Indígenas en Colombia: ancestral lucha por su identidad – Por Tania Peña

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Seis siglos después de la arrasadora conquista española, más de un millón 300 mil indígenas luchan por su identidad en la pluriétnica y pluricultural Colombia.

En el país sudamericano se reconocen 86 pueblos indígenas (3,4 por ciento de la población) que hablan 65 lenguas amerindias y una diversidad de dialectos agrupados en 13 familias lingüísticas.

El grupo más numeroso son los Nasa que habitan en el departamento del Cauca. Siguen los Wayú, sociedad de pastores que ocupan las tierras semidesérticas de la península de la Guajira.

Un tercer grupo demográficamente importante son los emberas, pobladores de las selvas húmedas del occidente del país. Están también los amazónicos que se estiman en 50 000 habitantes.

Los Nasa, los Wayú, los Emberas y los Nariñenses representan casi el 60 por ciento de la población aborigen.

Sin embargo, aunque la Constitución de 1991 en Colombia reconoce la diversidad étnica y cultural de la nación, los indígenas sobreviven luchando por el respeto a su cultura y el derecho a sus bienes ancestrales.

Hacen mayoría junto a los afrocolombianos en el ejército de desplazados en el país y sufren aún la ocupación de sus lugares sagrados y el asesinato de sus líderes comunitarios.

Las comunidades indígenas son particularmente vulnerables, considerando que habitan en extensos territorios colectivos que son ricos en recursos naturales (biocombustibles, petróleo, madera), ubicados en lugares próximos a las fronteras o propicios para el cultivo de la coca.

Un estudio de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) reveló que 25 líderes y autoridades tradicionales indígenas y 24 miembros de juntas de acción comunal fueron asesinados en Colombia en 2016 y el primer semestre de 2017.

Luego de darse a conocer ese dato, en el último mes, fueron asesinados dos gobernadores indígenas, uno en el departamento del Cauca y otro en el departamento del Chocó. También en octubre fue baleada una comunicadora indígena cuando cubría una confrontación entre comuneros y policías en el municipio Coconuco, oriente del Cauca.

Para las comunidades indígenas es preocupante que, en un supuesto escenario de construcción de paz en el país, se presenten estos casos contra la vida de los indígenas y de los colombianos en general.

Por eso más de 100 mil nativos iniciaron desde el pasado 30 de noviembre una movilización por tiempo indefinido en 16 de los 32 departamentos de Colombia en reclamo del cumplimiento del Acuerdo de Paz.

Los manifestantes exigen sobre todo la implementación del capítulo étnico del pacto refrendado en La Habana entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo, (actual partido Fuerza Alternativa Revolucionara del Común).

La protesta de los pueblos originarios fue convocada por el Consejo Regional Indígena del departamento del Cauca, la ONIC y la Cumbre Agraria Campesina, Étnica y Popular.

A pesar de la voluntad expresada por el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos de responder a las demandas presentadas, el déficit de derechos de los pueblos indígenas es cada vez más grande y se criminalizan nuestras luchas, señaló una declaración de los indígenas del Cauca.

Por su parte el Consejero Mayor de la ONIC, Luis Fernando Arias, subrayó que la movilización se da por la defensa de los territorios ancestrales. ’No habrá paz sin los pueblos indígenas’, dijo.

Con una importante población nativa y afrocolombiana, los departamentos Valle del Cauca, Cauca y Chocó son los epicentros de la denominada Minga Nacional Indígena por la Vida. También participan en la protesta los departamentos La Guajira, Tolima, Huila, Norte de Santander y Nariño, entre otros.

Tanto indígenas como campesinos, muy involucrados en el cultivo ancestral de la hoja de coca, se oponen a la erradicación forzosa de sus plantaciones y llaman a la erradicación voluntaria de los cultivos ilícitos, acompañada de una planificada y garantizada sustitución de esos sembradíos para garantizar el sustento de sus familias.

El tema se complejiza si se toma en cuenta que para muchos pueblos originarios de Los Andes la planta de coca es sagrada, la usan como medicina, en ceremonias religiosas y como un alimento rico en nutrientes.

Para los Nasa la coca armoniza, alivia y cura. Les acompaña en sus actividades diarias y le atribuyen usos analgésicos, digestivos, energizantes y antidepresivos. En el Cauca la emplean en el dolor de muelas y para combatir el mal de altura y los dolores estomacales.

Sin embargo, como subrayó un reciente documental trasmitido en la televisión colombiana, el uso ancestral de la coca fue pervertido por el narcotráfico.

(*) Corresponsal de Prensa Latina en Colombia.

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