las mismas propuestas. Propuestas que eran el resultado de las reformas liberales de la época apoyadas en el libre comercio que impulsaron los gobiernos a fines del siglo XIX.

El poder económico ha ido de la mano del diseño conservador de la UE. Las políticas de austeridad son una consecuencia de un modelo basado en el neoliberalismo y seguimos asistiendo a una transferencia masiva de recursos y derechos de la mayoría de la población a los bolsillos de una minoría financiera.Es necesario replantear la ética en la teoría y la práctica de los movimientos emancipatorio. Principios como la solidaridad, la igualdad, la justicia social, la realización plena del ser humano están inscriptos en las banderas de lucha de todos quienes aspiran a la superación del capitalismo, sistema que por su propia naturaleza es la antítesis de aquellos principios. Los camaleones del progresismo están muy lejos de todo esto.El proyecto de la segunda independencia y el ideal de unidad latinoamericano promovido por lo más avanzado del pensamiento decimonónico aparecen lamentablemente inconclusos.

(*) Jefe de redacción del Hebdolatino, Ginebra.

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