Argentina: el oficialismo logra aprobar la reforma previsional luego de otra jornada de marchas, cacerolazos y represión

Una reforma que salió a palazo limpio

La alianza Cambiemos –acompañada por diputados peronistas que responden a gobernadores “dialoguistas”– convirtió en ley la reforma previsional que rebaja la actualización de los haberes de jubilados, pensionados por discapacidad, ex combatientes de Malvinas y los beneficiarios de las asignaciones universales por hijo y embarazo. Con la presión sobre los gobernadores, que llegaron hasta el Congreso para respaldar el pacto con el Gobierno central, el oficialismo se aseguró el quórum y despejó el camino para imponer en una embestida legislativa la reforma más resistida del paquete económico, que ayer se tradujo en otra multitudinaria manifestación de rechazo frente al Congreso, acompañada por un paro general decretado por la CGT. La protesta derivó en una nueva represión de las fuerzas de seguridad, que chocaron con grupos de izquierda, dejando un saldo de cientos de detenidos y unos 60 heridos. Por la noche, se multiplicaron los ruidazos de protesta por todo el país, incluyendo frente a la quinta de Olivos, Plaza de Mayo y de nuevo en el Congreso, mientras los diputados seguían con el debate que cerró con 128 votos a favor del ajuste, 116 en contra y dos abstenciones.

La oposición expresó su rechazo a la reforma y al bono “compensador” que sólo restituye unos 4 mil de los 100 mil millones anuales que quitarán a jubilados y pensionados para tapar los agujeros económicos del Gobierno nacional y las provincias.

Tras casi cinco horas de discusiones que rondaron la continuidad o no de la sesión en medio de la represión desatada afuera del Congreso, el oficialismo logró arrancar el debate pasadas las 19. Una larga lista de 80 oradores iniciales, la sesión –que también tiene en su temario la reforma tributaria– amenazaba con extenderse hasta avanzada la madrugada. Apurado por los tiempos, Eduardo Amadeo, como presidente de la comisión de Previsión Social, defendió el proyecto del Gobierno leyendo su discurso –en medio de los abucheos opositores–, lo que no le evitó fallidos sobre los objetivos de la iniciativa. “El Estado cumplirá sus obligaciones con los jubilados y los demás pobres”, afirmó Amadeo, quien pretendía convencer que la nueva fórmula no representaba un recorte a los sectores más castigados por las políticas económica del Gobierno macrista.

“Llegamos al recinto en medio de una enorme campaña de falsedades, pero a fin de año los jubilados no sólo van a estar mejor, sino que van a tener una fórmula que los va a proteger por décadas”, insistió, para luego afirmar no tener culpa por el recorte. “Tenemos la conciencia tranquila”, se justificó y rechazó los cuestionamientos opositores. “Estamos orgullosos del enorme compromiso social de nuestro gobierno”, afirmó. Desde la oposición no se mostraron muy de acuerdo.

La massista Mirta Tundis y la kirchnerista Luana Volnovich compartieron su turno luego de unificar el dictamen opositor de rechazo. “Vamos a rechazar este proyecto porque lo consideramos inviable”, arrancó Tundis y agregó: “Dicen que la ley no vulnera ni afecta los derechos de los mayores, sin embargo afecta los derechos humanos del sector alcanzado por esta reforma, que en realidad es un ajuste, es un recorte”. “Esta ley es inconstitucional porque viola tratados, convenciones, como la del derecho del niño, fallos de la Corte Suprema de Justicia. Esto va a ir a la justicia pero sólo se van a poder defender los jubilados con haberes más altos, el que gana 7600 pesos no va a poder contratar un profesional para defenderse”, añadió.

“Este bono para los jubilados es como si un delincuente secuestrara a un jubilado, lo llevara a un descampado, le robara todo lo que tiene y después le diera 200 pesos para que vuelva a su casa. Eso es el bono (Pablo) Kosiner”, soltó Volnovich, que le apuntó a los peronistas conciliadores pero también al Gobierno nacional: le dijo a los legisladores oficialistas que son “débiles con los fuertes y fuertes con los débiles”.

Martín Lousteau, que aportó al quórum oficialista, quiso diferenciarse en el recinto. “Esto que está ocurriendo hoy es la grieta, es la calamidad de la grieta, es el peligro de jugar con la grieta por temas electorales, es el peligro de creer que uno puede ir por todo porque tiene los votos”, dijo tomando distancia de la iniciativa y advirtió sobre la “prepotencia de un proyecto de ley que no se discutió, que quiso ser impuesto, que no se debatió como corresponde”. “Nosotros no estamos a favor del proyecto. Presentamos un proyecto alternativo y decimos de dónde debe salir el dinero para obtener este fin”, cerró tras allanarle el camino a Cambiemos.

“En este Parlamento tenemos un problema con realidad si no le decimos a la gente de que se trata esto. Esto se trata de sacarle la plata del bolsillo a los jubilados. Tiene ese único nombre, aunque le agrego a los trabajadores, embarazadas, población vulnerable. Es un saqueo no tiene otro nombre”, afirmó el ex ministro de Economía Axel Kicillof (FpV-PJ), que cargó contra la mentira “planteada por el Gobierno y el presidente Macri en campaña, cuando dijeron que no iban a tocar los haberes jubilatorios. “El ajuste es el ahorro, como le gusta decir a ustedes”, agregó y le piso números al saqueo: 100 mil millones de pesos anuales. “Es una bancarrota de la estafa electoral”, sentenció Kicillof.

“Este es un Gobierno de mamarracho. Como puede enviar al Congreso un decreto para modificar un proyecto que se está debatiendo sin modificaciones”, soltó Leopoldo Moreau sobre el bono que firmó Macri “para compensar lo que dice que no le saca”. En la esquina Rivadavia y Riobamba, del Congreso aun sitiado por la policía, comenzaron a sonar algunas cacerolas. El oficialismo evaluaba entonces un cuarto intermedio inmediatamente después de que se sancionara la ley. Querían evitar el desgaste de la tropa propia en medio de la continuidad de los reclamos en la calle.

Hasta el dialoguista Diego Bossio mostró su resistencia al proyecto. “Que una ley como la de movilidad esté tan enraizada en toda la sociedad significa que es buena para la gente. Nunca fue cuestionada esta ley”, dijo el ex titular de la Anses y diputado de Argentina Federal que responde mayoritariamente a los gobernadores peronistas. “Si el reconocimiento es que con esta ley no se pierde poder adquisitivo, lo que estamos reconociendo es que el haber mínimo jubilatorio actual es bueno, y lo estamos congelando”, se justificó Bossio.

Desde el Movimiento Evita, el jefe de la bancada Leonardo Grosso también cargó contra el “recorte previsional” que “quieren imponer a los tiros”. “Le mienten a la gente y a los jubilados”, insistió. Consideró que “la ley no tiene legitimidad política”. Los puntanos de Compromiso Federal también adelantaron su rechazo y destacaron que el gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, fue el único que no se sometió a la presión del Gobierno sobre las provincias.

Nicolás del Caño (FIT) repasó los recortes que sufrieron en estos dos años de gobierno macrista, trabajadores, jubilados y los sectores más pobres de la población mientras que favoreció a los capitales concentrados. “Los recursos para los jubilados están. Pero se lo lleva un pequeño puñado de grandes empresarios que representan el cinco por ciento de la población”, afirmó el diputado de izquierda.

Las versiones sobre los cacerolazos crecían dentro del recinto. La sesión continuaba y al cierre de esta edición, Cambiemos aseguraba el triunfo y sólo esperaba que transcurrieran los discursos. Afuera del Congreso ya comenzaba a reagruparse la gente y se escuchaban ruidos de cacerolas.

Página 12


Los cacerolazos de Capital Federal marcharon hacia el Congreso

Con la llegada de la noche volvió a verse en muchas calles de la ciudad de Buenos Aires a vecinos golpeando cacerolas en reclamo ante el debate que se está llevando adelante en la Cámara Baja del Congreso de la Nación, por la denominada reforma previsional. Un condimento clave fue la poca intervención de las fuerzas de seguridad.

En zonas como Vicente López, por ejemplo, adonde el oficialismo obtuvo una amplia mayoría, se pudo observar a miles de ciudadanos que se autoconvocaron para manifestar el repudio a la reforma sobre el sistema previsional que por aquel entonces se llevaba a cabo en el Congreso.

En los barrios de Caballito, Boedo, Belgrano, San Nicolás, Recoleta, entre otros, miles de vecinos salieron a las calles haciendo sonar sus cacerolas pasadas las 20 y se agolparon en lugares como Acoyte y Rivadavia, en Caballito, o Cabildo y Juramento, en Belgrano, entre otros, según informó la agencia Télam.

En algunos casos las calles fueron cortadas pero dejando liberado un carril para la circulación de vehículos. Otra protesta similar ocurrió en las cercanías de la quinta presidencial de Olivos, según se pudo registrar mediante las imagenes vertidas en las redes sociales.

Muchos sectores habían convocado a un cacerolazo para defender al gobierno y para criticar las escenas de violencia que se suscitaron durante la jornada de ayer, sin embargo las manifestaciones que emitieron sus protagonistas fue el repudio a lo que denominaron un “ajuste a los jubilados”.

Las fuerzas de seguridad, que ayer por la tarde protagonizaron escenas de violencia para repeler los ataques que muchos manifestantes desataron en varios puntos céntricos de Buenos Aires, no actuaron en esta protesta.

“Venimos a concientizar a la población, sin violencia y sin agredir”, dijo uno de los manifestantes que se expresó en contra de la ley que se debate puertas adentro del Congreso de la Nación. Sobre la medianoche comenzaron a circular móviles policiales y efectivos a pie, pero sin incidentes.

Los focos, que en algunos casos concentraron a miles de vecinos, se dirigían hacia el Congreso, según informaron sus protagonistas. Otros eligieron dirigirse hacia plaza De Mayo.

Río Negro


Multitudinaria manifestación de rechazo a la reforma previsional

“No se quejen… ¡Esto es un juego de niños!”, dice Beto López Camelo, ex dirigente de los municipales de San Miguel, hoy devenido en profesor de historia en un colegio secundario. Lo dice cuando en la plaza del Congreso, con mucha gente a pesar de los choques con la policía que se siguen produciendo contra las vallas, unos metros más adelante, varios manifestantes comienzan a señalar hacia los pisos altos de un edificio donde la policía abrió las ventanas para disparar desde la altura gases lacrimógenos. “¿Qué no se queje quién?”. Pero López Camelo ya no responde: acaba de caer cerca un cartucho de gas, y después otro. Desde adelante llega una oleada: los manifestantes que están más cerca de las vallas ya vienen retrocediendo en masa. “¡No corran! ¡Tranquilos!”, gritan mientras retroceden. Todo el mundo sabe que en medio de una corrida lo que no hay que hacer es correr.

El problema son los gases. Las fuerzas de Seguridad tienen nuevas armas que les permiten tirarlos a distancia, desde 60 o 70 metros. Si se riega una plaza llena, habrá empujones para salir. Si se siguen tirando gases durante varios minutos –los cartuchos caen en medio de las columnas que tratan de retirarse–, lo que se produce es una avalancha.

Muchos logran salir por la Avenida de Mayo, pero las calles paralelas a la avenida son angostas. Pronto hay escenas de ahogamiento: personas que caen al piso y son pisoteadas, pánico. El dueño de un bar de esta zona de embudo abre sus puertas cuando los vidrios parecen a un paso de estallar por la presión humana. Una vez que los gases se dispersan, la policía, desde atrás del vidrio, filma a los manifestantes refugiados dentro. Después empiezan las detenciones.

Hasta ese momento, en la franja de plaza que bordea el Congreso habían transcurrido dos horas de piedrazos contra una policía que, a su vez, tiraba balas de goma y gases, a corta distancia. Jóvenes con pulmones de 20, piernas de 20 y nada que perder cargaron contra el vallado que se desplegó para el blindaje del Congreso. Los primeros piedrazos comenzaron unos minutos después de las dos de la tarde, cuando en la Cámara de Diputados se reunía el quórum para a sesionar.

Los canales de televisión lo mostraron en directo, ya que todos sus móviles estaban instalados en el lugar. En cambio, quedó invisibilizado lo que pasaba unos metros más atrás, sobre gran parte de la plaza, donde los gremios y los movimientos sociales permanecían en el lugar. Por la Avenida de Mayo, cubrieron desde la mitad posterior de la plaza hasta la Avenida 9 de Julio. A su vez, por la 9 de Julio hacia el Obelisco se extendieron por otras tres cuadras más.

En la plaza o sus cercanías, hasta la avanzada policial que gaseó toda la zona, permanecieron también sus dirigentes: entre ellos, Héctor Amichetti (Gráficos), Sergio Palazzo (Bancarios), Omar Plaini (Canillitas).

–¿Por qué se quedan? –le preguntó PáginaI12 al titular de la Federación Gráfica, que en uno de los canteros se mantenía con su columna, a pesar de que radios y canales sólo hablaban de grupos violentos. Las transmisiones en vivo de los choques ya llevaban más de una hora.

–Para mantener esto, que es una expresión de las organizaciones sindicales y sociales contra la reforma. Hay que sacar esa idea de que lo que está protestando es el activismo- dijo Amichetti.

Sobre la Avenida de Mayo, casi llegando a la 9 de Julio, estaban los Bancarios, con Sergio Palazzo.

–¿Cómo ve esto que pasa?

–Se amplió la base social de la protesta –contestó el dirigente–. Es lógico que haya reacción frente lo que es un paquete de leyes insensible, que implica un despojo a los sectores más vulnerables. Por eso nos vamos a quedar a pesar de que haya represión.

Otros gremios que movilizaron: sectores de la CGT, como la Unión Obrera Metalúrgica, con sus seccionales del conurbano y San Lorenzo; delegaciones de las regionales cegetistas, como la de Rosario; todos los gremios de la Corriente Federal (bancarios, gráficos, docentes del Sadop, curtidores); los gremios de las dos CTA, como Ctera, Asociación de Trabajadores del Estado, el sindicato del Neumático, entre otros; también seccionales de Luz y Fuerza, del Sipreba (trabajadores de prensa), taxistas (los de la CTA), los telefónicos, ladrilleros, aceiteros, entre otros.

Marchó también todo el arco de los movimientos sociales –completo– y el movimiento cooperativo –aquí hay que listar desde las empresas recuperadas del MNER hasta las cooperativas de trabajo nacidas de los programas de construcción de viviendas, creadoras de la CNCT–.

Con el antecedente de la represión del jueves, la gente fue a la marcha mucho más organizada. Esto se vio en que armaron columnas acordonadas, listaron a los integrantes de cada grupo, designaron encargados de centralizar la información y abrieron grupos de WhatsApp. Esto fue algo generalizado.

A las 10 de la mañana, en la estación San Martín, Caseros: un grupo de Pueblo Unido (organización barrial que integra la CTEP) se junta en el andén esperando el tren. Antes de la partida, un referente reúne a todos y explica: “Esta marcha es diferente a las que venimos yendo. Los que estuvieron el jueves vieron la represión: se llevaron detenidos, tuvimos corridas, nos desorganizamos. Hoy tenemos que mantenernos juntos, no separarnos ni empezar a correr para cualquier lado. Hicimos un listado, si alguien se pierde hay que avisar enseguida. Pero, sobre todo, no corran. Vamos todos y volvemos todos juntos”.

La argumentación que atribuye los choques con la policía a “infiltrados” es un discurso fácil, además de contagioso, pero tiene poco que ver con la plaza real. Aquí viene el difícil trabajo de explicar lo que se podía ver sin la intermediación de las pantallas: los tiradores de piedras contaron todo el tiempo, a pocos metros, con la permanencia de los gremios y movimientos sociales. Nadie en la plaza se escandalizó por estos choques. Las columnas de manifestantes se acordonaron, corrieron a sus integrantes unos pasos más atrás y cuando pudieron, trataron de recuperar terreno, de nuevo hacia el vallado.

Algunos testimonios tomados entre estos sectores –los de los piedrazos–, en palabras de protagonistas que aquí se evitará identificar:

“Hoy seguramente a la reforma la van a aprobar y van a estar sesionando por varias horas. Para nosotros, la mayoría de la cúpula ya arregló. Ya hicieron sus cuentas, se quedan con menos afiliados pero les cierran los números, no van a plantarse. Por otro lado, este no es un Gobierno como los anteriores, que no podían sostenerse sin un cierto grado de consenso, pongamos el caso de (Fernando) De la Rúa. Lo que se viene es sostener los reclamos hasta que se arme una nueva camada de dirigentes”.

Otro: “Estos son pibes duros, curtidos, pero además en los barrios hay toda otra cabeza. No son el papeo del 2001, cuando tenían bronca pero no sabían ni lo que pensaban”.

Como a medida que pasaban las horas el clima se caldeó, buena parte de los gremios se alejó unas cuadras y esperó en la Avenida 9 de Julio. Tenían la intención de reagruparse y volver a entrar en la plaza, pero luego se desató el operativo policial de “barrido”, con gases de toda la zona.

Así fue la desconcentración, en medio de choques que se trasladaron y siguieron por varias horas, hasta entrada la noche, hacia el Bajo.

Página 12


Más de 60 detenidos, entre ellos, cuatro periodistas de una FM barrial

El operativo de seguridad montado por la Policía de la Ciudad en los alrededores del Congreso se avizoraba diferente al Gendarmería del jueves pasado. Pero sólo quedó en una expresión de deseos de la jueza Patricia López Vergara. Al momento, se registra más de medio centenar de manifestantes detenidos y heridos por la fuerza porteña a la que se le sumaron efectivos de la Federal y Gendarmería. Además, por lo menos cinco periodistas fueron apresados.

De los más de 60 detenidos informados por las organizaciones sociales, el Ministerio Público de la Defensa de la Ciudad consignó que hay ocho personas alojadas en la Comisaría 13; trece personas en la Comisaría de la Comuna 4; y otros ocho en la seccional de la Comuna 15. Hay un menor proveniente de Merlo detenido en el Centro de Atención y Derivación (CAD) y un herido con consigna policial en el Hospital Fernández identificado como Lautaro Gastón Merlán. Interviene el Juzgado Federal N° 12 a cargo del juez Sergio Torres. A los apresados se les imputan los delitos de intimidación pública, atentado y resistencia a la autoridad y lesiones.

Cuatro integrantes de FM La Patriada fueron detenidos. La misma suerte corrió el fotógrafo de Diario Popular, Gustavo Figueredo. También, dos trabajadoras de prensa resultaron heridas: la fotógrafa del portal de noticias notas.org.ar Bárbara Leiva recibió unos seis perdigonazos de bala de goma en sus piernas y una cronista de la agencia Télam fue embestida por una moto policial.

Algunos de los dirigentes gremiales detenidos son Rodrigo Ayala de la seccional Lomas de Zamora de Suteba; Carlos Artacho, de Foetra quien sostuvo que los agentes le partieron varios dientes. Además, hay seis integrantes de Nuevo Más presos: Alejandra Estigarriglia, Matías Risso, Nara Martina Galván, Diego Julian Marcos, Florencia Fasani y Nahuel Leis Pou.

La Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional comenzó a completar la lista a partir de las 17:00: Emanuel Pablo Viera; Francisco Aldurralde; Santiago Bernal; Hugo Barrado; Lucas Arraya; Florencia Basani; Laura Mineti; Benjamín Ignacio Fernández; Juan Pablo Fort Flanagan; Natalia Rodríguez; Luis Farías Gómez; Ariel Díaz; Aluminé Farinar; Jorge Morales; Benito Héctor Miguel Lisiardi; Gabriel Sosa; Claudio González; Guillermo Lucas Ayala; Lautaro Gastón Merlán; Manuela Esther; Alan Orfanó y Matías Ponce de León.

Poco después, se sumaron Brian Nadir Magnani, Pablo Francisco Irigoyen, Mercedes Urunaga, Martín Ferreyra, Angie Conde, Pablo Agazzi, Nahuel Barrientos, Daniel Arellano, Julia Fleytas Molini, Leo Usua, Leonardo Larosa Hang, Fabiana Martínez, Roberto Oscar Ibarra, Martín Fraga, Enzo Anselmo Mivanco, Yamil Emanuel Lopez, Aluney Agostina Mariani, Miguel Richiardi, Karen Miranda, Ana María Vivanco, Daniel Cantieri, Juan Diego Rossi, Andrés Singer, Diego Raúl Ullula, Bruno Crugnale, Pablo Ferrari, Repaz Israel, Martín Brizuela, Naya Yamila Ramírez, Jeremías Medina, Leandro Pérez Salvador, Nahuel Sánchez y Martín Ariel Cogo.

Por otro lado, Juan Gregorio Rodríguez de 58 años fue sacado por la fuerza desde el interior de una confitería de Saenz Peña y Avenida de Mayo. Su hija Laura, angustiada, dialogó con Tiempo y se mostró preocupada por el destino de su papá.

“Estábamos sentados en la vereda descansando cuando vemos que la gente se empieza a venir encima. Vemos a la policía tirando gases y mi papá y mi hermana nos dicen que nos quedemos acá y ellos entran a la confitería. Desde donde estamos vimos que entraron y se lo llevaron. No nos dijeron a dónde y no sabemos qué hacer”, dijo Laura.

A cinco metros de allí, Florencia y Ramiro cuentan una historia parecida. “Estábamos parados en esta esquina y cuando viene la policía nos metemos en el garaje del edificio de Saenz Peña 14. Pero también la policía abrió las rejas y se llevó gente que estaba en la marcha como nosotros y no tenía nada que ver con los disturbios”, aseguraron.

Policías y civiles heridos

El Ministerio de Justicia y Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires confirmó que hasta las 17 habían registrado “al menos 15 policías heridos de distinta consideración, con traumatismos oculares, politraumatismos y traumatismos de cráneo”: seis efectivos fueron trasladados al Hospital Churruca, cinco al Penna, tres al Ramos Mejía y uno en el Santa Lucía. Los voceros del gobierno porteño agregaron que ocho civiles están siendo atendidos en diferentes centros de salud.

Trabajadores de FM La Patriada y Gráfica del Pueblo detenidos

Entre las decenas de detenidos en la tarde de ayer en los alrededores del Congreso hubo varios periodistas, entre ellos cuatro integrantes del colectivo Proyecto Comunidad, que trabajan en FM La Patriada 102.1 y en la Cooperativa Gráfica del Pueblo. Se trata de Diego Murrone, Francisco Scarzella, Lorena Sfeir y Luna Lillo, detenidos poco después de las 16:30. Damián Cejas y Juan Pedro Ovalle fueron demorados y ya recuperaron su libertad.

Murrone (alojado en la Comisaría 13) es uno de los referentes del colectivo y del proyecto Atalaya Sur, que desde 2014 lleva adelante una red comunitaria wi fi en la Villa 20 y que este año concretó una iniciativa similar llamada Chaski, en La Quiaca, dos experiencias que buscan impulsar la apropiación popular de la tecnología, con una mirada que reivindica la comunicación como derecho humano.

Scarzella (en la Comisaría 30) es sociólogo y secretario adjunto de Proyecto Comunidad, y todos los jueves tiene una columna de opinión en el programa Punto de Encuentro, que conduce Alejandro Apo por FM La Patriada.

Sfeir se desempeñó como apoderada de la Cooperativa Los Bajitos, integrada por los vecinos que vivieron hasta 2008 en el asentamiento conocido como La Lechería, en el barrio porteño de La Paternal. Ella y Luna Lillo fueron trasladadas a la Comisaría de la Comuna 15, en Guzmán al 300.

Tiempo Argentino