Argentina: Adiós a la Unasur – Por Emiliano Guido

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El Palacio San Martín le hace bullying diplomático al organismo sudamericano. Oficialmente, el Canciller Jorge Faurie advierte sentirse “decepcionado” por la marcha del bloque. Pero, en paralelo, el gobierno filtra a la prensa amiga su alejamiento de la mesa sudamericana, cuyo primer Secretario General fue el ex presidente Néstor Kirchner. Un ente nacido para encontrar consensos políticos y autonomía estratégica frente al norte. Y que fue clave para frenar varios intentos de putsch: el intento de secesión territorial contra el gobierno de Evo Morales, la alzada castrense que desafió al Jefe de Estado ecuatoriano Rafael Correa y que, además, medió y puso paños fríos cuando Hugo Chávez y Álvaro Uribe casi van a la guerra.

Hay una estatua de bronce de Néstor Kirchner con el saco abierto y el brazo extendido y un edificio con el nombre del ex presidente argentino ubicado en la Mitad del Mundo, en el extrarradio de Quito. Concretamente, el edificio de la Unasur, una nave moderna, intervenida con jardines verticales y espejos de agua. Es el reconocimiento de los países sudamericanos hacia su primer Secretario General.

El macrismo podrá impulsar medidas para herir la memoria popular del gobierno anterior pero, claro está, su intención de renombrar las instituciones públicas que honran al ex primer mandatario argentino se topa con la frontera natural de su propio territorio. El presidente Mauricio Macri, o el canciller Jorge Faurie, no pueden solicitar a sus pares regionales desbautizar el edificio donde está alojada la burocracia administrativa de la entente sudamericana pero sí, evidentemente, tienen la facultad de abandonar al organismo, o buscar sacarle peso político y diplomático a nivel zonal.

A mediados de diciembre, un furibundo artículo publicado en el portal Infobae anticipaba que el gobierno argentino anunciaría el “29 de diciembre” su alejamiento definitivo de la Unasur. La nota alegaba que la diplomacia argentina consideraba un destrato el rechazo conjunto que suscitó la postulación del ex frepasista José Bordón al frente del puesto estrenado por Kirchner. Una reacción esperable ya que esa silla está reservada en una ley no escrita para ex Jefes de Estado o Cancilleres; es decir, para una persona con mucho recorrido diplomático en el Cono Sur. A su vez, esa nota incorporaba declaraciones en sumamente fallidas en su concepción geopolítica. Centralmente, los funcionarios del Palacio San Martín aludidos advertían sobre la influencia ideológica chavista que países como Cuba y Nicaragua ejercían en el desarrollo político comercial de la Unasur. Esa declaración reprueba Unasur I y ese funcionario, en caso de existir, debería rendir relaciones internacionales en marzo.

Sencillamente, la Unasur agrupa a los países sudamericanos, y no a las naciones de Centroamérica, del Caribe, y mucho menos a México –de hecho, el nacimiento de la Unasur fue impulsado por la diplomacia de Itamaraty para fortalecer el liderazgo de Brasil ante sus vecinos y así horadar la ascendencia comercial de México en su frontera sur-. Segundo, desde su carta fundacional establecida en la ciudad peruana de Cuzco, la agenda de la Unasur quedó centrada en el capítulo político. De esa manera, las coincidencias o no comerciales siempre quedaron reservadas para deliberarse en otros espacios comunes: el Mercosur, la Alianza del Pacífico, o la ya extinta Comunidad Andina de Naciones. Los gobiernos sudamericanos buscaron establecer, entonces, una mesa conjunta para ganar autonomía frente a la OEA, el espacio interamericano claramente hegemonizado por Estados Unidos y Canadá. Esa apuesta también estuvo presente cuando, ya no solo Sudamérica, sino todos los países latinoamericanos pusieron en marcha la CELAC.

Recapitulando, desde el Palacio San Martín señalaron a Nuestras Voces como falsa la versión periodística que presagiaba el alejamiento argentino de la Unasur. “No analizamos retirarnos, sí hemos pronunciado nuestro análisis y profunda decepción por la marcha de un organismo que no produce ningún resultado de los objetivos que se planteó”, el malestar de Faurie expuesto durante la reunión que congregó en Bariloche a los sherpas (facilitadores) de los países del G20, sigue siendo, expresó Cancillería, la postura oficial del ministerio de Relaciones Exteriores.

Unasur para principiantes

La prensa hegemónica argentina solía criticar a Néstor Kirchner por su desapego a la agenda internacional. “Nunca viajó a Europa”, martillaban insistentemente. Incluso, previo a la asunción presidencial de Cristina Fernández, el grupo Clarín fantaseaba con que la nueva mandataria dotaría al país de “más institucionalidad y mayor protagonismo en política exterior”. Un año después, el ex primer mandatario argentino, y una pequeña comitiva integrada por el entonces embajador en Colombia Martín Balza, y el asesor en temas regionales Ricardo Follonier, viajaban junto a Néstor Kirchner al caliente país sudamericano para mediar en la liberación de rehenes que la ex guerrilla de las FARC ofrecía al halcón Álvaro Uribe para apurar un diálogo político que sólo se consumaría años más tarde. El dirigente patagónico comenzaba a entusiasmarse con un nuevo campo militante: la articulación regional.

En esos años la Unasur era un espacio sin burocracia pero con mucho pulso político. El organismo fue central, estableciendo el diálogo en cumbres regionales activadas con la velocidad de un rayo, para apaciguar ánimos en los intentos de secesión territorial y alzadas policiales que desafiaron el poder de mando gubernamental de dos países bolivarianos que iniciaban una profunda agenda de cambios sociales.

Incluso, en la sureña Bariloche, durante el primer mandato de Cristina Fernández, otra cita urgente de la Unasur reunió a los Jefes de Estado sudamericanos en un momento muy sensible: la Colombia de Uribe y la Venezuela de Hugo Chávez estaban a punto de ir a la guerra tras la vulneración colombiana del espacio territorial ecuatoriano para liquidar a un alto mando de las Farc y, en paralelo, la decisión de Uribe de minar su país con la instalación de varias bases militares estadounidenses. Tiempo después, Uribe y Chávez sellaban la paz en una cumbre bilateral desarrollada en la ciudad colombiana de Santa Marta que fue impulsada, y bendecida de alguna manera, por Néstor Kirchner en su condición de novel Secretario General de la Unasur.

En su momento, el politólogo argentino Rodrigo Pascual estableció con mucho criterio en el libro “Integrados- Debates sobre las relaciones internacionales y la integración regional latinoamericana y europea” que “la emergencia de la Unasur expresa un desplazamiento en el rol de policía de Estados Unidos hacia la región, y junto a ese desplazamiento se ve anulada virtualmente la presencia de la OEA. Ese conjunto de movimientos ha sido interpretado como un proceso de autonomización de los países de la región respecto de Estados Unidos. Y, en general, esa autonomización se la vincula con el surgimiento de países progresistas posneoliberales, donde ha estado presente una ideología antiestadounidense de raíz latinoamericana- independentista”.

Al gobierno argentino parece pesarle demasiado dos políticas públicas: la de derechos humanos y la agenda regional. Dos capítulos, precisamente, donde el gobierno anterior demostró más audacia y desafío al bloque dominante. Por decirlo de forma brutal, el Palacio San Martín cuando escucha hablar de la Patria Grande debe pensar en un talle holgado para la Argentina. Además del rechazo al proceso de integración sudamericano, el gobierno de Cambiemos demuestra mucho desconocimiento en el tópico regional. En la reciente cumbre del Mercosur el presidente argentino sobreactuó fastidio con un gesto adusto cuando reclamó que se estableciera con urgencia “el calendario electoral en Venezuela”. Un país donde ya se votó tres veces en el año.

(*) Periodista especializado en la región. Entre Costa Rica y México.

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