Joven peruana implementa laboratorios en escuelas para impulsar interés por las ciencias

Solo el 22% de los alumnos del último año en los colegios de Lima se interesan en una carrera relacionada a la ciencia. Esa fue la estadística que hace dos años Giuliana Huerta-Mercado se dispuso a cambiar. Para ello creó UTK United Technologies for Kids, una ONG que busca implementar laboratorios de ciencias en la mayor cantidad de centros educativos.

“Trabajamos con chicos de tercero, cuarto y quinto de secundaria. La idea es implementar los laboratorios en colegios privados y, con su ayuda, poder financiar los mismos laboratorios en escuelas de bajos recursos”, nos explica.

—Además de aquella cifra, ¿qué más la animó a fundar UTK?
Desde el colegio me interesaba la ciencia, pero al mismo tiempo sentía que los cursos eran muy teóricos. La única posibilidad que teníamos de desarrollar proyectos prácticos en el año era la feria de ciencias. Me hubiera encantado que se incorporara este tipo de aprendizajes a lo largo del año. Cuando nuestros padres estudiaban no existían los celulares, pero nosotros seguimos aprendiendo de la forma en la que ellos lo hacían, debemos actualizarnos. Al terminar el colegio pude visitar algunas universidades norteamericanas y conocer sus laboratorios. Los proyectos que hacían los alumnos recién ingresados eran sorprendentes.

—¿Qué tipo de cosas vio?
Desarrollaban tecnologías para personas discapacitadas, carreras de drones… Yo quería traer esa tecnología y esos conocimientos a los colegios peruanos.

—¿Qué han logrado hasta ahora?
Bueno, fundé UTK antes de irme a estudiar a EE.UU. y siento que ya hemos logrado muchísimo. El año pasado teníamos un proyecto piloto en los colegios San Pedro y Villa Caritas, para este año ya nos hemos expandido a ocho colegios porque la respuesta fue superpositiva. Los padres, profesores y alumnos se interesaron mucho. Incluso logramos el propósito inicial: tres alumnos cambiaron su elección de carrera. Uno pasó de Administración a Ingeniería Mecánica, una chica de Ciencias de la Computación a Ingeniería Electrónica y otra pasó de Relaciones Internacionales a Diseño del Producto. Es decir, logramos que más chicos estudien ciencias.

—¿Cuáles son esos ocho colegios?
En Lima están el Alpamayo, Villa María, San Pedro y Villa Caritas; en el interior están San Francisco de Ayaviri, Santa María de Chincha y San Juan Apóstol de Arequipa. Además, ya estamos trabajando con un colegio en Medellín, Colombia. La idea es expandirnos a varios colegios no solo del Perú, sino de otros países en vías de desarrollo. Nuestra intención al implementar los laboratorios en colegios de altos y bajos recursos es que los alumnos tengan las mismas oportunidades para desarrollar su creatividad y encontrar soluciones a problemas que tenga su comunidad.

—¿Cuál de esas soluciones la ha sorprendido más?
Un grupo de San Pedro desarrolló un proyecto de riego. Programaron el arduino [controlador de objetos electrónicos] para detectar los niveles de humedad en la tierra y abrir o cerrar una válvula dependiendo de estos niveles. Imagina si aplicaran esos proyectos en zonas agrícolas, toda el agua que se ahorraría.

—En Puno hay un caso que también la sorprendió…
Sí, el de un alumno de primaria al que le prestaron una computadora en el colegio y desarrolló un programa que detectaba terremotos a pequeña escala. Formó una estructura con piezas Lego y cada vez que se movían activaban una alarma. Ese chico nunca había sido expuesto a ese tipo de tecnologías, su creatividad y esfuerzo le permitieron crear ese tipo de proyectos. Imagina si tuvieran más herramientas y oportunidades.

—¿Qué temas son los que más preocupan a los chicos?
Depende. Las posibilidades de proyectos son infinitas. Algunos se interesan por el ámbito social, otros buscan hacer un día a día más efectivo como el grupo que creó un calendario automático que les recordaba qué hacer cada día, otro grupo creó un brazo robótico, hay de todo. Solo importa la creatividad y el interés, pero queremos que los chicos se motiven a hacer proyectos con fin social.

—¿Hay alguna capacitación además de entregarles los equipos?
Sí, está separado en tres fases. Estamos aliados con dos organizaciones estudiantiles: INvent, de la Universidad de Michigan, y b.makerspace, de la Universidad de Berkeley. Los alumnos estadounidenses vienen en la primera fase por tres semanas, implementan los laboratorios y guían a los chicos. Luego se desarrollan los proyectos por cuatro meses y asisten a una feria para exponer los proyectos. Opcionalmente, en febrero viajarán los alumnos que eran parte del programa a presentar sus proyectos en la Universidad de Berkeley, visitar Sillicon Valley, Stanford.

—¿Cuántos alumnos se han beneficiado hasta ahora?
El año pasado, cuando solo era un piloto, tuvimos a 25 chicos. Ahora tenemos tres grupos de 15 chicos.

—¿Imaginaba que el crecimiento fuera tan vertiginoso?
El impacto que tuve al ver los laboratorios estadounidenses fue enorme, sabía que al traerlo los chicos tendrían la misma reacción que yo. Parece que así fue.

—¿Nunca se mostraron reacios?
No, los profesores temían que los chicos no se interesaran, pero los alumnos eran los que más afán mostraban, se apuntaban al taller e incluso había más chicos de los que podíamos cubrir. Por eso abriremos un laboratorio en nuestra oficina, para que los que no pudieron participar puedan venir. Mientras más alumnos sean se puede formar un ecosistema de innovación tecnológica.

—Las mujeres se han convertido en las abanderadas del desarrollo tecnológico peruano…
Sí, el rol de la mujer en estos días se está viendo bastante impulsado. Aunque igual seguimos siendo una minoría, siempre hay las que impulsamos el desarrollo.

—¿Qué sueño queda con UTK?
Expandirnos a la mayor cantidad de colegios, implementar más tipos de tecnologías, desde impresoras 3D, cursos de electrónica y programación, drones o biotecnología. También queremos aliarnos con otras universidades, como MIT o Harvard.

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Ficha del personaje

Giuliana Huerta-Mercado
​Nací en Lima hace 20 años. Estudié en el colegio Villa María. Desde el 2015 estudio Economía en la Universidad de Michigan y sigo un certificado en Ciencias, Tecnología y Sociedad. En mis tiempos libres jugaba tenis, ahora practico con impresoras 3D.

El Comercio