Chile: La victoria del Frente Amplio y la encrucijada de la segunda vuelta – Por Pavel Guiñez Nahuelñir

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Nuestro discurso debe erigirse a enfatizar nuestros compromisos programáticos fundamentales, aquellos más sentidos y que trastocan el consenso neoliberal de la dictadura, cuyos pisos mínimos (asamblea constituyente, no+AFP, Condonación del CAE, derogación ley antiterrorista, salud y educación como derechos y no como negocios, diversificación de la matriz productiva, etc.) aseguren el avance hacia una sociedad de derechos

Dije y debo repetirlo: si la victoria no era fácil,
difícil será consolidar nuestro triunfo y construir la nueva sociedad,
la nueva convivencia social, la nueva moral y la nueva patria.
-Discurso de la victoria, Salvador Allende

La vorágine electoral y la multitud de procesos en los que se han visto envueltas las fuerzas de cambio durante el presente año, nos ha impedido, cual más cual menos, abordar todos los vértices de la coyuntura en un marco estratégico y “salir jugando” de manera coherente, eso implica también, dificultad para realizar un balance autocrítico del estado real de las fuerzas propias y de nuestro conglomerado de cara a los desafíos que abre este periodo que recién comienza y así evidenciar concienzudamente cuáles son nuestras debilidades y cuáles nuestras fortalezas para proyectar el momento político en perspectiva de superación y fortalecimiento, y así evitar clausurar apresuradamente el ciclo de transformaciones que junto con otras expresiones movilizadas, hemos ayudado a producir.

El Momento al que asistimos, nos recuerda, guardando las diferencias, a aquel culminado con la victoria de la Unidad Popular. Un tipo de frente político que el 4 de septiembre de 1970, logra el triunfo de Salvador Allende, al cuarto intento, y tras 21 años de campaña precedidos de aproximadamente 50 años de constitución orgánica del mundo popular, con una profunda formación militante, y una serie de avances y retrocesos políticos que se coronan con la victoria en 1970. La formación militante construida en ese tránsito histórico fue literalmente eliminada por la dictadura como requisito para implementar exitosamente el modelo neoliberal, actuó a través de la masacre, desaparición, extrañamiento y tortura de miles para traumatizar a nuestra sociedad, destruir la estructura de las organizaciones revolucionarias y negar cualquier posibilidad para futuras aventuras transformadoras antes de la consolidación del modelo neoliberal.

En ese sentido ¿Cómo o con qué vara ponderar los resultados obtenidos el 19N?. El avance político en perspectiva histórica sólo puede evaluarse en términos del crecimiento exponencial de los elementos constitutivos de nuestra alternativa política, en la profundidad del programa, en la proyectabilidad de la coalición, pero sobre todo, en la fuerza social que somos capaces de transformar nuestra fuerza electoral, para pelear las transformaciones fundamentales en la calle; los millares de adherentes son un dato estadístico si no se convierten en militantes, y la cantidad de militantes importa poco si ellos carecen del trabajo político de masas (en sindicatos, poblaciones, universidades y temáticas en general) que necesita cualquier alternativa política para asegurar su estabilidad en todo sentido.

No debemos asustarnos, es menester que la confianza depositada en nuestra naciente alternativa no se deje seducir por chantajes ni terrores de los sediciosos que pretenden instalar alarmas fantasiosas en estas horas cruciales, se ha dicho tanto en estas primeras horas sobre las políticas de retroceso que implementará la derecha o las reformas tibias de la Nueva Mayoría en un eventual gobierno solo será posible enfrentarlas con la fuerza de los sectores organizados que han hecho suyo el “programa de muchos” y lo han profundizado. No seremos nosotros los defensores de nadie que no se quiera defender, no porque no queramos, sino porque no nos corresponde suplantar a nadie y estamos acá precisamente para que nuestro pueblo retome la confianza en sí mismo. Pero sí tenemos un rol y ese rol es asegurarnos ser oposición de quienes han administrado y profundizado el modelo y no tienen voluntad de transformarlo sustancialmente, en este caso ambas coaliciones, a la vez que rechazar con fuerza un eventual gobierno de Piñera.

Lo que empezó el domingo en la noche con el 20.26% es por lejos el escenario más complejo que debemos enfrentar en nuestro corto pero intenso proceso de constitución: no pasamos a segunda vuelta y aparentemente en nuestras manos está un eventual triunfo de Piñera o de Guillier, como si los 1.3 millones de votos fueran endosables automáticamente. Este escenario es complejo porque es un ejercicio de administración del resultado que pone en juego una profunda habilidad política, la credibilidad ante nuestros electores y militantes “independientes” y por ende nuestra propia proyectabilidad. Todo ello, además, circunscrito al consenso de los intereses de las más de 13 organizaciones que conforman el FA, las que ganaron y las que no, todas.

Importa entonces analizar el rol de la NM para ponderar correctamente el chantaje al que se nos someterá en los próximos días y tomar las decisiones sin premuras artificiales. La NM se compone de una casta de partidos que si bien tienen una ascendencia histórica muy distinta entre sí, es innegable que el rol que finalmente cumplieron en el periodo transicional fue el de garantes de la impermeabilidad del modelo neoliberal que ya tenía una década de instalación en Chile. La experiencia de los últimos treinta años constata una complicidad de estos conglomerados con la arquitectura tanto política como cultural proveniente de la dictadura: ni la DC ni el PS (partidos gobernantes en 2 y 3 periodos respectivamente) se esforzaron por desmontar las estructuras medulares que blindaron el modelo a nivel económico y político, lo que se evidencia en la discusión educacional llevada a cabo durante el actual gobierno, donde la oposición más enconada no vino precisamente de la derecha más dura, sino que desde el PPD.

La NM no es antineoliberal, su programa no contempla la reversión del proceso de mercantilización de los derechos básicos a manos de monopolios ni de la estructura socio-cultural cuyo resultado ha sido la desafección y la despolitización de la población. No lo contempla su programa ni lo quiere su candidato, demostrado en la larga lista de derechos que, pudiendo haber sido recuperados, no lo fueron, sino todo lo contrario (por ejemplo, el CAE y su creador es parte del comando). Un presidente, como eventualmente Guillier, no debe ser mirado solo en el marco individual, sino en la lógica estructural de administración del poder de su conglomerado con múltiples “cocinas” y con una permanente relación incestuosa con los negocios, que son finalmente los que definen la agenda en Chile y han construido el clima de profunda desafección política de la ciudadanía. Si son derrotados, sera nada mas que el fruto de su propia siembra. En esa evidencia radica el chantaje al Frente Amplio, chantaje que no debemos tolerar.

Hoy, cuando las aguas están más calmas que ayer, conviene sopesar con mesura los resultados alcanzados y buscar consolidarlos. Resulta vital a este respecto profundizar el conocimiento que existe sobre el “programa de muchos” cualitativa y cuantitativamente a través del crecimiento exponencial de su filiación en capas cada vez mayores de gente, elevar la vocación antineoliberal de la militancia frenteamplista y superar la calidad de los cuadros con que enfrentamos los desafíos venideros (ahí la importancia del debate amplio de las estructuras de base) asumiendo que la permanencia del FA como domicilio político es requisito para mantener abierta la ventana de oportunidad que estamos presenciando. Del mismo modo, profundizar la vocación democratizante de nuestra política respecto de la recuperación de los derechos sociales y producir ese reencuentro entre política y sociedad, proporcionando los elementos que precipitan la construcción de sentido en favor de la predominancia del interés colectivo por encima del interés individual.

El Frente Amplio requiere proyectarse reafirmando su independencia política del gobierno de turno, y ese requisito le obliga a ser oposición el próximo gobierno, y le obliga a ser una oposición anclada en las luchas y demandas sociales facilitando la concentración de fuerzas y no la dispersión a la que pretende empujarnos el chantaje político y el ofrecimiento de cargos. Esto exige al Frente Amplio reafirmar convicciones y fortalecer la alianza con los movimientos sociales que han empujado las transformaciones que inscribimos en el “Programa de Muchos”, así como insertarse en sectores productivos, sociales, temáticos y funcionales de manera que la fuerza electoral expresada se convierta en potencia política de cara a nuevos procesos.

Importa entonces para decisiones venideras situar el equilibrio entre la coherencia estratégica, el desafío táctico y la sensibilidad de nuestras incipientes masas, que implica situar el problema en terreno rival. Dicho de otro modo, mostrar que la pelota está en la cancha de la NM. Cómo la NM dará un viraje hacia una convocatoria a un público antineoliberal, será su problema, no el nuestro.

Nuestro discurso debe erigirse a enfatizar nuestros compromisos programáticos fundamentales, aquellos más sentidos y que trastocan el consenso neoliberal de la dictadura, cuyos pisos mínimos (asamblea constituyente, no+AFP, Condonación del CAE, derogación ley antiterrorista, salud y educación como derechos y no como negocios, diversificación de la matriz productiva, etc.) aseguren el avance hacia una sociedad de derechos. Junto a ello, evidenciar que un gobierno de Piñera significa un retroceso grave en esta agenda de transformaciones, y que los más golpeados por ello serán, como siempre, los sectores más desfavorecidos del país. No seremos cómplices de ese retroceso, pero eso no es igual, y que se entienda, a apoyar a la NM.

Nuestros resultados en las elecciones son y serán una victoria en despliegue histórico, porque quebramos la lógica duopolica, pero es una batalla en la larga lucha de los pueblos por recuperar su soberanía, debemos prepararnos para vencer, esto recién comienza.

(*) Militante Revolución Democrática Biobio, coordinador GAP PPOO FA.

El Desconcierto