A 15 años de la masacre de Bojayá, exhuman cadáveres enterrados en fosas comunes

Este martes se cumplieron 15 años de la masacre de Bojayá (Chocó). En 2002 un cilindro bomba, lanzado por miembros del bloque 58 de las Farc, cayó en la iglesia en donde se refugiaban los ciudadanos quienes trataban de escapar de los enfrentamientos entre esta guerrilla y los paramilitares. La tragedia dejó al menos 79 muertos, 110 heridos y 1.744 familias desplazadas.

La conmemoración de este año tiene una connotación especial, pues será la primera vez que se honra la masacre de Bojayá tras la firma del acuerdo de paz entre el Gobierno y las Farc.

Destacando la resiliencia de los habitantes de Bojayá ante esta tragedia, el director de la Unidad para las Víctimas, Alan Jara, explicó que “aunque es imposible reparar lo irreparable, la materialización de la paz en los territorios flagelados por la violencia es el único camino para pasar la página del dolor que dejó el conflicto armado, pero sin olvidar el pasado”.

El Estado prepara una serie de actos conmemorativos en el municipio, el que más sobresale es la exhumación de cadáveres enterrados en fosas comunes de Bojayá. Con esto se busca realizar la identificación y el recuento definitivo del número de víctimas.

La identificación de los cadáveres se realizará por medio de un extenso trabajo forense de recopilación de ADN con los familiares de las víctimas mortales.

En 2015, cuando todavía no se firmaba el acuerdo de paz, las Farc reconocieron su parte en la responsabilidad en la masacre de Bojoyá y lamentaron la tragedía.

“Episodios desgarradores como los ocurridos en esta comunidad y en los que tenemos parte de responsabilidad no pueden volver a repetirse. Nosotros también hemos llorado con honradez por la muerte inocente de quienes esperaban misericordia, por los hombres y mujeres, ancianos y ancianas, niñas y niños… Hace 13 años pesa en nuestros hombros el dolor desgarrador que afecta a todos ustedes”, dijo hace dos años Pastor Alape, miembro del secretariado de las Farc, con voz quebrada por la emoción.

El Espectador