Honduras: entre la brutalidad y la democracia – Por Manuel Zelaya

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

No cabe duda de que la participación popular y la democracia son cosas que le repugnan a las personas que dirigen Honduras. Su campaña actual, marcada por amenazas y augurios apocalípticos, muestra su enorme fragilidad y la certeza de su derrota en el proceso electoral del domingo 26. Su apuesta por mantener a la gente lejos de las urnas ha fracasado y de su bravuconería han pasado a dar muchas señales de debilidad.

Y es que el régimen de Juan Orlando Hernández ha sido sostenido por una imagen de autoritarismo regido en la práctica desde el norte: el Comando Sur, el Departamento de Estado y el FMI se reparten la administración del Estado, mientras los políticos nacionalistas festejan como hienas los despojos que van quedando del patrimonio común de todos los hondureños. Ellos se han preparado para imponer, no para competir en democracia.

Las mentiras sobre las que ha erigido su gobierno han golpeado mucho la poca legitimidad que le quedaba entre sus adeptos. Hoy se enfrentan a un rival reprimido por 8 años, con mucha determinación para finalizar la tragedia que han significado los gobiernos golpistas. En una guerra completamente “asimétrica”, le negaron al proceso toda posibilidad de transparencia, cerrando todas las vías posibles para que la oposición pueda creer en lo que hace el Tribunal Supremo Electoral.

La Corte Suprema de Justicia, igual que el resto de remanentes de la institucionalidad, han sido cooptados, y nadie les cree nada. Ningún hondureño en su sano juicio cree que un juez o un policía lo protegerá de alguna forma. Antes bien, es común que los ciudadanos le tengan mucho temor a estas pseudo autoridades.

Nuestro proceso de Alianza de Oposición contra la Dictadura es una expresión del rechazo de la sociedad al autoritarismo de Juan Orlando Hernández, a la ilegalidad sobre la que este se ha formado, y contra el modelo económico de empobrecimiento y profundización de la desigualdad que han implantado en Honduras. Las secuelas de los actos de corrupción y la degradación del Estado a condición de fallido, son males inaceptables que se han vuelto inviables para nuestra sociedad.

Sin duda alguna, existe injerencia extranjera en este proceso, pero proviene de las transnacionales y del gobierno de Estados Unidos, de la ultraderecha cubana de Miami, y de toda la orquesta cavernícola de América Latina. Es absolutamente increíble que entes como la OEA y la Unión Europea se hayan comprometido a mantener la dictadura en Honduras, pero en la realidad, hoy actúan como dóciles cómplices del régimen espurio de Hernández.

Nosotros aspiramos a que respeten la voluntad de nuestro pueblo, que nos dejen tomar nuestras decisiones en paz, cualquier alteración a eso es responsabilidad directa de aquellos que ya citamos; esos que se nutren de la violencia y la guerra, que son decadentes por impulsar la ilegalidad mientras se disfrazan de campeones de la justicia. Vendrá ya el momento del pueblo hondureño, que, como siempre, abrirá los brazos a sus hermanos latinoamericanos.

(*) Expresidente de Honduras.

Confidencial