El Brasil de Michel Temer amenaza a las poblaciones indígenas – Por Alberto Ñiquen G.

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El gobierno de Michel Temer, político masón que llegó al poder en agosto del 2016 luego de que el Senado de Brasil decidiera destituir a Dilma Rousseff, no solo debe lidiar con una crisis económica descomunal acompañada de sonoros escándalos de corrupción, sino también con conflictos sociales que se han agudizado tras sus medidas económicas. Entre estos resalta su alejamiento de los pueblos indígenas, sobre todo a partir de diciembre pasado cuando anunció el fin de la demarcación de las tierras indígenas, lo que –a decir de ellos– amenazaría su existencia. El número de líderes indígenas muertos ha aumentado y la semana pasada hubo un nuevo ataque en la región de Marañón.

“La coyuntura política que vive hoy Brasil es desfavorable para los pueblos indígenas. El gobierno de Temer dicta decretos que, por ejemplo, reducen el presupuesto de nuestra institución (Funai – Fundação Nacional do Índio). Por otro lado, el ministro de Justicia da discursos llenos de prejuicios contra los pueblos indígenas, diciendo que los indios no necesitan tierra, y todo esto en un contexto en el que más indígenas siguen siendo asesinados y amenazados por defender sus tierras”, dice a LaMula.pe Dinamam Tuxá, uno de los más de 4.000 indígenas brasileños que participaron recientemente en el decimocuarto Campamento Tierra Libre (ATL por sus siglas en portugués) en Brasilia.

Fue la más amplia acción indígena, con el apoyo de la sociedad civil y políticos de la oposición, que se ha visto en Brasil en lo que va del año y tuvo como propósito sensibilizar a la sociedad de ese país sobre las violaciones de los derechos constitucionales y originarios de los pueblos indígenas y las políticas antiindígenas del Estado brasileño.

En Brasil, el conflicto por la tierra tiene como base la falta de demarcación de territorios indígenas. Durante los últimos años, más de 310 líderes han muerto en medio de esta lucha por sus derechos. “La falta de demarcación influye contra nuestra salud, nuestra educación, nuestra vida digna, nuestras costumbres. Difundir nuestro conocimiento ancestral depende de mantener nuestro territorio”, agrega Tuxá.

“Lo que hemos hecho en Brasilia es llamar la atención al Congreso, que está legislando de una manera tal que significa un retroceso para los logros de los pueblos indígenas brasileños. Están haciendo enmiendas constitucionales y proyectos de ley que van contra nuestros intereses, afectan nuestro derecho a la vida. La bancada oficialista no quiere la demarcación de las tierras indígenas”, detalla.

Derechos indígenas

La Constitución brasileña de 1988 reconoce en sus artículos 231 y 232 el derecho a una identidad cultural propia y diferenciada de los pueblos indígenas, también sus derechos originarios sobre las tierras que tradicionalmente ocupan. No obstante, el respeto a sus derechos muchas veces se ha tornado un saludo a la bandera, y todo indica que la gestión de Temer se alejará de ellos.

Los derechos indígenas sufren sistemáticos ataques desde distintos ámbitos del Estado brasileño. Del Poder Ejecutivo, por medio de numerosas medidas administrativas, jurídicas y políticas que fragilizan y buscan desmontar las instituciones indígenas y las políticas públicas dirigidas a éstos. En tanto, en el Legislativo, cientos de iniciativas – proyectos de ley, enmiendas, constituciones, decretos legislativos-, como el PEC 215/00, buscan retroceder o suprimir los derechos fundamentales, originarios y permanentes de los pueblos indígenas.

El sistema jurídico, por su parte, refuerza la lentitud de juicios y los daños a sus pueblos, los desalojos rápidos en favor de los invasores de tierras indígenas, la criminalización de las comunidades y líderes están en aumento y la tendencia de reinterpretar el texto constitucional por medio de la llamada tesis del marco temporal, es decir el acuerdo de que solamente es tierra tradicional aquella que estaba ocupada por los pueblos de la época de la promulgación de la Constitución Federal, desconsiderando las movilizaciones forzadas, los robos y expulsiones sufridas por los pueblos indígenas. A ello- añaden los líderes indígenas- se suman las amenazas en torno a la visión protectora del Estado, la negación del derecho de acceso a la justicia, las prácticas de violencia y racismo institucional.

Los diversos pueblos indígenas esperan que tras su multitudinaria manifestación el gobierno retroceda y más bien respete los derechos indígenas. “Nos han escuchado no solo en Brasil, sino también fuera de nuestras fronteras, y esperamos que la opinión internacional influya en las decisiones de Temer. Nuestra causa es justa, luchamos por un medio ambiente equilibrado, la conservación, la preservación, no para su destrucción. Este es el interés de todos. Cuando preservamos el mundo se beneficia”, resalta Tuxá.

Indígenas del mundo, uníos

El Campamento no solo agrupó a brasileños, también se dieron cita representantes indígenas de otros continentes, cuya misión es visibilizar los intereses comunes de las poblaciones originarias del mundo. Uno de ellos, Cándido Mezúa, indígena panameño emberá y representante de la Alianza Mesoamericana, dio sus impresiones desde Brasilia a LaMula.pe: “En Brasil hay mucha influencia de políticos allegados a fuertes grupos económicos. Los indígenas brasileños ven cómo poderes del Estado, de manera articulada y sistemática, vienen disminuyendo y desvalorizando las leyes que tienen los pueblos indígenas desde 1998. Entonces, es un problema similar al de hermanos indígenas de otros países”.

En su opinión, luego de haber dialogado con los brasileños, y haber estudiado los decretos emitidos por el gobierno de Temer, éste busca flexibilizar los derechos indígenas para que así empresas ‘inversionistas’ accedan a los recursos naturales dentro de los territorios indígenas sin ningún tipo de consulta. “Lo que vemos es que hay interés de poder apropiarse de los territorios de la Amazonía y otras regiones, donde hay grandes riquezas, yacimientos petroleros y mineros. Sin respetar a la gente que vive en los bosques”, subraya.

Su opinión es que si el Brasil cae bajo la fuerza del poder agroindustrial, los indígenas estarán en problemas. 

La ONU y los indígenas brasileños 

Esta semana se discutió en Ginebra un documento sobre los derechos humanos en Brasil. En él, los relatores de las naciones Unidas afirman que ese país “ha fracasado en proteger los derechos de los pueblos indígenas”. Y añaden. “Es preocupante la incapacidad del Estado para proteger las tierras indígenas de las actividades ilegales, especialmente en la minería y la madera”. Todo esto en un contexto que sacudió la opinión pública brasileña tras el reciente ataque por parte de pistoleros contra siete indígenas en Marañón que solicitaban la demarcación de tierras y más recursos para el Funai.

Para los relatores de la ONU, el actual Congreso brasileño debilita la protección constitucional y legislativa de los derechos indígenas. Entre los ejemplos citados figuran el nuevo código de minería y la enmienda constitucional 215. La enmienda tiene por objeto dar al Congreso la decisión final sobre la demarcación de las tierras indígenas. Otra iniciativa prohíbe la expansión de las tierras indígenas ya demarcadas. También llaman la atención sobre el recorte presupuestario para el Funai.

La salud de los indígenas es también una preocupación para la ONU. Sólo el 57,9% de los niños llega a su primer año de vida. “Un informe del personal de la ONU en Brasil indica que los niños indígenas son las principales víctimas de la mortalidad infantil. Tienen más posibilidades de morir antes de cumplir un año, con muchos casos resultantes de enfermedades que podrían prevenirse”, dijo.

Alemania y Bélgica, dos naciones que apoyan al gigante sudamericano en temas ambientales, entre otros, han expresado su preocupación por la situación de la demarcación de tierras y el conflicto social que ello conlleva.

Mientras el gobierno brasileño afirma que su propósito no es menoscabar la situación de los indígenas y reconoce su vulnerabilidad, y asegura que tiene medidas sociales para aliviar su situación, las amenazas y asesinatos de indígenas continúan.

Los bosques brasileños, como los peruanos, colombianos y otros siguen en peligro y con ellos las poblaciones que los habitan y protegen. El crecimiento económico de una región con población originaria debe tenerlos en cuenta, respetarlos y trabajar conjuntamente.

Si  Donald Trump continúa boicoteando el Acuerdo de París, otros gobernantes lo acompañarán. ¿Importará que los pueblos indígenas sean los mejores guardianes de los bosques tropicales?

(*) ‎Editor en Revista PODER y en LaMula.pe.

La Mula