Colombia: resaltan la importancia del cese del fuego y la dejación de armas

‘El cese del fuego ha evitado 2.500 muertos’

Desde que se declaró el cese del fuego bilateral y definitivo entre el Estado y las Farc, el 29 de agosto del año pasado, “se han evitado al menos 2.500 muertos y heridos”, entre guerrilleros y militares.
Así lo aseguró este viernes el contralmirante Orlando Romero, cabeza del Gobierno en el Mecanismo de Verificación del Cese del Fuego, al destacar los buenos resultados que le ha traído al país el proceso de paz con esta guerrilla.

Para comparar lo que se vive hoy con lo que sucedía en medio del conflicto armado con las Farc, el almirante Romero citó cifras del Ministerio de Defensa en el 2010, según las cuales ese año hubo 500 muertos y más de 2.000 heridos, producto de las confrontaciones entre la Fuerza Pública y el grupo guerrillero.

El Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac) también coincide en que se han evitado al menos 2.500 víctimas en los nueve meses que lleva el cese bilateral del fuego.

Precisamente, Romero resaltó “el compromiso de las partes por hacer de este proceso de paz un proceso exitoso”.

Al referirse al incidente en la zona de desarme Las Colinas, de Guaviare, a donde el 31 de mayo un grupo de militares entró buscando a una persona y tuvo un choque con los guerrilleros, el almirante dijo que los comandantes de la Fuerza Pública tienen “el pleno convencimiento de que se trató de un error humano”.

Se está investigando a los militares que violaron el cese del fuego al incursionar en esa zona veredal.

Sobre el mismo hecho, Marco León Calarcá, cabeza de las Farc en el Mecanismo de Verificación, le dijo a este diario que esa guerrilla se mantiene en que se trató de una operación militar para sacar del campamento a una guerrillera que iba a desertar.

De acuerdo con esta instancia de monitoreo, en los nueve meses que lleva el cese bilateral del fuego, ha habido 17 incumplimientos menores de los protocolos, 28 violaciones del cese del fuego leves y 9 graves.

Por otro lado, al hacer un balance sobre el desarme de las Farc, el general argentino Javier Pérez Aquino, quien encabeza a los observadores internacionales, dijo este viernes sentirse “muy complacido de reportar los avances en la dejación del armamento en más del 30 por ciento”.

7.132 armas registradas

Esa tarea “se ha desarrollado sin ninguna dificultad, a pesar de las condiciones climáticas adversas en algunos puntos”, agregó Pérez Aquino, y dijo que la ONU tiene registradas e identificadas 7.132 armas individuales dentro de las 26 sitios de desarme.

Esa cifra no incluye las armas de 2.800 milicianos que esta semana se están movilizando, bajo el monitoreo de la ONU, a las zonas y puntos veredales para entregar sus armas. “El armamento de los milicianos es mínimo, tiene algunos revólveres o pistolas”, anotó Calarcá.

Pérez Aquino, sin detallar el número de caletas evacuadas, afirmó que hasta el momento, en ellas no se ha encontrado dinero de la guerrilla: “Certifico que solo hay armamento, explosivos y municiones”.

Reiteró que la Misión de la ONU está en la capacidad de evacuar las 949 caletas reportadas por las Farc antes del primero de septiembre, cuando se vence el plazo.

‘Milicianos de Tumaco ya no son Farc’

Al menos 200 milicianos de las Farc en Tumaco, Nariño, que inicialmente se apartaron del proceso de paz y luego pidieron volver a tener los beneficios de este, “ya no forman parte de las Farc porque rechazaron el acuerdo” de La Habana, dijo Marcos Calarcá, vocero de esa guerrilla. Explicó que en ese grupo de milicianos “hay una muestra muy grande de indisciplina” de la que las Farc no se responsabilizan.

Se refiere a los 117 milicianos que a finales de marzo, argumentando que eran de las redes de apoyo de la columna móvil ‘Daniel Aldana’ de las Farc
, se entregaron en Tumaco y aseguraron que no eran disidencia y que querían acogerse al proceso de paz. Calarcá insiste en que el tema es “caso aparte”.

Entre los milicianos había 17 menores, que hoy ya están a cargo del ICBF.

El Tiempo


Sí importa una imagen del desarme de las Farc

En una de las zonas donde hoy se agrupan las Farc en el Cauca, el jefe a cargo del lugar hizo aislar el miércoles, con pliegos de plástico blancos, el punto al que llegaron con sus armas, en costales y morrales, los guerrilleros que debían entregarlas a la Misión de la ONU durante la primera jornada masiva de desarme.

En otros sitios, los jefes guerrilleros pidieron que la dejación de armas se diera después de las 5 de la tarde, cuando ya no hubiera campesinos ni trabajadores cerca.

Así, casi en la sombra, ha ocurrido hasta ahora el desarme de las Farc, el hecho más esperado de la paz con esta guerrilla tras casi cuatro años de difíciles negociaciones, un plebiscito que tuvo temporalmente en vilo el Acuerdo Final de Paz y una implementación lenta y tortuosa de lo pactado entre el Gobierno y esa guerrilla.

Como se sabe, el bajo perfil del hecho más contundente del fin de 52 años de guerra con esta organización ha sido decisión de las Farc. Desde los diálogos en La Habana se negaron a una foto pública entregando las armas porque, para ellas, el mensaje implícito en una imagen así es el de la rendición, pero su caso no fue ese, sino el de una negociación de paz.

Sin embargo, muy a pesar de las Farc, que, según Marco Calarcá, temen que los medios de comunicación conviertan en un “show” la entrega de las armas, un acto público del desarme guerrillero les serviría más a esa guerrilla y al proceso de paz que a la prensa. Mucho más cuando la intención explícita de algunos partidos políticos es cambiar o “volver trizas” el Acuerdo Final de Paz y cuando las elecciones presidenciales hoy se perfilan como un segundo plebiscito a favor o en contra de lo pactado en La Habana.

También, porque las Farc están a un paso de convertirse en partido político legal y necesitan revertir la desfavorabilidad que tienen entre un amplio segmento del país. Según la encuesta Gallup de abril, solo el 11 por ciento de los colombianos tienen una opinión favorable de esta guerrilla.

Una imagen simbólica de su desarme sería un gesto de paz y reconciliación con Colombia. No es necesario que los jefes de las Farc salgan en la foto entregando sus armas.

Está claro que más importante que una foto es que esa guerrilla abandona las armas para convertirse en un movimiento político, pero precisamente por ser este un hito en la historia del país, bien vale la pena que haya un acto que lo simbolice y una imagen que lo vuelva memorable.

Toda una generación de colombianos recuerda el desarme del M-19 en marzo de 1990 en Santo Domingo, Cauca, por la imagen de Carlos Pizarro dejando su arma –envuelta en un pañuelo con los colores de la bandera colombiana– encima del montón de fusiles que habían depuesto ya guerrilleros bajo su mando.

Hasta hoy, no sabemos cómo va a recordar Colombia el desarme de las Farc.

El senador Antonio Navarro, quien fue uno de los comandantes del M-19 que entregaron sus armas en 1990, dice que es importante, al menos, una foto del armamento de las Farc.

“Sería muy útil que la gente vea las armas, porque hay mucha desconfianza. Por lo menos una foto pública de las armas en los contenedores de la ONU, sin que aparezca nadie entregándolas, ayudaría mucho”, agrega el Senador.

Las fotos de la entrega del armamento sí existen. Las ha hecho la Misión de la Naciones Unidas para documentar internamente el desarme de esa guerrilla, que el organismo internacional debe verificar y garantizar.

Las Farc también han hecho su propio registro.

Pero si no hay constancia pública de la entrega de las armas, en la memoria del país quedará faltando una pieza fundamental del proceso de paz que terminó medio siglo de guerra con las Farc.

EL TIEMPO sabe que esta guerrilla está considerando hacer algunos actos públicos de su desarme, y probablemente los anuncie esta semana.

Sin embargo, no está claro si las imágenes que veremos serán la repetición de lo que hemos visto estos días. Es decir, solo guerrilleros recibiendo de la ONU la certificación de que se desarmaron y guerrilleros firmando el acta de compromiso de que nunca más empuñarán un arma.

Ningún colombiano sensato pediría una foto que resulte humillante para los guerrilleros, pero sí una que simbolice de manera contundente la transformación de las Farc de guerrilla a organización política sin armas.

El Tiempo