Cadena perpetua para 29 represores en juicio histórico sobre la última dictadura

Cadena perpetua para Acosta, Astiz y otros 27 represores

“Cárcel, común, perpetua y efectiva, ni un solo genocida en las calles argentinas”, cantó el público apenas los jueces dieron por concluido el juicio. El Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°5 de la Capital acababa de condenar a prisión perpetua a 29 represores y a penas de entre 8 y 25 años a otros 19, por los crímenes cometidos en la dictadura cívico militar en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).

La pena máxima recayó sobre represores con condenas a cuestas como Jorge “Tigre” Acosta, jefe del grupo de tareas 3.3.2 (GT332), y Alfredo Astiz, pero también sobre los dos pilotos que condujeron los vuelos de la muerte desde los que fueron arrojadas las monjas francesas y el grupo de familiares y madres, al que se conoce como el grupo de la Santa Cruz.

También hubo seis absueltos que, con otros cuatro condenados a bajas penas saldrán en libertad de inmediato.

“Estoy satisfecho. Con una sensación agridulce, pero esto sigue”, resumió Víctor Basterra, testigo y querellante en el debate. “Evidentemente no es malo porque hay 29 condenas a perpetua, pero me quedó flaco que le den 8 años a tipos que yo conocí y que eran verdugos ahi”, completó el sobreviviente que sacó del centro clandestino cerca de 90 fotos de los represores.

Durante tres horas y media los jueces Leopoldo Bruglia y Adriana Palliotti, secundados por su par Daniel Obligado, leyeron las condenas que recayeron sobre 48 de los 54 imputados que tiene este tercer tramo de Esma, que comenzó hace cinco años, el 28 de noviembre de 2012. Apenas pusieron un pie en la sala Acosta y Astiz para ir a ocupar su silla en el banquillo de los acusados, la planta alta de la sala Amia de los Tribunales de Comodoro Py estallaron en aplausos y ovaciones. Ahí estaban los familiares de los represores, con Cecilia Pando en primera fila.

Debajo, el público también explotó: con las fotos de sus desaparecidos en alto gritaron “asesinos” y cantaron que como a los nazis les va a pasar, que a donde vayan los irán a buscar. El presidente del tribunal amenazó con desalojar la sala si no hacían silencio, y cuando los gritos amainaron se escuchó, solitaria, la voz de Estela de Carlotto, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo: “Ladrones de bebés”, les espetó.

A medida que el Tribunal leía las sentencias, las cifras de casos de privación ilegal de la libertad, aplicación de tormentos y homicidios por las que los magistrados condenaban a los acusados sumaban de a cientas, doscientas o trescientas víctimas y permitieron dar cuenta de la magnitud de la masacre que fue la Esma.

Las penas máximas cayeron sobre los marinos Acosta, Astiz, Randolfo Luis “Tano” Agusti Scacchi,Ricardo Miguel Cavallo; Rodolfo Oscar Cionchi; Daniel Néstor Cuomo; Hugo Enrique Damario; Francisco Armando Di Paola; Adolfo Miguel Donda Tigel; Miguel Ángel García Velasco; Pablo Eduardo García Velasco; Alberto Eduardo González; Orlando González; Rogelio José Martínez Pizarro; Luis Ambrosio Navarro; Antonio Pernías; Jorge Carlos Radice; Francisco Lucio Rioja; Juan Carlos Rolón; Néstor Omar Savio; Hugo Héctor Siffredi; Carlos Guillermo Suárez Mason y Eugenio Bautista Vilardo.

También sobre los prefectos Mario Mario Daniel Arru y Alejandro Domingo D’Agostino, los dos pilotos de los aviones Skayvan desde los que arrojaban detenidos vivos y adormecidos con “pentonaval” al mar, y el prefecto Juan Antonio Azic; los agentes de la Policía Federal Claudio Orlando Pittana y Ernesto Frimón Weber, y el civil Gonzalo Dalmasio Torres de Tolosa.

La sobreviviente de la Esma y periodista Miriam Lewyn se hundió en un abrazo con una compañera cuando el juez leyó la condena a perpetua a Arrú. Todos en el público festejaron: estaban condenando los vuelos de la muerte.

“Es un juicio histórico, sin precedentes en la Argentina y el mundo, que duró cinco años y es la primera vez en la historia del juzgamieto del terrorismo de Estado que condena a dos pilotos de un vuelo de la muerte”, resumió Ana María Careaga, ex detenida e hija de Esther Ballestrino de Careaga, fundadora de Madres de Plaza de Mayo.

La madre fue secuestrada en diciembre de 1977 por el GT3.3.2, bajo el mando de Astiz, junto a un grupo de 12 personas, entre ellas otras fundadoras como Azucena Villaflor y las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet. Las condenas de Arru y D’Agostino terminaron de certificar la existencia de los vuelos en los que las arrojaron al mar. “Es importantísimo porque nunca se había condenado a los pilotos”, concluyó.

“Se terminó con un juicio muy largo y volumnioso”, destacó el titular de la Procuraduría de crímenes de lesa humanidad, Jorge Auat. Y aunque consideró bajas las penas divisibles destacó la condena a perpetua para los pilotos. “En general satisface, en algunos casos, las expectativas del ministerio público. Esto ha sido un trabajo de muchos años”, resumió.

En el mismo sentido opinó el abogado querellante Pablo Llonto: “es una sentencia con muchas condenas a perpetua que implica el reconocimiento que participaron de todos los delitos incluyendo el homicidio, y si bien queda el sabor amargo de seis absoluciones y cuatro que han cumplido la pena, mayoritariamente esto es una demostración que cinco años de juicio oral sirvieron para que la prueba fuera contundente”.

El sabor amargo

El juicio ESMA III terminó con un festejo en la calle con pantalla gigante por las condenas. Pero con un regusto por las absoluciones y las penas bajas que permitieron que los marinos Miguel Enrique Clements, Miguel Ángel Alberto Rodríguez; Julio César Binotti y Mario Pablo Palet -condenados a 8 años- fueran liberados por haber cumplido la condena.

“Es un sabor agridulce. Solo se condenó a la cadena de mando”, se quejó María Isabel Prigione, nacida en la Esma. Junto a la mujer, la Madre de Plaza de Mayo -Línea Fundadora, Nora Cortiñas, apuntó hacia adelante. “Ellos no se imaginaban cuando cometieron esos crímenes horrendos que el mundo los iba a ver en el banquillo de los acusados. Desde este momento sigue la lucha para adelante. Vamos a seguir, la historia continúa”, dijo.

Los jueces absolvieron al funcionario civil de la dictadura, Juan Alemann, al marino Ricardo Lynch Jones y al militar Roque Martello. Pero también liberaron de culpa a dos pilotos y un mecánico de avión que confesaron haber participado de los vuelos de la muerte.

Se trata de Julio Alberto Poch, que como piloto civil en Holanda dijo durante una cena en Bali que quienes arrojaban al mar “estaban drogados”. Otro es el piloto de helicópteros Emir Sisul Hess a quien sus compañeros escucharon contar que “la gente caía como hormigas”. El tercero es el mecánico Ricardo Ormello, a quien años más tarde en un hangar de Aerolíneas Argentinas lo escucharon contar su participación en los vuelos.

A las 19.30 los jueces dieron por concluido el juicio. Para conocer los fundamentos de la condena habrá que esperar hasta el 5 de marzo del año entrante. Algunas querellas ya advirtieron que apelarán las condenas bajas y las absoluciones.

Tiempo Argentino


Emoción, celebración y pedidos de Justicia tras el fallo

Los rostros de las fotos en blanco y negro parecen más plenos en la pantalla instalada frente a la Cámara de Casación. Hace apenas unos minutos finalizó la lectura de la sentencia de la mega causa ESMA, en la que, de un total de 54, se condenaron a prisión perpetua a 29 represores y torturadores (entre quienes están los responsables de los vuelos de la muerte).

Desde afuera, los resultados que uno a uno se escucharon desde la voz del juez Daniel Obligado y la jueza Adriana Paliotti se vivió como una celebración. Cada sentenciado valía una lágrima de emoción, un abrazo apretado y alguna sonrisa. Al mediodía, de a poco iban llegando militantes de diferentes organizaciones de Derechos Humanos y varias personas más que se acercaban a acompañar con mate en mano y algunas sillas porque la jornada prometía ser extensa.

En efecto, adentro el recinto mantuvo la tensión durante las más de tres horas que duró la lectura de la sentencia y cuyos últimos minutos se escucharon sobre la vereda de Comodoro Py con el cantico “adonde vayan los iremos a buscar”, de fondo.

Afuera, entre los militantes el consenso era total: “no fue tan malo”. En los días previos, el rumor de que habría muchas absoluciones había generado angustia entre las víctimas y los testigos que pasaron por el juicio que duró cinco años.

Adentro en cambio, la emoción y la tensión eran enormes. La parte superior de la sala estuvo destinada a los familiares de los represores y genocidas, entre quienes estaba Cecilia Pando.

La cantidad de asistentes en ese espacio compartido inicialmente con la prensa desbordaba. “Vení sentate, no estés parado, que te consigan un lugar los derechos humanos son para todos”, se escuchó decir entre la primera fila de los familiares de genocidas y torturadores.

En la sala de abajo, los familiares de las víctimas del terrorismo de Estado y los militantes pro los Derechos Humanos completaban el lugar en silencio y expectantes. Nora Cortiñas y Estela de Carlotto ocupaban la primera fila.

En el momento en el que los imputados ingresaron a la sala (casi dos horas después de lo previsto), desde arriba se escuchó un aplauso cerrado, mientras que desde abajo se levantaron las fotos al grito de justicia.

“¡Silencio! Si escucho un grito más desalojo la sala”, amenazó desde el tribunal, Obligado.

No se escuchó nada más desde arriba ni desde abajo. Sin embargo, abajo, a medida que se acumulaban las prisiones perpetuas, las lágrimas se precipitaban, algunas sonrisas y la señal de fuerzas. También se ahogaban los lamentos por las absoluciones (seis) y algunas penas mucho menores de lo previsto, las miradas de dolor ante las abrumadoras cifras de víctima por acusado.

Apenas los imputados se sentaron en sus asientos, se habilitó la entrada a camarógrafos y fotógrafos, lo que valió un momento de ofuscación al juez Obligado quien instó a “no realizar primeros planos”, e intentó infructuosamente impedir el paso de los fotógrafos.

Nora Cortiñas, la primera en la fila en la sala de víctimas tenía bajo su asiento galletas y golosinas para repartir. Atenta a la sentencia, cada vez que pasaba un abogado de la querella, ofrecía agua o comida: “coman que es larga la tarde”.

Volver a respirar

Delante de la pantalla, los cánticos subían el volumen a medida que se terminaba la lectura. Pasadas las 20 horas ya nadie escatimaba lágrimas, ni abrazos ni lamentos. Toda la emoción de cinco años de espera en un solo abrazo.

“Celebramos que llegamos acá después de tantos años. Quería agradecer a los compañeros” y militantes que con sus testimonios lograron que esta lucha nunca se termine. Fue un proceso largo de mucho dolor, estamos orgullosos”, dijo Camilo Juárez, integrante de HIJOS desde el pequeño escenario por el que después pasan diferentes referentes de la lucha por los Derechos Humanos.

“Es un día no para festejar pero sí para celebrar porque a pesar de los palos que nos pone el gobierno vamos a seguir adelante. Con esto demostramos que los Derechos Humanos no somos un curro. A pesar de los bastones y las sillas de rueda, seguimos de pie, seguimos estando. Ahora necesitamos que hablen y digan donde están”, dice Taty Almeida visiblemente emocionada, desde el escenario.

Se suma a ella Lita Boitano, “después de Milagro, después de Santiago y de Rafita, muchos jóvenes van a tener esperanzas con esta sentencia. Es una gran jornada, y a la Pando y toda la mafia que seguro saldrán por atrás, sepan que siempre vamos a dar pelea en la calle”, agrega.

Entre las víctimas de las ESMA, concretamente del Grupo de Tareas 332, están Esther Ballestrino, Azucena Villaflor y María Ponce de Bianco, las primeras madres desaparecidas. Mabel Careaga (hija de Esther), también celebró la sentencia. “Fueron muchas horas ahí dentro, porque importa es que hubo muchos condenados por cada una de ellas y por nuestros 30 mil desparecidos. Después de que las secuestraron a las tres madres, las otras madres volvieron el jueves siguiente a plaza de Mayo. Al volver, ellas derrotaron la dictadura, a esa vuelta le debemos la democracia que tenemos hoy, que hay dos condenados por los crímenes de esas madres”, dijo Careaga.

“¡30 mil compañeros detenidos desaparecidos!¡Presentes!¡Ahora y siempre!”, es el grito que flota en la noche del miércoles 29 de noviembre, cinco años después de que haya comenzado un juicio que sacó a la luz los más crueles crímenes de la historia de Argentina con la necesidad de seguir buscando la verdad y exigiendo justicia.

Acá no se rinde nadie

Carlos Lordkipanidse, conocido como el “Sueco” fue uno de los testigos claves en la reconstrucción de los sucesos en la Escuela Mecánica de la Armada donde estuvo dos años.

El fallo le dejó un sabor amargo pero le fortaleció la certeza de que es necesario seguir luchando. “Comparto el criterio común de la gente que está acompañándonos, de que las condenas no son las que esperábamos después de cinco años de juicio. Han liberado a algunos de los aviadores de los vuelos de la muerte, han liberado al ex secretario de Hacienda de la dictadura, mano derecha de Martínez de Hoz, han dado condenas ridículas de entre 8 y 13, han exculpado al capitán Acosta de 56 casos, no se lo puede declarar inocente de nada que tenga que ver con la ESMA”, dice Lordkipanidse en la puerta de la Cámara de Casación.

“No va a ser esta sentencia la que nos haga caer, vamos a seguir peleándola, vamos a apelar todas las sentencias, acá no se rinde nadie”, agrega.

Dado el contexto que actual de la Argentina, la sentencia no lo tomó por sorpresa. “Esto obedece a una política general. Como militantes tenemos que diversificar la atención con Santiago Maldonado, con el pibe asesinado por la Prefectura… Nos obliga a atender varios frentes a la vez, porque a esto hay que dedicarle esfuerzo. Pensábamos una sentencia acorde a lo que es y además, se viene una próxima etapa del juicio”, explica el Sueco. “Pensá que estuve en la Escuela de la Mecánica de la Armada dos años y medio, este juicio duró cinco años. Este tiempo que pasé en tribunales desmenuzando paso a paso el recorrido me sumergió en la ESMA cinco años más.”

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