Colombia: Calidad e inclusión en la educación superior – Por Carlos Angulo Galvis

Por Carlos Angulo Galvis (*)

Hace algunos días el Banco Mundial anunció, en un comunicado de prensa, la publicación de un informe titulado ‘La movilidad educacional en el mundo’. En el comunicado anuncia que el documento, que se divulgará próximamente, se centra en que “la educación de una generación puede determinar el éxito de la siguiente”. Es un oportuno llamado para resaltar la importancia de la educación, para aprovechar el potencial de miles de personas actualmente desaprovechado.

La calidad de la educación en sus diferentes niveles, adecuadamente articulados, es fundamental para lograr estos objetivos. La educación superior (ES) desempeña un rol fundamental y, como lo señala acertadamente Moisés Wasserman en una reciente columna, las instituciones públicas y privadas están llamadas a complementarse y desempeñar así un importante papel en el desarrollo de un país. Lo relevante es su calidad y no su origen, algo reconocido en muchas naciones.

En este orden de ideas, el programa colombiano Ser Pilo Paga (PSPP) permite acceder a educación de calidad a estudiantes de escasos recursos en instituciones públicas y privadas acreditadas. Su influencia se extiende más allá de los estudiantes y familias inicialmente favorecidas, pues señala nuevas y atractivas oportunidades a los estudiantes que actualmente cursan educación media, para tener un mejor nivel de vida.

Dado que las tasas de deserción en la educación superior de Colombia son muy altas, 50 por ciento en universitaria y cerca de 70 por ciento en la técnica y tecnológica, sería importante compararlas con las de los estudiantes del PSPP. Es indudable la importancia del PSPP en el impulso a la ES. Sin embargo, es necesario hacer un cuidadoso seguimiento de su desarrollo, con énfasis en las tasas de deserción y en la responsabilidad de las instituciones de educación superior en su control, para hacer ajustes que optimicen sus resultados.

Una reciente experiencia sobre sus efectos positivos resalta estos aspectos. Hace un tiempo, un mesero de un restaurante al cual asisto con alguna regularidad se me acercó, me hizo algunos comentarios sobre el PSPP y me dijo que sus dos hijos, muy buenos estudiantes, no se habían podido presentar porque su Sisbén los descalificaba; me preguntó si podría ayudarle a que sus hijos accedieran a educación universitaria en el área de la salud. Le solicité que me enviara los resultados de la prueba Saber 11 para darle una respuesta; el día siguiente me envió los excelentes resultados de sus hijos, que se ubicaban en el nivel superior. Le sugerí hacer solicitudes a tres universidades de alta calidad, y fueron recibidos en una de ellas para estudiar medicina y microbiología.

La entidad donde trabaja el padre concedió apoyo financiero total para las matrículas, y la universidad otorgó apoyo complementario para textos y otros gastos. Actualmente desarrollan sus estudios exitosamente y han logrado, además, obtener consejería de profesores y compañeros para facilitar su adaptación al medio universitario. Todo parece indicar que el final será exitoso, dado el nivel de compromiso no solo de los estudiantes, sino de su familia.

Esta experiencia deja varias lecciones claves: la primera es que el PSPP, además de beneficiar a un importante número de estudiantes, sugiere oportunidades y motiva a muchos más; adicionalmente, abre posibilidades de contribución entre las empresas, sus colaboradores y las instituciones de educación superior, beneficia a las instituciones de ES al volver sus poblaciones más diversas y, tal vez lo más fundamental, abre las puertas para disminuir la desigualdad, promover la movilidad social y aumentar el crecimiento y la productividad de Colombia.

(*) Académico colombiano, ex rector de la Universidad de los Andes.

El Tiempo