La ONU le debe a Haití alivio de la epidemia de cólera que introdujo (Por Adolfo Pérez Esquivel, Jody Williams, Shirin Ebadi, Rigoberta Menchú Tum y Betty Williams)

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Siete años después de que sus soldados desencadenaron la peor epidemia de cólera en Haití, la ONU se prepara para cerrar allí su misión de mantenimiento de la paz, la MINUSTAH. Como Premios Nobel de la Paz comprometidos con el ideal de derechos humanos universales de las Naciones Unidas, nos preocupa profundamente que las víctimas de las catastróficas acciones de la MINUSTAH sigan sin justicia y sin reparaciones, a pesar de las promesas de la ONU de reparar el daño que ha causado. Mientras el Consejo de Seguridad visita Haití esta semana para ir cerrando la Misión, debe asegurar que la ONU salde su deuda con el pueblo haitiano antes de que la MINUSTAH se vaya – por el bien de ese pueblo, así como también de las Naciones Unidas misma, cuyo legado en Haití arriesga ser definido por el escándalo y cuya credibilidad e ideales están a prueba.

Cuando los soldados de la MINUSTAH descargaron desechos contaminados en el río Artibonite en 2010, provocando un brote masivo de cólera, la ONU negó activamente su papel en la tragedia, desafiando las evidencias abrumadoras y las propias obligaciones de la organización.

La negación de la ONU fue una afrenta a la justicia – y una traición no sólo del pueblo haitiano al que supuestamente estaba para servir, sino de los pueblos del mundo entero que constituyen las Naciones Unidas y esperan verla cumplir con sus más altos ideales. Mientras que la ONU ignoró a las víctimas del cólera, al menos 10.000 haitianos murieron a causa de la enfermedad (aunque la ONU ha informado que el número puede ser tres veces más alto). Hoy en día, el cólera sigue causando estragos en el pueblo de Haití y la crisis ha debilitado la credibilidad de la organización como defensora de los derechos humanos.

En diciembre de 2016, después de seis años de negación, el entonces secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, emitió una disculpa tardía. Ban admitió que la ONU tenía una “responsabilidad moral” para combatir el cólera y anunció “un nuevo enfoque” en la forma de un fondo de 400 millones de dólares para combatir la enfermedad y proporcionar reparación a las familias y comunidades que fueron víctimas directas de la imprudencia de la MINUSTAH.

Este fondo podría contribuir en gran medida a reparar el daño causado en Haití y la imagen y capacidad de actuar de las Naciones Unidas, sea en Haití o en cualquier lugar. Pero, hasta ahora, el nuevo enfoque no ha llegado a buen término; apenas diez de los prometidos 400 millones de dólares han sido recolectados. No es que $ 400 millones para ayudar a las víctimas y hacer reparaciones a Haití sea una cantidad demasiado grande. De hecho, en los años transcurridos desde que se introdujo el cólera -la mitad de la estancia general de la misión-, la ONU ha gastado 4 mil millones de dólares en la MINUSTAH. Pero en un ejercicio de hipocresía, un puñado de países poderosos han asegurado que se financia la llamada misión de paz en Haití a través de cuotas obligatorias, mientras que las reparaciones por los inmensos daños que ha causado deben ser suplidas mediante contribuciones voluntarias.

La MINUSTAH se retirará de Haití este mes de octubre, pero la epidemia de cólera que provocó la misión permanecerá, junto con la impunidad a que dio lugar. Cerrar la misión sin reparar los daños que ha causado es nada menos que una invitación a peores desastres, y socavará la credibilidad de cualquier misión sucesora desde el vamos. Muchos en Haití y en toda América Latina han visto durante mucho tiempo a la MINUSTAH como una fuerza de ocupación que pisotea la soberanía haitiana y su derecho a la autodeterminación. Son más que cautos que el Consejo de Seguridad ya ha aprobado el envío de todavía otra misión, supuestamente para promover la justicia y el estado de derecho. ¿Qué haitiano podría aceptarla si la MINUSTAH deja al país con una epidemia en curso, impunidad por sus propias violaciones y una promesa incumplida de 400 millones de dólares?

Al acercarse la fecha de retirada de la MINUSTAH, el Secretario General Guterres y el Consejo de Seguridad de la ONU enfrentan un desafío crítico. Si Guterres ejerce un liderazgo efectivo y empuja a los estados miembros a financiar el plan de 400 millones de dólares antes de octubre, la ONU recuperará gran parte de la credibilidad que perdió al negarse a asumir la responsabilidad de la epidemia y responder por el daño a la vida del pueblo haitiano. Si no lo hace, tanto Haití como la ONU sufrirán. La próxima visita del Consejo de Seguridad a Haití es también una oportunidad única para que ese organismo comience a pagar su deuda y establecer las bases para una nueva relación con Haití. Hacemos un llamado a ambos, el Secretario General y el Consejo de Seguridad, a ponerse a la altura de las circunstancias y hacerlo rápidamente. Sólo mediante el cumplimiento de los verdaderos deberes de la organización y la resolución de este desastre en Haití será posible recuperar los principios y valores que dan a la ONU la razón de existir.

Todos los autores han sido distinguidos con el Premio Nobel de La Paz

Haiti no minustah


The U.N. owes Haiti relief from cholera epidemic it introduced

BY ADOLFO PÉREZ ESQUIVEL, JODY WILLIAMS, SHIRIN EBADI, RIGOBERTA MENCHÚ TUM, AND BETTY WILLIAMS

Seven years after its soldiers sparked the world’s worst cholera epidemic in Haiti, the United Nations is finally preparing to close its MINUSTAH peacekeeping mission there. As Nobel Peace laureates committed to the U.N.’s ideal of universal human rights, we are deeply concerned that the victims of MINUSTAH’s catastrophic actions remain without justice and reparations, despite U.N. promises to repair the harm it has caused.

As the Security Council visits Haiti this week to wind up the mission, it must ensure that the U.N. settles its debt to the Haitian people before MINUSTAH leaves — for their sake, but also for the sake of the United Nations itself, whose legacy in Haiti risks being defined by scandal, and whose credibility and very ideals are on the line.

When MINUSTAH soldiers discharged contaminated waste into the Artibonite River in 2010, sparking a massive cholera outbreak, the U.N. denied its role in the tragedy, in defiance of overwhelming evidence and the organization’s own obligations.

The U.N.’s denial was an affront to justice — and a betrayal not only of the Haitian people it was purportedly there to serve, but of all the peoples worldwide who constitute the United Nations and hope to see it fulfill its highest ideals. While the U.N. ignored cholera’s victims, at least 10,000 Haitians died from the disease (though the U.N. has reported that the number may be three times as high). Today, cholera continues to wreak havoc on the people of Haiti, and the crisis has weakened the organization’s credibility as a human rights defender.

In December 2016, after six years of denial, then-U.N. Secretary General Ban Ki-moon issued a long-overdue apology. Ban admitted that the U.N. had a “moral responsibility” to fight cholera and announced “a new approach” in the form of a $400 million fund to fight the disease and provide redress to the families and communities that were direct victims of MINUSTAH’s recklessness.

This fund could go a long way toward repairing the harm done in Haiti and U.N.’s image — and ability to act — in Haiti and around the world. But, so far, the new approach hasn’t come to fruition; just 10 out of the promised $400 million has been raised. It’s not that $400 million to assist victims and make reparations to Haiti is an unwieldy sum. In fact, in the years since cholera was introduced — half of the mission´s overall stay — the U.N. has spent $4 billion on MINUSTAH. But in an exercise in hypocrisy, a handful of powerful countries have ensured that Haiti’s so-called peacekeeping mission is funded through mandatory quotas, while reparations for the immense harms it has caused must be begged for through voluntary contributions.

MINUSTAH will leave Haiti in October, but the cholera epidemic the mission caused will rage on together with the impunity it has spawned. Closing down the mission without repairing the damages it has wrought is nothing less than an invitation to worse disasters and will cripple the credibility of any successor mission from the outset. Many in Haiti, and throughout Latin America, have long viewed MINUSTAH as an occupation force, trampling on Haitian sovereignty and right to self-determination. They are more than wary that the Security Council already has voted to send a new mission purportedly to promote justice and the rule of law. What Haitian could be expected to accept it if MINUSTAH leaves the country with an ongoing epidemic, impunity for its own violations, and a broken $400 million promise?

As MINUSTAH’s withdrawal date draws near, Secretary-General António Guterres and the U.N. Security Council face a critical challenge. If Guterres exercises effective leadership and pushes member states to fund the $400 million plan by October, the U.N. stands to regain a great deal of the credibility it lost by refusing to take responsibility for the epidemic and respond for the harm done to the lives of the Haitian people. If he does not, both Haiti and the UN will suffer. The upcoming Security Council visit to Haiti is also a unique opportunity for that body to begin to pay off its debt and establish the basis for a new relationship with Haiti. We call on both to find the leadership that will rise to the circumstances, and to do so quickly. Only by fulfilling the organization’s true duties and resolving this disaster in Haiti will it be possible to recover the principles and values that give the UN reason to exist.

Miami Herald